“Vuelvo a los quads luego de estar un año y medio fuera de la actividad. Estoy contento y motivado, renovado totalmente y vuelvo con más ganas que nunca. Vuelvo con las mismas ganas que cuando comencé. Tengo mucha hambre de victoria, en los últimos años eso ya no era así, es por eso que me tuve que tomar un año y medio para renovarme por completo”, dice de entrada Ignacio Casale, “el Perro”, como lo apodan, en una soleada tarde invernal.

No llega solo, lo acompaña su mascota Mica, una cachorra de un par de meses que le roba el corazón. “¿Dónde anda? Que no se vaya a perder”, dice durante la conversación, en la que reconoce que no le molesta para nada que el Dakar deje Sudamérica.

“No sé si hubiese vuelto a correr el Dakar si la prueba se mantenía en Sudamérica. Es un ciclo que ya se cumplió”, afirma el piloto, quien acaba de firmar con el equipo Dragon, una escudería satélite de Yamaha, para correr en Arabia Saudita la próxima versión de la prueba arriba de una cuatrimoto, el mismo vehículo con el que se coronó campeón por primera vez de la prueba, en 2014, en el recuerdo más dulce de su carrera deportiva.

¿De verdad te choreaste de competir? 

-En los últimos años sentí que corría por obligación, sentí que corría por necesidad. Cuando me iba a entrenar, cuando me estaba vistiendo, por dentro decía: “¿Qué estoy haciendo acá? No me gusta, estoy obligado”. Y mi profesión es muy riesgosa, donde tienes que estar con todos tus sentidos al máximo y con la pasión encendida a full, porque una desconcentración o un error, te puede costar la vida. Entonces o hacemos bien las cosas o es preferible no hacerlas. Por eso me tomé este año, para que se me vuelva a prender la llama de la pasión, para volver a correr motivado y con hambre de victoria como lo hacía antes.

¿Por qué te sentiste obligado a correr? ¿Obligado por quién?

-De todo el círculo. Soy muy exigente, entonces mi primer Dakar lo gané el 2014, después me demoré cuatro años en ganar el siguiente y entre medio pasaron muchas cosas, entonces eso te va agotando un poco. Había cosas que me hacían ruido: La misma gente, los mismos periodistas, algunas marcas también que me metían un poco de presión.

¿Eso te hizo cambiar la mirada de este deporte?

-Si puedo ganar el Dakar lo voy a hacer, sé que soy un piloto competitivo. Sé que le puedo ganar a cualquiera si me entreno de la manera que corresponde, y si no lo gano bien también. Volveré el próximo año a intentarlo. La vida sigue, voy a seguir respirando, no me voy a morir por no ganar un Dakar y ahora me lo tomo así, más relajado. Quiero empezar a disfrutar más de mi profesión, más de los viajes, del mundo, de los momentos, porque siento que en mis últimos años compitiendo eso no ocurrió.

¿Te saturaste?

-Cuando gané el Dakar 2018 me bajé de la moto y le dije a mi familia: “No ando más en moto. No quiero correr más, no me hablen de motos porque no quiero saber nada”. Me saturé. Para ganar ese Dakar entrené 15 mil kilómetros de entrenamientos privados, más cinco mil o seis mil kilómetros de carrera. Entonces fueron muchas horas de competencia para intentar ganarlo y eso hizo que ya dijera basta. No quiero correr más, hasta ahora. Lo estaba pasando mal y para qué, si lo puedes pasar muy bien. Me tomé todo ese año sin hacer nada, no entrené nada, no me subí a ni una moto hasta que me empezaron a dar ganas de a poquito de subirme nuevamente. Y espero que esas ganas se mantengan en el tiempo.

¿Qué cosas hiciste en ese tiempo? 

-Uno se conecta con otras cosas. Al no correr la moto ni entrenar como lo hacía antes, tuve mucho tiempo para la familia, para concretar otros proyectos y eso me distrajo mucho e hizo que me volvieran las ganas con todo.

¿Qué proyectos concretaste?

-Más que proyectos, estar con la familia, hacer otras cosas, hace diez años que no podía hacer mi mayor hobby que era irme a pescar, porque esta profesión no te deja tiempo para nada. Yo entreno todos los días a la semana, incluyendo sábado y domingo de repente, por lo tanto no tienes tiempo para tus pasatiempos, para tu vida debajo de la moto, entonces hice cosas que no había podido hacer durante diez años.

¿En qué momento te diste cuenta que tenías ganas de volver a subirte a la moto?

-En abril de este año, más o menos. Ahí dije: “¿Sabís qué?, ¡vamos con todo!”. Tuve un viaje a Portugal a negociar con un equipo y en ese momento tomamos la decisión que lo mejor era volver a los quads porque ya estaba preparado, ya estaba listo con las ganas y la motivación de antes que era lo que buscaba para volver. Si no se volvía a prender la llama no creo que hubiese vuelto a correr. Tampoco habría vuelto si el Dakar se mantenía acá en Sudamérica. Creo que el hecho que se haya ido a Arabia para mí fue una inyección de adrenalina, una inyección de energía que me motivó también a volver con más ganas. Siento que en Sudamérica ya cumplió un ciclo y ahora quedan cinco años en Arabia donde intentaremos hacer las cosas bien para ganar nuevamente.

 

LA MUERTE

Casado, con familia, ¿es fácil ir a fondo y arriesgarlo todo?

-Mi plan profesional, hoy con 32 años, es correr hasta los 36, 38 años en quads ojalá hasta que salga un proyecto serio de correr en UTV en auto, donde a mí me aseguren que puedo ganar el Dakar en esa categoría, donde solamente me preocupe de entrenar. Así que esperemos poder seguir desarrollando esta carrera lo que más pueda, porque más que ponerle una fecha de término mi idea es correr hasta que sea competitivo, si el día de mañana o el próximo año ya no soy el mismo y no puedo ir en punta, ya no puedo ganar esta categoría, creo que en ese minuto lo más inteligente será dar un paso al costado porque soy un piloto competitivo, que me gusta ir en punta y para eso necesitas muchas cosas: entrenar muchísimo, horas de gimnasio, muchas horas de bicicleta y que lo que estás haciendo no te dé susto. El día que yo sienta miedo corriendo en moto me retiro automáticamente.

¿Por qué? 

-Es una profesión muy riesgosa donde tienes que correr 100% concentrado. El miedo te hace desconcentrarte y esa desconcentración puede hacerte tener un accidente muy fuerte.

¿Te has visto cerca de la muerte con un accidente fuerte? 

-En Uyuni, el 2016, me sacaron en helicóptero. No me acuerdo mucho, ni de antes ni después del accidente, pero me acuerdo que de repente todo se puso negro, salí volando y cuando me despertaron estaba en un helicóptero camino a un hospital. Ese tipo de momentos, porque han sido varios así, han sido unos cachetazos que me ha puesto la vida para aprender y decir: “¿Sabes qué, Ignacio? Esto lo tienes que hacer bien, motivado o mejor no hacerlo”. Una desconcentración en mi deporte, en mi profesión, significa mínimo una fractura entonces no es grato y no es entretenido que eso ocurra.

¿Cuál es tu visión de la muerte?

-Siempre está presente pero trato de no pensar en ello. Sé que siempre, hasta cruzando la calle, te puedes morir. Ahora mismo se te cae un árbol encima y puede pasar, entonces trato de hacer las cosas lo más profesional posible. Trato de disfrutar el día a día al máximo y cuando estoy compitiendo trato de no pensarlo porque el solo hecho que se te pase por la cabeza significa desconcentrarte y ese mínimo de distracción te puede llevar a cometer un error. Trato de hacer todo para minimizar el riesgo de tener un accidente.

En Uyuni, el 2016, tuviste un accidente muy duro, después en el hospital ¿pensaste que estuviste cerca?

-No creo que haya estado cerca, pero siempre está el ruido dándote vueltas. Siempre que estás compitiendo y te enteras de un accidente de un piloto ahí uno dice: “Chuta, ese podría haber sido yo”. En cada Dakar el número de pilotos muertos es uno o dos por año, entonces uno siempre dice: “Wow, me podría haber tocado”. Es un tema que lo tengo adentro de mi mente, pero muy lejano, no me gusta escarbarlo mucho.

 

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Bolivia 2016, cuando nos sacaron en helicóptero del Salar de Uyuni…volviendo de la guerra!

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¿Le mandas un mensaje a tus cercanos antes de una competencia, por ejemplo?

-Para nada. Soy muy solitario, la verdad que nunca he sido muy emotivo ni de decir: “Te quiero”, “te extraño”. Soy muy hermético y cuando estoy corriendo el Dakar no hay nada más en mi cabeza que ganar el Dakar. No pienso en nada más. Obviamente hay comunicación con mi familia pero no puedo estar pensando todo el día en la familia porque de esa manera no puedes ser campeón, por lo menos en mi caso. Es mucho el trabajo que hay que hacer para ganar un Dakar entonces de repente cuando queda un tiempo mando un mensaje al grupo familiar y ya está, pero el Dakar no te deja ningún rato libre del día para poder descansar, relajarte y echarte para atrás para escribir por Whatsapp.

¿Esta personalidad la adquiriste con los años en el circuito o venías de fábrica así?

-Con el pasar de los años, cuando me empecé a profesionalizar en el deporte me empecé a hacer cada día más hermético en lo que siento. Cada día menos sociable, por decirlo de alguna forma, porque claro mi trabajo es un trabajo donde ando solo todo el día. Cuando voy a entrenar al norte, los 15 mil kilómetros que entreno en el año, los hago solo. Me pongo el casco, sin hablar con nadie, diez horas por día. En el Dakar también, son 14 horas solo, sin hablar con nadie durante muchas horas y eso te va haciendo más hermético, más solitario, hasta llegar un punto en que te gusta. A mí me encanta estar solo, me gusta ir a la montaña solo, con mis tiempos, si es que me tengo que sentar en una roca a pensar cuatro horas lo hago. Me encanta y siento que eso me ha hecho un buen piloto de rally. Yo creo que todos los pilotos de rally tienen un cierto grado de esto que te estoy hablando. No es que nazca con esto, sino que siento que es algo que se va formando a medida que vas acumulando kilómetros arriba de la moto.

¿Trabajas con alguien en tu equipo que maneja el tema sicológico?

-Trabajo harto con el sicólogo deportivo Enrique Aguayo en la Clínica Meds. Mi carrera madre es el Dakar y me entreno todo el año para esa fecha, para correr dos semanas. Tengo otras carreras chicas durante el año, pero nuestra prueba madre es el Dakar entonces necesitamos estar motivados todo el año para llegar bien y para eso necesitas un trabajo sicológico muy fuerte. De repente te despiertas y dices: “No quiero andar en moto, no quiero ir más al gimnasio, no quiero más andar en bici”, y de repente tienes días donde quieres ir con todo, vamos a fondo y esto es así. Nosotros no somos de piedra, no somos de fierro, somos igual que el resto del mundo, tenemos momentos buenos y malos y es por eso que necesitamos, de repente, ayuda sicológica deportiva. En mi caso, para que me mantenga siempre lo más motivado posible y con el foco siempre puesto donde tiene que estar.

¿Tienes algo que te ayude o que te motive?

-Me gusta mucho la música, escucho mucha música y eso me motiva un montón. De películas no soy muy bueno porque me quedo dormido a los diez minutos porque hago muchas cosas en el día, entonces llegar a la casa, llego como el teléfono. Con el 1% de batería en el cuerpo y cuando me acuesto a ver una película no soy capaz. Lo mío es la música, los viajes y la soledad me hace pensar mucho.

¿Cuáles son los costos de esa soledad?

-La verdad no sé si tiene costos personales, o no los he sopesado. Pero sí, esto te aleja un poco de la familia. Para ser campeón del Dakar, independientemente de la categoría en que corras, tienes que estar entrenando todo el año, todos los días de la semana. El sábado y el domingo igual sales a pedalear, igual sales a hacer unos kilómetros de moto, entonces eso te pone lejos de tu gente y lo que a una persona normal le gusta hacer. Pero bueno esto es un ciclo y estoy viviendo mi sueño. Mi sueño desde chico fue ser piloto profesional de carrera, de cualquier cosa, pero quería como sea ser piloto profesional y lo cumplí. Y estoy viviendo ese sueño todavía. Son costos que vienen de la mano del mismo sueño, no creo que sea algo malo, sino que siento que con cada una de estas cosas uno va aprendiendo. Va valorizando más las cosas, y el día que me retire voy a aprovecharlas quizás con el doble de fuerza que lo haría hoy en día.

¿Cuándo partió este sueño de ser piloto?

-Cuando chico, mi papá siempre fue muy tuerca. Él corría cuando yo nací, en autos, en camioneta, en el Jeep Fun Race, una carrera muy famosa que lleva años, y así me metió el bichito por esto. Yo llegaba del colegio y le rezaba a Dios y le decía: “Oye, por favor, quiero ser piloto de carreras profesional”. Piloto de cualquier cosa, me acuerdo y hoy lo cuento como una anécdota, hasta que se cumplió. Luché, luché y luché hasta que se cumplió. Pero no fue un camino fácil, recién a los 24 o 25 años me pude hacer profesional. Tuve que perseverar durante mucho tiempo.

¿Y cómo es ese camino? 

-Aquí en Chile todos sabemos que es muy difícil ser deportista profesional. Yo vivo de las marcas que me apoyan, las marcas han sido un gran aliado en mi carrera deportiva. Sin eso no creo que esto haya sido posible. Y la familia, que es la que te ayuda a comenzar, a partir con este sueño. Después cuando empiezas a tener buenos resultados llegan los auspiciadores solos. Pero no tengo una receta para decirte que para llegar a ser piloto profesional tienes que llegar a hacer esta cosa y esta otra cosa, no. La perseverancia, el despertarse temprano todos los días a trabajar, el entrenar todos los días y trabajar. El trabajar y trabajar y darle, termina dándote lo que andas buscando. Creo que la perseverancia premia, el esfuerzo y el trabajo duro premian. Y a cualquier persona, no solo a los deportistas. Creo que eso es lo que pasó conmigo. Intenté tanto que aquí estoy. Busqué tantos caminos y cómo avanzar, que cumplí mi sueño.

¿Cuál fue tu camino en el deporte para llegar a esto?

Mi papá me llevaba los fines de semana a andar en moto, pero nunca mirándolo de manera profesional, a mí simplemente me gustaba. Era una entretención. Y cuando llegó el Dakar a Chile ahí se me empezó a meter más el bichito competitivo. Corrí muchos años en motocross pero recién me vine a hacer profesional el año 2011, 2012. No hay una receta, solamente seguí mi sueño y mis pasiones. Siempre he sido una persona que hace lo que le gusta hacer. Y creo que voy a seguir haciéndolo durante el resto de mi vida.

 

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LA CARRERA MADRE

¿Por qué se va el Dakar de Sudamérica?

-Creo que cumplió su ciclo. Todo tiene un ciclo en la vida, ya estuvo 10 años en Sudamérica y es por un tema comercial. Entre Perú, Chile y Argentina juntaban seis u ocho millones de dólares, y Arabia Saudita llegó ahora con 75 millones de dólares. Entonces ¿qué haces frente a eso? Obviamente partes con todas tus cosas y te vas a Arabia Saudita porque finalmente ASO, quienes organizan este evento, es una empresa, ellos quieren lucrar y es su negocio. Nosotros simplemente somos los pilotos de la carrera, la intentamos ganar, pero para ellos obviamente el tema monetario es muy importante. Sobre todo que después de diez años la llamita del Dakar, la efusividad, se fue apagando. Hubo mucho ruido mediático, los medioambientales, y eso hizo que el Dakar en Sudamérica perdiera fuerza de a poquito hasta que los árabes agarraron la oportunidad y se lo llevan por cinco años para allá.

¿Te aburrieron las críticas de los medioambientalistas por el paso del Dakar por Chile?

-Los últimos años, cada vez que me invitaban a programas de televisión, me invitaban solamente para preguntarme cosas medioambientalistas y yo soy un piloto. Yo voy hablar de deporte y esos temas se los deben preguntar a los mismos organizadores, o a las personas que hacen la ruta. Me aburrí de hablar de eso y es más, dije ahora que vuelvo con todo a correr, no pienso hablar más de ese tema porque me terminaron agotando. Siempre les ponía este ejemplo a los periodistas cuando me invitaban a los programas. Es lo mismo que preguntarle a Alexis (Sánchez) o Arturo (Vidal) qué piensan cuando afuera del estadio los barra brava se agarran a cuchillazos o se drogan. No estamos para hablar de eso, estamos para hablar de cosas deportivas. Eso hay que consultarlo con los organizadores y los que saben del tema.

¿Te gusta el reconocimiento de la gente en la calle?

-Sí, siempre es bonito que te reconozcan porque se ve reflejado en esa sonrisa, en esa foto que te piden, todo el esfuerzo que uno le ha puesto a esto para llegar hasta donde estamos. En los diarios y la tele siempre salimos por los triunfos, pero no muestran todo lo mal que lo pasamos. El 90% restante, que es el empuje, el despertarse temprano, el pasar frío en las mañanas, entrenar, sacarse la cresta, fracturarse, las operaciones, entonces eso a mí me llena de energía.

¿Cuál es el momento más feliz de toda tu carrera? ¿El paso por Valparaíso después de ganar tu primer Dakar el 2014? 

-Sí, mi primer Dakar, el momento más feliz, inolvidable. En Valparaíso, la plaza Sotomayor llena, nunca me voy a olvidar. Muy bonito recuerdo. Cada vez que veo ese video en Youtube se me acelera el corazón y siento la misma sensación que cuando estuve ahí. Es algo muy emotivo. Y el Dakar 2018 cuando volví a ganar nuevamente también fue muy lindo, pero no fue la misma sensación que la primera vez.

¿Y cuántas fracturas te ha costado, Ignacio? 

-No tengo tantas, la verdad, pero tengo algunas importantes. Tengo una importante en la clavícula, esa fue la de Bolivia en 2016. Tengo unas seis costillas del lado izquierdo quebradas. Tengo el tobillo derecho fracturado, tengo cinco o seis dedos de la mano fracturados también, el nervio femoral me lo dañé entrenando en Ritoque en un impacto muy fuerte con la línea del tren, y algunas lesiones de tendones en las manos sobre todo. Ese fue mi gran problema en los últimos cuatro años de mi carrera deportiva, mucho dolor en las manos, mucho dolor en los tendones, donde antes de los Dakar me tenía que infiltrar cinco o seis veces cada mano. Y eso hizo también que me replanteara todo y dijera: “Hey, ¿qué quieres para tu futuro?”. Esto o tener una vida normal. Por eso con ese año que me tomé pude recuperar, sanar el cuerpo y sanar lesiones, hacer bien la kinesiología para poder llegar con menos dolores a la hora de volver.

¿Qué es más fuerte, las molestias físicas o mentales? 

-Buena pregunta. Yo creo que el tema sicológico. Las fracturas y los dolores físicos son momentáneos. Después llegas al doctor, te da algún remedio y se te pasa, pero cuando te falla el mate no hay remedio tan efectivo. Para mí es más difícil sanar ese tipo de lesiones que las se pasan con una placa o una operación, pero cuando no funciona lo de arriba, no funciona nada para abajo.

Revisa la entrevista completa de The Clinic a Ignacio Casale: