Miguel Tapia: “Yo soy lo más contrario a ese gallo amargado, bueno para tirar mierda que se esconde detrás de un Twitter”

Tranquilo y lejos de la ciudad. Esa es la opción que decidió tener el baterista de Los Prisioneros, Miguel Tapia, quien se construyó una casa en una parcela ubicada en las calmas tierras de Pirque.

Ahí tiene un estudio de grabación en el que pasa mucho tiempo, produciendo a grupos musicales emergentes a los que no cobra por su labor.

A sus 54 años, el Prisionero más piola siguen metido en el mundo de la música a través de su asociación artística con Claudio Narea, con quien hace giras y comparte escenario tocando música de una de las bandas más emblemáticas del rock chileno.

A la par del proyecto antes comentado, Tapia ha grabado dos discos con el grupo Travesía, compuesto por integrantes originarios de Cuba, Guatemala y Chile que actualmente también viven en Pirque.

Entrevistado por La Segunda, Tapia comenta que “siempre he sido muy inquieto”, explicando que “quizás eso no se ha notado; porque tuve a mi lado dos compañeros muy expuestos. Claudio y Jorge de alguna manera siempre tuvieron un protagonismo más allá del trabajo musical”.

En este sentido precisa que “Yo estaba en un plano más secundario; siempre fui el de más bajo perfil de los tres; pero activo en lo que realmente quería destacar, que era hacer música. Mi vicio es prender las mesas de sonido; descubrir instrumentos, y jugar a hacer música en mi espacio. Ir a Santiago puede ser un estrés. Aveces quisiera quedarme aquí y no moverme más”.

Sobre una presunta vida de rockstar en los mejores tiempos de Los Prisioneros, el baterista cuenta una anécdota ocurrida en 1988.

“Veníamos llegando de Colombia, en el peak de nuestra carrera. Habíamos llenado el estadio El Campín en Bogotá en medio de un fervor indescriptible. Aterrizamos en Pudahuel y al salir del aeropuerto había una van del sello EMI estacionada. Nos subimos con Claudio y Jorge. Saludamos al chofer: ‘Hola don Mario, ¿nos vino a buscar?’. ‘No, yo vine a dejar a Myriam Hernández’, nos respondió. Nos dio risa, pero finalmente ésa era la realidad de Los Prisioneros y de la música chilena. A las horas yo estaba en mi casa en San Miguel; luego de pasar a dejar a Claudio y Jorge. Recuerdo que saludé a mi familia, subí a mi pieza y por la ventana pude ver los techos llenos de objetos viejos y la ropa colgada en cordeles en las casas del barrio. Eso era yo” sostiene.

“Hoy estaría medio perdido” contesta cuando le preguntan como sería si se hubiera creído rockstar a los 25 años, añadiendo que “siempre esa mirada, desde mi punto de vista muy realista; de que fuimos una banda importante; pero éramos muy sudamerican rockers: vivíamos en San Miguel en esos tiempos. Ni siquiera éramos argentinos; que tenían una industria musical mucho más desarrollada y una población mucho más grande donde tu música podría finalmente haber sido un buen negocio. Éramos un grupo chileno no más”.

Tapia habla sobre la sobrevivencia por décadas de la música de Los Prisioneros comentando que “más allá de hacer música con contenido social; hicimos música pop, de acordes simples y sin mayores pretensiones. De hecho, la identificación de Los Prisioneros con temas sociales te podría decir que no fue intencional”.

Sobre eso relata que “cuando con Jorge comenzamos a formar una banda —porque, sin desmerecer a Claudio; yo y Jorge comenzamos con el proyecto— nuestra idea inicial era hacer canciones de amor y pegar rápido. De repente salió una letra con algo de contenido social, nos gustó, nos dio por escuchar The Clash y seguimos ese camino”.

Siempre hablando con cariño del vocalista de Los Prisioneros, su eterno amigo, Tapia dice que “ciertamente tener a un letrista como Jorge González era una ventaja y nos hizo el camino mucho más fácil. Por eso; la mayoría de las veces que tocamos ahora con Claudio hago una mención a Jorge porque para mí es una persona importante, es un viejo amigo con el que estuve en las buenas, en las malas. Es parte de mí y no me interesa borrarlo”.

Hasta hace unos días el baterista llevaba un tiempo sin ver a Jorge González, con el que se juntó para el lanzamiento de su disco recopilatorio, “Nada es para siempre”.

Consultado por el encuentro dice que “sentí mucha lata al ver lo que le pasó. Lo primero que me golpeó fue ver su condición física y su estado actual. Yo no sé cómo se lo está bancando en el día a día, porque no lo había visto mucho, pero debe estar luchando por salir adelante”.

Respecto a su relación, explica sincero que “recién ahora vamos a retomar el contacto y la amistad que tuvimos por décadas. No nos vimos durante un largo rato y por eso mismo me choca verlo, porque yo lo conocí en plenitud”.

En cuanto al estado actual de González, Tapia explica que “Yo lo siento presente, pero evidentemente ya no es el mismo Jorge y eso nos apena a los que lo conocimos. No puedes hablar fluidamente con él, cuesta comunicarse y tener la relación que alguna vez tuvimos. Quiero traerlo a mi casa y compartir más con él”.

Tapia es un hombre de unión y así lo hace sentir respecto a un posible reencuentro de los integrantes originales de la banda. “A mí me gustaría mucho que todo fuera distinto. Sigo buscando un abrazo entre Claudio y Jorge y lo he intentado muchas veces. Yo tengo la suerte de ser un tipo que no guarda rencores, no me quedo pegado en la estupidez y eso me hace muy bien. Yo vivo contento así, pero entiendo que la situación entre ellos es muy personal y respeto sus decisiones”.

El rock chileno de las últimas décadas es reseñado por Tapia, quien relata que “En los 80 éramos imitadores del rock anglo y todos nos creíamos rockeros. Upa, Aparato Raro y los mismos Prisioneros éramos muy sudamerican rockers, pero en los 90 vinieron Los Tres, que del rockabilly pasaron a tocar cuecas y ahí hubo un cambio. Empezaron las fusiones de Joe Vasconcellos y varios más como Los Tetas, Tiro de gracia o Makiza, que hicieron música con identidad y muy exportable. También ahora hay gente con clara influencia del disco “Corazones”, como Alex Anwandter y Gepe. Me ha gustado mucho lo que se desarrolló en los 90 y los 2000; pero ahora como que estamos los mismos, y lo digo incluyendo a Los Prisioneros”.

Según el hombre, actualmente en la escena local “hay como un letargo, una etapa muy pasiva que está a la espera de algo nuevo y una renovación que es imperiosa. Falta que se renueve la escena como en el tenis o en el fútbol. La situación político-social está súper candente y creo que de ahí algo va a salir”.

El músico muestra una visión crítica de los tiempos actuales, comentando que “aunque viva súper bien aquí, tengo una decepción tremenda. Yo vivo feliz, tranquilo, pero no por eso no siento empatía con el indignado que sale a la calle. También me molesta lo que veo en las redes sociales. Se han trastocado tanto los valores, que si en estos tiempos eres noble, empático, buena gente, eres huevón. Yo soy lo más contrario a ese gallo amargado, bueno para tirar mierda que se esconde detrás de un Twitter”.

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