René Orozco, ex presidente de la Universidad de Chile (1991-2004)

Yo le dije a mi nieto, que también es de la U, que le tenía mucho temor al partido con Calera porque nuestro equipo corre muy poco, mientras ellos tenían un buen despliegue y salidas rápidas con la pelota. Después fui al Jumbo, también antes del partido, y una señora me saludó y me dijo “Doctor, ¿vamos a ganar?” “No creo”, le dije yo, “porque el equipo juega muy lento y ellos son rápidos”. Y bueno, así pasó. Lo predije porque uno lleva años en esto, ha visto mucho fútbol y conoce a los equipos. Pasamos de una defensa supuestamente sólida, que nunca fue, a una de las vallas más batidas del campeonato en dos partidos.

Se habla que a la U le va mal en ese estadio, porque la cancha es sintética, pero ¡por favor, qué excusa es esa! Otros equipos van y ganan igual, es absurdo. Basta con haber visto el partido: los jugadores de la U no podían pillar los contrarios, sencillamente eran más rápidos. Hay que ser muy tonto para dar la excusa de la cancha. El 6-1 es una burla, pero más que por el resultado, por cómo se dieron esos goles. Eso quiere decir que no tenemos estado físico, que hay jugadores terminados y pocos jóvenes surgiendo. Y no hay que engañarse con que la U venía bien hasta antes del clásico, porque se ganaba pero jugando mal, algo difícil de lograr, pero que es poco sostenible.

No creo que Hoyos tenga la responsabilidad absoluta de lo sucedido, porque como todo técnico, tiene que jugar con el equipo que tiene a disposición. En este caso, las máximas figuras son jugadores que ya vienen de vuelta, como pasa con la mayoría de los clubes chilenos. No hay muchos jóvenes destacados, puros viejitos que están más cerca del retiro que de otra cosa, entonces las variantes que tiene a mano no brindan seguridad. Eso sí, le faltó manejar de mejor forma la pelea entre Pinilla y Beasejour. Una discusión de ese tono es muy impropio de la U, nunca se ha dado, menos contra el clásico rival. Faltó mano dura para castigar a ambos. Como no lo hizo, yo, si fuera el presidente, echaría a los tres.

Ahora, el problema más grave de la U es otro, y lo demuestra con acciones como comprar jugadores que luego no pone en cancha. El brasilero y el panameño vinieron a calentar banca, sin desmerecerlos. Tú no puedes comprar jugadores y no ponerlos, porque eso se llama negocio. Desde el punto de vista económico, la U es un equipo que está mal, cerca de la quiebra, y como la plata para traer jugadores la pone el financista, en este caso Carlos Heller, luego se rebaja de las utilidades de la empresa y con eso se ahorra impuestos. Es un negociado muy visible, no sé cómo tienen cara para hacerlo. Hasta el más tontito del país se da cuenta de eso.

El fútbol chileno es una lástima, por algo dicen los expertos que es una de las peores ligas a nivel internacional. Hemos perdido preponderancia porque se ha transformado en un negocio que lo manejan unos cuantos tipos que solo ven dinero en él, y que son incapaces de darse cuenta que esto es una actividad social, que tiene por función mejorar el nivel social de los jóvenes y cambiar sus conductas para mejor. El que no lo usa en ese sentido, y lo utiliza para ganar plata, quiere decir que está destruyendo la sociedad juvenil del país. En mi época hasta Carabineros me decía “Doctor, sus niñitos se están portando bien”, y ahora tienen que regalarle mil entradas a los hinchas para que no prendan una bengala.

El fútbol mundial se degeneró y nosotros vamos por el mismo camino, diría que estamos en la primera etapa. Ya vendimos a los mejores jugadores y trajimos paquetes. Ojo, no se trata de ser destructivo, sino objetivo: la única solución es recuperar el fútbol con identidad social, y sacar a los empresarios de él.

Alcides Castro, exlíder de Los de Abajo

No recuerdo haber perdido tan estrepitosamente por el torneo nacional, menos con un equipo como Calera, que sin menospreciarlo, tiene un plantel menos favorecido que la U. Además que la caída es incuestionable, porque el marcador reflejó de manera fiel la diferencia futbolística que hubo en cancha.

No creo que la derrota haya pasado por falta de actitud del equipo, porque la U de repente pone más huevos y nos tapan a tarjetas amarillas. El problema fue que se paró un equipo que nunca había jugado junto, con muchos suplentes. Eso no es dosificar, es cambiar un equipo por otro, lo que repercute en un estilo de juego poco definido. Plantear una estrategia así es arriesgado, porque además presume que el rival es abordable para improvisar. Eso se llama menosprecio y sin duda fue uno de los errores que cometió la U ayer.

Siempre la responsabilidad de parar el equipo recae en el técnico. Ahora, imagino que él quiere lo mejor para el club, al igual que los jugadores que han tenido pocas oportunidades en el año y que ayer pudieron jugar. Faltó un poco de ojo para darse cuenta que no pueden poner jugadores sin rodaje, porque seguramente no va a funcionar bien.

El 6-1 cierra una semana horrible. Obviamente influyó mucho la derrota con la contra y también las estupideces que algunos pseudo hinchas cometieron durante toda la semana, con campañas y mensajes que no van a representar nunca el verdadero sentir de Los de Abajo. Todo eso contribuyó al desastre que hubo ayer en Quillota. Si un club deportivo incurre en estas prácticas, y sobre todo la U, que se caracteriza por tener una mancomunión entre equipo, hinchada, cuerpo técnico y dirigentes –aunque ahora tenemos dueños del club, no dirigentes- el desempeño va a decaer.

Si algo diferenciaba a la U con el resto de los equipos era la incondicionalidad del hincha, ese que se mamó 25 años sin salir campeón, que bajó a segunda, que sufrió la enajenación del club en dictadura, que se bancó el robo contra River Plate en 1996, que soportó y luchó contra la S.A. No el que cuelga lienzos con mensajes contra jugadores ni el que raya el Centro Deportivo Azul (CDA). Ese es un exitista que llegó de la mano de una nueva generación que no se forjó con los mismos valores que nosotros. El concepto neoliberal de “éxito” ya fue instalado en sus cerebros y es muy difícil borrarlo. Eso es lo que más me duele de todo lo ocurrido.

Rodrigo Goldberg, exjugador de la Universidad de Chile (1989-1991 y 1994-1996)

Lo más preocupante del 6-1 es que quedó claro que no hay un equipo “B” en el cual el técnico pueda confiar. Al sacar y reemplazar nueve jugadores obviamente el funcionamiento se iba a resentir, pero yo creo que Ángel Guillermo Hoyos nunca esperó tal nivel de fútbol, porque la U se vio absolutamente superada en todas sus líneas. Pareció un equipo muy feble.

Claramente hay responsabilidad, primero, en cómo para el equipo, porque poner defensores que nunca han jugado juntos es muy riesgoso, sobre todo si para una línea de tres, donde se necesita más trabajo colectivo en comparación a una de cuatro. Rafael Vaz ha jugado poco, Alejandro Contreras es más perseguidor que defensor, y Rafael Caroca nunca ha sido central. Eso se paga caro frente a un equipo que sabe a lo que juega. Y en segundo lugar, me parece que fue exagerado guardar tantos elementos para un partido que recién se va a disputar el jueves. O sea había tiempo para que algunos titulares actuasen el domingo y cuatro días después, no había necesidad de modificara tan sensiblemente al equipo.

Lo que más le faltó a la U fue orden, no actitud. Lo segundo va de la mano con lo primero, porque no tiene sentido correr y meter si no hay un esquema definido, durarías quince minutos así. Sí eché de menos un análisis más profundo en las declaraciones posteriores. No puedes salir de un 6-1 en contra a pedir perdón sin detenerte en explicar por dónde pasó la derrota. Es natural y está bien que se hayan disculpado, pero no basta con eso, hay que encontrar las falencias antes de dar vuelta la página, más si vienes de perder un clásico jugando mal y de dejar puntos en casa ante un equipo como Cruzeiro, que no ofrecía mucho. Si te apuras en dejarlo atrás, te arriesgas a cometer los mismos errores.

No creo que lo que sucedió durante la semana, con los mensajes de la barra en contra de algunos jugadores y la pelea en el clásico entre Mauricio Pinilla y Jean Beasejour, hayan repercutido de manera determinante en el equipo. Obviamente contamina, pero no fue un divorcio insalvable entre las partes, ni algo tan grave. Fueron conflictos que se solucionaron y explicaron rápidamente, y que no tienen una conexión con la goleada que sufrió la U.

Lo que pase este jueves ante Cruzeiro, creo yo, no va a tener sintonía con lo del domingo, por la sencilla razón de que van a volver la mayoría de los titulares. Con David Pizarro, Lorenzo Reyes, Ángelo Araos, Yeferson Soteldo, Christian Vilches, Matías Rodríguez y Rodrigo Echeverría la U es otra cosa. De hecho, me atrevería a decir que, de aquí en adelante, Hoyos no va a volver a parar un equipo tan alternativo como el de ayer.