Victor Hugo y Diana en ARCIS de la mano

“Cuando yo me vaya no quiero gente de luto,
ni cruces ni machos fachos”.

La conocí en 2010 en un encuentro de la Unesco en Santiago de Chile gestado por la activista lésbica Toli Hernández e inmediatamente complicitamos con Amancay Diana Sacayán. La rebelde activista travesti era comunicadora popular, redactora del Suplemento SOY de Página 12, líder del Movimiento Antidiscriminación de Liberación MAL y trabajadora del Instituto Nacional en contra de la Discriminación INADI de Argentina. Diana era una voz latente y detonante del movimiento de la disidencia sexual en América Latina, el mismo colectivo que la recuerda y llora luego de su brutal asesinato caratulado de femicidio en Buenos Aires pero que sus compañeras de ruta política apuntan como un travesticidio.

Diana Sacayán conoció y amó Chile. Nosotras la cautivamos a ella. Recuerdo que la primera vez que nos cruzamos en Santiago deseaba quedarse unos días más en el país porque soñaba conocer el bello puerto de Valparaíso y su deseo se hizo loca realidad gracias a la hoy concejala trans Zuliana Araya. Fueron días, tardes y noches inolvidables junto a Diana, Zuliana y a la activista trans muxe de Juchitán, la mexicana Amaranta Gómez Regalado. Sin saberlo ni mucho menos desearlo era nuestra última cita trans latinoamericana en la ciudad puerto de Chile.

Tiempo después, en el verano de 2012, Diana Sacayán estuvo nuevamente en Santiago invitada por la Confederación de Trabajadores del Cobre CTC liderada en ese entonces por Cristian Cuevas Zambrano, reconocido dirigente sindical que asumió su homosexualidad en medio de barricadas obreras y luchas por justicia social. Junto a Diana compartimos foros debates sobre sexualidades disidentes, pobreza, prostitución, desempleo y trabajo precario en medio de la Fiesta de los Abrazos del Partido Comunista de Chile donde Diana saludó a la emblemática líder estudiantil Camila Vallejo y participó en encuentros sociales con la diversidad sexual local. La Sacayana, como le decíamos a Diana las locas más osadas, fue un refresco para los machos compañeros subcontratistas que –por primera vez- escuchaban a una líder travesti hablar abierta e indignadamente de discriminación laboral y derechos sexuales postergados.

Escuchar la biografía de Diana Sacayán y reconocer su historia de reconstrucción desde la prostitución callejera al activismo político identitario hizo posible el cruce entre las luchas sociales de trabajadores y diversidades sexuales que en Chile del ayer eran -muchas veces- asumidas como batallas incomunicadas. Diana era activista travesti de ceja pronunciada. Una sobreviviente social que asumía su identidad de género junto a su posición de clase, origen indígena y contumaz defensora de las luchas trans feminista. Diana Sacayán cruzaba y entrecruzar mundos, haciendo posible lo imposible. El mismo mundo posible que conquistaron con sus compañeras travestis argentinas lideradas por Lohana Berkins cuando celebraron en Plaza de Mayo la Ley de Identidad de Género, una de las más avanzadas en el mundo entero y recientemente el cupo laboral para travestis en Buenos Aires, inédita iniciativa legislativa promovida por la diputada provincial kirchnerista  Karina Nazabal.

Muchas veces estuve con Diana Sacayán. En Santiago, Valparaíso, Juchitán de Zaragoza y Buenos Aires. Nuestro sueño era caminar juntas por La Habana de Fidel Castro pero Diana no llegó a esa inolvidable cita caribeña de la Internacional Gay, Lésbicas, Trans de América Latina y el Caribe en mayo de 2014. Tiempo después, Diana viajó a la isla invitada por el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba que dirige la querida compañera Mariela Castro Espín y caminó los caminos que soñamos recorrer juntas, revueltas y desenvueltas. Los mismos caminos que pensábamos, tejíamos e ideamos transitar nuevamente en Chile y/o Buenos Aires planificando merecidos homenajes a Pedro Lemebel o imaginando comparecer unidas en la presentación de “El Diario del Che Gay en Chile” en su agitado Buenos Aires.

Hace pocos días mi entrañable amigo Alejandro Modarelli le hizo entrega a Diana Sacayán del Diario del Che marica en la sede del INADI donde ella travajaba (travajo con v de travesti) y ese pequeño gesto marica – librero fue nuestro cómplice, amoroso e impensado último roce. Un diario de tantas e intensas vidas que ensoñará sus lúcidas palabras porque su memoria permanecerá siempre presente en las luchas y resistencias de nuestra loca revolución.