Pablo Padilla es consejero político de Revolución Democrática

Lugar: Comisión de Salud, segundo piso.

Contar esta historia sin contexto es difícil. Pero el contexto puede ser complejo. Tratemos. En simple, se trata de obtener la aprobación de una ley que permita el derecho existente pero frecuentemente vulnerado de las y los pacientes, para cultivar cannabis medicinal sin recibir trato de delincuentes. No quiero hablar ahora de la perspectiva científica, ni de políticas de seguridad. Ya habrá tiempo para eso. Ahora prefiero relatar parte de la escena, tal como me tocó verla.

Casi al cierre de la sesión, el senador Girardi cede un espacio para oír la voz de las mamás de pacientes que dependen de la planta.

En el título del texto digo: “tres mujeres”, que son la senadora Carolina Goic, la vocera de Mamá Cultiva, Paulina Bobadilla, y la senadora Jacqueline Van Rysselberghe. Me concentro en ellas.

Antes de eso, el sr. ministro de Salud, de apellido Santelices, después de tratar otros temas igual de urgentes (cáncer, VIH), prefiere retirarse del lugar, antes de oír la voz de una madre que pide compasión por su dolor. El ministro Satelices, de Salud, se retira raudo, rápido, veloz, sin querer escuchar el testimonio que se viene. Igual tuvo que oír el reclamo de Paulina, denunciando la falta de empatía del apresurado funcionario del Estado. Su prisa lo saca de esta historia, y lo convierte en anécdota.

De las tres mujeres, sólo Paulina habla. Las otras dos, con dispar actitud, la escuchan.

Paulina habla desde su emoción, que es experiencia. O viceversa. Su experiencia es emoción. Para quienes pretenden mantener el debate sobre el derecho a cultivar cannabis en el ámbito de la ciencia médica, les invito a ver el video. Y a ponerle toda la atención del mundo. Escuchen no sólo las palabras. Pongan atención a las inflexiones de la voz, las pausas, la respiración. Quizás ahí está el mensaje.

De las tres mujeres, como dije, Paulina concentró las miradas. Casi todas las miradas. La senadora Goic no le quitó la vista de encima, Atenta todo el rato a lo que Paulina declaraba, a veces afirmaba con la cabeza, revelaba emociones y contenía la respiración.

Al otro lado de Paulina, la otra senadora, la ilustre Jacqueline Van Rysselberghe, la miro lo justo y necesario. Que es muy poco. Sentada como de medio lado, en actitud de evasión o de incomodidad, miraba el celular. O a lo mejor no. Veo el video y pareciera no haber celular. Sólo una vista baja, evitando mirar, casi intentando no escuchar las emocionantes palabras de Paulina. Palabras sencillas y directas.

No fueron más de cinco minutos. Apenas una fracción pequeña de tiempo. Luego, la salida, despedidas formales. Cinco minutos que un hombre, el sr. ministro de Salud, prefirió ahorrarse para emprender la fuga. Cinco minutos de profunda y sincera atención de la senadora Goic. Cinco minutos de incomodidad y mirada desviada de la senadora Van Ryselberghe. Cinco minutos en la vida de Paulina Bobadilla, una vida de lucha contra el dolor y el sufrimiento. Cinco minutos demasiado breves en el largo camino de la Ley Cultivo Seguro. Apenas una fugaz escena, con tres mujeres y un hombre que prefiere irse.