En 2011, un grupo de exmandatarios, empresarios e intelectuales entre los que estaban Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso, Richard Branson, Mario Vargas Llosa, Kofi Annan y Carlos Fuentes, declararon perdida la guerra contra las drogas y demandaron su despenalización. Vicente Fox (1942) no estuvo entre los firmantes de ese llamamiento —sí lo hizo su antecesor en el cargo, Ernesto Zedillo— pero el más mediático y controversial de los expresidentes de México (el escritor Antonio Ortuño dice que “no le para la boca y tiene el dedo más inquieto de las redes sociales”) se ha vuelto un ferviente embajador, abogado y promotor de la marihuana medicinal y recreativa. Primero desde su Centro Fox, donde alberga encuentros sobre cannabis y llama a poner “esta planta en manos de expertos, de médicos, científicos, empresarios y todos los que buscan mejorar la calidad de vida” y, desde julio de 2018, desde la junta directiva la transnacional Khiron Life Science Corp, de capitales canadienses y colombianos, con presencia en varios países de América Latina, entre ellos Chile y que cotiza en las bolsas de Toronto, Frankfurt y Nueva York.

Cuando se incorporó a Khiron, la empresa lo presentó como el encargado de “aumentar el nivel de educación y comprensión de los beneficios de la cannabis medicinal para toda América Latina”: algo así como un lobbysta. Fox dijo que esperaba cumplir su “sueño de reducir la violencia en México”. Fue justo al terminar su período presidencial, en 2006, cuando el mandatario entrante, Felipe Calderón, tomó la decisión de declarar una guerra contra el narcotráfico que, en estimaciones conservadoras, le ha costado a México unos 200 mil muertos y más de 30 mil desaparecidos.

Al teléfono desde la capital mexicana, en una entrevista que dura exactamente los 30 minutos comprometidos, Fox demuestra tomarse muy en serio su papel de embajador de la marihuana medicinal: “Todo son virtudes y ventajas”, dice, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud aún es muy cauta respecto de la necesidad de estudios controlados que demuestren la efectividad de los fármacos creados a partir del cannabis. Pero el exPresidente de México habla de investigación, creación de mercados, responsabilidad individual, y, muy liberal, declara que no es el Estado el que debe decidir qué hace cada persona con su salud. Se atreve a profetizar que una industria del cannabis legal implicaría crear “cientos de miles de empleos en América Latina en un plazo de tres a cinco años”.

—El primer paso de legalización abierto por la vía medicinal está resultando un éxito —dice—. Esto llegó para quedarse y trae importantes beneficios a las economías, a las personas, a las familias y a los sistemas de salud.

Esos beneficios tienen que ver con cuestiones médicas, pero ¿qué otras dimensiones del tema del cannabis incluyen?
—En el tema médico, todo son virtudes y ventajas, lo que pasa es que hay que ser prudentes: no resuelve todas las enfermedades ni atiende todos los males. Ha probado ser muy benéfico en enfermedades relacionadas con las neurosis, el cerebro, el Parkinson, ha probado ser excelente en el tema del dolor, tiene muchas ventajas en el estrés, tranquilidad, relajamiento, que es una parte fundamental para que las personas nos sintamos a gusto, confiados, bien. Entonces, el uso médico camina en esa dirección; también está usándose ya en productos de belleza, particularmente para el cutis y la piel, donde también tiene beneficios importantes.

Y por otro lado está el uso recreacional.
—El uso recreacional tiene la enorme ventaja de que no es dañino a la salud. En sí mismo el cannabis, mientras se utilice con moderación, funciona muy bien. Esos son los dos mercados. Ahora, en el mercado médico, yo estoy en el board de una empresa líder en América Latina, Khiron, una empresa colombiana y parcialmente canadiense, que está presente en Perú, Colombia, en México, en Chile, con partnerships para echar a andar los productos ya sea de wellness o belleza, y productos medicinales. Khiron trabaja con un método que consiste en un paquete de salud para el paciente específico: saber qué mal tiene o qué le interesa del cannabis; al diagnóstico sigue una prescripción, una receta de un médico profesional, para el buen uso de ese producto, y finalmente tiene un seguimiento que va de la mano con el paciente hasta que mejore del mal que padecía.

Una especie de tratamiento integral.
—Así es, porque hay mucho fake en esto, hay mucho engaño. Hay muchos productos que ni siquiera están hechos con las materias primas correctas, y que no tienen una garantía de investigación y de calidad. Lo sólido para conquistar el mercado es hacerlo como acabo de describir.

La lucha por la liberalización y la legalización del cannabis, en América Latina y particularmente en Chile, ha sido una lucha desde los propios ciudadanos, desde la autogestión, el autocultivo, el uso personal. Y empresas como la que usted describe y otras, representan un modelo distinto: una transnacional con capitales de diversos países, y que recurre a personajes públicos como usted mismo para promover sus intereses. ¿No hay un choque entre dos puntos de vista, dos enfoques respecto de la legalización?
—No hay tal choque, y te digo por qué: porque es un proceso. Estamos partiendo de algo que era prohibido, y no solo prohibido, penalizado, castigado incluso con cárcel, como en Estados Unidos. Entonces es un producto que viene con una carga negativa muy poderosa. Conforme va avanzando el entendimiento en la opinión pública y se van ventilando las ideas y los conceptos alrededor del cannabis, se va comprendiendo que no es esa planta dañina, perjudicial, que además llevó a escenarios de violencia espectaculares por haber caído en manos de criminales que hicieron un pésimo uso de ella. Esto ya está resuelto en la mayor parte de los países: se está arrebatando esta planta de manos de los criminales para ponerla en manos de académicos, de doctores, de empresarios, de gobiernos que van a cobrar impuestos y regular su uso. El cambio de paradigma, de un mundo oscuro, criminal y underground, a estar a la luz pública y en manos de investigadores, ha llevado a fuertes inversiones de capital. Es un proceso que se inicia con la persona, con el consumidor, pero conforme entran las inversiones se vuelven empresas que dedican muchísimos recursos a investigación y desarrollo de nuevos productos. Estamos viendo una industria naciente que en apenas cinco años ha tenido un crecimiento espectacular. En Canadá el cannabis estaba en manos de pequeños productores, pero una vez que lo legaliza el gobierno, explota y arranca como una gran industria, con inversiones de billones de dólares. Hay que integrar las dos cosas: hay que tener empresas grandes y hay que tener microempresarios, como está por ejemplo configurada la industria automotriz, donde tienes una planta terminal que es un gigante global que atiende muchos mercados, y donde se hace el ensamble y la producción masiva, pero que se apoya en muchos productores de segundo y tercer nivel.

¿Usted tiene alguna estimación de números concretos para América Latina, en términos de empleo, inversiones, etcétera?
—Es difícil prefigurarlo, porque estamos empezando. En los mercados ya más atendidos, por ejemplo Colombia, la empresa en que yo estoy ya tiene 350 empleados, pero gente trabajando en la industria en Colombia ya son miles. Y en el caso de México, apenas se está abriendo el uso médico legalizado, no existe la regulación y por lo tanto no pueden operar las empresas, los productores, los agricultores de manera legal. Pero sí puedo asegurar que por los montos de las inversiones, que son billones de dólares para producción, para investigación, para abrir mercados, seguramente va a ser una industria pujante con decenas de miles, cientos de miles de empleos en América Latina en un plazo de tres a cinco años.

Sobre Colombia, usted ha dicho que ha conversado largamente con el Presidente Iván Duque respecto de este tema, porque hubo un cambio de enfoque, desde la mirada más liberal con Juan Manuel Santos, a una más restrictiva ahora.
-Como señalé al principio: el mejor de los mundos es la legalización del uso médico. Esa casi no enfrenta dificultades, y precisamente en Colombia el uso médico está perfectamente regulado, está operando de manera muy útil para la economía y los consumidores. Pero el uso recreacional todavía no es legal en Colombia, y el Presidente Duque tiene que manejar políticas públicas para un mercado no legal de uso lúdico que tiene que tener control y regulación; y por otro lado está impulsando un mercado de uso médico que está generando empleos, impuestos, inversión y crecimiento. Es una situación dual. Otro mercado en condiciones similares es el de Estados Unidos. Hay 32 estados que han aprobado el uso médico, pero solo seis el uso lúdico o recreacional. La industria se va abriendo espacios, haciendo camino al andar: eso es lo excitante, lo atractivo de esta industria, que está llena de millennials, de jóvenes muy preparados, con grados académicos, que la están impulsando y aprendiendo día con día por dónde hacerlo. Y una cosa que es absolutamente indispensable es el comportamiento ético. Porque si empezamos a ver engaños, productos de mala calidad, o malos manejos de los dineros, esta industria se va a derrumbar: requiere un alto grado de compliance con las regulaciones, pero también por encima de las regulaciones. Así la industria se protege a sí misma.

¿Qué pasa con los diferentes puntos de vista que existen respecto de la utilidad del cannabis? Porque incluso dentro del ámbito médico, hay investigaciones contradictorias, y opiniones muy fundadas que plantean que no es inocuo y puede resultar peligroso en algunos casos, gatillando patologías siquiátricas, entre otras. No es tan unilateral la visión médica sobre el cannabis, ¿cómo enfrenta eso la industria?
—Hay ciertamente los dos puntos de vista. Hay quienes todavía guardan un alto grado de escepticismo, y hay quienes aún tienen en mente el mal uso del cannabis cuando no tenía control de calidad alguno, cuando no había regulaciones, cuando estaba en manos de criminales. Hay un sinnúmero de médicos trabajando en hospitales, en las secretarías o departamentos de salud de los gobiernos, que tienen un desconocimiento total de qué estamos hablando y todavía traen aquella imagen anticuada. Cada vez que hacemos una presentación, con Khiron y Centro Fox, la Biblioteca Presidencial aquí en México, hacemos un esfuerzo gigantesco de difusión de conocimiento, de seminarios, de diplomados, de conferencias, donde se presenta justamente esta doble realidad: quienes dicen que no sirve para casi nada y quienes, ya con pruebas en la mano, dicen: “para esta enfermedad sirve” y presentan casos reales. Todavía hay un debate sobre para qué sirve y para qué no. Lo único que está probado es que no daña: la cannabis no es una planta que haga daño; no hace el daño que hacen el tabaco y la nicotina, no hace el daño que hace el alcohol, no ha matado a ningún ser humano. La inversión en investigación va descubriendo nuevas propiedades y nuevas virtudes y, repito, es sorprendente lo que se ha avanzado en cinco años.

Parte de este enfoque de liberalización tiene que ver con el altísimo costo que ha pagado México por ser proveedor de drogas sobre todo para el mercado norteamericano. ¿Qué pasa con el resto de las drogas ilegales? ¿Cómo se relaciona esta mirada con lo que ocurre con la cocaína, la pasta base, las drogas sintéticas?
—Te doy dos respuestas. Primero; por qué el Presidente Vicente Fox está tan involucrado en esto: porque he sido un activista en los procesos de legalización ya por diez años. Porque tengo la convicción profunda de que con esta medida de legalizar le vamos a quitar a los carteles de la droga buena parte de su fortaleza, les vamos a quitar la mitad del dinero de que hoy disponen. Y por tanto, en un país como México en que hay tanta violencia derivada de las drogas, este es un remedio. En el Centro Fox pensamos que legalizar es salvar vidas: vamos a salvar muchísimas vidas de personas que hoy están siendo asesinadas en las calles de México. Por otro lado, pienso que legalizar permite sobreimponer el lado bueno de esta industria sobre el lado criminal, y doy testimonio de esto: me ha tocado ver a personas que estaban en el lado criminal, que producían, distribuían, vendían, que ahora están en el lado empresarial, en el lado bueno del cannabis. Creo que la autoridad tiene que ser complaciente, no seguir persiguiendo a aquel que participó en la vieja industria, sino dejarlo que se integre a la nueva industria. Veo también esa ventaja, lo he visto en el estado de Washington, en California, en Canadá: personas a las que yo conocí cuando la industria era criminal e ilegal, ahora participan muy profesionalmente en la industria legal.

Eso es casi como plantear una amnistía para quienes se quieran integrar a este nuevo sistema, ¿algo así?
—Sí, el caso es qué grado de criminalidad tenía esa persona. Si esa persona, como las hay en México, mataron decenas de gentes en sus actos criminales, va a ser difícil que tenga un perdón y aparezca en la nueva industria. Pero aquel vendedor en la cuadra de la esquina, aquel pequeño agricultor, empresario, distribuidor, hoy se integra a la nueva industria. Es lo que me ha tocado ver.
Finalmente un comentario sobre mi posición: yo soy partidario de que se legalicen todas las drogas. Porque quién tiene que cuidar de su salud es la persona. No es el Estado, el gobierno, el que le va a imponer a usted conductas o comportamientos, no tiene el Estado el derecho de obligarme a hacer una cosa u otra mientras yo no afecte a terceros. Por eso creo que el uso responsable, cuando todas las drogas estén legalizadas, es responsabilidad del usuario, y para eso se requiere educación, información y prevención. Y dejar que el ciudadano tome su propia decisión: si quiere matarse es su problema.

Una posición liberal muy clásica y muy estricta.
—Jamás los gobiernos han tenido la capacidad, basados en prohibiciones, de resolver la salud de las personas. Llevamos 50 años de esta guerra contra las drogas, y han sido 50 años de fracasos. Tenemos que educar e informar a las personas, para que ellas tomen, en el ejercicio de su libertad, decisiones responsables.

¿Ha tenido oportunidad de conversar con el Presidente Sebastián Piñera sobre este tema?
—No con él, con el Presidente Lagos platiqué muchas veces, él es uno de los pioneros en esta idea de la legalización, pero con el Presidente Piñera no he tenido la oportunidad de platicar. Quizá ahora que vaya yo por allá la tenga.

No puedo dejar de preguntarle por la situación de México, que está en una impasse muy complicada con su vecino del norte. Todos los días leemos noticias sobre detenciones o rescates de migrantes, sobre las posibles sanciones del Presidente Trump. ¿Cómo ve usted a México en este momento?
—Estamos en una situación sumamente preocupante, con dos populistas, uno en Estados Unidos, de extrema derecha, el señor Trump, que es un populista y un demagogo; y otro en México, que es un populista y un demagogo de extrema izquierda. Estamos en manos de estos dos personajes y eso es muy preocupante. Yo por eso tengo una gran admiración por Chile: Chile ha sabido manejar un basamento político de manera ejemplar para toda América Latina, ha logrado combinar políticas sociales o de socialismo con políticas de democracia cristiana, y lo ha sabido hacer con maestría. Eso es lo que no tenemos ahorita aquí en México. Los migrantes están siendo presionados brutalmente, por el error que cometió el Presidente López Obrador de haber abierto las fronteras de par en par, de haber ofrecido empleo y visa a todos los que entraran, y cientos de miles tomaron el camino de México para seguir a Estados Unidos. Por el otro lado el señor Trump impone severas amenazas, y el señor López Obrador cede la soberanía nacional, se supedita al mandato del señor Trump. Hemos perdido toda autoridad moral en el tema, y hoy el señor López Obrador es un lacayo del señor Trump. Espero que esto se corrija en el futuro: primero, que no le den la reelección al señor Trump, y segundo, que en la próxima elección intermedia en México le quitemos el Congreso al señor López Obrador, que regresemos a la normalidad democrática, que regresemos al equilibrio de poderes, que los presidentes paren de hacer locuras y se sometan a los congresos respectivos.

¿En qué sentido ‘hacer locuras’? ¿Le parece que la política del Presidente López Obrador ha sido errática?
-Es errática totalmente, es populista totalmente, es demagogia pura, no hay plan de gobierno, no hay hoja de ruta, no hay respeto al presupuesto. Finalmente el populismo latinoamericano llegó a México, para desfortuna de todos los mexicanos.

¿En su opinión, Trump tiene posibilidades de reelegirse?
-Me parece que los demócratas están haciendo su tarea de resistencia, están generando buenas candidaturas, creo que hay buenos liderazgos y aunque el Presidente en ejercicio siempre corre con ventaja, confío que en esta ocasión el Partido Demócrata le gane la partida a Trump y al Partido Republicano. Espero que así suceda.