Neymar, el astro brasileño, el divo, el jugador más caro de la historia, por un lado. Edinson Cavani, el goleador furioso, el intocable, tercer capitán, por el otro. Al centro, una pelota que ambos se disputan para patear un penal, y que finalmente queda en manos del uruguayo. Como resultado, el exBarcelona se mosquea, se amurra más bien. Y estalla la crisis.

Dicen que el hecho que tuvo lugar en el partido de liga entre el PSG y el Olympique de Lyon no es más ni tampoco es menos que la punta de un iceberg, que lo visible de un problemón que se instaló en el equipo de la capital francesa cuando llegó el brasileño por cuya incorporación el jeque Nasser Al-Khelaifi desembolsó 220 millones de euros.

“El enfrentamiento que salió a la luz hace una semana cuando Neymar y Cavani litigaron por tirar un penalti durante el partido de Liga contra el Olympique de Lyon, se gestó hace mes y medio en las oficinas de la sede de la UEFA, en Nyon. La advertencia del regulador del fútbol se produjo poco después de que el PSG pagara al Barcelona los 222 millones de euros que constituyeron el traspaso más caro de la historia, el pasado 3 de agosto. El Comité de Control Financiero de Clubes, el órgano de la UEFA encargado de auditar las cuentas y velar por el equilibrio presupuestario, advirtió al PSG de que la sanción que le impondría en caso de que sus gastos superasen en más de 30 millones de euros a sus ingresos (550 millones en 2016) no sería meramente económica”, se lee en una crónica de El País que habla sobre el hecho, que devela lo que sería un conflicto de la envergadura de un camarín quebrado o, más bien, de una estrella solitaria, de un jugador que estaría resistido por el resto de sus compañeros.

Sostiene este medio que el conflicto parte entonces luego de aquella advertencia de la UEFA, pues aparecen los altos directivos llamando a los representantes de jugadores para abrirles las puertas de salida. La razón: hacer cajar por Neymar.

“El francés Blaise Matuidi, uno de los líderes del grupo, se sintió herido y forzó su traspaso a la Juventus por solo 20 millones de euros. Su marcha sembró el desánimo. En mayor o menor medida, todos los integrantes de la plantilla se sintieron tratados como mercancía a cambio de abrir hueco a Neymar. En el camerino cundió un interrogante: “¿Y éste quién se cree? ¿Se cree Messi?”. El jugador que se erigió en cabecilla de los indignados fue Edinson Cavani”.

De este modo, no resulta extraño pensar que la disputa por el penal haya sido la tensión instalada cuando Neymar llega al Parque de los príncipes a principios de agosto. Que a Cavani no le haya importado tanto tirar o no un penal, sino erigirse como el defensor de un grupo que se sintió ninguneado. Porque ni en París, ni en ningún lugar del mundo, un jugador es más que un equipo.

Como si fuera poco, el uruguayo acaba de rechazar un suculento aumento en su sueldo a cambio de que deje a Neymar lanzar los penales.

A Neymar, en tanto, los emisarios del club lo tratan de convencer con zalamerías del tipo “el rey del equipo debía actuar con magnanimidad cediéndole la gracia del tiro penal al nueve, que vive del gol”.

Para hacerse una idea de cómo está el ambiente, El País dice que, “en un intento pacificador, Dani Alves invitó a la plantilla a cenar a un restaurante chic del distrito XVI. La velada, según un asistente, se animó tanto como un funeral”.