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El trastorno de nombre “hikikomori” -término japonés que significa “apartarse” y país en el cual ya se ha clasificado como una enfermedad- ha trascendido tierras niponas y cobra más adherentes cada día alrededor del mundo. La vida de estas personas es que salen de sus casas únicamente en instancias que les resultan indispensables.

En Japón ya se han creado centros que buscan ayudar a estos seres humanos, la mayoría de ellos conformados por voluntarios y especialistas que no pierden la esperanza de poder reintegrarlos a la sociedad a través de terapia, recoge RT.

La psicoterapeuta Yuri Iri trabaja en uno de estos centros y menciona que “tenemos dos tipos de actividades: vienen al centro para hablar con los que tienen el mismo problema o con los empleados del centro. Es para restablecer la habilidad de comunicarse con otros. También les ayudan los que se han podido curar y comparten su propia experiencia. Es como un refugio transitorio”.

El presidente del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Chiba en Japón, Masaomi Iyo, explicó que “los ‘hikikomoris’ son personas que llevan encerradas en casa o en su propia habitación más de 6 meses. No participan en el proceso educativo ni en ninguna actividad laboral. Rechazan por completo cualquier contacto con las personas ajenas”. Al mismo tiempo, agregó que “la mayoría del tiempo ven la televisión o se entretienen con videojuegos, no tienen amigos salvo algunos contactos virtuales. A la vez, cerca del 70% de los ‘hikikomoris’ entienden que son una carga para la sociedad y la familia”.

En cuanto a los detonantes del aislamiento social, la psicoterapeuta Yohei Kuramitsu señala que “por ejemplo, la persona puede haber sido maltratada en la escuela por parte de otros alumnos. También por las altas expectativas de los padres, el hijo pierde su propia motivación. Convierte su vida en el intento de complacerlos y finalmente pierde sus propios sueños, y como consecuencia su personalidad”.

De igual manera que el fenómeno parece cobrar cada día más fuerza en tierras niponas, no ha dejado de esparcirse alrededor del mundo. En España ya hay decenas de casos registrados, casos en los cuáles los europeos pasan hasta 30 años encerrados.

En un escenario como éste, otro de los grandes temores es que casos como estos son difícilmente descubiertos, ya que precisamente, quienes lo padecen se esconden en sus hogares sin jamás salir.