Nuccio Ordine, filósofo, profesor y escritor, celebridad mundial por obras como “La utilidad de lo inútil”, “Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal” y “El umbral de la sombra”, entre una decena de publicaciones, dictó la conferencia de cierre del Sexto festival de Ciencia, Puerto de Ideas, en Antofagasta. Después de tres días en que destacados investigadores chilenos y extranjeros dieron cuenta de sus asombrosos descubrimientos y reflexiones, las palabras de Ordine fueron un llamado a reconocer que, pese a todos sus avances, la humanidad continúa enfrentada a la incertidumbre constante.

“Hay que dudar de todo y no decidir tomando en cuenta las opiniones de la mayoría, la edad, el prestigio y (yo agregaría) el color de la piel, el poder económico u otras formas de falsa auctoritas”, dijo a los concurrentes. Poquito antes, en entrevista con The Clinic, explicó sus razones.

¿Por qué es importante dudar?

Porque la duda alimenta la búsqueda de la verdad. Cuando una persona dice: “He aquí, La Verdad enlatada”, no necesitas seguir buscándola. Por eso el título de mi conferencia es “Elogio de la duda, contra los traficantes de certezas”. El fundamentalismo se construye sobre la idea de que yo tengo una verdad y tengo el deber de imponértela, por el bien de la humanidad. Tal vez, en nombre de Dios. Pero hay muchos autores clásicos que dicen que no es la verdad lo que nos hace mejores, sino el proceso de búsqueda. En mi libro “La utilidad de lo inútil” cito al filósofo alemán Lessing, diciendo que “la valía del ser humano no reside en la verdad que uno posee o cree poseer, sino en el sincero esfuerzo que realiza para alcanzarla, porque las fuerzas que incrementan su perfección solo se amplían mediante la búsqueda de la verdad, no mediante su posesión. La posesión aquieta, vuelve (al ser humano) perezoso y soberbio. Si Dios tuviera encerrada en la mano derecha la verdad completa y en la mano izquierda nada más que el continuo impulso hacia ella, aún con la condición de equivocarse siempre y eternamente, y me dijera: ‘Elige’, yo me inclinaría con humildad hacia su izquierda y diría: ‘Dame esto, Padre. La verdad pura sólo te corresponde a ti’”.

Poseer la verdad es la raíz de los fundamentalismos, no sólo religiosos, sino que científicos y políticos.

De todo tipo.

-Así es. Por ejemplo, el discurso del capitalismo rapaz en boga es que la única razón, la verdad, es el mercado.

Sin embargo, en nombre de la duda también hoy día se cuestiona que la Tierra sea redonda, el valor de las vacunas. En nombre del derecho a dudar, desaparecen todas las certezas.

-No hay una diferencia entre creer que se posee una verdad y decir que no existe ninguna. Giordano Bruno, un filósofo del Renacimiento, quemado por la Iglesia Católica, en Roma, decía que la gente que afirma que “existe una sola verdad” y la que dice que “no existe ninguna verdad” son iguales, dos caras de la misma moneda. Entre estos extremos tienes una posición intermedia, que nos invita a dialogar, porque yo tengo el derecho a luchar por mi verdad, siempre que acepte que existen otras verdades. Para mí, esto se llama relativismo racional, relativismo necesario, humano.

En el ámbito político, no obstante, pareciera ser que mientras más certezas tienen los dirigentes, más los valora la sociedad. En Chile, la gente considera una manifestación de “coherencia” que las personas se mantengan inmutables en sus planteamientos.

-Primera cosa, no es cierto que haya algo parecido a la coherencia en los políticos de hoy en el mundo. Los políticos que hablan de valores tienen una ruptura muy fuerte entre la idea que exponen y su comportamiento real. Cuál es el tema hoy: la corrupción. Por ejemplo, en Brasil, el ex Presidente Michel Temer, libró una batalla muy dura contra la corrupción de Dilma Rousseff y después fue incriminado por lo mismo que denunciaba. Hay muchos políticos que hablan de la corrupción de los otros y después terminan en la cárcel. Esta idea de coherencia del mundo de la política es superficial.

Para la filosofía antigua, para Sócrates, la filosofía era una manera de vivir. Si el pensamiento no se traducía en una forma de vida, no valía nada. Sócrates fue  verdaderamente coherente porque aceptó morir en una sociedad que lo condenó porque consideraba que sus ideas eran corruptoras. Aunque él no estaba de acuerdo, aceptó morir. Fue coherente. Del mismo modo, Giordano Bruno, se dio cuenta de que no era el sol el que giraba en torno a la Tierra y la Iglesia no pudo aceptar esta verdad, porque contradecía la Biblia. En el proceso que se le siguió, Bruno aceptó adoptar una posición intermedia, para salvar su vida, pero la Iglesia no se conformó y quiso obligarlo a decir que no era verdad lo que él pensaba, que la Tierra estaba al centro del Universo. Ante eso, Bruno respondió: “No puedo renunciar a mi filosofía” y aceptó la muerte. Pero en el mundo de la política actual, la coherencia es una palabra vacía.

Un artificio

-Sí, porque hoy vivimos en la sociedad de la apariencia y no en la sociedad de la substancia.

Sin embargo, me imagino que a lo largo de la Historia, sobre todo cuando las causas políticas involucran las emociones, las certezas son inevitables. Por ejemplo, la lucha de Gandhi, de Mandela, o en Chile contra la dictadura Pinochet. Si las personas dudaran de la causa, ¿cómo podrían movilizarse?

-Eso es diferente. Yo puedo luchar por mis ideas y dudar al mismo tiempo. Dudar no significa que yo descreo. Un ejemplo es Don Quijote. Él tiene muchas certezas, claro, porque para él el mundo de la caballería existe y por eso sale a luchar. Pero al mismo tiempo, duda siempre. Dudar no significa renunciar a la acción. Dudar significa que continuamente tú te preguntas, poner a prueba tu idea en relación con las de los otros. Esta es una práctica que te permite vivir bien  y sobre todo, ser tolerante.

¿Cómo se ejercita ese músculo? Hablo de nuevo desde Chile, Estados Unidos, desde ciertos lugares donde da la impresión que la moda no es ponerse en los zapatos del otro, sino que tratar de imponer una idea.

-Esa es la ideología que domina el mundo en estos momentos, que la cosa más importante es poseer. Por eso, los políticos son actualmente traficantes de certezas, porque es lo que vende frente a la incertidumbre, que es la verdadera realidad que vive el ser humano. Tenemos muchas ideas, muchas utopías y, al mismo tiempo, la constante incertidumbre. La incertidumbre es una necesidad humana.

Es natural, además.

-Natural a los hombres. Los traficantes de certezas no tienen pensamiento, no tienen dialéctica. Son vendedores, comerciantes de un producto. Para vender mejor una idea tienen que decir que es la mejor del mundo, en la misma lógica de un aviso publicitario. Por ejemplo, el tema del poseer es muy negativo en el mundo del amor, porque sucede lo mismo. Quiero saber que mi mujer es fiel, que es mía. Poseerla. Poseer una mujer significa matarla. A cada minuto un hombre mata a una mujer, diciendo: “Te amo mucho, por eso te mato, porque eres mía”. Hay una cita maravillosa de Saint Exupéry que habla exactamente de este tema. Nos dice que no es el amor el que hace sufrir, sino la pretensión de poseer: “No confundas el amor con el delirio de la posesión, que aporta los peores sufrimientos, porque al contrario de lo que sostiene la opinión común, el amor no hace sufrir, en cambio el instinto de propiedad hace sufrir, lo que es contrario al amor”.

EL MODELO OLIVETTI

Nathalie Cabrol, investigadora de la NASA que también estuvo en Puerto de Ideas, decía hace unos días que el impacto que estamos provocando en el Planeta, como una especie voraz, nos está poniendo en peligro de extinción. ¿Estás de acuerdo?

-Hoy impera una ideología del egoísmo, que es la ideología típica de las multinacionales, del capitalismo rapaz que domina en todo el mundo, y que no es responsable socialmente. Por ejemplo, tienes una multinacional que extrae petróleo en África. La multinacional se enriquece y el pueblo africano, que ya era pobre, ahora es más pobre, porque después de que la multinacional ha disfrutado del territorio, deja un desastre ecológico enorme, sin pagar nada ¿Cuál es la idea de la multinacional? Ganar mucho y rápido, sin pensar en el futuro de la humanidad. Pero no tiene por qué ser así. En los años 50, en Italia, había un empresario muy importante, Adriano Olivetti, el inventor de las máquinas de escribir.

Fueron muy populares en Chile.

-Él tenía entre sus trabajadores a los mejores poetas, novelistas ¿Te puedes imaginar hoy una multinacional que contrate escritores? Él pensaba que una empresa tiene una responsabilidad social y creó bibliotecas, cines, casas para los obreros. Él sostenía que el desarrollo económico no debía beneficiar solo al propietario de la empresa y tenía una regla moral: el número uno no puede ganar 25 o 30 veces más que un operario básico.

Hoy la brecha entre los máximos ejecutivos de cualquier empresa y sus empleados es de miles de veces.

Sergio Marchionne, por ejemplo, el ejecutivo de la Fiat que murió hace dos años, ganaba 10 mil veces el salario base de un obrero. Significa que una sola persona recibe lo que 10 mil familias ¡Eso es inmoral! Los últimos forums económicos de Davos, en Suiza entregaron datos terribles: el uno por ciento del mundo, los ricos, retiene el 82% de los bienes productivos. Con una ilegalidad así, ¿cómo podemos pensar en un futuro? ¿Si el 99 por ciento de la humanidad subsiste con apenas el 18 por ciento de la riqueza mundial? He visitado Sudáfrica y en Johannesburgo hay rejas electrificadas de kilómetros y kilómetros de largo para proteger las propiedades de algunos. ¿Cómo se vive en una casa que es una cárcel? La reja no está allí solamente para defenderte de un robo. Se queda todo el tiempo.

Estás encarcelado por miedo a los otros.

-Claro. Qué calidad de vida puedes tener. Hay experimentos muy interesantes en el mundo contra esta corriente. Por ejemplo, en estos momentos de dificultad en Venezuela, es bueno recordar que el gran director de orquesta Claudio Abbado, tomó a 50 jóvenes de una escuela en una barriada venezolana, cuyo destino era la muerte o la droga, jóvenes que morían a los 20 años, y les dio un instrumento musical, acceso a la salud, alimentación y hoy esos niños son músicos maravillosos, uno de ellos, célebre en todo el mundo. Significa que no es verdad que el delincuente, nace así. La gran causa de fondo es la desigualdad. Thomas Piketty, autor de “El capital en el siglo XXI”, nos ha hecho ver claramente que la desigualdad crece, no disminuye. Es una paradoja. La humanidad evoluciona, pero la igualdad se contrae.

CRIMINALES DE LA EDUCACIÓN

Este es un desafío para el sistema democrático, porque si la democracia no puede otorgar igualdad, es fácil caer en manos de los traficantes de certezas.

-Claro, el mismo problema con la defensa que he hecho de los saberes considerados inútiles en nuestra sociedad (en su libro “La utilidad de lo inútil”), porque existe en la actualidad un gran desprecio por la música, la literatura, el arte.

Nuestro ministro de Economía José Ramón Valente dijo que leer una novela era una pérdida de tiempo porque no aprendía nada.

-Es un ignorante. Pero en todo el mundo se oye la misma música. El nivel de las clases políticas baja cada vez más.

¿Y el de los empresarios?

-También. No era así hace 20 años. La cultura de Olivetti era increíble. Cada vez que leo sus textos, lloro. Me conmueven. Él era un hombre con una visión humanista, pero no era querido por los otros empresarios, porque su idea no era el provecho personal, sino que contribuir al  progreso de toda la humanidad.

¿Qué pasa con la Economía? Hasta donde entiendo, es una disciplina que partió como hermana de la filosofía. Y ahora se ha convertido en una especie de ciencia exacta que nadie puede contradecir.

-Sí. Hoy existe una idea de Homo economicus. Todo tiene que ser regulado por cifras, números, cantidad.

Nada vale la pena si no tiene “retorno”.

-Retorno, provecho son las palabras clave. El problema que esto está destruyendo la educación. Las primeras palabras que un estudiante aprende el primer día de clases son: crédito y deuda. El lenguaje no es nunca neutral. La sociedad hace creer a los estudiantes que tienen que estudiar para ganar un título, para después trabajar en el mundo del mercado. La educación ha perdido el sentido básico que tenía en el pasado: la escuela y la universidad existen para formar, sobre todo, ciudadanos cultos, solidarios, que razonan con su propia cabeza. Actualmente, la idea es formar ciudadanos como pollos de engorda.

¿Como en una línea de producción?

-Todos los pollos tienen que pesar 2 kilos, después de 3 años. Tienen que comer la misma cosa, medir lo mismo. Es una pena pensar la educación solamente como un medio un para ganar dinero.

Esa educación del pasado, por lo menos en Chile, era también muy elitista. Las universidades eran centros de pensamiento y debate, pero a ellas no llegaban los obreros. Formaban fundamentalmente a los hijos de la elite. Ahora que se ha masificado el acceso a la educación ¿pero a costa de la calidad?

-Es cierto, pero hubo un momento, entre los años ‘70, ‘80, en que fue distinto. Por ejemplo, mi generación: yo nací en una familia sin libros, fui el único que llegó a la universidad en el pequeño pueblo de Calabria, que era muy pobre, como son los pueblos de América Latina. No había allí un teatro, ni biblioteca, ni librería. Mi única posibilidad de educarme era la escuela. Por eso defiendo la idea de que la buena escuela no es el computador, ni la conexión a internet. Es el buen profesor que puede cambiar la vida de sus estudiantes. Esa es mi historia. Para un niño de Calabria, la idea de ser profesor universitario era un sueño imposible. Bueno, en Italia hay generaciones de profesores universitarios que vienen de familias modestas.

Eso es el salto, no sólo cultural de la familia, también económico. En Calabria, en 1974 nació la primera universidad. Si no hubiera sido así, tal vez yo no habría asistido, porque mi familia no tenía dinero para enviarme a otra más lejana. Esta universidad, ha cambiado radicalmente la visión del mundo de esta región. Te pongo un ejemplo: en los años 70, 80 dormir con una joven, sin estar casados, era imposible en ese pueblo ¡Era un escándalo! La universidad trajo la posibilidad de hablar con profesores cultos y jóvenes que venían del norte de Italia, con otras ideas y cambiaron la cultura local. Crearon un Departamento de Literatura que hoy es uno de los mejores de Italia.

Tengo una carta que Albert Camus envió a su profesor el día que recibió el premio Nobel el máximo honor que un escritor puede imaginar. Y ese día él pensó en su mamá y en su profesor de básica. Le escribió para decirle: sin tu trabajo, sin tu entusiasmo, un niño pobre como yo, no habría  ganado el premio Nobel.

En el sistema educacional de los países que nos guiamos por los estándares del Banco Mundial ¿Crees que ese tipo de profesor está en extinción?

-Sí, totalmente. Porque para medir la calidad de la escuela, estas cosas de las que te hablo, no interesan. Hoy lo importante es la cantidad. Cuántos pollos tienen que licenciar.

¿Y qué pasa con el pollo que no da la talla?

-La idea es formar consumidores pasivos, no ciudadanos. Para medir la calidad de una escuela tú tienes tests que son iguales en todo el mundo y los diseñan el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio ¡¿Qué tienen que ver ellos con la educación?! En Italia se armó una polémica reciente -y yo he escrito un artículo sobre esto en el Corriere della Sera-  porque en una de estas pruebas a niños de entre 8 y 10 años, se incluyeron estas preguntas: “¿Cuánto dinero pienso ganar en mi vida?” y “¿Con este dinero puedo comprar todas las cosas que deseo?” ¡Yo creo que las personas que redactaron estas preguntas deberían ir 20 años a la cárcel! ¡Es un crimen educativo! Pero no les ha pasado nada, porque hay que producir los pollos. Einstein dijo: “Si tú preguntas a un alumno de 12, 13 años: ‘¿Qué profesión quieres estudiar?’, eres un criminal, porque le matas la curiosidad. La ciencia y la tecnología, sin la creatividad no son nada. La creatividad se alimenta de la imaginación y de la curiosidad. Pero todos los días en el mundo le preguntamos a niños de 8 años qué quieren estudiar y en qué universidad.

EN DEFENSA DE LO INÚTIL

¿Por eso defiendes los conocimientos inútiles?

-Exactamente. Por ejemplo, tenemos una mujer (Fabiola Gianotti) que es la primera directora general del CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear), con sede en Ginebra, que es el centro mundial de investigación básica más importante del mundo. Ella estudió latín y griego en el liceo y después 10 años de piano, en el conservatorio. Cuando los periodistas le preguntaron: ¿Para qué le sirvieron latín, griego y la música, si se iba a dedicar a  la física?, ella se enfadó y respondió: “Si soy una buena física es, precisamente, porque he estudiado latín, griego y también por los 10 años de piano”. Einstein tocaba el violín y hay muchos científicos que son músicos también.

Nuestro poeta Nicanor Parra era ingeniero.

-El gran escritor italiano Primo Levi era científico, un químico. Cada vez quedan menos ejemplos de esto. El problema es que no tenemos intelectuales. Tenemos profesores especialistas, técnicos, que no tienen una visión cultural amplia. Por eso también el nivel de las universidades baja. He aprendido que en Perú, por ejemplo, un profesor universitario enseña 400 horas al año. ¿Y cuándo él tiene tiempo de estudiar? Imposible. Hoy el profesor tiene que vender conocimientos pequeños para que los estudiantes pasen el grado. Es una pena terrible ¡Están  destruyendo verdaderamente el sistema de la educación! Se comprende un poco porque normalmente para el poder, para la política, es mejor tener que los ciudadanos sean incultos. Así les puedes hacer creer lo que quieras.

También hay un sesgo de género, ¿no? Todo lo que dices es peor para las mujeres, que son menos estimuladas a convertirse en intelectuales, y cuando lo son, son menos citadas.

-El problema es que en nuestra sociedad las mujeres pagan un tributo muy fuerte, porque vivieron siglos de represión, de dominación machista. En el sur de Italia hay generaciones de mujeres que no pudieron estudiar, porque la idea era que tenían que hacer familia e hijos. Hoy es diferente, claramente, pero pienso que el pensamiento de las mujeres es muy importante para el desarrollo cultural en estos momentos, el pensamiento feminista ha hecho un gran aporte a la humanidad.

Cuanto tú buscas pensadores clásicos o intelectuales que recomendar, ¿haces un esfuerzo por encontrar mujeres?

-Cuando publiqué “Clásicos para la vida”, algunas feministas me criticaron diciendo que cómo era posible que no mencionara a una sola mujer. El problema, es que efectivamente en la literatura clásica, no hay muchas. Yo les pedí que me recomendaran escritoras entre la época de Sócrates y el siglo XVI. Safo, me dijeron y nada más. El problema no es que yo tuviera una mala voluntad, sino que por las condiciones históricas simplemente no se permitía a las mujeres participar del pensamiento. Sin embargo, en otro de mis libros que está por publicarse, he incluido intelectuales mujeres que corresponden a períodos posteriores, a los siglos XIX, XX.

Ahora, cuando hablamos de los clásicos, creo que lo importante no es la nacionalidad. Si leemos a Homero, no es griego, ni chileno, ni italiano, es de todo el mundo. La conmoción de leer Cien años de soledad ha cruzado a generaciones. La belleza, te hace comprender que no es necesario poseer para gozar. La belleza te enseña la gratuidad. Eso significa que tenemos que cultivar nuestro espíritu, que te permite admirar una obra de arte, pero también una obra natural. Si tú visitas el desierto de Atacama, ¡Es una maravilla! El valle de la Luna, el valle de la Muerte, San Pedro, el color de la tierra, el cielo con las estrellas. Son cosas que te pueden, verdaderamente, hacer feliz.

De hecho, siguiendo tu idea, muchos millonarios tienen también la pretensión de que se puede poseer la belleza y tienen colecciones privadas de arte.

-Pero no comprenden nada. Es un escándalo del arte moderno. Muchos ricos compran obras para invertir dinero, no para comprender. Eso es lo triste. Las imágenes tristes de Palmira en Siria, cuando los locos fundamentalistas destruyeron los templos romanos. No hubo una movilización mundial para defender una obra de arte única e irreproducible. El ejército de Estados Unidos se moviliza para defender el petróleo, que hay en todo el mundo. Si se destruye un pozo, hay otro igual en otra parte, pero los aviones no despegan para defender un bien de la humanidad único. El desierto de Atacama no es chileno, ni el Coliseo es de la Italia, es de todos, porque todos los seres humanos frente a una obra de arte, frente a un paisaje, somos hermanos.

Qué le dirías tú a los padres que viven en la angustia de tener que elegir colegios según puntaje, según estándares, que quieren asegurarles a sus hijos una carrera. En Chile, hay niños que rinden exámenes de admisión a los jardines infantiles a los tres años de edad.

-Es una locura. Yo les diría que lo mejor que le pueden preguntar a un niño es cuál es su pasión. Yo me levanto cada día y soy un hombre feliz, porque tengo un libro, tengo un trabajo de un estudiante que corregir, cosas que son cosas muy importantes en mi vida. Para un  marinero, puede serlo salir a navegar. No importa el tipo de trabajo. Los campesinos pueden ser felices trabajando la tierra, si no son explotados. Me pueden llamar irresponsable, pero yo pienso que elegir la pasión es la mejor condición para hacer buenas cosas en la vida.

Yo elegí mi pasión. Mi papá me dijo que estaba loco. “Eres el primero de nuestra familia en ir a la universidad, ¿por qué no estudias Leyes? Así puedes ganar dinero. ¿Qué puedes hacer con la literatura? ¿Para qué sirve?”, me dijo. Bueno, yo soy feliz porque he elegido una cosa que era imposible y que la pasión hizo posible. En mis años de profesor, he visto a muchos alumnos que han podido realizarse en la sociedad, de una manera honorable. Además, si estudias medicina o leyes sólo para hacer dinero, ¿cuál es el nivel de ética que vas a tener cuando egreses? Para ti el enfermo será un cliente, no una persona. Eso es terrible, porque yo pienso que el derecho a la salud y el derecho al conocimiento son las dos cosas básicas de las dignidad humana. Si tú no tienes eso, no puedes tener dignidad. Esa es una cosa que no piensan sólo los humanistas. Por ejemplo, el economista y premio Nobel Amartya Sen escribió sobre un estado de la India que se llama Kerala, que era el más pobre. Después de que invirtieron mucho dinero en Salud y en Educación, su ingreso per cápita subió y se convirtió en el más alto de toda la India. Significa que invertir en la dignidad humana produce desarrollo económico. La locura actual es pensar que la economía se hace sola. Para ver los frutos, tienes que generar las condiciones y esperar. Esto es contrario a la ideología de la rapidez.

De la ganancia inmediata

-Hay un texto de Nietzsche, un elogio de la lentitud, maravilloso. Hoy estás apurado para hacer que el pollo engorde. La educación no es así. La rapidez no es buena para la educación, no es buena para la investigación científica. Por ejemplo, el programa de investigación científica, Horizon 2020, en Europa, que te permite postular a fondos, te pregunta: ¿Qué habrás descubierto al primer año de trabajo? ¿Al segundo año? ¿Al tercero? Y ¿cómo piensas aplicar todo esto en el mercado? La respuesta lógica es que si sé de antemano todo eso, para qué voy a investigar.

En Chile también los científicos tienen que llenar formularios y responder a preguntas como: ¿Qué va a ganar el país con su investigación?

-En La inutilidad de lo inútil tengo un ensayo final escrito para Abraham Flexner, fundador del Institute for Advanced Studies de Princeton, en el que reveló que toda la historia de la ciencia está llena de cosas inútiles que después han abierto caminos revolucionarios. Un ejemplo, cuando yo pregunto a los estudiantes: ¿Quién es el inventor de la radio? Todo el mundo responde: el italiano Marconi, pero los jóvenes no saben que antes de él dos científicos, Maxwell y Hertz, investigaron sobre la onda electromagnética. Los estudios teóricos de Hertz y Maxwell le permitieron a Marconi inventar la radio, pero si alguien le hubiera preguntado a Maxwell y Hertz para qué sirve estos estudios teóricos, seguramente ellos habrían respondido: para nada. Sirven para conocer. Si hoy no tenemos el GPS en el móvil, avión, barco, se lo debemos a la ley de la relatividad de Einstein, pero te aseguro que él no estaba pensando en esta aplicación cuando reflexionaba sobre la ley de la gravedad.