COLUMNA | Gaete no se halla, Gaete no se calla

“La prostituida literatura pelotera nos ha contado de mil maneras la historia del sueño de niñez, sea el cabro chico de Tocopilla o el Barrilete Cósmico en Villa Fiorito. El final feliz es la riqueza. El certificado del éxito es Alexis volviendo disfrazado de viejo pascuero, repartiendo regalos en un camión, una puesta en escena que es al mismo tiempo canción gastada y camisa de fuerza”, dice Patricio Hidalgo en esta columna.

Juan Carlos Gaete nos habla desde nuestra identidad más profunda. Detrás del pelo amarillo, la avidez del representante y un Instagram errático, lo que hay es un hombre que no se adapta a este presente, tal y como la intuición poética de Mauricio Redoles reflejara en 1996. El mismo año en que nos preguntábamos Quién mató a Gaete, Juan Carlos nacía en la Población El Castillo, en La Pintana. “Esto no es mi voz”, partía diciendo en ese disco Redolés. El Gaete de hoy es más radical: frente a la más brutal invasión mediática, estricto silencio. No hay voz.

Pero este futbolista además es un héroe de la resistencia, porque fue capaz de decir basta frente al abuso. El folclore de un “camarín complicado” dejó de ser gracioso y se reveló como lo que es: una dictadura de los poderosos, una repetición del peor de los esquemas escolares. “Se enoja porque le dijeron Nelson Mauri, imagínate Vidal se hubiera amurrado cuando le dijeron Celia Punk”, dice la corte de admiradores de los matoncitos de siempre. “Puedo ser un nerd, un desubicado, pero no un abusador”, dijo otro abusador. Conocemos esas excusas.

Mucho antes de que nuestros niños fueran hinchas de equipos extranjeros, cuando los más fieros defensas centrales usaban barba y pilas, pinturas, cervezas y cigarros era lo que se entendía como “publicidad”, nadie condenaba al sabio que no cambiaba París por su aldea. El veloz puntero que emigraba a la capital, el talentoso volante que traspasaba las fronteras, el goleador que soñaba con Europa, todos volvían al terruño mucho más temprano que tarde. “No se halló” era la explicación para esos casos. La frase, acaso cándida, esconde vericuetos existenciales y hoy es una declaración imposible de libertad. En medio de un mercado de pases que es en realidad la fachada de una desvergonzada trata de personas, no es concebible que alguien no quiera crecer. No se admite que te baste lo que tienes. Al parecer Gaete es más Juan Carlos en el campamento de El Salvador que dentro de la moledora de carne de un equipo grande en Santiago, pero esa opción nadie la cree posible.

La prostituida literatura pelotera nos ha contado de mil maneras la historia del sueño de niñez, sea el cabro chico de Tocopilla o el Barrilete Cósmico en Villa Fiorito. El final feliz es la riqueza. El certificado del éxito es Alexis volviendo disfrazado de viejo pascuero, repartiendo regalos en un camión, una puesta en escena que es al mismo tiempo canción gastada y camisa de fuerza. A la hora que escribo esto nuestro héroe está en la casa de su madre, pero lejos de practicar la filantropía escandalosa vuelve al origen para saber quien es. Para dormir doce horas seguidas. Para preguntar cuánto quedó debiendo en el almacén.

El Gaete de Redoles no se adaptó a los nuevos tiempos, era un extraño en el Chile Jaguar. Su desasosiego es el mismo que cruza a Juan Carlos. Renunciar a lo que somos en pos de prosperidad es siempre un costo muy alto. Hoy sabemos que el crecimiento económico no vale un cadáver, que un buen sueldo en el equipo de tus sueños no le da impunidad al cabroncito de turno para subirte al columpio. Porque hubo mujeres valientes es que un director de cine ya nunca más puede abusar de mujeres y ufanarse de eso en un carrete en el barrio Italia. En el iceberg de la violencia, ese en cuya base está la descortesía y en su cumbre el homicidio, los agresores suelen desnudarse en su defensa. El decadente director revictimiza mostrando comunicaciones personales, el Mago recurre al bullying contra el periodista que lo denunció para descartar ser autor de bullying. En un fútbol en el que naturalizamos por décadas al Murci, el Chucky, el Care Cueca, el Brad Pitt, el Manteca, el Arenito y el Perro Verde, somos varios los que tendremos que acostumbrarnos a que ya no. Cual Rosa Parks que no quiso ceder su asiento en el bus para que nadie más tuviera que cederlo, Juan Carlos Gaete se le plantó a Jorge Valdivia y le dejó el peto de sombrero. Lo van a negar mil veces, porque las sociedades anónimas ocultan e Imaginacción factura. Lo van a negar incluso cuando Cobresal le gane a domicilio a Colo- Colo, con tres goles de Gaete, porque el fútbol da revancha.  

 

 

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