Por Gonzalo Winter, diputado del Movimiento Autonomista.

Bryan Carrasco está de espaldas al arco, quiere ganar un saque lateral del equipo ecuatoriano, marca a Edson Montaño, en el cuerpo a cuerpo toma la mano izquierda de su rival y golpea su propio rostro. El árbitro marca a favor de Carrasco. Una simulación de antología pocas veces vista. La operación comunicacional desplegada por el gobierno en torno al conflicto de violencia que afecta a un grupo reducido de colegios de Santiago, pero que no refleja ni por cerca la realidad nacional de la educación pública, sólo se entiende como producto de una simulación para dividir entre buenos y malos, aumentar los niveles de adhesión de gobierno y subir en las encuestas, manipulando una de las emociones más básicas del ser humano: El miedo.

El proyecto Aula Segura nunca se trató de terminar con la violencia en esos colegios. El objetivo fue siempre situar a la izquierda como violentista y a la derecha como garante de la seguridad ante la opinión pública. El oficialismo utilizó toda su artillería comunicacional para apelar a parte del imaginario colectivo que vincula a la izquierda con el caos y que, a la luz de la historia nacional, más bien, generaron ellos.

La operación fue muy burda y por momentos alcanzó ribetes vergonzosos. “Aquí la izquierda va a tener que decidir de qué lado está, de la comunidad escolar que quiere estudiar en paz o del lado de los delincuentes y las molotovs”, disparó la vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, por Twitter. Con ese nivel de agresividad, el debate en el Parlamento se puso cuesta arriba y el proyecto fue declarado inconstitucional en la Comisión del Senado por atentar contra el debido proceso.

Frente a los primeros traspiés en la tramitación de Aula Segura, la arremetida comunicacional del oficialismo subió de tono. El alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, filtró un video con un brutal ataque al cabo Quintanilla para aumentar la presión sobre la oposición, pese a que la agresiones a Carabineros ni siquiera están mencionadas en el proyecto.

Pero la simulación magistral digna de Bryan Carrasco, fue la que protagonizó el propio Ministro del Interior. Andrés Chadwick, en una entrevista, avaló el montaje de Canal 13 sobre el supuesto adoctrinamiento de miembros del FPMR a las alumnas del Liceo 1. Las pruebas eran unas fotos subidas a Instagram. Olvidaron mencionar que se trataba de imágenes de una obra de teatro. Todo permitido con tal de demostrar que el “terrorismo” se ha infiltrado en las escuelas públicas y que la izquierda está a favor de la violencia y las molotovs.

Esta estrategia de la derecha recuerda a las lógicas de la Guerra Fría: instalar un enemigo interno que impide el avance del país y crear un simulacro de diálogo político.

En este contexto mediático, la semana pasada Aula Segura ingresó a la Comisión de Educación del Senado donde la oposición ejerció su mayoría y realizó cambios importantes que avanzaron por ejemplo, en asegurar condiciones mínimas para el debido proceso. Posteriormente, operó la cocina en la Comisión de Hacienda y se zanjó el texto aprobado por el Senado. Ahora, en la discusión que viene en la Cámara de Diputados, tendremos que hacernos cargo de este bullado proceso legislativo, mientras el financiamiento a las evaluaciones y el perfeccionamiento va a la baja en el proyecto del presupuesto nacional.

En definitiva, el debate en relación a Aula Segura es un buen ejemplo de lo único que, hasta ahora, hemos visto del gobierno. Mucho efectismo, pirotecnia comunicacional y poco contenido: Redadas masivas con el Presidente de la República a bordo de un auto policial, Comando Jungla, veto inexplicable en la discusión sobre el salario mínimo, el Plan Retorno para haitianos, y por último convocar a un grupo de amigos millonarios para superar la pobreza y resolver la desigualdad.

Por más que el Presidente Piñera ha insistido en la idea de retornar a la democracia de los acuerdos e impulsar una segunda transición, el oficialismo no desea la paz ni los acuerdos con la oposición, no le sirven para su objetivo de mantener intactos los fundamentos del modelo. El gobierno, por el contrario, fomenta el conflicto y la división toda vez que se sabe con la infraestructura necesaria para instalarse como víctima del “obstruccionismo antipatriótico”, y así allanarle el paso a las reformas que sí le importan, como la tributaria que reducirá los impuestos a los grandes empresarios, Sebastián Piñera incluido.

El Presidente, al parecer, renunció a resolver los problemas de los chilenos, para gobernar según el pulso de las encuestas y el marketing político. Ahí están las cifras del desempleo y el estancamiento de las remuneraciones. La pirotecnia comunicacional le permite tapar el incumplimiento de sus promesas de campaña y mantener el control de la agenda.

El Frente Amplio llegó al Congreso a recuperar la política para las grandes mayorías, que nos tilden de obstruccionistas o nos digan que somos parlamentarios “con overoles blancos” no nos detendrá en el esfuerzo de cumplir con el mandato ciudadano de impulsar las transformaciones que nos permitan construir un mejor país para todas y todos los chilenos.