Antes de comenzar esta columna, mis querides hijes, tengo que hacer hincapié en dos cosas:

Primero: Le apuesto el saldo por pagar que me queda del crédito de consumo que tomé en el Banco Bolivariano a que usted tiene uno o dos conocidos que han perdido la pega este último año.

Segundo: Quisiera confesarles que, como para muchos, mi último año ha sido más duro que palta de supermercado. De un momento a otro mi vida se volvió más difícil que abrir un mentolatum, cada día que pasa aparecen más obstáculos en el camino y he tenido que hacer más amagues que Messi para llegar a fin de mes con algo de dignidad.

Es en los tiempos difíciles cuando se activa la creatividad, dicen; y es en las crisis cuando se encuentran las oportunidades. Yo no sé a qué chanta se le ocurrió esa mierda, porque con tanta dificultad nadie puede ser creativo por lo mismo las oportunidades se van cerrando.

Lo único que se me ocurre es que eso lo dijo algún zorrón con acceso al CAP (Crédito con Aval del Papito). Dicho eso, y por lo mismo, paso al tema en cuestión:

El 17 de Diciembre de 2017 llegó a la presidencia el embajador de “Los Tiempos Mejores”. Con su sonrisa de joker y sus frases capipulistas prometía convertir a Chile en un paraíso terrenal, en una tierra de abundancia laboral, en el empíreo de la perfección neoliberal; en donde todo funcionaría perfecto y todos estaríamos chicoteando como gacelas sobre una suave y esponjosa nube de lukas.

A más de un año de las mesiánicas promesas de “bracitos cortos” nos damos cuenta de que ha ocurrido exactamente todo lo contrario. Bien lo saben los extrabajadores de Pastas Suazo, Constructora CIAL, Iansa de Linares, Maersk Chile, Canal 13, TVN, Chilevisión, Revista Qué Pasa y tantas otras que han quebrado o han hecho recortes de personal. Sumando y restando, sólo las compañías que he mencionado han dejado a más de cuatro mil personas pateando piedras. Otros tantos miles de cesantes se generaron en 2018 con el aumento del 56% de las empresas que se han acogido a la quiebra. Son casi mil empresas, la mayoría PYMES que han dejado de funcionar gracias a los maravillosos Tiempos Mejores.

Como raya para la suma, creo que lo mejor que ha hecho Puñeta hasta el momento es continuar con algunas de las reformas del gobierno anterior, cosa que en sí misma es una contradicción vital si consideramos que lo que se prometía era un golpe de timón. Se suponía que Pïñi le pavimentaría la carretera a sus amigos, los big bosses, para que estos seres humanos normales, pero poderosos, volvieran a sonreír después de una larga y tormentosa agonía reformista del gobierno ciudadano de la ex mandataria.

¿Qué ha fallado entonces?, se pregunta el derechista con tarjeta Bip. Pues nada. La verdad es que todo ha seguido su curso. El hombre de los tics nerviosos y cuello de paloma tenía claro desde el principio para donde iba la micro, siempre supo lo que se venía en el ámbito internacional: tenía claro lo de la guerra comercial de China con Estados Unidos, tenía claro que se venía una contracción de la economía, pero aún así le vendió su pomada y se lo engrupió apelando a su sed de efectismo, a su creencia de que todo cambiaría mágicamente con la llegada del gobierno actual.

Así, mientras grandes empresas y varias pymes se vienen abajo, su flamante presidente hace como que no pasa nada, y aparece en cadena nacional diciendo que los chilenos estamos más felices que nunca, que la economía creció un 4%, que la confianza en el empresariado ha vuelto, que gozamos de buena salud, que podemos trabajar más años y que los Tiempos Mejores llegaron para quedarse.

A estas alturas, cabe preguntarse si están más arrepentidos los votantes de su sector; los votantes de izquierda que fueron seducidos por las pomadas de Piñera… o los que no fueron a votar.