Con su distintiva cinta roja en la cabeza y sin más armamento que machetes y lanzas, el grupo de milicianos tribales Kamuina Nsapu siembra desde hace meses el terror en la región de Kasai Central, en la República Democrática del Congo (RDC).

Deben el nombre al que fuera su líder, el jefe tradicional Kamuina Nsapu, muerto a manos de la Policía y a cuyo espíritu dicen seguir para continuar con una cruzada contra el Gobierno que ha costado la vida a más de 400 congoleños y a dos observadores extranjeros de la ONU.

El germen de la rebelión de los Kamuina Nsapu surgió en 2016, cuando el Gobierno de Kinshasa se negó a reconocer a Jean-Pierre Mpandi como nuevo Kamuina Nsapu, nombre que recibe la jefatura tradicional del clan de los Bajila Kasanja, que forma parte de la tribu local de los lulua.

Kinshasa acusaba al aspirante de afinidad con la oposición, al no haber apoyado la plataforma Mayoría Presidencial (MP) del presidente Joseph Kabila, a quien Mpande desafió al proclamarse Kamuina Nsapu sin el visto bueno de las autoridades políticas.

La Policía respondió con una redada en la casa del nuevo Kamuina Nsapu. Como Mpandi no estaba en su residencia, los agentes maltrataron a los miembros presentes de su familia.

Para vengar la afrenta, Kamuina Nsapu movilizó a los jóvenes de su pueblo, Tshimbulu, y comenzó una rebelión contra las estructuras del Estado en la zona a la que Kabila reaccionó desplegando más fuerzas de seguridad.

Los enfrentamientos entre los efectivos del Gobierno y la recién creada milicia provocaron los primeros muertos en agosto, y el día 12 de ese mes Kamuina Nsapu murió a manos de policías enviados por el presidente Kabila.

Lejos de aplacar a sus seguidores, la muerte del caudillo encendió aún más sus ansias de combate.

Temiendo las consecuencias de entregarles el cadáver -al que sus adeptos atribuyen poderes sobrenaturales-, las autoridades se quedaron el cuerpo, y el alzamiento de los combatientes de Kamuina Nsapu tomó un nuevo objetivo: recuperar los restos mortales del venerado jefe.

Los milicianos empezaron a destruir edificios públicos y a matar policías, extendiendo sus acciones de la provincia en la que nacieron, Kasai Central, a las vecinas Kasai Oriental, Lomami y Sankuru.

Un total de 39 policías fueron encontrados decapitados el mes pasado en Kasai Central, una matanza perpetrada con machetes por seguidores de Kamuina Nsapu.

La masacre dio notoriedad internacional a la milicia, pero fue la desaparición, y el posterior hallazgo en uno de sus feudos, de los cadáveres de dos expertos extranjeros de la ONU lo que llevó al mundo a prestar atención a la espiral de violencia que vive esta parte de la RDC.

Naciones Unidas ha anunciado el descubrimiento de numerosas fosas comunes en Kasai, en las que podrían haber sido enterrados combatientes de Kamuina Nsapu que luchan contra las fuerzas del Gobierno de Kinshasa.

Los dos expertos extranjeros asesinados, que desaparecieron junto a cuatro trabajadores congoleños, investigaban abusos de los derechos humanos en la provincia de Kasai Central.

Los restos mortales de los trabajadores de la ONU, Michael Sharp, de nacionalidad estadounidense, y Zaida Catalán, que tenía los pasaportes sueco y chileno, fueron hallados por la Policía congoleña el pasado 28 de marzo, tras 16 días desaparecidos.

Según organizaciones humanitarias, el Gobierno de la RDC responsabiliza a los combatientes de Kamuina Nsapu del secuestro y asesinato de estos dos extranjeros.

Mientras tanto, la Policía sigue buscando a los cuatro congoleños -tres conductores de motocicleta y un intérprete- que trabajaban con ellos.

Más de 1,7 millones de personas sufren cada día los estragos de la violencia entre milicianos y unas fuerzas del orden a las que la población acusa de matar y saquear indiscriminadamente en una región conocida por su tradicional apoyo a la oposición a Kabila.

En pocos meses el espíritu de Kamuina Nsapu y el afán de sus milicianos por vengarlo han logrado sumar a esta milicia a la guerra de terror que vive un país devastado por los conflictos entre guerrilleros, tribus rivales, Gobierno y oposición, cada uno con su causa y todos asfixiando la vida de los congoleses.