Los presbíteros Alejandro Vial Amunátegui, Eugenio de la Fuente Lora, Francisco Javier Astaburuaga Ossa, Sergio Cobo Montalva y Javier Barros Bascuñán, serán recibidos entre el 1 y 3 de junio por el Papa Francisco en el Vaticano. Ellos, al igual que dos laicos y otros dos religiosos, fueron de algún modo víctimas de Fernando Karadima.

Aunque en la rueda de prensa realizada ayer decidieron no ahondar sobre lo que hablarán con el Papa Francisco, hay varios testimonios de su modus operandi en el libro de los periodistas Mónica González, Juan Andrés Guzmán y Gustavo Villarrubia, “Los secretos del imperio de Karadima”.

Consultada por Las Últimas Noticias, Mónica González asegura que el ex cura de El Bosque hacía un “Uso y abuso de la figura del Padre Alberto Hurtado”. Según la directora de CIPER, él cura decía que todo lo que él decía debía cumplirse “porque era en voluntad de Dios”.

“Una vez que uno se convencía de que Dios quería de que uno estuviera allí, él debía ser tu guía espiritual; una vez que veías el camino de dios a través de él, entonces estabas listo”, relata el padre Eugenio de la Fuente en el libro. “El padre Fernando era un cazador que siente al pez mordiendo el anzuelo y solo debe dar un tirón para que quede enganchado”, agregó.

No obedecerlo, implicaba sanciones ejemplares, como por ejemplo un ritual llamado “Corrección fraterna”, que era algo así como un juicio frente a los demás, relata el libro. “Y para ello era capaz incluso de utilizar secretos íntimos de los jóvenes, que divulgaba a pesar de haber sido dichos bajo secreto de confesión”, contó González al medio.

El párroco también ejercía control con la oración. “Alberto Hurtado trabajaba una hora por los pobres y oraba tres”, solía decir el cura. Frase que además de no ser cierta, explica la periodista, provocaba que los jóvenes pasaran mucho tiempo metidos en la parroquia y haciendo filas para confesarse en la habitación del polémico párroco.

“Era un círculo cerrado, donde solo entraban los elegidos. Para eso Karadima hacía también lo posible para separarlos de sus familias. Una secta”, dice González. Por eso mismo, pobre del que saliera de su círculo: el cura decía que “lo había poseído el demonio”.