Antes de comenzar quiero agradecer la preocupación de los sobrinos que me estuvieron aconsejando respecto de las consecuencias de haber usado la bolsita de Enrique Symms (ver columna anterior). Esto muestra que ustedes por un lado son muy solidarios, y por otro que están demasiado al tanto de cómo manejar el flagelo del bicarbonato, por lo que puse a disposición de las autoridades correspondientes los datos de quienes me estuvieron hablando durante la semana pasada.

Dicho lo anterior, y como dijo la matrona, parto.

Todo tiempo pasado fue mejor, que duda cabe sobrinos (suspiro de añoranza). Capaz que algunos de ustedes eran muy jóvenes o incluso no habían nacido como para haber disfrutado de las bondades del Gobierno Militar de transición, pero yo me acuerdo cómo si hubiese sido ayer cuando, con la gallardía y elegancia que siempre lo caracterizó, hizo su entrada en las ruinas de La Moneda —cuál General Romano— Augusto José Ramón, trayendo consigo la restauración del orden y la felicidad del pueblo. Del pueblo de las Condes, Vitacura y Lo Barnechea.

La verdad sobrinos es que yo quería aprovechar esta época estival para hablarles del presente y futuro de nuestro terruño, pero como veo que ustedes andan en “onda retro” decidí darles lo que quieren, mal que mal y como dijo en algún momento de excitación el Puma Rodriguez: “A veces hay que oír la voz del pueblo”. Eso y que medio Chile anda remojando los hongos de las catimbas en el litoral, por lo que la actualidad noticiosa anda en modo parived.

Respecto de las famosas “redes sociales” les confieso amados sobrinos marxistas, que no entiendo mucho eso de los gashtajs . El símbolo ese en mi época representaba al gato, ese popular y sencillo juego de ingenio que requiere tan sólo papel y lápiz. Como confidencia, dicen las malas lenguas que Camila Flores e Iván Moreira juran de guata que ese es el ajedrez. Ah, y otra cosa a la que no me puedo adaptar en las redes sociales: ¿Qué es eso de andar acortando las palabras y/u oraciones? De seguro esa forma de escribir se le ocurrió a algún bolchevique engullidor de nonatos, esos mismos que ahora picotean y azuzan la exitosa carrera en las comunicaciones del pobre Gonzalo de la Carrera.

Como sea, yo estaba por comenzar mi apología a la dictablanda cuando me fui para el otro lado (si a veces hasta parezco democratacristiano). En fin, este es el listado de loas que me sale de forma espontánea, desde el corazón:

—No existían ningún tipo de problemas con nuestros hermanos migrantes, de hecho éramos nosotros lo que les mandábamos el cacho a los países de las europas.

—No era necesario (ni posible, afortunadamente) fiscalizar a las FFAA.

—La forma de celebrar el pago del sueldo a fin de mes era mucho menos producida para la clase media. En vez de ir a un restaurante de sushi el proletariado de aquel entonces se conformaba con una empanada de queso acompañada de una Free o una Sorbete Letelier.

—Es cierto, no teníamos la beca Cathy Barriga (una beca que fue idea de Cathy Barriga y que Cathy Barriga entrega en la comuna donde Cathy Barriga es princaldesa), pero estaba la beca Augusto Pinochet y con esa sí que los beneficiados llegaban lejos. De aquellas experiencias surgieron melodías inmortales que quedaron grabadas a fuego en la memoria colectiva, les hablo de “Vuelvo” de los chascones Illapu, y “Estocolmo” del ya clásico DJ Méndez.

—En el deporte, era fácil y barato ser fanático: Como Chile estaba castigado no íbamos a los mundiales, y los pocos partidos internacionales que jugábamos no había que pagar por verlos. Bastaba encender el televisor marca Bolocco y escuchar el siempre agradable relato de Carcuro.

—La mantención de las mascotas era también mucho más sencilla: Perros y gatos comían lo que sobraba de las frugales comidas de sus amos, nada de andarles comprando comidas especiales. De hecho en esa época el animal más importante del territorio era la elefanta Fresia (con el perdón del señor presidente).

En resumen sobrinos, la vida era mucho más fácil, había menos opciones y aún menos libertad para elegir. Para el #1973challenge, en ambas fotos el terruño sale con la cara larga y expresión ingenua. Capaz que en 20, 30 o 40 años más la cosa cambie, pero la verdad, lo veo difícil.