“Estoy enojado con The Clinic”, dice Claudio Borghi al iniciar la charla. Enciende el primero de los seis cigarrillos que consumirá durante esta conversación. En su mirada pícara se puede detectar que su confesión inicial es una maniobra para iniciar el diálogo.

-¿Por qué estás enojado con The Clinic?

“Porque fui con mi hija al local del centro a comerme un sándwich que se llama Bichi Borghi y el huevón que me atendió no me conoció. Y me cobró más encima. No recuerdo qué trae, pero es grande, es contundente”.

Claudio Daniel Borghi Bilos tiene 54 años y vive en Chile hace 25. Fue futbolista destacado, campeón del mundo con Argentina en el Mundial de México 1986. Fue entrenador de Colo Colo, club donde ganó cuatro títulos. En su país dirigió a Argentinos Juniors y fue campeón. También a Boca, donde no le fue bien. Fue técnico de la selección chilena y hoy es comentarista deportivo en radio Futuro y en el Canal del Fútbol. Es decir, hizo su vida alrededor de la pelota.

-¿Cómo te sientes en este rol de comentarista? Lo habías hecho, pero ahora es más intenso me parece.

“Bien, adaptándome. Antes en Fox hacía algún partido internacional o de Copa Libertadores, pero comentar el torneo local implica otras obligaciones de días y horario. Debes mirar más partidos, no sólo los que comentas. Cuando haces comentarios a favor o en contra siempre puedes molestar a alguien. Hay gente que se siente con la libertad de llamarte para decirte por qué lo criticaste, pero nadie te llama para para decirte gracias por algún comentario. Vas aprendiendo a qué darle bola y a qué no”.

-Además está el fenómeno de las redes sociales, que en el fútbol se da mucho.

“Hay cosas de las redes sociales que encuentro maravillosas y otras que son muy bajas. No tengo twitter, tengo Instagram donde te hacen algunos comentarios agradables y otros desagradables. Cuando hablo mucho de Colo Colo, sale el resto y me dice que soy indio culiao. Cuando hablo bien de la U, me dicen que me di vuelta la chaqueta. Nadie está conforme siempre. Hay gente que está dispuesta a escribir solo cosas malas desde lo anónimo. A mí me gusta más la charla, la conversación. Pero eso de que alguien esté con un teléfono pendiente todo el día de lo que está bien o está mal, no estoy muy de acuerdo. Quizás es un asunto de edades”.

-Quienes jugaron fútbol dicen que son futbolistas siempre, más allá del retiro. ¿Te sientes así, un jugador de fútbol?

“Pienso como jugador todavía. Es donde he estado la mayor cantidad de tiempo. Es una carrera que empieza a los 8 años y termina a los 34. Comparado con un ingeniero, un médico o un periodista, es lo que empezaste a pensar en el colegio primario, luego te formaste. Hay matices, pero uno piensa de esa forma toda la vida porque así te formaste”.

-¿El haber sido jugador te acerca o aleja a la hora de comentar o dirigir?

“Las dos cosas. Me acerca al jugador porque entiendo lo que le ocurre desde la génesis, pero a veces he tenido que tomar decisiones que van en contra de mi crianza, pero debo hacerlo. Entiendo al futbolista, lo conozco, sé de dónde viene y por qué a veces tiene conductas que se explican por eso, por su crianza y porque a veces no es culpa de él”.

Ricardo Centurión es un futbolista argentino que acaba de salir campeón con Racing Club, el equipo del cual Borghi es hincha confeso. Un jugador talentoso como pocos, pero dueño de un carácter incontrolable, al nivel de agredir a su propio entrenador. Hace pocas semanas en una entrevista con una cadena televisiva, le consultaron sobre sus constantes actos de indisciplina, la mayoría de ellas conectados a su excesivo consumo de alcohol. Su respuesta se viralizó a través de las redes sociales. Centurión dijo “a mí en la noche no me da sueño. Tengo siempre ganas de salir a tomar algo. Y si no encuentro a un amigo que me acompañe, me voy a tomar solo”.

-¿Qué te parecieron las palabras de Ricardo Centurión?

“Si no le da sueño en la noche sería buen nochero (risas). No es que Centurión no tenga remedio. Uno crece a través del ejemplo. Tus guías de vida pueden estar equivocados o no, pero es probable que sigas esos ejemplos. Hay cosas que no podemos cambiar. Yo puedo ser más delgado, teñirme el pelo, hacerme una cirugía estética, pero la genética no se puede cambiar. Mi mujer me dice que ahora que tengo 54 años tengo el mismo humor que mi vieja. Y puede ser. Es algo genético. Cuando queremos cambiar la conducta de alguien es imposible, salvo que la persona esté dispuesta y no sé si Centurión está muy dispuesto a eso”.

-¿Te encontraste con muchos Centurión en tu carrera?

“Muchísimos. Te puedo hacer una lista infinita de jugadores. En inferiores de Argentinos Juniors había un chico que era un año menor que yo y decían que jugaba mejor, lo que me daba mucha bronca. Le decían Caqui. Era muy elegante, muy lúcido para jugar, pero daba la impresión que si le pegabas una patada lo rompías. Jugaba realmente bien. Un día no apareció más. Muchos años después cuando fui entrenador del equipo le pregunté al profe que tuve de chico si recordaba a Caqui. ‘Claudio Jazmín’, me contestó. No lo había olvidado. Me dijo que no pudo salir de su realidad. Salir del mundo en que creciste también da miedo. Me da la sensación que Centurión no quiere salir de su mundo. Quizás no quiere ser lo que nosotros esperamos de él”.

-Tú también provienes de un sector pobre. Y saliste.

“Depende como te formaron. La realidad pobre es muy compleja. Yo siempre hago la diferencia porque hay pobreza económica, intelectual, de valores. Yo crecí con pobreza económica. A veces no había para comer. Éramos ocho hermanos y teníamos que compartir la ropa. El último se ponía pantalones con parches en todos lados. Pero fui estimulado a crecer. Uno es lo que tus viejos te permiten y te ayudan a ser. Si ellos quieren que estudies, quizás en algún momento no vas a querer, pero después vas a agradecer que te hayan obligado a hacerlo. De donde vengo hay muchas madres solteras, abandonos familiares, pobreza. A mí me crió mi abuela que no era muy instruida, pero sí muy inteligente. Yo tenía la costumbre de leer en el baño y me llevaba la revista El Gráfico de deportes. Ella me la quitaba y me enviaba al baño con un diccionario. Hay personas que aceptan los estímulos y otros no. Cuando a mi abuela le decían que yo era mal educado ella decía que no, que era mal aprendido, porque me había educado bien”.

-¿Te molesta cuando la prensa critica con mucha rigidez a un futbolista por un acto de indisciplina olvidando ese contexto?

“Sí. Una vez me pasó que Mauricio Israel dijo que yo era poco esforzado. ¿Sabrá lo que me he esforzado en la vida para llegar dónde estoy? Me pasa cuando dicen que Matías Fernández pudo ser más. Quizás Matías está donde quiere estar y es feliz ahí. Hay una gran escena en la película Perfume de Mujer de Al Pacino. En una parte él dice que siempre supo cuando era el camino correcto, pero nunca lo tomó porque era demasiado difícil”.

-¿Te dijeron muchas veces que pudiste ser más? Se te comparó con Maradona.

“Las comparaciones pueden ser muy buenas o muy malas. Cuando yo era jovencito era considerado el loco del grupo, que no tenía mucho futuro. Con el paso de los años me he reunido con los planteles donde jugué, los veo, veo qué tan estables están económica y familiarmente y digo ‘menos mal que yo era el loco’. Quizás el estar loco me ayudó. Hoy está de moda la locura. Hace veinte o cincuenta años pensaban que Einsten y Stephen Hawkins estaban locos y ahora salió lo de los agujeros negros. No me estoy comparando ni mucho menos. Tenía muy claro, eso sí, que mí única manera de crecer era a través del fútbol. Me preguntan muchas veces qué sería de mí si no hubiera jugado fútbol, la verdad no lo sé”.

Chile, país clasista

-Llegaste a Chile en 1992, después te fuiste un par de años para regresar y radicarte definitivamente. ¿Hemos cambiado mucho los chilenos en ese tiempo?

“Mucho. Ha existido un cambio muy grande. Llegué en una época post dictadura militar y era complejo. Las mujeres se vestían todas de café o negro, usaban vestidos largos. Nosotros con mi mujer veníamos de una ciudad bohemia y había muy pocos lugares para comer de noche. El cambio no se dio sólo por la democracia. El chileno empezó a salir de sus fronteras, conocer más y comparar, copiar cosas. Todo eso lo llevó a ser más abierto. Antes un chico me escuchaba hablar y me decía de inmediato que era extranjero, porque no era tan usual que viviera gente de afuera acá. Hoy es mucho más común”.

-¿El chileno ha cambiado su relación con el argentino?

“El chileno al principio te mira raro, como diciendo veremos cómo se porta este argentino, con algún grado de desconfianza. Hay que reconocer que tienen motivos para desconfiar. Pero cuando te quiere, te quiere mucho y para siempre, más de lo que debiesen. He discutido mucho con argentinos que generalizan. Te preguntan para qué es bueno el chileno y te dicen para robar y es verdad que algunos son expertos. Pero les digo que no, que son algunos. Llevo más de 25 años en Chile y nunca me han cartereado. No todos los chilenos son ladrones, así como no todos los argentinos somos chantas. Una de las razones por las que nos radicamos como familia en Chile fue por la seguridad”.

-¿Te has ido chilenizando con el tiempo?

“Sí, me doy cuenta cuando vienen amigos o parientes de Argentina y me dicen cosas que para mí ya son normales. Les extraña que no tenga reja en mi casa y les digo que no hace falta. Es cierto, hay lugares que son peligrosos, pero yo no necesito tener reja. Me dicen qué limpia es la carretera. El problema es que después vuelven a Argentina e incumplen todo lo que acá alabaron. En cumplir las reglas soy más chileno que argentino”.

-Hace poco un jugador argentino de Colo Colo, Pablo Mouche, hablaba de Chile con altos niveles de seguridad, orden, muy buen transporte público. Yo pensé que hablaba de Suiza.

“Es que ustedes a veces no se dan cuenta de lo que tienen. Al salir y comparar uno puede decir que mi país no es tan malo en esto. Tengo una hija de 30 y un hijo de 23 años. Cuando ellos salen yo sé que están bien. Igual saben dónde meterse. Hay mucho de prejuicio también. Yo ando por poblaciones y nunca me ha pasado nada. A veces salgo con mis hijos y me meto en lugares se supone peligrosos y no ocurre nada malo. Yo les digo que estén tranquilos porque los huevones que roban no lo hacen en la población donde viven, van a robar a otro lado. Más allá de los escándalos, a mí Carabineros me da mucha seguridad. En 25 años nunca un policía me ha pedido plata, no se me ocurriría”.

-¿Viste la rutina de Jorge Alis en el Festival de Viña? Él hace reír porque detecta muchas cosas que hacemos los chilenos y no nos damos cuenta. ¿Te gustó?

“¿Quieres que te conteste como chileno o como argentino”.

-Como argentino…

“Él lo hace muy bien, pero si va un chileno a Buenos Aires y dice la mitad de lo que dijo, más de alguien se puede ofender. Jorge es divertido, lo hace bien, cuenta una historia y tiene una forma de decirlo que no es ofensivo. Cuando lo vi me acordé de mi historia porque entiendo que él también ha vivido más acá que en Argentina. Hay que ver cómo lo toma la gente. Alguno se puede ofender, otro se caga de risa. A veces te desnudan como sociedad y no te das cuenta. A mí me siguen llamando la atención algunas cosas de los chilenos. Los amigos de mi hija aún me dicen tío. Huevón, ya tienes 30 años, te creo a los 10, ya no me digas tío. Si invitas a una reunión, nadie llega a la hora. Cuando alguien se va, se van todos juntos. Aún no lo entiendo. Cuando recién llegamos nos invitaban a comidas, pero nos decían que era sin hijos. Pero cómo, decía yo. Nosotros somos cuatro o si vas a una casa que es más bien pequeña, los chicos comen en un lado y los grandes en otro. En mi casa eso no pasa. Comeremos un poco más apretados, pero todos juntos”.

-Ahora los extranjeros vienen de muchos países. Venezolanos, haitianos. ¿Qué te parece el fenómeno migratorio?

“Hay que parar la weá (risas). Cuando jugaba en Audax Italiano había un brasileño que era negro, Toninho. Me pidieron que lo acompañara porque yo hablo un poco de portugués y le explicaba que acá lo iban a mirar raro, porque no era usual ver gente negra. También le expliqué la parte buena, que las mujeres lo iban a mirar más, por la fama que tienen los negros. Ahora hay mucha gente de afuera y se pueden mezclar con los chilenos. Quizás a los haitianos les cueste un poco más, por el idioma, pero lo terminarán haciendo igual. Las crisis de los países hacen que vengan más extranjeros”.

-¿Crees que Chile es un país racista?

“Creo que Chile no es un país racista, es clasista. Cuando te conocen te hacen tres preguntas. Cómo te llamas, dónde estudiaste y dónde vives. Si dices que estudiaste en un colegio con número, el huevón es poblacional. En Chile las clases están divididas y muy marcadas. Lamentablemente es así.

-Pese a todos los años en Chile, a tener un hijo chileno, nunca te nacionalizaste.

“No. Una vez me hablaron que quizás me ofrecerían la ciudadanía por gracia. Una persona me dijo que si aceptaba sería en una ceremonia en el Congreso, muchos estarían de acuerdo y otros no. Me iba a exponer a un juicio general. Es un halago muy lindo la ciudadanía por gracia de un país, pero algunos no lo aceptarían. Justo le pasó a Horacio de la Peña y le pegaron mucho. Yo no tengo problema en decir que me siento más chileno que argentino es muchas cosas, pero no soy nacionalizado. Créeme que para mí sería más fácil que hacer el trámite de la permanencia definitiva, que debo renovar cada cierto tiempo”.

-Acá te quieren mucho. ¿En Argentina también?

“Yo creo que me quieren más que acá quizás porque voy poco y cuando voy me hacen halagos por todos lados. De los años que llevo acá, nadie me ha faltado el respeto en la calle. El chileno cuando te quiere, te quiere para siempre”.

La política

La charla es interrumpida muchas veces por los transeúntes que lo reconocen sentado en la terraza de un café en Marchant Pereira, Providencia. “Grande Bichi”, le gritan, voz en cuello. Borghi los saluda a todos. Sigue fumando sin detención.

-¿Qué te pasa con la política en Argentina, con Macri en particular?

“A Macri lo juzgan mucho por dónde nació, le dicen que viene de cuna de oro, es de derecha, además. El problema en Argentina no es de Macri sino del argentino en general. Esperan que venga un Presidente, con una varita mágica y solucione todos los problemas. Eso es imposible. Nadie lo hará. Ningún Gobierno que no sea peronista ha cumplido el mandato completo. Es un pueblo que quiere soluciones inmediatas donde no las hay. Cuando viajo les cuento lo que pago en estudios acá en Chile y no lo pueden creer. Yo podría tener a mis hijos en la Universidad de Buenos Aires y estudiarían gratis. Allá la gente se calefaccionaba prendiendo el gas que había en la casa y la cuenta le salía cinco lucas. Ahora pagan lo que debían haber pagado siempre. Y así vamos sumando. Ningún Presidente tiene las soluciones que quiere Argentina si no se modifican las costumbres. No todo es gratis, las cosas hay que cuidarlas. Es un país con muchas riquezas que la gente no las valoró”.

-¿Tienes simpatía hacia Cristina o al Gobierno de los Kirchner?

“Eso es otra cosa. Si un Gobernador en una provincia del sur me dice que saca sus fondos del lugar donde él gobierna porque no es seguro, yo me pregunto de qué estamos hablando. El peronismo es medio raro. Hay peronistas de derecha, peronistas de izquierda”.

-Osvaldo Soriano, el escritor, decía que el problema de la política argentina es que eran todos peronistas.

“Sí, es verdad. Yo no soy peronista. Me atrevería a decir que soy antiperonista. Mi mamá votó toda su vida por Evita hasta cuando había muerto. Otros gobiernos se aprovecharon de su nombre. Yo viví una época extraña. Cuando terminó la dictadura en el 83 yo tenía 17 años y empecé a seguir mucho a Raúl Alfonsín. Me enamoré del tipo. Me parecía un monstruo. Voté por él sin ser radical. Me demostró ser un gran político y algo que valoro mucho, murió en la pobreza. No se aprovechó de un país para hacerse rico, sino que estaba ahí por convicciones”.

-Contrario a los Kirchner.

“Ese es un buen ejemplo de lo que pasa en Argentina. Apareció un huevón con ocho millones de dólares y lo pillaron saltando por un muro, pero el escándalo no era que anduviera con ocho millones de dólares, sino cómo no los escondió mejor. Estamos cagados si pensamos así. El argentino piensa en la trampa, cómo hacer para no pagar algo. Si tú haces algo bien, en el plazo correcto y pagas, te hacen creer que el huevón eres tú”.

-¿Te gusta el Gobierno de Sebastián Piñera?

“Siempre digo que a los 15 años todos somos comunistas. Yo me sentía de izquierda, pero no estaba muy de acuerdo con muchas cosas de la izquierda. Si me preguntas hoy, te diría que soy idealista, persigo mis ideales, pero no me voy a volcar a ningún partido en forma extrema. Creo que el Gobierno de Lagos lo hizo muy bien. El primero de Bachelet también, el segundo no tanto. El primero de Piñera fue muy bueno, en el segundo tenemos dudas. Lo que hay que hacer como ciudadanos es fiscalizar, ayudar y no destruir”.

-¿Te han ofrecido participar en política de alguna manera?

“Lo de la ciudadanía por gracia me lo ofreció un político, pero no creo que lo haya hecho por su conveniencia. Jamás me han ofrecido algo. Yo no discuto de política, religión o fútbol. No voy a convencer nunca a alguien. A partir de una edad uno se preocupa mucho más de algunos temas. A los 18 yo estaba interesado en que no volviera la dictadura. Cuando surgieron los levantamientos fui, me presenté para que no volviera algo así nunca más”.

-Me imagino que piensas en el sistema de AFP y las Isapres que existen en Chile.

“En Chile hay un problema de estructuras. Puede que haya algún ejemplo, pero acá es muy difícil que el hijo de un barrendero estudie en la universidad. En Argentina eso se puede. En Chile todo el mundo se valida por un cartón. Si vas al doctor y te sale 50 lucas por la consulta todos te dicen que es caro, pero si viene el gásfiter y te cobra 190 lucas pagas sin decir nada porque sabes que es un trabajo difícil. Gracias al Tío Emilio en mi casa hay un plomero responsable”.

-¿Por qué gracias al Tío Emilio?

“Porque vi un gásfiter honesto en el programa y lo llamé. Yo le tengo mucho miedo a la vejez, pero no a ser anciano, sino a depender de alguien. Llevo 32 años ahorrando plata y no sé para qué. Pienso en cambiar el auto, en salir de vacaciones y me pregunto para qué ahorro tanto. La salud en Chile es complicada. Vino mi suegra hace poco y la tuvimos que operar de urgencia y salió muy caro. Si estudias gratis puedes devolver la mano, pero acá un doctor que me atiende me puede decir que su viejo se rompió el culo para que él estudiara y te tiene que cobrar. Ahora, a veces se van al chancho los huevones. Las clínicas son verdaderos hoteles. Hace poco me operé de la rodilla y me preguntaron qué quería comer yo y mi acompañante. Le dije señorita, yo me vine a operar la rodilla”.

Machismo y feminismo

-¿Qué te parecen los movimientos feministas?

“A mí de chico me hacían aprender piropos, con elegancia, con poesía. Hoy no lo podría decir. Mi hija me dice que hay cosas que me debo cuidar. Cuando veo una mujer bonita no le puedo decir qué guapa que estás. Es difícil que le falte el respeto a una mujer por cómo me criaron, pero me cuido mucho en lo que debo decir. La igualdad de género está muy bien. A mí me criaron pensando que las mujeres son más fuertes que los hombres. Incluso yo le decía a mis hijos cuando eran chicos que si me llegaba a separar, que se fueran con su mamá porque ella los cuidaría mejor que yo. Pero a veces hay cosas que se van de las manos. Sin duda que hay abusos terribles y están matando una cantidad de mujeres tremenda, pero me preocupa a dónde vamos a llegar. En Chile hay mujeres muy machistas. Voy a una casa y le pregunto a una señora cuántos hijos tiene y me dice ‘dos hijas y mi conchito’. Yo me pregunto cómo se conquistan los cabros hoy, si le dices algo que lo pueden mal entender”.

-¿Eres machista?

“No. Nunca lo fui. En mi casa las labores son compartidas porque siempre fueron así, no por obligación. Mi esposa se ha dedicado profundamente a la crianza de mis hijos, sabe cosas que yo no sé y es lógico que le tengan más confianza a ella. Si mis hijos se mandan una cagada le dicen a ella primero”.

La entrevista está por terminar. Borghi enciende el último cigarrillo. Un señor se acerca, respetuoso, lo saluda y le dice que vuelva al fútbol, en especial a la selección chilena. El Bichi se ríe, le contesta que a la Roja ya no, que ya fue.

-¿Dejaste tu carrera de entrenador?

“No. Siempre digo que soy un buen envidioso. Cuando veo a alguien tocar el piano siento envidia. Y a la gente del sur que es capaz de mover una casa en Chiloé con unos palos. No sé cómo lo hacen. Es gente humilde que no tiene muchos estudios, pero hace cosas increíbles. No sé si seré entrenador en el corto plazo. Donde estoy ahora me hace crecer. Pararme delante de una cámara es complejo para mí. El otro día estuve al aire seis horas, mucho tiempo para mi poder de concentración. Llego a mi casa muerto, pero como me está gustando no sé si volveré a entrenar en corto tiempo. Si me gustaría presentar un proyecto grande que tengo pensado respecto a la formación. No estoy muy a favor del INAF (Instituto Nacional del Fútbol). Creo que el fútbol es complejo, pero no tanto como para estudiarlo cinco años”.