Sebastián Dávalos

“Lo del Lexus para mí es una anécdota. Me cuesta entender que le hayan dado toda la valoración que le dieron”, aseveró Sebastián Dávalos en febrero de 2013 a la revista Qué Pasa cuando fue consultado por la polémica que generó en la época el descapotable en que fue a visitar a su madre, quien en ese entonces aún no era candidata, a su casa en La Reina.

La frase ha sido recordada en estos días por personeros de la Nueva Mayoría como un reflejo claro de la desconexión del hijo de la Presidenta Michelle Bachelet con la realidad política, que se traduce en el insólito silencio -que rompería en los próximas horas- que ha mantenido sobre el escándalo por el millonario préstamo que se involucró personalmente al asistir a una reunión con el empresario Andrónico Luksic donde se gestionó el crédito para Caval Ltda. Esta consultora es de su esposa, Natalia Campagnon (31), quien con los fondos del Banco de Chile compró unos terrenos con los que ya concretó un negocio con una ganancia de $2.500 millones.

No es la primera vez que el estilo Dávalos genera molestias en la Nueva Mayoría: su matrimonio en 2012 se realizó en el fundo Haras de Callanas en Paine, de propiedad de Gonzalo Vial Concha, controlador de Graneles de Chile e hijo del dueño de Agrosuper, la cuestionada empresa propietaria del criadero de cerdos en Freirina. El campo fue facilitado sin costos y el evento, que Campagnon calificó de “íntimo” fue animado por la banda Chico Trujillo.

Fuentes del oficialismo consultadas por The Clinic Online coinciden en que el último traspié de Dávalos, que ya lleva varios días en la agenda, ha demostrado dos cosas:

1)Que el temor respecto de lo perjudicial que podría ser Dávalos para la Mandataria –cuando lo nombró director de área sociocultural de La Moneda la tesis que circuló es que era una forma de mantenerlo a raya-, tenía sustento. 2) Que es insostenible a largo plazo que Dávalos continúe en el Gobierno, pero que la jefa de Estado no estaría dispuesta a hacer con su primogénito lo que no hizo con el ministro Alberto Undurraga en medio del caso Penta: sacarlo de inmediato y asumir que tiene alguna responsabilidad en lo que se le imputa, en este caso, la presunción de tráfico de influencias.

Aún así, en Palacio admiten que la paciencia de los ministros para defender a Dávalos por un negocio privado ya se ha agotado. “Todos están cansados de dar explicaciones porque además Dávalos no ha cultivado una buena relación en el Gobierno”, sostiene un personero.

La relación más tensa, según publicó La Segunda hace unos días, es con el ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo, a quien Dávalos habría calificado en privado como “galán rural”.

Con todo, Peñailillo ha salido todos los días a intentar contener la polémica. Ayer aseveró que “todos tenemos la obligación como funcionarios públicos, como servidores, de actuar con la máxima transparencia ante el país, y eso es lo que en este caso, en otros y los que vengan, así va a ser, ese es el principio del gobierno. Por lo tanto, aún cuando sea un operación entre privados, éstas son empresas, el gobierno espera la máxima transparencia y por supuesto que toda la información esté a disposición de todo el país. Esa es la vara” y al asegurar que Dávalos enfrentará este tema cuando lo estime conveniente.

Mientras Dávalos organiza su defensa –que incluyó una declaración de intereses-, Campagnon ya cerró su negocio y vendió las 44 hectáreas en Machalí en $9.500 millones, $7.000 de los cuales se van al Banco de Chile, para pagar el crédito y los intereses.