Hace muy poco miles de mujeres, en un record histórico para el país, marchamos unidas por la convicción de erradicar todo tipo de violencia, simbólica, política, física y sexual, porque esto está lejos de ocurrir y faltan aún muchas peleas por dar en materia de violencia de género. Un ejemplo de esta violencia es que exista en Chile una organización como Nido.org, página web con 10.000 usuarios en la cual hombres ocultos bajo el anonimato acosan y amenazan a mujeres, incluidas menores de edad, con imágenes e información íntimas de ellas.

Desde la pubertad, y tal vez antes, se interactúa en redes sociales, de esta manera mirar y ser mirado es parte del reconocimiento e interacción con los pares, el cual es fundamental para la configuración de su identidad y para responder a aquellas preguntas que uno se hace en la adolescencia: ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Cuál es mi lugar en el entorno que me rodea? 

Actualmente muchas de esas respuestas se buscan en las redes sociales, por lo que estamos ante niños, niñas y adolescentes curiosos y ávidos de información, lo cual en ciertos casos puede implicar que estén expuestos a situaciones de riesgo como es el ciberacoso. En este tipo de vulneración, la persona que acosa está en la sombra, bajo ropas y máscaras que ocultan su identidad, entonces en estos casos, la relación virtual con otro se empaña de desconfianza y falsedad.

Esto es lo que queda en evidencia en el caso de la página Nido.org, organización acusada de acosar a mujeres, incluidas menores de edad, publicando sus fotos íntimas y datos privados, sin su consentimiento, siendo éstas víctimas de difamaciones, extorciones e insultos. Entonces el piropo callejero, castigado legalmente, se traslada y se manifiesta de manera más violenta en las redes sociales.

Hasta el martes 6 de marzo, existían 156 denuncias recibidas a nivel nacional, 39 de ellas correspondientes a mujeres de edades que fluctúan entre los 11 y 17 años.

Las víctimas menores de edad, que seguramente son más de las que han denunciado hasta el momento, son niñas y jóvenes que están en un proceso de conformación de su personalidad como mujeres. Este proceso hoy en día se asocia inevitablemente al uso de las redes sociales, cada vez más influyentes en la formación del esquema corporal y mundo simbólico de estas niñas, que se construye en base a imágenes, más que a palabras.

En el caso de las víctimas de ciberacoso, este proceso se ve truncado por la experiencia traumática de ver expuesta fotos e información publicada sin su consentimiento, en un medio en el cual la memoria no tiene tiempo ni espacio. Las imágenes seguirán apareciendo en internet, en celulares y tablet por mucho tiempo y quizás para siempre.

Se habla entonces del “derecho al olvido”, tema legal muy discutido y ya implementado en la Unión Europea, que desde el 2014 obliga a buscadores como Google a eliminar de sus listas de resultados aquellos enlaces que violen ciertos derechos de un ciudadano, garantizando de este modo que la huella de las imágenes no seguirá. En otras palabras, el “derecho al olvido” otorga a las personas la posibilidad que sus datos personales “desaparezcan” de Internet y del ciberespacio.

Desde otro punto, el no “Derecho al olvido” podría agudizar y cronificar las secuelas psicológicas y emocionales que experimentan las víctimas de ciberacoso. ¿Cómo elaborar y superar una experiencia dolorosa cuando ésta estará presente e inmodificable en la red, cuando la red  continúa recordándoles a las niñas y jóvenes víctimas, algo que desean olvidar? Es como si tras una agresión sexual el victimario estuviera acechando siempre a la vuelta de la casa. 

Tenemos derecho al olvido, tenemos derecho a ser dueñas de una privacidad vulnerada más allá de nuestro consentimiento y más allá de la dignidad de cualquier persona. Quienes miran, escudriñan, difunden, amenazan con aquellas fotos, consumen una imagen de un cuerpo cosificado, tan solo partes de objetos, como una boca, unas piernas, unos pechos. Este cuerpo carece de vida y pareciera no habitado por una persona con derechos sobre éste, por lo que incluso en ciertos casos estos hombres atraviesan lo virtual para llegar al acto material de violencia sexual.

En la web Nido.org se agrupan hombres, en un lugar seguro para ellos, porque el anonimato y el secreto es su forma de lidiar con este terremoto de demandas feministas que está viviendo la sociedad. Estos hombres se sienten amenazados en vez de incorporados a este cambio. Necesitan sentirse con cierto poder, “varoniles” desde un lugar cómodo, seguro y también cobarde.

Chile debe avanzar mucho en políticas que protejan más a los/as cibernautas, aclarando vacíos legales al respecto que, por ejemplo, dejan en la impunidad la difusión de  imágenes íntimas sin consentimiento. En paralelo educar sobre el uso de redes sociales y acceso a sitios web, debe ser una constante y una “asignatura” a incluir en espacios educativos y familiares, de manera que estas “manadas virtuales” no sigan ganando espacios y menos permanezcan en la impunidad como hasta ahora.

Por Guila Sosman, psicóloga clínica.

Kareen Lowick-Russell, periodista