Tras la consulta vinculante realizada en el Instituto Nacional respecto de si la comunidad quería o no incluir niñas en futuros procesos de admisión, se ha abierto un debate respecto de cuáles materias son razonables de decidir por esta vía y cuáles no.

¿Se puede decidir lo mejor para una sociedad a través de una consulta vinculante? La respuesta que distintas voces han dado parece ir en la dirección contraria.

El asunto central, creo yo, es que hay temas que una mayoría puede necesitar cuestionarse para crecer hacia una sociedad más democrática e inclusiva y en ese caso una consulta sería contraproducente. Ejemplos sobran: pena de muerte, fin a la segregación racial en EE.UU y política de migraciones entre muchos otros.

Siendo así, pareciera que no fue acertada la idea de tomar dicha decisión en el Instituto Nacional, a través de una consulta vinculante. Sin embargo, también es importante relevar que la consulta, por su parte, también nos permite tener una idea del tamaño real de las distintas facciones y aquilatar así las dimensiones del desafío. Demás está decir que si este es el objetivo no se necesita hacer un plebiscito, basta con grupos focales, encuestas a una muestra representativa, etc.

La convivencia democrática y respetuosa entre hombres y mujeres es un desafío que se ha hecho cada vez mas evidente para construir la sociedad de mañana y por lo mismo no es un hecho que pueda ser cerrado y zanjado tras esta consulta vinculante. Con todas sus limitaciones, el caso del Instituto Nacional también abre una posibilidad para el debate futuro.

El plebiscito del 88 pareciera haber dejado una huella indeleble en la sociedad chilena: la consulta vinculante no se puede cuestionar y es deber de todas y todos respetarla. Y esta huella es también visible hoy: tanto el alcalde de Santiago como la ministra de educación salieron a decir que respetaban la decisión, aunque dijeron no compartirla. Y con ello pareciera que el caso está cerrado, ¿no?

No. Esta es una oportunidad para seguir trabajando y dialogando al interior de la comunidad del Instituto Nacional: ¿en qué se basa la negativa de apoderados y asistentes de la educación para rechazar la inclusión de género en el liceo? ¿Si finalmente fueron estos estamentos los que inclinaron la balanza, cuáles son sus creencias respecto de la relación entre mujeres y hombres?

Cuando pienso en esta disyuntiva no puedo sino recordar un diálogo que facilité entre los estamentos de un liceo de Providencia, en el marco de la construcción participativa del Proyecto Educativo Comunal 2015-2021 (i.e. la planificación estratégica en materia educativa). Este era un liceo de hombres donde los estudiantes proponían que el establecimiento debía abrirse a recibir también mujeres…y cuando lo plantearon, esta propuesta fue silenciada por otros estamentos bajo el argumento de que la incorporación de mujeres “los iba a distraer de sus estudios”. La conversación quedó ahí, en el contexto cultural del momento no estaban disponibles las distinciones que hoy sí son parte del debate nacional.

En este micro ejemplo, entonces, uno se puede preguntar: ¿es válido el argumento de la “distracción” para mantener a hombres alejados del contacto y diálogo con mujeres durante su período de formación escolar? ¿En qué se sustenta esa creencia? ¿Cuáles serían sus supuestos? ¿Las mujeres serían un peligro para el desarrollo académico de los hombres? ¿Por qué? ¿Aceptamos entonces esta creencia como si fuera una verdad revelada o trabajamos con ella para ir desarrollando una comunidad que sea más abierta y respetuosa?

Son estas las preguntas que es necesario debatir al interior y entre todos los estamentos del Instituto Nacional. Y, a mi juicio, esta es la oportunidad que se abre tras la consulta vinculante que realizada. De acuerdo, se planteó como vinculante desde un principio y esto se debe respetar por el momento. Pero ello no significa que este sea un tema zanjado.

Muy por el contrario, el tema se está recién empezando a abrir y tanto el municipio de Santiago como el equipo directivo y el Ministerio de Educación debieran considerar este resultado como una oportunidad de aprendizaje y desarrollo. La semana pasada se mostraron las facciones, hoy ya saben en qué estamentos se ubican las creencias más excluyentes y es con estos estamentos con los que se puede empezar a trabajar. Son estos estamentos los que necesitan espacios para cuestionar sus propios valores y creencias.

La consulta, por vinculante que sea, debiera ser sólo el primer paso.

 

María Paz Domínguez

Consultora en temas de participación, liderazgo y ciudadanía.