“Fucking”, “Puta”, “Villapene”, “Kagar” y “Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch” no son garabatos, modismos ni mucho menos, son pueblos ubicados en algunos lugares del mundo. Soho Colombia recoge en una crónica cinco cartas de estas zonas con los nombres más curiosos de que se tenga memoria.

“Fucking”

“Vine a Fucking porque me obsesionan los pueblos pequeños. No sabía que existía hasta que una amiga a la que estaba visitando en Viena —soy australiana— me habló de un sitio muy popular por cuenta de su anuncio en la entrada. Cuando me dijo el nombre no pude evitar la risa, y a la semana tomé un carro para ir. Al llegar, comprobé que mi amiga no mentía. A Fucking viajan personas todo el día para tomarse fotos frente a ese letrero. Se bajan del carro, posan en el anuncio y vuelven a irse. No se quedan en el lugar, porque en realidad en Fucking no hay nada para hacer”, cuenta Tala Salah, quien posa levantando los dedos medio de ambas manos con el cartel “Fucking” de fondo.

“Puta”

“Mi nombre es Chinguiz Mammadov y soy putano de nacimiento. Mis abuelos, padres, tíos y hermanos son también hijos de Puta (Azerbaiyán), tierra conocida por su riqueza en minerales y recursos petrolíferos. Por años, nuestro pueblo ha sido testigo de diferentes imperios que nos han dejado un legado de hábitos y dialectos. No tenemos un solo origen: somos la fusión del paso de estas culturas y civilizaciones”.

Cuenta que “Puta no es muy grande; en realidad, es una villa desértica ubicada a 20 minutos del centro de Bakú, la capital del nuevo Azerbaiyán. Para llegar solo se necesitan ganas y tomar un vuelo desde Londres, París o Fráncfort”.

“Villapene”

Iván Hernández dice que “la gente que vive en este diminuto pueblo de Galicia, en el norte de España, tiene un problema: su gentilicio (villapeniense) la obliga a hablar de sexo todo el tiempo, aunque no quiera. La primera persona en incomodarse es la mujer que atiende el café-mesón O Xugo, que, aunque feliz ante un nuevo cliente, acaba harta ante la misma pregunta de siempre: ¿Dónde está Villapene?”

“Kagar”

“Bienvenido a Kagar. Naturaleza pura”. Así reza el letrero de este pueblito ubicado al noroeste de Berlín, a hora y media en tren. En alemán, la frase “Willkommen in Kagar. Natur pur” no tiene ni hace gracia. Pero para un hispanohablante ir a Kagar produce un retortijón y un cosquilleo lingüístico. El Kagarsee es el motivo principal para ir a Kagar. ‘See’, en alemán, es lago. El estilo germano de unir palabras ad infinitum da nombre al Kagarsee, un lago conectado por medio de canales a otros mil lagos por los que se puede navegar hasta Berlín, Hamburgo o el mar Báltico”, dice Isabel Cuesta.

La viajera cuenta que “Kagar, un pueblito de 230 habitantes, ofrece un paisaje de bosques frondosos y casitas ordenadas, una detrás de otra, sobre la única calle que ha existido desde su fundación, en 1575. La Calle del Pueblo, traducción literal de Dorfstraße, se extiende de punta a punta unos 2 kilómetros. De un lado, las casas que dan hacia un campo que no produce nada; del otro, las mismas casas, pero con vista al Kagarsee”.

“Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch”

Sin duda este pueblo ubicado en Gales, Reino Unido, tiene el nombre más impronunciable y largo del mundo.

“Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch (pronunciado Llan-vire-pooll-guin-gill-go-ger-u-queern-drob-ooll-llandus-ilio-gogo-goch) está situado en la pintoresca isla de Anglessey, en el noroeste de Gales, a unos 430 kilómetros de Londres. Los vecinos, sin embargo, lo llaman por su abreviación, Llanfairpwllgwyngyll”, afirma Jorge Perís.

Dice que “tras su aparición en las noticias, este pueblito ha recibido a curiosos de todo el mundo. Pero no pasan más de una hora en la localidad —básicamente porque no hay nada que hacer— y casi ni se aventuran a salir de la estación de tren, donde están ubicados la mayoría de los carteles con el nombre. Por cierto, es imposible de pronunciar si no eres local o estudiante avanzado de galés”.