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Nacional

13 de febrero de 2017

LevantArt, la pomada que venden dos chilenos para enseñar a seducir

Dos maestros licenciados de la escuela LevantArt que imparten el conocimiento de cómo seducir a una mujer cuentan cuáles son los errores más frecuentes de los hombres. También aconsejan evitar los piropos y recomiendan conocer las tres etapas que te permiten acercarte a un final feliz con el sexo opuesto.

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Foto referencial de cómo es una clase de LevantArt

La escuela de seducción LevantArt cruzó la frontera trasandina para instalarse en nuestro país en marzo del 2014. Con más de 300 hombres graduados y divididos en generaciones conformadas por alrededor de 30 alumnos, Felipe “Leiton” Gatica” y Houchin –seudónimo que usa para resguardar su identidad por motivos laborales- son una especie de “Hitch” chilenos que cuentan cómo son las clases que imparten y que cuestan entre $95 mil hasta $140 mil, dependiendo de si el alumno se atreve a completar todas las etapas del curso.

También explican que si le prestan atención a las lecciones impartidas, los aprendices terminan con éxito el taller de seducción que se traduce en: un revolcón bajo las sábanas con varias mujeres.

“El principal prejuicio de nuestros alumnos es que juran que la plata es importante para seducir y  afirman que nuestras clases son una estafa. Dicen: ‘¿cómo alguien te va a enseñar seducción?’ Pero después de la primera sesión, salen todos revolucionados huevón”, asegura Houchin.

Cuéntenme, ¿cómo es un curso de LevantArt?

Leiton (L): El curso dura cuatro meses y consta de tres etapas. La primera parte dura dos meses y se desarrolla con clases presenciales en nuestra sede. La segunda etapa dura un fin de semana de locura y la tercera etapa, es el último mes que también son tres días de locura en un fin de semana.

  Ahh, esto no es algo que se pueda aprender en días…

L: Sí se puede, porque se puede aprender cosas en un día. Pero para internalizar el aprendizaje, se requiere práctica, conversar con tus coaches y por eso es mucho mejor tener un grupo de gente que está en la misma. Por ejemplo, muchas veces están hablando por WhatsApp con una mina o por Tinder, y nosotros le decimos: ‘oye, huevón, manda los pantallazos´. Nosotros censuramos el nombre de la mujer porque nosotros tenemos una regla en el que no queremos ver nombre de mina y no queremos ver  las fotos o nada así.

Solamente les interesa el contenido.

L: Es que es mucho más fácil aprender cosas cuando son treinta hombres contra una mujer que de manera individual. Así pueden salir ideas y alguien le puede aconsejar y decir ‘oye, mejor que hubieras dicho esto porque te funciona mejor’.

Es interesante el método. Los amigos pueden ser importantes para seducir…

L: Yo les pregunto a mis alumnos cómo le tratan sus amigos. Y lo más seguro que pasa es que cuando te acercas con una mujer que te gusta, vienen tus amigos y te dicen ‘oye, esté huevón es más mentiroso que la chucha y no invita tragos’.

H: Y ahora pasa mucho en las redes sociales, cuando se agregan dos amigos y te escriben buena campeón, winner, esas huevás.

Eso te mata…

L: ¡Eso te mata al toque! Pero si llega alguien y dice: ‘este huevón es la raja y es uno de mis mejores amigos y uno de los mejores periodistas que he conocido en Chile, así que flaca, quédate con él porque lo quiero mucho’. Eso es diferente y se llama “subirle el valor” a alguien.

La verdad os hará libres

¿Qué otras cosas pueden hacer los amigos para ayudarle a alguien que le cuesta?

L: La gente piensa que la seducción es llegar y jotearse a la mina. Es como muy de decir ‘hola, ¿cómo estás?’ (lo dice con una voz grave) y se quieren parecer a tipos como Barry White o Pepe Le Pew. La verdad es que la atracción es cuando tú te pones interesante ante la mujer. Los hombres, por un tema biológico, tienen un interés mucho más alto en lo físico, en cómo se ve a la chica. En cambio, las mujeres se fijan más en el valor de supervivencia del hombre, qué tan interesante es y qué tanto me puede proteger.

¿Se puede inventar un cuento para convencer a las mujeres?
L: No, nosotros estamos en contra de inventar porque es incongruente con la persona. Si yo digo que soy un gran bailarín de salsa y tengo dos piernas izquierdas, cuando una mujer me ponga a prueba, se pierde la magia con ella.

¿Hay casos en el que ustedes consideren que existen los alumnos perdidos?

H: Hemos tenido alumnos perdidos, pero en si no eran perdidos, porque tenían una patología psiquiátrica. Es que se metieron al curso y aunque trates de ayudarlo, esta ayuda no iba a llegar a través del curso. Esta hueá tiene todo para ser enjuiciable. (Risas)

¿A qué te refieres con “patología psiquiátrica”? 

H: Yo tuve de alumno a una persona que era medio esquizofrénica y que se metió al curso. Pero son casos muy contados y de las casi 30 personas que hay por generación, probablemente en un año te va a llegar uno que no le vas a poder enseñar. Eso pasó con un alumno nuevo que tuvimos hace poco porque él tenía un problema de salud mental y cuando se revisó, nos dimos cuenta que mejoró y nos dimos cuenta que el curso le sirvió, pero de otra forma.

 

«Soy coach de seducción»

A ustedes dos, ¿cómo les cambió la vida ser parte de este curso?

H: Uff, huevón, un tres mil por ciento. En mi trabajo me iba bien, pero me metí a este curso cuando estaba en la universidad y de ser un huevón muy piola, llegué a participar del centro de alumnos de la Universidad Católica en un cargo importante. Lo que pasa es que las mujeres tienen una capacidad de elección en la sociedad normal que es mucho mayor que el hombre porque la mujer va y dice algunas cosas, y el hombre cae al tiro. Pero después de aprender de seducción, es como que logras dar vuelta un poco la tortilla porque ganas la capacidad de elegir también.

L: En mi caso, cuando me metí al curso, yo venía en una relación larga de ocho años y en la cual no estaba muy conforme. Descubrí que lo mejor que podría haber hecho es haber terminado esa relación. También me cambié de pega, descubrí cosas que quería hacer y de las que no tenía idea. Es un poco como decir: ‘Estoy con la persona que quiero estar’. Ahora, me encuentro comprometido, me voy a casar y estoy con la mujer que en verdad es como la horma de mi zapato porque somos una excelente pareja y nos entendemos súper bien

En el caso de Leiton que se va a casar y en tu situación, Houchin, ¿sus parejas no le dicen nada?

H: A mi pareja le encanta y es importante el tema porque como lo enseñamos en el curso, el tema de la congruencia es relevante.

L: Mi novia también se caga de risa y lo pasa bien. Ha conocido alumnos míos que se vuelven grandes amigos de ella y lo ven como un tema de (se queda unos segundos pensando) como algo bueno. Nunca hubo un «pero» con la situación. Jamás. El día que la conocí, yo me presenté y le dije ‘bueno, yo además, soy coach de seducción’, ella me miró y me dijo ‘ahh, como Hitch’.

Sin embargo, si una mujer le dicen que las tratan como objetos, ¿qué le pueden responder?

H: En este tema, no se busca ver a una mujer como objeto. Lo que queremos es que la persona se empodere y que tenga la posibilidad de elegir. En nuestras primeras clases, decimos que dejen de fichar y que no joteen más porque las mujeres no buscan un hombre necesitado, sino que busca un hombre que sepa complacerla, que sepa estar con ella y que la haga sentir bien.

 

El mal de los piropos

¿Qué opinan de los piropos?

L: Los piropos son una demostración de necesidad y lo entiendo de esta forma: si yo te digo un piropo, es la peor forma de comunicar de que a ti te gusta esa persona. Decirle: ‘Flaca, te pondría una naranja en la boca y te sacaría fanta a chupones’; como una hueá así de ordinaria, no, porque uno demuestra que es muy necesitado.

 

En un artículo, Leiton dijo que «a los hombres argentinos hay que frenarlos un poco, pero acá pasa lo contrario».

 H: Es que el argentino es muy del piropo callejero y en Argentina, hay una tasa alta de mujeres acosadas en las calles. Ahí intentan de frenar a los hombres y le dicen que no se pueden regalar de esa manera a una mujer. Si de verdad quieres lograr algo con ella, genera el interés, comparte, conversa y conócela un poco más. En Chile es todo lo contrario, porque el hombre acá es más tímido. Así que hay que entregarle más herramientas para que aumente su autoconfianza y para que pueda atreverse a hablarle a una mujer.

¿Y cuáles serían esas herramientas? 

L: Lo que enseñamos nosotros en el curso. Por ejemplo, «la regla del tres segundos». Para explicarte bien, yo te he dicho que hay tres etapas en la seducción: la atracción, el confort y la seducción. Y cada una de estas etapas, tiene otras tres que es A1, A2, A3; C1, C2; C3; y S1, S2, S3.

Me imagino que de las tres etapas, la atracción es la más difíciles de enseñar…

L: Sí. La A1, es cuando uno se acerca a una chica a hablar y nosotros ocupamos dos técnicas: la falsa de limitación temporal y el ‘opener’ (la frase abridora). La primera es cuando tú te acercas a una chica, ella tiene tres preguntas: ¿quién es?;  ¿qué me viene a preguntar?; ¿y cuánto rato se va a quedar acá? Entonces, cuando uno le dice a una chica, ‘tengo un minuto’; se traduce en: ‘chicas, yo tengo un minuto de mi tiempo y quiero preguntarle algo a ustedes’. No es lo mismo decir, ‘yo tengo un minuto’ porque es mi minuto, a decir: ‘chicas, ¿tienen un minuto?’.

 Ya…

H: Lo importante, como dice Leiton, es que tienes tres etapas: atracción, confort, seducción. En términos generales, lo importante de la atracción es generar interés en la otra persona. No sacas nada con seducir si ella no está interesada, porque esa hueá va a ser una violación.

L: Después, viene la etapa que es donde se demuestra la «Demostración de Alto Valor» (DAV). La DAV es cuando demuestras quién eres, y lo que tiene alto valor en tu persona. Si por ejemplo dices: «Chicas, tengo un minuto», y le digo «¿saldrían con alguien que tiene mala ortografía en WhatsApp?». Ellas te van a preguntar, ¿por qué me preguntas esto? Y ahí le cuentas que trabajas en un diario, y le cuentas que eres muy fijado en esa cuestión y además le dices que estás hablando con una chica. Le dices que sus faltas de ortografía te molestan tanto que «te sangran los ojos». A partir de ahí, uno empieza a hablar con ellas y tienes un tema de conversación porque se genera un interés porque no todo el mundo llega y te pregunta esas cosas. Todos le dicen: ‘hola, ¿bailemos?’; ‘hola, ¿querí un trago?’

Se saltan todos los pasos.

H: Se saltan todo el proceso de seducción. Es que después de generar interés es cuando ella está interesada en ti y ahora tú empiezas a interesarte en ella.

Ahí empieza el tira y afloja.

H: Sí, aunque esto es mucho más profundo, pero te lo estamos resumiendo. Ahí es como que dos personas, de un muy buen valor, se están conociendo. Tú tienes que dejar que sienta que se prendió la lámpara de la discoteque y que solo los ilumina a ustedes, es como que están en un cuento de Disney.

¿Qué puede arruinar esta etapa de la atracción?

-H: Si te muestras muy interesado por la otra persona, significa que no estás muy acostumbrado a hablar con personas de ese nivel, o sea, con mujeres tan guapas y así lo puedes arruinar.

Te refieres a  alguien que le pueda hablar de igual a igual.

H: Hay gente que se salta la etapa de generar interés y empieza al tiro en el confort y en la seducción. Y esta gente, no logra generar un interés inicial y son las personas que están atrapadas en la «friendzone” porque al tiro fue buena onda y nunca va a llegar a la seducción. Se quedó atrapado en ese limbo.

¿Es posible salir de ahí?

H: Es posible, pero tienes que devolverte en la ecuación. Hay gente que se salta “el confort” y va a seducir a la mujer. Ese huevón quedó de caliente porque ella le da un poco de confianza, le demuestra interés y ya le hace una propuesta sexual. Ese va a ser el razonamiento de la mujer y va a decir ‘¿qué le sucede?’

Es diferente romper el hielo físicamente que en las redes sociales. ¿Cómo son las dinámicas digitales como Tinder?

L: Es que en Tinder ocurre algo súper curioso porque la mina te ve y tú ya la atrajiste per se. Es que ahí tú partes en una etapa de atracción alta porque ya tienes un valor alto. Ella también lo tiene y lo que tienes que hacer, es generar «el valor único» para que seas más interesante que los otros cuarenta huevones que le están hablando a ella.

¿Cómo es una forma de hacerlo?

L: A puras preguntas. Es que hay un tema con las citas que la gente como que cuando sale, es casi como una entrevista de trabajo. Dicen: «¿y tú, que haces?»; «¿cómo es tu familia?» Cuando yo estaba en Tinder, le decía «flaca, me da lata hacerte una entrevista de trabajo» y le invitaba a conocernos de otra forma. Les decía que le tenía un juego y como a ellas les encanta, aceptaban. Si por ejemplo tú lees una revista «Cosmopolitan», (una tarea que le dan a los alumnos es que compren esta revista) te das cuenta que tienen test y con cosas como «del 1 al 10, ¿qué tal eres en la cama?». Entonces, con puras cosas así y poniéndolas a prueba, ellas se entretienen y dicen que este huevón que me habla tiene otra cosa.

Entendiendo que Tinder es un mundo particular, pero en Facebook y otras redes, ¿se puede aplicar exactamente lo mismo

H: Sí. Aunque lo que pasa es que la gente que tenemos en Facebook son personas que conocimos en la vida real, pero es la misma dinámica que se trata de despertar una emoción y de ser distinto. Esto parte desde una pregunta que antes usaba siempre Leiton como: «Oye, ¿tú sabes cuándo pesa un oso panda?». Es lo suficiente para romper el hielo.

L: Es distinto. Demuestras una inteligencia social que no tiene el 98% de los hombres.

Al final, lo que hacen es explotar las particularidades propias de cada persona para que sean seguros…

H: Pero dentro de un marco teórico que está súper estudiado y que tiene hartas publicaciones y evidencias científica, ¿cachai? Nos basamos mucho en esto último como qué hay respecto a la seducción. Helen Fischer, Erik Von Markovic y otros biólogos, científicos, sociólogos que estudian el arte del cortejo de los seres humanos.

¿Hay alguna vez que se debe descartar abordar a una mujer? 

H: Obvio que sí. Hay un tema que se llama «la polarización». Esta teoría dice que te puedes acercar a cierta gente y que aunque intentes todo lo que te enseñamos, no vas a lograr conectarte. Te das cuenta que no están generándose indicadores de interés -la primera etapa- y es mejor abordar misión para no perder el tiempo. Puede que esa mujer esté pololeando, casada, que su pololo esté cerca o que le recuerdes a su ex: son factores que estén impidiendo que tú avances cuando trates de abordarla.

Conferencia de Andrés Rieznik, uno de los fundadores de LevantArt:

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