Después de que lo habían dado por muerto, de que parecía fundido, de que habían pasado casi mil días de su última corona de Grand Slam, el español Rafael Nadal vuelve a confirmar este domingo por qué es el mejor tenista que vio la historia sobre el polvo de ladrillo.

El jugador de Manacor necesitó sólo 125 minutos, lo que es poco para una final de Major, para barrer con el suizo Stanislas Wawrinka por 6-2, 6-3 y 6-1 y levantar así su décima corona de Grand Slam, algo inédito en la historia del tenis.

Nadal, que había caído frente a Roger Federer en la final del Abierto de Australia (Federer no jugó en París), había ganado un Gran Slam por última vez en 2014, cuando venció en la final al serbio Novak Djokovic.

Con el título de este domingo ante el público que repletó la cancha Philippe Chatrier, Nadal sumó la corona 73 de su carrera y ya igualó, con medio año por jugar, lo obrado la temporada 2014 cuando alcanzó cuatro títulos. Además, el español se pone quinto en la historia como el tenista más ganador. Esto detrás de Jimmy Connors (109), Ivan Lendl (94), Roger Federer (91) y John McEnroe (77). Junto con eso, alcanza 15 Grand Slam, sólo superado por los 18 que exhibe Federer.