El mes de abril se inició con una noticia que remeció a la cinefília mundial: “Chilean master Raúl Ruiz’s unfinished first film gets restored and scheduled for premiere” señalaba en exclusiva el medio The Hollywood Reporter. Ruiz lo hacía de nuevo, el mismo director que señaló cuando aún vivía que “para mi los fantasmas representan el cuestionamiento de la frontera entre los vivos y los muertos. Los muertos pasan entre los hombres vivos, los vivos penetran en el mundo de los muertos… Y eso es exactamente lo que pasa de alguna manera en el cine”, nos mostraba que su propia muerte no podía ser un impedimento para seguir entre nosotros, sino más bien la forma de continuar traspasando aquel umbral para segur asombrándonos, ahora con una historia de… fantasmas.

El Tango del Viudo fue su primer largometraje, posterior a La Maleta, su primer corto que también estuvo perdido por más de cinco décadas hasta su estreno mundial el 2008 gracias al trabajo de recuperación realizado por la Cineteca de la Universidad de Chile, el Festival de Cine de Valdivia y el propio Raúl Ruiz. Filmada principalmente en su casa, se centra, como su título indica, en un hombre que es “visitado” por el fantasma de su mujer. La película anticipa aquel sendero que será tan propio del cine ruiziano, signado por la tensión entre lo real y lo fantástico, aquello que según él y sus cófrades hacía emerger el imaginario poético.

Una nueva película de Ruiz es por ende un milagro, un motivo de júbilo internacional y por lo mismo debería serlo de orgullo nacional. Sin embargo, y lamentablemente lo primero que surgió en Chile fue la más categórica respuesta funcionaria: la negación de los fondos para su financiamiento.

El cine de Ruiz también está lleno de funcionarios, de oficinistas cuya vida es totalmente imaginista, término asociado a la gente que anda “pajareando” como en las nubes, buenos para conversar y vagabundear, fuera de la caricatura gris que se asocia generalmente a aquellos personajes. Y si bien la exclusiva mundial la tuvo The Hollywood Reporter, mucho antes que ellos un grupo de jurados del Fondo de Fomento Audiovisual  supieron de este renacer, ya que la película postuló a dichos fondos del Estado de Chile para poder terminarse. Lamentablemente la decisión fue no entregarle los recursos. El punto no es tampoco caricaturizar el rol de jurados y evaluadores, sino más bien preguntarse: ¿Debe una obra maestra (tuve oportunidad de verla y lo es) de un director reconocido como el más importante de la historia de Chile, postular y someterse al criterio de un grupo de personas para que determinen si es dable o no de ser financiada? ¿No debería existir otro tipo de mecanismo para quienes tienen una trayectoria, prestigio e impactos comprobados?

Todos los años los resultados de los Fondos de Cultura dejan una serie de cuestionamientos. No sólo El Tango del Viudo se quedó sin financimiento, el Festival de Documentales de Santiago FIDOCS tampoco resultó beneficiado y su realización está en riesgo. Los festivales de cine son el principal espacio de resistencia contra el predominio hegemónico de las grandes producciones hollywoodenses, exhibiendo un cine artístico y social ausente de las multisalas. A su vez van mucho más allá de ser meros exhibidores de películas, abarcando procesos de formación de audiencias, diálogos ciudadanos, capacitación y apoyo a la industria cinematográfica nacional, siendo claves en la internacionalización de la misma. Son en resumidas cuentas espacios de encuentro e integración. FIDOCS, el principal festival de cine documental de Chile, sufrió lo mismo que años anteriores sucedió con Viña del Mar (el festival más antigüo del país) y Lebu (el principal certamen de cortometrajes). Las últimas tres convocatorias han visto como alguno de ellos no gana simplemente porque los escuálidos fondos designados para los festivales no alcanzan para todos. La decisión sobre quien resulta favorecido y quien no, no recae en un jurado (a diferencia del caso de El Tango del Viudo) sino que en una comisión que a su vez proviene del Consejo Audiovisual, organismo compuesto por personas de la mal llamada industria cinematográfica. En términos prácticos, las autoridades descansan en el hecho que las decisiones con respecto a los financiamientos a proyectos de los distintos concursos de cultura recaen en profesionales del mismo ámbito que son llamados para deliberar. Y esos profesionales, y no el Ministerio de Cultura ni el gobierno de turno, son quienes han dejado sin financiamiento al Festival de Documentales y a El Tango del Viudo.

El problema radica en que ese sistema genera estas aberraciones porque el financiamiento a proyectos de trayectoria debe ser una política de Estado que no debiese depender de un concurso.

Las alarmas a nivel internacional están más que encendidas. Resulta vergonzoso como imagen país que dos proyectos emblemáticos estén en la noticia por no poder concretarse. El Tango del Viudo ya tiene su estreno mundial comprometido en un Festival Internacional Clase A para el 2020 y sus autoridades aún no logran entender que un film de ese calibre no tenga asegurado su financiamiento nacional. Ruiz tiene una legión de admiradores en todo el planeta, y este resurgimiento no sería posible sin el tezón de su viuda Valeria Sarmiento, que junto a Chamila Rodríguez y Galut Alarcón ya lograron otro imposible: rescatar La Telenovela Errante, la que se creía la última película que veríamos del maestro chileno. Ruiz desde el más allá y su equipo están empecinados en lo contrario, al igual que el equipo de FIDOCS que se resiste a morir. Solo 4 festivales en Chile tienen más de 20 versiones ininterrumpidas más un claro prestigio e impacto. Los tres primeros son de regiones: Viña (30 ediciones), Valdivia (25 ediciones) y Lebu (20 ediciones) más el santiaguino FIDOCS (22 ediciones). Es tiempo que el Estado reconozca que la trayectoria no debe estar sujeta a la concursabilidad, y que las autoridades del reciéntemente creado Ministerio de Cultura diseñen una política acorde a la importancia de películas como la de Ruiz-Sarmiento y de los festivales nombrados, que permitan su existencia más que su sobrevivencia.

Los fantasmas dejémoslos para Ruiz y las películas, no para las políticas públicas.

 

Columna de Raúl Camargo, director Festival de Cine de Valdivia.