LOS-POBRES-foto-agencia-uno
Hace pocos días Chilevisión sacó al aire un nuevo capítulo del programa “En la Mira”; esta vez abordaba la realidad de la población El Castillo de la Comuna de La Pintana. Ya en el año 2007, el mismo programa había mostrado un episodio similar sobre la población La Legua Emergencia, se titulaba “El Ghetto de la muerte”.

La emisión de ese programa dio origen a una carta abierta al canal, en la que los pobladores mostraron los costos que para la vida cotidiana de sus vecinos tiene el seguir siendo presentados en sociedad como habitantes de un guetto mortal: aumento de la cesantía, normalización de la segregación, estampida de los funcionarios a cargo de los servicios básicos, huida del emprendimiento privado, empoderamiento de los capos de la narcocultura y de la prepotencia armada… la estigmatización del apartheid.

Una vez más quedamos al debe, no respecto del rating y la adrenalina, sino de la honra a la dignidad de las personas y a la innovación que nos debemos. No es solo el que haya faltado mostrar todo lo bueno de la población El Castillo, sus organizaciones, sus luchas, sus vínculos solidarios y sus dignos oficios. Lo que más sigue ofendiendo es ver a los vecinos, amigos y familiares exhibidos como especímenes de otra especie respecto del resto del país. Duele ver como el profundo drama de estos pobladores se convierte en un circo que seduce por el miedo e impacto que genera.

En el programa aludido, salvo algunas lúcidas menciones al hecho de que El Castillo fue fabricado con la política de segregación atroz que rige hasta el momento, el resto fue consolidar en la retina el que sus habitantes están desahuciados, que no tienen otra alternativa que huir o morir, como si el país no tuviera otra posibilidad que construir un muro en torno a más de 100 poblaciones tomadas por la droga y la violencia.

Urge un cambio de mirada como sociedad y es deber de todos los actores sociales construir responsablemente esta nueva perspectiva; pero duele el silencio de las autoridades y dejar que la solución a esta realidad esté siempre en la intervención de las policías y no en una política integral con proyecto restaurativo para dichas poblaciones.

El miedo y la rabia son lucrativos en términos de rating pero no reparan la injusticia ni la violencia estructural que las sustenta, es urgente mirar en profundidad sus causas que comienzan cuando trato a los demás como si no fueran iguales en dignidad que uno mismo. Cuando se instaura una política de criminalización de la pobreza, se transforma un problema político ocasionado por la desigualdad económica y la inseguridad social en un problema de criminalidad, en que hombres y mujeres de nuestras poblaciones sufren una estigmatización territorial adicional a la que ya viven.

Apremia un esfuerzo por indagar cómo llegamos a ser ajenos y cómo podemos salir de esta situación en que normalizamos la exclusión. Desnormalizar la segregación implica acabar con los estereotipos y disponernos a alterar nuestras costumbres cotidianas. Al parecer, con la puesta en escena del programa “En La Mira”, asistimos al abandono del proyecto de una sociedad democrática, donde la exclusión social y el tratamiento de los medios de comunicación expresarían el fracaso de las personas y grupos para formar parte de la vida en comunidad. Cierta incomodidad aparecerá al descubrir que “sí hay solución” cuando estamos determinados a revertir lo inhumano de la segregación, que no es “esa pobre gente” sino “mi hermano”, y que no nos debemos lástima, sino reconocimiento de derechos humanos aún vulnerados sistemáticamente en nuestro país.

Grupo de Reflexión y Acción por la Paz
(Hta. Donata Cairo, Bárbara González, Hta. Marina Sanhueza González, Geraldine Pérez, Hta. Maria Elena Muñoz, Hta. Maria Inés Urrutia, Gonzalo Illanes, Francisco Carreño, P. Gerardo Ouisse, Marcelo Oñederra s.j, Omar del Valle, Pablo Walker s.j, Sergio Cárdenas, Iván Navarro).