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“Lo siento. No lo he visto”, dice Jorge Baradit cuando le preguntan si puede comentar el Festival de Viña del Mar de este año. El escritor de nuestro país está divorciado de la televisión desde hace seis años y no está al tanto de las burlas a los políticos, de las actuaciones de cracks de la música como Lionel Richie y de quién es la reina del evento de la Quinta Región.

¿Por qué tomó esta decisión? El mismo Baradit relata que el culpable de su alejamiento de la televisión fue la llegada del poder de Sebastián Piñera en diciembre del 2009. Según la entrevista que dio a La Segunda, él explicó que  en el desenlace de esas elecciones “me paré, y en un gesto melodramático, rompí la atenta y apagué la tele”.

“Hoy se usa como monitor para Netflix o Inet”, cuenta el escritor.

“Es tan del siglo pasado esto de esperar a ver qué te dan. Prefiero elegir lo que quiero ver cuándo y cómo quiero. Armo mi propia parrilla con lo que me interesa. Elijo quién me cuenta las noticias, cómo y por qué. Luego las verifico con los medios especializados internacionales, las opiniones de gente experta en redes, e incluso las converso con ellas mismas y con quién esté dispuesto a hacerlo de modo respetuoso por Twitter o Facebook”, afirma.

Al ser consultado sobre qué respondería si es que alguien le critica por no mirar la “caja maldita” y por posiblemente por creerse superior a los televidentes, Baradit responde que “no me creo mejor que la caja maldita porque aquella ya no existe. Era un conjunto de contenidos que reverberaban desde un soporte tecnológico; hoy esos contenidos están dispersos y el soporte tecnológico no es más que una pantalla de variados usos. La tele abierta como la conocimos está muerta, los que habitan dentro son fantasmas y no se han dado cuenta. La TV abierta es ‘Walking Dead'”.

Respecto al rol que jugó la televisión en Chile, el novelista que fue bestseller con “La historia secreta de Chile” dice que “la TV jugó un papel tremendo en los 70 y 80. Fue el vehículo por excelencia de la dictadura para inocular una versión de mundo que nos acompaña, desgraciadamente, hasta hoy. La marcha previa a cada cadena nacional la tengo clavada en el fondo de mi cerebro: adoctrinamiento y reinterpretación. Eso fue la ‘construcción de la identidad’ en esos años”.

Además, Baradit asegura que eso cambió en nuestra época y dice que eso ya no es igual en la “pantalla chica” nacional de los últimos años.

“Hoy, en cambio, a lo más juega un rol amalgador ligero. La TV no amplia noción de nacionalidad, la reduce a una vencidad del Chavo con 5 o 6 protagonistas y sus correrías. Encuentro alucinante y demente ver a Gabriel Salazar, a Esteban Valenzuela y a otros historiadores hablando dos horas en ‘Mentiras Verdaderas’ y que tengan rating. Yo mismo fui a hablar de Historia de Chile a matinales y anduvo de perillas. Quizás el problema no sean los contenidos sino la forma de presentarlos”, manifiesta.

Ante la extraña pregunta de cómo explicarle por qué no ve televisión a un extraterrestre que analiza la relevancia social de los programas chilenos, el escritor saca a brillar su imaginación y dice que “le diría que los que no ven TV salieron de una forma de Matrix, que cortaron el cordón umbilical de un suministro de heroína mal cortada conectado a la cabeza”.