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Grace estaba dormida cuando escuchó risas en plena madrugada. Estaba sola en la casa que compartía con su pareja Elizabeth Sandoval (33), de quien no tenía noticias hace varios días. Cuando eso pasaba, Grace prefería dormir en la pieza del hijo de la “Eli” y no en el dormitorio principal, porque nunca sabía en qué condiciones llegaría Elizabeth, que desde hace casi cinco años era adicta a la pasta base. Intentó seguir durmiendo. Se asomó a la puerta y vio la luz encendida del dormitorio principal. Su polola había llegado y no estaba sola. Fue en julio de este año. Pleno invierno.

La impresión de ver a Elizabeth en su cama con otro hombre, nubló a Grace, quien le pidió explicaciones a su pareja. Ambas mujeres discutieron. Episodios como este eran frecuentes pero, aquella vez, la situación se les arrancó de las manos. Elizabeth estaba borracha y comenzó a golpear a Grace con la ayuda del hombre que la acompañaba. Ambos se turnaban para pegarle combos y patadas en el rostro, los brazos, las costillas. La patearon en el suelo hasta cansarse. Grace, aprovechando un descuido, arrancó de la casa ubicada en la calle los Faluchos, en la población José Arellano de Cartagena.

Alrededor de las tres de la madrugada Grace llegó a la casa de sus padres, ubicada en la misma población. Traía cubierto su rostro con una capucha e ingresó, como siempre, por la parte de atrás de su casa. Margarita Martínez, su madre, le dejaba la puerta abierta, todas las noches, en caso que Grace regresara del “infierno” en el que vivía hace 10 años.

-¿Qué anda haciendo a esta hora, hija?- preguntó Margarita cuando la vio.
-Nada, mamá. Vengo por un cigarro, como siempre- le respondió Grace, ocultando su rostro en la oscuridad de la pieza.

Margarita, preocupada, se levantó de la cama y le pidió que prendiera la luz. Cuando vio el rostro de Grace saltó de la cama y se puso a llorar.

-Estaba machucada. El ojo con derrame, el pelo pegoteado y su rostro casi desfigurado por la hinchazón de los golpes. Había quedado casi ciega. Mi marido se despertó y también su hermana. No sabíamos qué hacer. Ella no se podía ni mantener en pie por el dolor de cabeza. ¡Que te hicieron Grace! ¡Qué te hicieron! Le decía sin parar– recuerda su madre.

Sus padres le compraron pastillas para el dolor y Grace les rogó que no la llevaran a la posta. Tampoco que llamaran a Carabineros. Estuvo dos semanas acostada para poder recuperarse y nuevamente le prometió a su familia que nunca más volvería a la casa de Elizabeth. No la vio en tres meses hasta que, sin que nadie se percatara, comenzó a visitarla en secreto. Las excusas siempre fueron las mismas: “Mamá, voy por un cigarro”.

-Yo hablaba siempre con ella, le decía: esa mujer te pega, no te quiere. Ella me decía que no podía dejarla. Aunque le pegara no podía. Estaba enamorada. Yo le decía que esto no iba a parar hasta que pasara algo – cuenta su hermana Margarita Soto.

Las advertencias no funcionaron. Primero Grace se escapaba -salía a las dos de la mañana y regresaba a las seis- para que sus papás no se percataran. A veces Elizabeth iba buscarla y la amenazaba con armar un escándalo si no la acompañaba. Al final terminaron viviendo nuevamente juntas. Fue en octubre del año pasado. Antes de marcharse su madre le advirtió: “Entre tantos idas y vueltas, un día no volverás nunca más”.
A Grace le quedaba un mes de vida.

LA “PARTNER” DEL BARRIO

Nacida y criada en Cartagena, Grace Soto era la regalona de la población. Ahí creció con sus padres y sus tres hermanos: Jorge, Margarita y Francisca. Amiga de todos, menos de los estudios, alcanzó a cursar hasta séptimo básico. “Mamá a mí no me da la cabeza. Además yo quiero ser maestra de construcción como mi papá. Mejor que las otras niñas que lo necesitan, estudien”, le decía cuando niña a su madre.

A pesar de los intentos de sus padres, el colegio se transformó en una misión imposible. Le daba pena que sus compañeras no tuvieran plata para comprar útiles. Todos los días regalaba algo: sus cuadernos, lápices, libros, incluso su uniforme.

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-Éramos igual de humildes que todos. Pero me regalaba todo, hasta su ropa. Acá tantas veces llegó con el puro delantal o sin zapatos. Así era mi hija. La millón de amigos, era la partner de la pobla– cuenta su madre.

En los almacenes del barrio la recuerdan con cariño. “La Grace era una niña alegre, solidaria, juguetona e infantil. Buena para jugar a la pelota. Siempre dispuesta a ayudar. Nunca le ponía mala cara a nadie”. Tanto así, que cuando conversaban con ella, a pesar de sus visibles marcas de maltrato, no podían creer por lo que estaba pasando.

-Pensábamos que los moretones eran por el fútbol. Cuando le preguntábamos agarraba todo para la talla. Aunque veíamos las marcas en su cuerpo, no veíamos el sufrimiento– cuenta uno de sus vecinos.

A los 18 Grace se puso a pololear con uno de sus vecinos, quedó embarazada y tuvo a su hijo Cristián. La relación no duró mucho tiempo y Grace volvió con su hijo a vivir con su familia. Casarse no era lo suyo. “Era bien llevada a sus ideas y cuestionaba por qué las mujeres tenían que hacer ciertas cosas”, cuenta su hermana Margarita Soto.

Sus años de adolescencia los pasó en el club de fútbol “Juventud Arellano”. Fanática de la Universidad de Chile, armó un equipo con sus amigas de la población donde jugaba de arquera. Cada vez que ganaban un campeonato, celebraban en la casa de Rosa, actual tesorera del club:
-Siempre venía con sus amigas a celebrar, andaba contenta, pero conoció a esa mujer y se alejó un poco. De repente la llamaban al teléfono y tenía que irse. Decían que esta muchacha le pegaba mucho, incluso en la calle– relata Rosa.

A Grace no le gustaba hablar en público de su sexualidad. Recién por el 2002, cuando tenía casi 21 años, le confesó a su hermana que le gustaban las mujeres. “Descubrí algo –le dijo- me di un beso con una niña y me gustó. Estoy tan confundida, no sé cómo pasó”. Desde ese día su familia la acogió incondicionalmente.

Un par de años después conoció a Elizabeth. Era nueva en la población y no le podía quitar los ojos de encima. “Qué linda que es ella”, le comentaba siempre a su hermana. Un día se atrevió a hablarle y nunca más se separaron. “Pasaban todo el día juntas. La trajo para acá varias veces, echábamos la talla. Elizabeth siempre fue un poco más seria pero se veían felices”, cuenta Margarita Soto.

Dos años después de conocerse, se fueron a vivir juntas. Ese mismo año Grace empezó a llegar con los ojos hinchados a la casa de sus padres. “Pelea con la Eli”, era la única respuesta que le daba a su familia. Nunca entró en detalles. Ese mismo año, Grace llegó por primera vez con heridas profundas en su cara.

– Llegó con su cara rasguñada completa, eran muy profundos, pensé que iba a quedar toda su cara con tajos. Yo le compraba unas cremitas en la farmacia y con esas le volvía a quedar lisa su cara. La dejaba marcada para que no estuviera con nadie más- cuenta su madre.

Desde ese día nunca más admitieron a la polola de Grace en la casa y varias veces fueron a enfrentarla. La familia no entendía cómo era posible que Elizabeth, una mujer de estatura baja y muy delgada, fuera capaz de hacerle daño a Grace, que medía sobre 1.70 y era robusta. “La dominación no es siempre física, a veces la psicológica puede ser mucho más grave, pero a nadie le importa eso”, cuenta su hermana.

La familia y sus amigas aseguran que muchas veces intentaron poner denuncias. Pero Grace les rogaba que no lo hicieran, que confiaran en ella. “Nos decía que ella sabía ponerle un límite y que las cosas iban a cambiar”, cuenta una de sus amigas más cercanas.

Pero los problemas de Elizabeth con el alcohol y la pasta base fueron deteriorando más la relación. Según familiares y vecinos, empeñaba sus pertenencias, las de Grace e incluso de su hijo para poder consumir. “25 celulares le contamos a Grace, todos según ella habían sido robados. Pero nosotros sabíamos que la Elizabeth los empeñaba”, comenta su familia.

Gabriela Toro, una de las mejores amigas de Grace, no tiene miedo en denunciar el maltrato que sufría a manos de Elizabeth. Grace, sin embargo, nunca escuchó razones. “Elizabeth estaba metida hasta el cogote en la pasta. Más encima tomaba todos los días. Yo muchas veces fui a enfrentarla porque dejaba a la Grace como un trapo. Además se prostituía por droga, pero Grace no quería creerlo”, cuenta otra de sus amigas más cercanas.

-La relación era enfermiza. Yo le decía todos los días: vámonos juntas chuncha, olvídate de esa mujer… Un día llegó con un corte muy profundo en el estómago, estoy segura que fue una puñalada. No quiso ir a la posta. Me dijo que la dejaría y a las dos semanas estaba de vuelta con ella. Llegó a tanto la obsesión que a veces ni siquiera quería almorzar porque no podía comer sin la Elizabeth al lado– cuenta Margarita Soto.

LA MAÑANA MÁS OSCURA

El viernes 21 de noviembre, la población “José Arellano” amaneció en silencio. De a poco, desde los cerros, se empezaron a escuchar gritos. Los vecinos pensaban en las teorías más comunes: robo o un ajuste de cuentas por droga. Pero a los minutos llegaron Carabineros y una ambulancia a la calle Los Faluchos. Ahí todos se dieron cuenta que estaban equivocados. Eran casi las ocho de la mañana.

– ¡Mataron a Grace! ¡Mataron a Grace! – gritaban desesperados los vecinos.

Una de las vecinas, que era asistente social, fue corriendo a la casa de los Soto Martínez. La madre de Grace, que estaba acostada, al escuchar los gritos casi se desmayó de la impresión. Su hija Margarita salió con lo puesto. No sabe cómo logró evadir a los carabineros y entrar a la casa de Elizabeth. Ahí la vio: su hermana sentada en una silla, con la cabeza hacia atrás y los brazos colgando. El pecho ensangrentado. Grace había sido apuñalada en el corazón con un cuchillo de 11 centímetros. Tan certera fue la estocada, que según un informe del Servicio Médico Legal, su muerte fue inmediata.

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Margarita vio a Elizabeth sentada en las escaleras. No pudo contener su rabia y la golpeó hasta que varios carabineros la sacaron de la casa. Elizabeth no le respondió ni un golpe. “No sé cómo la mató. La hubieras visto, no se podía ni el poto. Estaba llena de sangre, ni siquiera me dijo que la había cagado. Todavía pienso que esto es una pesadilla”, asegura.

Un día antes de su muerte, Grace fue a visitar a su familia a la hora de almuerzo. Necesitaba un martillo para instalarle una reja a una amiga, quien le pagaría con una de sus comidas favoritas: pescado frito y vino con frutilla. Justo ese día, su hermana Margarita se estaba haciendo trenzas en toda la cabeza.

-¿Qué te estai haciendo en la cabeza? ¿Te creí shakira? – le dijo bromeando.
– No, soy e-sha-tira – le respondió riendo su hermana.
– Te ves hermosa hermana, te amo- le dijo Grace.

Prometió volver a las cinco pero no regresó. La madre de Grace estuvo con una sensación de incertidumbre toda la tarde. “Llegó la noche y no sabía nada de ella. Mi marido estaba durmiendo y a mí me dieron las siete de la mañana sin dormir. Me levanté a hacerle el desayuno y salí al patio a buscarle unas zapatillas. Vi el manzano y casi me caigo del susto”. Hace varios meses que Margarita tenía un sueño: encontraba a Grace ahorcada en el manzano de su casa. Esa fría mañana, sumida en esos pensamientos, decidió volver a acostarse. Pero los gritos de una de sus vecinas la sacaron de la cama. Su peor pesadilla se había hecho realidad.

Según fuentes ligadas a la investigación, Elizabeth salió la noche del jueves a tomar desde las siete de la tarde a un sitio eriazo cercano a su casa. Ahí conoció a dos hombres y bebió con ellos casi toda la noche. También habrían fumado pasta base. Según su declaración, en algún momento de la madrugada, los tres fueron hasta su casa para cargar un parlante y se retiraron pasado las dos de la mañana por los gritos de Grace y Elizabeth.

Vecinos cuentan que la pelea duró toda la noche. También la música. Una de las hermanas de Elizabeth fue a calmarlas y sólo logró quedarse dormida cerca de las cinco de la mañana. Dos horas más tarde, testigos aseguran haber visto a Grace con vida. Se habría ido a trabajar a una construcción, pero algo la hizo volver.

-Según Elizabeth, que es el único testigo en el lugar de los hechos, los celos de Grace habrían gatillado la discusión. En un momento ella sintió que su pareja quería tomar un cuchillo y matarla, es por eso que la imputada declara que se adelantó y apuñaló a Grace en el pecho – asegura una fuente cercana a la investigación.

Aunque aún existen vacíos en el testimonio de Elizabeth, la familia y amigos de Grace niegan completamente su versión de los hechos. “Grace jamás sería capaz de hacer algo así. Ella la amaba y las veces que le levantó la mano siempre fue en defensa propia”, aseguran sus familiares.

Para la justicia este caso no sólo será difícil, sino también emblemático. Tanto el Fiscal de San Antonio, Álvaro Pérez, como la abogada de la familia, Katalina Gudenschwager, de la Unidad de Atención a Víctimas de Delitos Violentos del Ministerio del Interior (CAVIS), pretenden demostrar que el asesinato de Grace Soto fue un femicidio. De ser así, sería el primer caso con esta tipificación donde participa una mujer lesbiana.

El Tribunal, según fuentes ligadas al caso, se inclinaría por un parricidio “en atención a la relación de convivencia entre ambas”. “Básicamente si uno va a la figura del femicidio, como es establecida penalmente y conforme a la historia de la legislación, pareciera haber impuesto una figura de protección hacia la mujer en el contexto de una relación heterosexual, donde ésta es la persona más débil”, agrega.

Otra dificultad clave, es que no existen denuncias de violencia intrafamiliar por parte de la víctima. Tampoco estadísticas sobre violencia entre familias homoparentales. Grace Soto, por tanto, sólo figuraría en el 64% de mujeres violentadas que prefieren callar por miedo a represalias, según cifras del Sernam. A pesar de que este antecedente es clave para poder comprobar los historiales de violencia entre parejas, según cifras del Ministerio Público, el 91,7% de las causas por violencia intrafamiliar terminan sin condena. “Tenemos clarísimo que no denunciar fue un error de todos, pero yo conozco tanta gente maltratada y nadie hace nada. Ponen denuncias y nada. ¿Cuál es la diferencia?”, reflexiona Paola, amiga de infancia de Grace.
Todo se resolverá, sin embargo, en el juicio del próximo 24 de marzo.

A raíz de este caso, el Movilh nuevamente propuso al Servicio Nacional de la Mujer, crear una casa de acogida para mujeres que sufren violencia en manos de sus parejas mujeres: “Sernam se comprometió a avanzar en esta idea. Dada esta realidad, estamos preparando para 2015 un programa de atención a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales que son víctimas de violencia intrafamiliar, donde habrá especialistas para entregarles apoyo”, aseguró Rolando Jiménez.

La familia de Grace Soto hoy está plagada de incertidumbres. Su madre todos los días se levanta, toma desayuno y se mete durante horas al Facebook de su hija a mirar sus fotos. Su hermana Margarita, cada mañana le prende un cigarro en un “altar” que le armaron en su casa. Su padre todas las noches se sienta a mirar la foto de su hija antes de dormir. A pesar de que aseguran que la muerte de Grace los unió como familia, ninguno de ellos quiere seguir llorando. “Prefiero pensar que mi hermana se fue a trabajar lejos, que está feliz y que algún día va a volver”, dice Margarita entre lágrimas.