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El sacerdote jusuita Jorge Costadoat, quien debió dejar de hacer clases en la Universidad Católica por decisión del cardenal Ezzati, respondió a la justificación que hizo del hecho el rector de la institución, Ignacio Sánchez, poniendo en duda que en ella realmente exista la libertad de cátedra que asegura la autoridad.

“Las reacciones ante la decisión del cardenal Ezzati de no renovar mi ‘misión canónica’ demuestran que los académicos perciben que se sienta un precedente de censura que hace mal a la universidad. Confirman que en la universidad hay miedo. Me consta que hay profesores que se sienten vigilados por su vida o modo de pensar. Hay temas censurados. Hay gente que suele escribir cartas a las congregaciones romanas de la Educación y de la Fe, y entre los de aquí y los de allá atenazan a la universidad”, señaló el sacerdote.

En carta al director de El Mercurio, Costadoat explicó que en su ideal de universidad católica “un agnóstico, un judío, un musulmán, un protestante, incluso un católico que no logre entender la enseñanza de la Iglesia o discrepe de ella, académico o alumno, debiera sentirse en la PUC integrante de primera categoría. En la universidad todas las diferencias, y las pruebas y errores en la búsqueda de la verdad, debieran considerarse igualmente valiosas”.

En esa linea, plantea que “las autoridades de la universidad deben ordenar la casa”, dado que “tienen que introducir mejoras en las condiciones de libertad que requiere el trabajo universitario”. Asimismo, acusa que cuando Ezzati le renovó la “misión canónica” en 2012, -condición para ejercer en una Facultad de Teología-, le dio el permiso académico bajo condiciones pero “nunca se me dijo con claridad suficiente en qué consistían esos reparos”.

“Solo se me dio por escrito una carta en la que monseñor Ezzati me solicitaba adhesión al Magisterio de la Iglesia. Pero ahora, en marzo de 2015, el Gran Canciller (Ezzati) no ha dicho en qué he yo incumplido esta adhesión. Todavía no entiendo de qué se me acusa. Su objeción central tuvo que ver con enseñar con una libertad inconveniente a personas que no estaban preparadas para ello”, explicó el jesuita.

“Por otra parte, Fredy Parra, decano de Teología, en 2014 me felicitó por mi desempeño y, tras oír al consejo de calificación académica, pidió al obispo la renovación de la ‘misión canónica’. De un modo semejante, esta ‘misión canónica’ había sido solicitada al Gran Canciller en 2010 por Joaquín Silva, el decano en esa época. En una carta en que el profesor Silva me avisaba de la evaluación del consejo y de la petición a monseñor Ezzati del permiso para enseñar, me decía: ‘Al mismo tiempo, la comisión me ha solicitado que te comunique una observación positiva y felicitaciones por tu desempeño en los diversos ámbitos de la vida académica de nuestra Facultad'”, concluye en su misiva.