Manuel García

¿Por qué aceptaste participar en la canción de la Constitución?
Me pesó esto de los compromisos ciudadanos y me dije “es importante hacer algo así, voy a escuchar la canción que hizo Carlos (Cabezas) y voy a meditar esto un poco” y después de darle una vuelta bastante breve me comprometí.

Antes de participar en esto, ¿cuál era tu reflexión con respecto a la Constitución?
Mi generación, la de los que tienen 40, nos criamos en ese remolino que tenía que ver con la dictadura, que generó los temas de pasillo y lo que movía la acción política y social. En el año 93 o 94 ni siquiera era parte de la cátedra discutir la historia reciente desde puntos de vista más crudos. Diría que fue con Gabriel Salazar que se instaló esta conversación en la Universidad de Chile que se hizo más viral y donde se fue involucrando la juventud intelectual de Chile.

¿Y ahora, cuáles son tus reflexiones?
Lo que está claro hoy para mí es que aún así si la Constitución la hubiese escrito el mismo Fidel Castro, el cambio del siglo XX al XXI, trae nuevos espacios filosóficos. Hay una sociedad que se piensa de otra manera. La primera Carta Fundamental la crea Estados Unidos, la copia para Chile Carrera y el resto de Latinoamérica también establece los conceptos de la libertad y la democracia copiando las ideas de otros lugares, pero el mundo está cambiando y los países desarrollados no están siendo el ejemplo del alma de las Constituciones. Por eso me parece importante también este llamado: la Constitución no puede quedar huérfana de una filosofía.

Una Constitución hueca…
Hay una carencia de una ética más profunda. No sé de cuál de nuestros gobernantes uno puede decir, aquí hay una filosofía que cristaliza un pensamiento, que si vas a la raíz, llegas a sus poetas, a fases más humanistas, todo se diluye en grandes tratados comerciales. ¿Cuándo y dónde vimos eso? En la UP, en un estadista como Allende, que comprometía su idea de lo que era el hombre, que se sumaba a Neruda, Violeta Parra, lo que Víctor Jara transmitía con sus preocupaciones y su visión como ciudadano. Luego, la dictadura generó un espacio de oscuridad y las democracias se fueron comiendo este sustento más filosófico.

¿Crees que este proceso constituyente puede recuperar eso?
Sí. Tenemos que pensarlo de manera seria, no sólo en Chile sino que en el mundo. Muchos países van a comenzar a replantear cuál es y dónde cristalizan su verdadero pensamiento. Mira a Europa con las migraciones, se acabó la idea que “somos sociedades tan cultas que todos suman”. La gente siente la tensión numérica del día a día, que con todas las virtudes y vicios que traen otras culturas, piensa “esta es mi casa y aquí no entra nadie más”.

¿Cuáles son nuestras nuevas tensiones, condiciones, preguntas?
Ahora hay una desconfianza política que genera que la gente deje de ser ingenua. Antes se creía que quien gobernaba tenía el poder, que el derecho a ser elegido lo tenían aquellos con recursos, y no pensábamos que el profesor que nos formó podía ser parte de los que toman las decisiones. Esos temas ahora son una pulsación que se está conversando en las calles, en los bares, en las familias, los estudiantes, es un rumor que empuja esta necesidad de cambio y que la Presidenta tiene la sensibilidad para captar porque por todos los lados ha tratado de ir avanzando en los temas.

Crees que hay ganas de una participación ciudadana, pero por otro lado uno lee en los medios un desprecio y una duda constante a este proceso constituyente.
Yo también lo percibo, alguien decía el otro día que Alemania nunca había cambiado su Constitución. ¿Quién puede comparar a Chile con Alemania? Ni por la historia, ni las tradiciones, ni nada. ¡¿Cómo vamos a seguir mirando a Europa?! Es un conservadurismo muy ingenuo. Cuando tú ves que se despiertan las pasiones y se acalora la conversación es porque existen las tensiones.

Para ti la gente está preocupada de este proceso.
Yo le pregunté el otro día al caballero que me vende pollo en la esquina, al taxista, a un profesor, voy a un lugar y si sale el tema, lo conversamos, y yo veo que la gente está pendiente, convoca. Alguien decía “¿qué va a querer cambiar la gente si no ha leído?”. Pero es que sentimos que falta socialmente lo que una Constitución debiera tratar, estos pilares filosóficos, también como un timón para el Estado, lo necesitan los políticos que están huérfanos de esas ideas. Insisto, aunque la Constitución la hubiese escrito Fidel, esa Constitución tendría que ser modificada por lo que vivimos hoy. A la gente le importan los animales, la naturaleza… Y en última instancia, si se van a cambiar pocas cosas, la gente quiere sentir que ha opinado y ha sido parte de ese proceso. Por la coyuntura política en que estamos ahora, se puede pensar que es propaganda para las elecciones o un cartel demagógico de la Nueva Mayoría, pero ¿cabe una aguja más en términos de presión política? Para mí, casi todas las cartas están sobre la mesa, en este minuto nadie puede estar embaucando a nadie de cómo son las cosas. Esta desconfianza no tiene por qué dejar fuera al ciudadano. Con mayor razón, estando al desnudo las situaciones de financiamiento irregulares, la gente va a decir “si las autoridades nos fallan debemos ser nosotros quienes hagamos algo”.

Pero la participación podría disminuir…
A menos que estos procesos realmente resulten para involucrar a la gente.

Estás en un muy buen momento artístico, ¿por qué involucrarte en este momento de desconfianza política con un gobierno con poca aprobación?
Hay que estar también cuando las cosas están difíciles. No creo en un país descabezado ni en una anarquía. ¿Vamos a desprestigiar tanto la política como para quedarnos sin ningún gobernante y que baje una nave espacial y nos diga cómo gobernar Chile? Es el momento de crecer, y si crecer es pasar por una crisis, equivocarse, arriesgarse, a mí me interesa hacerlo porque me siento un ciudadanos reflexivo, que está tratando de educar a sus hijos y enfocar lo que uno habla en la mesa desde la acción. ¿Qué saco con estudiar con ellos la Guerra del Pacífico o las Matanzas Obreras, y no tener ningún nivel de acción? En cada elección he apoyado a los candidatos que me gustan, y en este momento me genera confianza participar y estar y lo voy a decir con toda la cara. Soy de las primera generaciones que puso los temas políticos en la mesa sin que fuera un drama, y después de más de veinte años de ese ejercicio, que me ha resultado, de estar con gente de todos los sectores discutiendo, viendo tras bambalina este armazón que tiene que ver con cultura, sociedad y política, ¿cómo no me va a interesar esta coyuntura?, ¿lo voy a mirar de lejos? Prefiero estar intentándolo.

Pero el mundo de la cultura también ha sido crítico…

Pero no se puede ser crítico desde los libros y por lo que ves en televisión. Si tienes la posibilidad, a través de una embajaduría cultural, de hablar con los políticos, entonces comienza a cambiar el espectro de la idea, tanto de la persona con la que hablas, como el plan general. Veo que es gente que en su relato no está diciendo cómo va a proteger lo que tiene, dónde va a ganar más plata o cómo engrupir a la población…

…Todavía sigues creyendo.
Le creo a alguna gente que está en el mundo político. Yo a la presidenta Bachelet le creo. No es una persona que esté ahí para robarse nada ni para enriquecerse, han pasado cosas con actores secundarios, que se han movido en este espectro. Muchos siempre pensábamos que las leyes estaban hechas a la medida y altura de los poderosos, pero aquí hay una responsabilidad con un tema que tiene que ver con democratizar. Hay temas muy delicados que no están resueltos: el conflicto mapuche, el tema de los derechos humanos en torno a los familiares de los detenidos desaparecidos, la educación está a medio tratar, la apertura política está recién iniciando el camino… Hay intenciones y no tenemos más que eso como para creer. En el caso mío creer es estar mirando a los ojos a una persona. No puedo pensar que la periodista del Clinic me va a cagar. Si vamos a estar así como sociedad, vamos a vivir en un mundo de desconfianza.

Pero estamos en eso…
Como sociedad ya teníamos un montón de temas atrasados. Es una contradicción histórica bien propia de Chile, nuestra construcción humanista tiene mucho que ver con viejos relatos de izquierda, García Márquez, Neruda, Cortázar, Violeta, Víctor, Silvio… Si armamos el panteón de nuestros dioses griegos, nos vamos a encontrar con que son de izquierda, pero no hay ninguna idea que no se financie desde el capitalismo. Es una contradicción tremenda, que es parte de esa oscuridad apocalíptica que yo también la siento, pero ¿cuál es la acción? Estos temas los venimos arrastrando como cultura y ahora se nos suma el mundo que está en tensión…

Para ti la izquierda quedó antigua y no ha podido cristalizar una filosofía que nos permee como sociedad.
Exactamente. Las ideas de izquierda quedaron desfinanciadas y para financiarlas se empezaron a establecer cruces que permitía la coyuntura. Desde el compañerito acomodado, que ahora tiene un lugar en el gobierno, hasta el artista que tuvo que ir a postular en el Fondart, incluso en el gobierno de Piñera…

¿Desprecias eso?
Es parte de un proceso tenso, pero no tengo respuesta para resolver esas contradicciones porque no soy líder político, soy un opinante ciudadano.

¿Crees que la discusión de la nueva Constitución podría resolver de algún modo esas contradicciones?
No lo sé. Estoy apostando a que es un paso adelante. No sé si resuelve algo, pero es una forma técnica de establecer en la ciudadanía la idea de que estos temas tienen que ser reflexionados por las personas y que el ciudadano es un agente de cambio.

¿A qué es a lo que teme el conservadurismo?
Ese es el problema, no es que les vayan a quitar los predios y los caballos, sino que es una miga del pan que les sobra. Y eso es lo tacaño y lo triste de la situación. Lo que los inquieta es que toquen su cuadro filosófico personal y las tradiciones que reafirman sus formas de ver la vida.

Pero si es una miga de pan no importa mucho…
Es que sí les importa, porque genera daños estructurales en el edificio, porque tú les quitas las bases y se puede derrumbar toda esta tradición.

La derecha dice que este es un “proceso chavista” y que la voz de la gente no se va a escuchar.
Si veo a la derecha muy inquieta con el tema es una buena señal, significa que está pasando algo, que algo está crujiendo y que va a llevar a un derrumbe, que no es desestabilización. ¿Cómo va a participar la gente? ¿Va a tener una buena llegada?, es algo complejo. No sé cómo van andar los cabildos. No garantizo que esto vaya a funcionar, pero la historia dirá si esta conversación fue una ilusión que se va a romper como pompa de jabón o si el 2016 va haber sido algo que, en diez años más, nos tenga viviendo mejor a todos.

¿Cuáles son las cosas fundamentales para ti dentro de este proceso constituyente?
Participación, discusión, búsqueda, autonomía y sobre todo la malla de la construcción social. Yo puedo seguir aportando desde un oficio, siendo profesor o continuar en mi elite artística, pero también puedo ver que en un momento la suma de mi idea con la del otro genera un espacio de vida más digno.

LA HUMANIDAD FALLÓ

¿Te sientes decepcionado de la izquierda?
No. Sí puede haber una nota amarga en mis palabras cuando estamos hablando, y cómo no, si nosotros marchamos a los 14 años, tuve la metralleta en la cabeza, nos desalojaron de la universidad a palos, y no como un líder, sino que como uno de los tantos más que marchaban con la guitarra, aportando con alguna peña…

La imagen de Obama en Cuba ¿es el símbolo de una derrota?
Hay un verso bonito de Silvio que dice: “Lo que con amor hacía una mano lo rompía con otra el desamor/ Yo no creo que haya sido en vano, pero pudo ser mucho mejor”. Lo que pasa una cuenta y te mantiene alerta de lo que es ese “mucho mejor”, dónde construimos algo que reorganice las bases espirituales de lo que hacemos. La reubicación del ser humano nos hace ver que ciertos aspectos de la historia se van fosilizando. Hay canciones de la trova cubana, que más que una ruta a seguir, son un mapa de cómo antiguamente pensábamos el mundo. El porcentaje de acercamiento a la realidad es honesto, cuánto está cerca de una realidad, no sabemos, la historia es movediza.

Dijiste que existieron íconos que organizaban esas bases espirituales, ¿ves a alguien que haga eso ahora?
Parece que no está en la mente de la gente estar buscando íconos en personas.

Eso es una carencia o es parte de…
No sé, tal vez fue una necesidad histórica o una ingenuidad haber pensado que necesitábamos pastores que llevaran a la ovejas a la claridad.

¿Esta ruta sin pastores cómo es?
Es lo que estamos haciendo ahora, es reflexiva y es posible en la medida de la conversación. Se está conjugando la ruta en la discusión, ¿pero cómo canalizamos las ideas si no hay articulación política? Es un problema de especie, no de un gobierno u otro…

¿Cuál sería tu anhelo con este proceso?
Esperaría como final del proceso una sociedad culta. ¿Ser profesional implica ser culto? ¿Ser culto es ser un profesional? Se ha distorsionado esto de ser culto, no me refiero a alguien que habla francés, viste bien y ha viajado. Culto es ser parte de tu cultura y estar consciente de lo que buscas y de quien eres. No sabemos si esto de ser culto va a ser valorar al otro, cuidar el agua, el mundo animal, el hombre relacionado consigo mismo… Finalmente, uno comienza hablando de la Constitución pero para mí no se puede dejar de mirar cómo hemos sido y en qué hemos fallado. La humanidad entera falló. Es un naufragio que nos está llevando a tratar de dirigir el barco a la mejor isla que podamos, con paisajes nebulosos y ojalá no choquemos con piedras y bajarnos con humildad y fundar algo, no sobre las ruinas de una historia que se cae a pedazos.