Cuando la selección de fútbol de Paraguay marca un gol, los locutores que anuncian el tanto suelen guardar un último aliento para gritar felices: “¡es la garra guaraní”! Es el único momento en el que la mayoría del Paraguay parece sentirse orgullosa de sus raíces indígenas, pertenecientes a 19 pueblos originarios diferentes, entre ellos el guaraní.

El resto del tiempo, palabras como “indio” y “aborigen” son usadas de forma despectiva e incluso hay un género de bromas racistas sobre indígenas conocidas como “Chistes de Cachique”. Y la Selección Indígena de Fútbol, que existe y triunfa por el mundo, no tiene apoyo de patrocinadores ni medios de comunicación.

La mayoría del país usa el guaraní como lengua materna, oficial junto al español. Y aunque el mestizaje entre indígenas, descendientes de europeos y de africanos es evidente a simple vista, el racismo y la discriminación mantienen ocultas las raíces y la cultura de los pueblos originarios.

En un país con casi 7 millones de habitantes, solo unas 126,000 personas se reconocen como indígenas en el censo. De ellas, el 76% viven desterrados y en situación de pobreza extrema, según datos oficiales. En Paraguay no hay intendentes, gobernadores, diputados o senadores indígenas, ni siquiera el estatal Instituto Nacional del Indígena (INDI) está presidido por un miembro de un pueblo originario.

Para luchar por cambiar esta realidad nació el Movimiento Político Indígena Plurinacional de Paraguay (MPIP). Es la primera formación política creada y liderada por ciudadanos indígenas independientes a los dos partidos hegemónicos, el oficialista Partido Colorado y la alianza de centro-izquierda del Partido Liberal. Estos dos frentes luchan por ocupar la Presidencia y controlar el Legislativo en la votación del domingo 22.

“Prefieren no ver a los indígenas”
“La gente conoce poco sus orígenes y los de sus ancestros por eso prefieren no ver a los indígenas”, le dice a Univision Noticias Gerónimo Ayala, un arquitecto perteneciente al pueblo mbya guaraní que dejó su trabajo por tiempo indefinido para liderar el movimiento. Es el cabeza de lista y aspira a ser senador.

Una cinta tejida con dibujos de rombos y cuadrados rodea su cabeza y aparta el cabello negro y lacio de su frente. Es un símbolo tradicional de los mbya guaraní.

Sus abuelos, recuerda, fueron desplazados por el Estado para la construcción de la represa de Yacyreta, compartida entre Paraguay y Argentina sobre el río Paraná. Perdieron su territorio ancestral y fueron asimilados en la cercana ciudad de Encarnación. Allí se crió Gerónimo, quien logró una beca para ir a la universidad, sin dejar de preocuparse por los designios de su comunidad.

Él dice que lleva con orgullo esa cinta en su foto de campaña y en todos sus actos públicos como muestra de resistencia.

Es el único candidato que usa simbología indígena en una carrera protagonizada por Mario Abdo Benítez, el candidato del Partido Colorado, la formación con la que el general Alfredo Stroessner mantuvo una dictadura entre 1954 y 1989 y el liberal Efraín Alegre, quien fue ministro de Obras Públicas y también candidato presidencial en 2013, cuando perdió ante Horacio Cartes.

“El guaraní simboliza la resistencia indígena a la colonización española, por eso el Paraguay se identifica con la garra guaraní, es por la resistencia de los pueblos indígenas hacia los invasores. Siempre han resistido y siempre van a resistir”, explica Ayala, cuyo movimiento ha presentado candidaturas al Senado, a la Cámara de Diputados y a las Gobernaciones de todo Paraguay.

“Yo siempre escucho a los blancos decir: ‘ustedes son los dueños de la tierra, los hermanos indígenas’. Pues esta es una prueba. A ver si nos ayudan a conseguirlo entrando en el Congreso. Los pueblos indígenas deben tener su voz en las instituciones ”, afirma.

Cuando Ayala fue a revisar las papeletas del movimiento en el Tribunal de Justicia Electoral antes de que fueran enviadas para la votación, un candidato de un partido minoritario ultraconservador se le acercó y le dijo: “Dejá no más a los rubios la política amigo”. Después dijo que era una broma, le saludó con la mano y se fue.

Un senador orgulloso de ser indígena

“Con Gerónimo como senador podríamos tener una participación activa en el parlamento, reestructurar el Instituto Nacional del Indígena y todas las Secretarías en un solo Ministerio”, le dice a Univision Noticias Bernarda Pessoa, del pueblo qom, y secretaria de Comunicación y Cultura de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri).

Fue una enorme batalla contrarreloj conseguir que la Justicia electoral reconociera el Movimiento Político Indígena, según Bernarda. “Gerónimo tuvo que pelear bastante, le pusieron muchísimas dificultades y cuando lo consiguió, pocos se acercaron a ayudar porque no tiene dinero”, agregó la lideresa de su comunidad, llamada Santa Rosa y ubicada en el Chaco paraguayo.

“Casi cada mes desalojan a una comunidad indígena en Paraguay. Es muy difícil nuestra situación. Si los pueblos indígenas no se unen no podremos revertir esta situación”, dice Pessoa. Son también las comunidades indígenas, por ser rurales en su mayoría, las más afectadas por la deforestación. Paraguay es el sexto país del mundo con mayor deforestación de bosques, con la pérdida de unas 325,000 hectáreas anuales, según la ONG Guyra Paraguay.

Además, hay tres sentencias de la Corte Interamericana que condenan al Estado paraguayo por permitir que comunidades enteras fueran desterradas. Paraguay es el único país del Cono Sur que no posee una ley contra toda forma de discriminación, lo que afecta a los pueblos originarios.

“No somos parte porque la sociedad nos aparta. En mi cédula y cuando voy al extranjero dicen que soy de Paraguay, pero acá no me tratan como paraguaya porque no tenemos acceso a hospitales, ni escuelas o transporte público. Tenemos que pelear para estar en todos esos espacios”, dijo Pessoa.

El objetivo de Ayala es conseguir un escaño en el Parlamento para cambiar las cosas a partir del domingo.

Autor: Santi Carneri.
Este texto fue publicado originalmente por Univision.com.