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“Yo fui prostituta”, fue la frase con que la periodista Pamela Jiles remeció el estudio del matinal de Chilevisión esta mañana.

Ante la mirada atónita de los animadores, Rafael Araneda y Carola Moras, la panelista precisó… “Yo les puedo contar el otro lado de la película, porque les quiero decir que, amigos queridos, yo fui prostituta. Fui para Informe Especial prostituta. Estuve infiltrada a lo largo de todo el país, en distintos prostíbulos. Durante tres meses y medio hicimos ese trabajo de infiltración. Efectivamente, el Inspector (Vallejo) tiene razón en que hay determinadas chicas de la noche que trabajan para investigaciones, que son informantes”.

Jiles precisó que su labor fue la descrita, la prostitución, no la de una bailarina que vende otra cosa, “que es el baile”.

Tras el alcance, la pregunta a la periodista conocida como “la abuela”, saltó de cajón… cómo lo hacía si un cliente la elegía.

“La tarifa es variable y la parte más complicada… Es que tengo muchas cosas que contarles, pero quería reafirmar que efectivamente hay muchas chicas de la noche que trabajan, o son informantes de investigación, o policía. Pero, además, hay otras, que son la mayoría, que saben perfectamente cuál es el ‘tira’ y que te lo dicen, ‘ese que está ahí’, y qué se yo. Saben perfectamente quién es quién”, indica, a modo de preámbulo.

Ya yendo a la médula de la pregunta en cuestión, sostiene que “lo más difícil es el trabajo inicial de una prostituta, que es el sacar tragos, es el primer eslabón de la prostitución. A ti te ponen una pulsera por trago que le sacas al cliente. Y lo primero que yo descubrí en ese trabajo es lo difícil que es ser prostituta y copetinera. Sacarle un trago al cliente no es tan sencillo como se imaginan. De hecho, yo terminaba la noche con dos pulseritas y mis compañeras tenían 15, 20, hasta 25”

“Lo que yo vi fue que todas las prostitutas que trabajan en locales son copetineras. Es como el primer momento, así se produce el contacto con el cliente. El cliente sabe que lo que tiene que hacer es invitarte un trago”, agrega.

“¿Dónde empezaba tu nivel de tensión? Porque una cosa es ofrecer un trago y la otra es cuando el tipo te dice ‘ya, hagamos negocios’” le consulta Araneda.

“Yo podría peliculearlo, pero la verdad es que estaba sumamente protegida por un equipo de producción que iba conmigo. Pero además, y sobre todo por las mismas prostitutas. Ellas sabían exactamente lo que yo estaba haciendo, entonces se las arreglaban para que yo pudiera participar, hacer mi trabajo, que era infiltrarme. Yo les daba mucha pena porque me costaba mucho sacarle un trago a un cliente”.