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Al centro del césped, hay una pila con tres pelotas de color café. En torno a éstas, hay dos equipos de siete personas cada uno. Todos agachados, como si estuvieran a punto de saltar, y con un palo de escoba azul entre sus pies.

-¡Preparados, listos… brooms up! (escobas arriba)- grita Cristián Baeza, capitán del equipo Santiago Snidgets.

Tras ello, su equipo y el de la comunidad Hogwarts Chile, corren con las escobas entre sus piernas hacia las pelotas: una quaffle y dos bludgers (pelotas de cuero hechas especialmente para este deporte). La misión de cada uno es arrojarlas a alguno de los tres aros dispuestos a cada lado de la cancha, en esta ocasión, ubicada junto a la elipse del Parque O´Higgins. Cada aro y cada pelota poseen un puntaje distinto, y mientras con una mano cargan y arrojan los balones, con la otra deben sostener la escoba.

Es lo más parecido que existe en la realidad al Quidditch, el deporte de la saga de fantasía del mago Harry Potter. Si bien en los libros de J.K. Rowling la magia permite que las escobas y las pelotas vuelen, en la vida real los fanáticos se las han ingeniado para adaptar este deporte. El resultado ha sido una disciplina que ha congregado ligas a lo largo del mundo, incluyendo nuestro país. Santiago Snidgets, formado por estudiantes de la Universidad Católica, es el único equipo reconocido por la International Quidditch Association (IQA).

“Es mi primer partido con los de la Católica. En mi comunidad es distinto, más rudimentario, no tenemos escobas, no tenemos la quaffle ¡si usamos una pelota de fútbol!” cuenta Francisca (22), quien juega con un buzo deportivo, además de una pequeña cadena con el símbolo de las reliquias de la muerte (símbolo que da su nombre al último libro de la saga). El partido corresponde al primer encuentro que se produce entre la liga de la Universidad Católica y la comunidad de fanáticos de la saga del joven mago. Es una mañana de sábado bastante fría en el Parque O´Higgins, y tras terminar el encuentro, los jugadores van a buscar botellas de agua y algo para abrigarse. Algunos sacan bufandas a rayas con los colores rojo y amarillo o verde y plata, como los personajes del libro, además de capas negras.

DE HOGWARTS A SAN JOAQUÍN

Cristián Baeza (25), de barba y contextura atlética, estudió matemáticas en la Universidad Católica y actualmente cursa un magíster en la misma casa de estudios. Cuenta que pasó un semestre de intercambio en Noruega hace dos años, donde descubrió que allá existe un equipo profesional de este deporte. Y no sólo allí: existen cerca de 500 equipos en 26 países distintos que juegan bajo las normas de la IQA, la que organiza desde 2012 la Copa Mundial de Quidditch, este año a realizarse en Frankfurt. “Me llamó la atención que era un deporte mixto, y que a pesar de tener su origen en una saga literaria, era bastante exigente físicamente. Empecé a jugar como cazador y me quedó gustando”, cuenta Baeza, quien a su regreso aprovechó su experiencia en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología para formar el equipo de la Universidad Católica.

Los Santiago Snidgets entrenan dos veces a la semana en las canchas del campus San Joaquín. Son cerca de treinta personas, más de la mitad de la misma universidad. El resto lo componen tanto estudiantes de otras universidades, como egresados y menores de edad. Antes de entrenar, lo primero que hacen es trotar y elongar. La mayoría viste ropa de ejercicio convencional, salvo Cristián, que usa una polera púrpura con el logo del equipo.

“Originalmente lo veía como algo ñoño. Pero hace como un año unos amigos me invitaron a participar. Jugué una vez, para probar, y me terminó gustando”, dice Nicolás Valdés, uno de los miembros de la directiva del equipo.

Nicolás, de un metro ochenta, y contextura gruesa, explica que este es un deporte de contacto y de mucha exigencia física. Estudió sicología y actualmente se encuentra cursando un magíster en educación en la UC. Dice no ser fanático de Harry Potter y que practica distintos deportes, pero en cuanto llega a la cancha y se prepara para ejercitar, se saca su polerón, descubriendo un tatuaje de una snitch dorada (la pelota más importante del juego) en su brazo derecho. “Me lo hice por razones personales”, afirma, antes de ponerse una bandana amarilla y comenzar a trotar.

Si bien no se trata del único equipo que practica este deporte en Chile, si es el único que se rige por las normas de la IQA. También existen equipos en Iquique, Valparaíso y Temuco, cada uno con sus propias normas. En julio pasado, de hecho, se organizó un torneo con cuatro equipos distintos, también en el Parque O´Higgins. “La versión que jugamos en Hogwarts Chile es mucho más violenta. Los golpeadores se aprovechan mucho de los vacíos legales y son más agresivos. En esta versión hay menos contacto, que es por el hecho de usar el palo representando la escoba”, cuenta Francisca Toledo, estudiante de biología de la UC, quien ha practicado las dos versiones del juego.

Quizás lo que más cuesta adaptar a la vida real es la snitch. En la fantasía, es una pequeña pelota encantada con alas, casi imposible de atrapar. El equipo que lo logre gana el juego. En la vida real, una persona llamada snitch runner cumple su función. Rol que durante el torneo de julio recayó en Nelson, miembro del equipo de la UC, a quien se le colgó una bolsa amarilla con una pelota en la parte trasera de su cinturón.

Su experiencia y el torneo quedaron registrados en un video disponible en Youtube que parte con el mismo Nelson, vestido con una polera amarilla y un gorro de Pikachu, quien mira a la cámara y dice: “Hola buenas, yo soy la snitch y soy el que hace el show y me agarran el poto porque tengo esta cuestión en la cola. Se supone que eso soy, el payaso de la cuestión. Después me van a ver echando puteadas cuando juegue, pero mientras tanto permítanme ser el Pikachu espacial”.

Así como hay buscadores detrás de la pelota que cuelga de quien porta la snitch, este jugador también puede taclear a los demás jugadores y quitarles su escoba. Según el capitán del equipo, no cualquiera puede ser snitch runner. “Se requiere harta preparación física, porque es uno de los puestos más exigentes que hay en el Quidditch” explica Baeza. La duración del juego está determinada por este jugador, pues el partido se acaba sólo una vez que el snitch runner ha sido capturado. No obstante, si pasa un tiempo demasiado largo sin que se atrape (lo que queda al arbitrio de los organizadores del encuentro), se le agrega un handicap a la snitch. Primero se le amarra una mano, pasado un tiempo se le amarra la otra, y al final queda saltando en una pierna.

VOLANDO POR BUENOS AIRES

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Es viernes por la tarde en el Campus San Joaquín y Camila, quien juega de cazador, porta una quaffle e intenta encestarla en el aro izquierdo, pero Sofía, la guardiana (el equivalente al arquero), se lo impide. Las dos son de estaturas similares, pero Sofía intenta taclearla con un brazo. Suelta la escoba y casi lo logra.

-¡Sofi, un solo brazo!- le corrige Baeza.

Luego de practicar cada una de los puestos, además de técnicas de caída y de lanzamiento, comienza oficialmente el partido, que ocupa la última media hora del entrenamiento.

Gracias a un fondo que los Santiago Snidgets ganaron de la DAE (Dirección de Asuntos Estudiantiles) orientado a “fomentar este deporte alternativo e inclusivo”, han podido invertir en los implementos necesarios para el deporte. Tales como pelotas, las escobas reglamentarias (no sirve cualquiera, debe tener ciertas dimensiones), y las poleras oficiales del equipo. También suelen organizar completadas y otros eventos para reunir fondos con miras a la Copa del Sur de Quidditch, que se realizó el 17 y 18 de diciembre en Buenos Aires.

Es la segunda vez que se realiza este certamen, en el cual compitieron equipos de Chile y Argentina. En la versión anterior, de los siete equipos participantes, el equipo criollo quedó cuarto, mientras que los trasandinos Scarlet Fireballs se llevaron el primer lugar. Pero para esta edición, la historia fue distinta: los Santiago Snidgets se quedaron con el primer lugar, venciendo a los otros cuatro equipos en competencia.

Además de eso, Cristián Baeza fue reconocido como el mejor golpeador de la Copa. Y Nicolás Valdés fue galardonado como el segundo mejor buscador y el segundo mejor guardián del torneo. “¡Ahí quedaste profe de gimnasia que creíste que nunca haría algo por mi vida! ¡Ahí quedaron excompañeros de colegio que siempre me eligieron último para sus equipos!”, declaró airoso Valdés en su muro de Facebook.