Velorio Aylwin A1 3
La muerte de Patricio Aylwin, figura fundamental en la historia política reciente de Chile, convoca a todos los actores a revisar el proceso de la transición chilena y nosotros, quienes enfrentamos activamente a la dictadura cívico – militar y que durante la democracia tutelada hemos tenido que seguir con la misma tenacidad para defender a los trabajadores y trabajadoras del abuso del modelo neoliberal, no podemos dejar de expresar nuestra mirada crítica.

La puesta en escena de la muerte del ex presidente Patricio Aylwin representa para nosotros la reconstrucción de un gran relato nacional, en el que medios de comunicación hegemónicos, la gran mayoría de los actores políticos y empresariales que son responsables fundamentales del andamiaje económico, político y cultural de la democracia de los consensos, relevan y justifican este proceso que en su resultado, dejó a nuestro país con mayores niveles de desigualdad, una mercantilización profunda en los derechos más básicos de la población y con un sistema político viciado y funcional a los intereses de las élites, un proceso que implementó con eficiencia el modelo diseñado en dictadura.

En estos días regresa la tesis de “en medida de lo posible” que, por un lado sirvió de cuña para amparar la impunidad de los genocidas y violadores de los Derechos Humanos, provocando desde su origen, un golpe moral a la sociedad democrática de hoy y por otro, permitió profundizar el modelo de Augusto Pinochet y Jaime Guzmán. Fue durante el gobierno de Aylwin que se desnacionalizó el cobre, fue durante la transición que se privatizó el agua y los recursos marinos y se siguió vulnerando la dignidad de los trabajadores y trabajadoras. Incluso, parte invaluable de la juventud que no encontró opción posible con el arribo de la democracia neoliberal sufrió ejecuciones políticas y duras condenas de cárcel.

Patricio Aylwin, presidente de la DC durante la Unidad Popular, dirigió la defensa irrestricta de la propiedad privada y alimentó la estrecha alianza con el Partido Nacional, quienes conspiraron, dinamitaron el diálogo político y agitaron las aguas para crear las condiciones políticas del golpe militar. Pasados los años, ahora contrarios a la dictadura militar, articularon la oposición a partir del reconocimiento de la espuria Constitución Política de 1980, garantizando con ello su vigencia hasta el día de hoy.

Hoy más que nunca queda demostrado que aunque la élite y los administradores de este modelo de desigualdades sean duramente golpeados por las encuestas de opinión, sufran una profunda crisis de legitimidad y un alejamiento de las fuerzas vivas de la sociedad civil, su ánimo y vitalidad por regenerar el relato de la transición y reconfigurar el imaginario social de esta democracia de mercado, siguen vigente.

La tarea por traer de vuelta una democracia verdadera, acompañada de justicia total, derechos sociales para nuestros niños y niñas, bienestar para la familia trabajadora, donde el pan alcance para todos y todas, ejerciendo soberanía plena sobre nuestros recursos naturales y nuestro territorio, es una tarea no sencilla, no corresponde a una cuestión meramente discursiva, de imagen o consignas.

El relato que hoy reconfigura la élite política y empresarial es expresión de pactos y andamiajes que aún viven en la escena política, alimentándose a su vez del clientelismo más vergonzante. Ha llegado la hora de ponernos manos a la obra, escribir nuestros propios relatos pasa hoy por organizar activamente el descontento y la esperanza que habitan en el seno de Chile. Solo así emergerá la fuerza que mañana habrá de terminar con el legado de la dictadura y su implementación con disfraz democrático.

* Dirigente político y social.