En septiembre de 2018 ardió Troya en el Colegio San Francisco de Quito. El motivo: la negativa de estudiantes de un curso de tercero medio de leer un libro indicado por su profesor de Lenguaje y Comunicaciones. El texto en cuestión era “La esquina de mi corazón”, escrito por Pedro Lemebel, el cual los jóvenes indicaron como “asqueroso” por abordar temas de diversidad sexual. La polémica se viralizó en los medios de comunicación y el docente fue despedido del colegio, decisión que se dio a conocer públicamente en enero de 2019.

En esta entrevista el académico rompe el silencio y conversa con The Clinic sobre lo ocurrido en el establecimiento, pero también de otros temas como Aula Segura, el profesorado y cómo cree que debería ser la educación pública. Prefiere no revelar su nombre ya que teme que eso puede generarle problemas en su nuevo trabajo. Es joven, usa zapatillas y se le quiebra la voz cuando habla sobre lo que ocurrió en el colegio. Aún así, mantiene su punto de vista de forma apasionada sobre lo que vivió, pero también sobre su opinión de la educación en Chile. “La escuela pública tiene que entender la educación no solo es reproducir contenido, sino que acá estamos formando seres humanos y esos seres humanos tienen que ser integrales. Entonces una educación pública tiene que aportar a las habilidades, pero también al conocimiento”, dice.

¿Cómo estás ahora después de lo que pasó en el Colegio San Francisco de Quito?

-Ahora estoy trabajando en una escuela subvencionada. Me ha costado sí retomar el hilo. Me ha costado volver a pararme frente a un curso, volver a tocar ciertos temas, porque uno queda con el miedo, ¿no? Miedo también a retomar el trabajo pedagógico porque si bien ocurre la situación de rechazo a la lectura, el tema del despido, la violencia viene desde mucho más atrás.

Estoy tratando de recuperar el encanto por la pedagogía, pero por lo menos en el espacio en que estoy no soy acosado laboralmente, que es lo que desencadenó la enfermedad en la cual también estuve con licencia y que finaliza conmigo solicitando terminar el año escolar en otro establecimiento que no sea el San Francisco de Quito.

¿A qué te refieres cuando dices que el miedo viene de mucho más atrás?

-Lo que pasa es que yo entré a ese liceo en 2016. Ahí siempre han existido, y siguen existiendo, situaciones de discriminación, de homofobia, de machismo por parte del equipo directivo. Nosotros ingresamos a ese espacio con un colega que planteó estas situaciones en un consejo de profesores, para tratar de trabajarlas siempre desde un ánimo constructivo, pero a ese docente lo empezaron a criticar mucho diciendo que ello no existía.

Al lado hay un liceo de mujeres, entonces el director decía que si acá había machismo al lado había feminismo. Dijo también que no había racismo porque contrataban a gente extranjera. Esos fueron los grandes argumentos y yo ante ese escenario respaldé a mi colega y ahí la cosa se vino mal.

¿Y por qué motivo entonces decidiste hacer leer a Lemebel a estos chicos?

-Decido hacer leer a Pedro Lemebel porque se había trabajado con anterioridad y consideré oportuno en ese momento darlo a leer en el sentido de poder ser un pie para trabajar estas temáticas que en la escuela nadie trabajaba y donde están ocurriendo una serie de situaciones de discriminación. Entonces, como docente uno no sólo tiene la función de pasar contenido, sino que también tiene la función de formar en derechos y en el respeto de éstos, decidí dar a leer a Lemebel porque me iba a permitir trabajar ciertas temáticas y porque también iba a mostrar, de acuerdo al contenido, el cómo se construía y cómo se visualizaba.

Pero es también un libro que toca temáticas sexuales. ¿Cuál es la diferencia con otras lecturas similares como, por ejemplo, ‘Juventud en Éxtasis’?

-Hay una diferencia gigantesca. En primer lugar, Juventud en Éxtasis es un libro que escribe un Opus Dei en términos concretos. Entonces apunta hacia una mirada más conservadora.

Con Lemebel, si bien es un libro sexualizado, va más allá de eso. Tiene que ver con cómo se construye una ciudad, cómo se construye un sujeto, y cómo se construye un sujeto desde la diversidad. Entonces la intencionalidad fue abrir cierto el espacio de debate y de discusión.

Ahora bien, uno puede entender que se haya generado este problema, pero este problema se pudo haber resuelto de mejor forma desde el equipo directivo. Quizás se pudo haber parado esa lectura, o pudo haberse acompañado, por ejemplo, de talleres, de diálogos, de tratar la temática, no de esconderla y eso fue lo que no se hizo. Finalmente, esta temática se lleva a una votación a mano alzada. Entonces, se ponen dos cosas en cuestión: que uno está de acuerdo con la libertad de expresión, con la libertad de elegir, por supuesto, pero también uno como docente y una institución tiene la obligación de mostrar una mirada distinta, de mostrar un bagaje cultural distinto, una sociedad distinta, porque si no seguimos repitiendo lo mismo. Yo creo que la educación es eso también. Su función es construir sujetos para que sean respetuosos en la sociedad en la cual van a convivir.

Esta negativa proviene de los mismos estudiantes que son los que, luego, les dicen a sus apoderados. ¿Por qué crees que eso sucede desde los jóvenes? Jóvenes que uno piensa vienen de un contexto de mayor apertura.

-Eso fue para mí en verdad lo más chocante, fue lo más complejo de una u otra forma. Yo creo que eso se suscita a raíz de un proyecto educativo en el cual quizás no logré visualizar que estaba tan anclado en los estudiantes. Es un proyecto educativo que, desde primero básico, los inspectores, los profesores en su mayoría les dicen a los niños siéntese como hombre, no llore como niñita. Entonces son esos comentarios los que van reforzando una masculinidad que cuando se llega en ese instante se pone en tensión, y que finalmente produce rechazo.

Es más, yo tuve un estudiante homosexual en el liceo que la pasó muy mal. La pasó tan mal que casi pierde el año escolar. A él le censuraron un video porque su video decía “soy gay, respétame”. El director, argumentó que los niños no tenían por qué saber que existían los gays. Ese sistema educativo es el que hoy día impera en Independencia y el cual avala el alcalde Gonzalo Durán.

Vertiente autoritaria

¿Crees que ese sistema educativo está en otros colegios o liceos de Chile, además de Independencia?

Sí, por supuesto. Yo creo que vivimos en un país que está en un proceso de batallar o de abrir estos espacios de diversidad, pero lamentablemente las escuelas tienen muchos bastiones conservadores.

Sin embargo, esto sucede en una escuela pública laica

Sí, para mí eso es lo más preocupante porque uno podría entenderlo en una escuela católica porque hay un proyecto educativo al cual los papás adscriben. Entonces uno profesor también tiene que adscribir en un proyecto de ese tipo. Pero cuando uno como docente trabaja en una escuela pública porque tiene un compromiso con la educación pública, uno trata de construir espacios educativos distintos.

A propósito de esta vertiente más autoritaria en los colegios, ¿qué opinas de Aula Segura y sobre lo que está pasando en el Instituto Nacional?

Yo creo que los conflictos no se solucionan con más represión. Los conflictos se solucionan con diálogo. En ese sentido, estoy en desacuerdo con Aula Segura. Yo creo que hay una situación en la cual no se le responde de manera concreta al estudiantado. Obviamente hay situaciones de violencia que se tienen que trabajar, se tienen que dialogar. Pero la cosa no se resuelve amenazando, por ejemplo, como lo hace el alcalde Alessandri de cerrar Instituto Nacional.

¿Cómo crees que deberían abordarse estos conflictos en las escuelas?

La solución al conflicto es siempre sentarse a conversar, entendiendo, sobre todo, que son niños, adolescentes que están en formación. Entonces es lo mismo. Estas situaciones, por ejemplo, que ocurren en el Instituto Nacional, que ocurrieron en el colegio San Francisco de Quito debisen ser oportunidades para las comunidades educativas para mirarse hacia dentro y para escuchar lo que está sucediendo, pero no para reprimir en este caso al estudiantado. Y menos amenazando con cerrar un Instituto que tiene una larga historia y que es un bastión de la educación pública.

Educación Pública y profesorado

¿Cómo crees que debería ser esa educación pública?

Una de las grandes situaciones del profesorado tiene que ver con que hay que entender la educación pública desde su heterogeneidad. Hoy día la educación pública está entendida desde la homogeneización, desde la estandarización, del creer que las escuelas son pequeñas empresas en las cuales lo que importa es netamente los números y el rendimiento. Entonces la escuela pública tiene que entender que no solo la educación es reproducir contenido, sino que acá estamos formando seres humanos y esos seres humanos tienen que ser integrales. Entonces una educación pública tiene que aportar a las habilidades, pero también al conocimiento. Tiene que aportar a la participación de todos sus estamentos desde el espacio de discusión. Siempre educando, cierto, pero debiese ser así porque hoy día la educación pública como la entienden los directores o el gobierno tiene que ver con resultados. Hoy día lo único que miran las escuelas son el Simce, por ejemplo, entendiendo que no es lo mismo trabajar en situaciones vulnerables, donde las necesidades del estudiantado se relacionan con situaciones de drogadicción, de violencia, de ausencia de la familia. Entonces, no le pidas a esa escuela tener un buen resultado Simce, cuando lo que está intentando el profesorado ahí es que ese niño no la abandone. Entonces no podemos comparar a todos los colegios por igual. Yo creo que el gran problema es la estandarización y el agobio también que vive el profesorado.

¿El sistema educativo, según tú, está preparado para las necesidades de los niños y adolescentes de hoy?

No. Como lo decía con anterioridad, la estandarización va contra las necesidades de hoy día. Hoy día tratamos de obtener resultados de compresión lectora, pero las escuelas no están en función de que les guste leer, por ejemplo. Cuando tú quieres obtener resultados de compresión lectora solamente por el sello Simce, le mataste al niño las ganas de leer. Entonces no está preparado en eso. Está disociado de la realidad, está descontextualizado.

Y no pasa por los profesores. Yo creo que pasa en cómo se estructura la educación porque muchos de nosotros queremos hacer cosas distintas, pero son los que administran la educación los que no lo permiten por priorizar el Simce, por ejemplo. Cuando el presidente del Colegio de Profesores en una entrevista decía “es que en verdad estamos tan llenos de papeles que no sirven”, eso es tan cierto, tan cierto que es una burocracia gigante, gigante. Y hoy día, por ejemplo, con 40 o 45 alumnos por sala tampoco podemos entender la diversidad, porque hoy día hablamos de diversidad, pero no se nos entregan las herramientas para trabajar verdaderamente esa diversidad. Un profesor que está agobiado, lleno de trabajo, con 45 alumnos en una sala de clases, es complejo. Por eso hoy día cuando el profesorado marcha y pide menos agobio laboral, pide mejores condiciones de trabajo, eso va a tener una repercusión cierta y concreta finalmente en los desposeídos de Chile.

Se decía mucho que la mala educación que se recibía era porque los profesores eran más viejos y venían con su carga del pasado, ¿crees que eso pasa en la actualidad?

Yo creo que siempre ha sido el discurso endosar toda una responsabilidad del tema educativo al profesorado. No creo que eso sea así. Si bien puede haber ciertas excepciones, como en todo ámbito de trabajo, el tema educativo tiene que ver con una estructura de educación porque hoy día tampoco hay una formación constante del profe. En el sentido de que los profes no tienen tiempo para hacer estudios para actualizarse. Sumado a que, por ejemplo, yo hago un magister, pero ese magister en términos monetarios no tiene ninguna retribución. Entonces también falta un espacio de motivación y, sobre todo, no están los tiempos. El profe está tan agobiado, tan estresado que al profesor lamentablemente le han quitado el espacio para opinar. Entonces si al profesor le coartan su libertad de expresión, ¿cómo le enseña a opinar a sus estudiantes? Si hoy día hay profesores que opinan y que son echados, como fue en mi caso, ¿qué pasa con los posibles profesores que quedaron en el San Francisco de Quito? ¿van a tener el valor de hablar? ¿les van a poder enseñar a sus estudiantes a tener una mirada más reflexiva y más abierta? No, porque hoy día el sistema educativo está constituido por el miedo producto de la inestabilidad laboral docente.

¿Te sumaste al paro de profesores?

No, lamentablemente, porque ahora estoy trabajando en un subvencionado y para un docente subvencionado un paro indefinido implica despido. Lamentablemente en Chile no hay derecho a huelga, pero sí participé en las movilizaciones, marchas y en todo lo que pude. También participé en una red de docentes movilizados que se gesta a raíz de esa movilización.

Gonzalo Durán

Respecto a lo de Gonzalo Durán, en un principio salió a través de los medios a repudiar el hecho de homofobia que había sucedido en el colegio, pero tú dices que fuiste echado de la comuna por él.

Yo siempre se los digo a todos mis estudiantes y a mi gente querida. Las personas se definen por sus acciones y no por sus palabras. El alcalde Gonzalo Durán salió con una polera de Pedro Lemebel y posó junto al Movilh. Pero, me gustaría preguntarle al alcalde, si él está tan comprometido y si repudió tanto eso, ¿por qué mantiene al actual director que lleva tres años de interino y no ha ganado concurso público? ¿Por qué mantiene al mismo equipo directivo ahí? ¿Por qué el alcalde que dice defender estos derechos trae de vuelta a la comuna de Independencia al ex director del Liceo San Francisco de Quito, que también fue cuestionado por docentes por situaciones de discriminación y machismo? ¿Por qué me saca de la comuna a mí?

¿Dónde sale que te saca de la comuna?

El 31 de diciembre se dice que se me pone fin a mi contrato de la comuna. Te das cuenta, porque cuando se me pone fin en el contrato yo estaba trabajando en el liceo 80 porque pedí la transferencia por la violencia que sufrí en ese espacio. Y yo en ese otro liceo había presentado un proyecto educativo que le había agradado al director. Yo podría haber seguido trabajando en el 80, pero se puso fin a mi contrato, o sea, se me coarta de manera inmediata poder trabajar en cualquier lugar.

¿Volverías al Liceo San Francisco de Quito?

Con ese equipo directivo jamás. Por eso yo insisto que la victoria total, para que de verdad exista un cambio en esa comuna, hoy día el alcalde tiene que perder la elección y tiene que llegar otra tendencia, que no sea conservadora por supuesto, para que exista un cambio real.

A mí me gustaría resaltar que, si bien hoy día, por ejemplo, hay un acuerdo en el cual se termina un tema judicial, para mí la victoria sería que Gonzalo Durán pierda la próxima elección y que yo, más temprano que tarde, pueda volver a la comuna en la que, además, vivo y de la cual nunca tuve que haber salido. El acuerdo al que se llegó se logró a partir de no haber guardado silencio, lo que para mí es mi mayor victoria gracias al apoyo constante de diversos movimientos y diversas activistas de los cuales estoy profundamente agradecido.

¿Y con otro equipo directivo?

Con otro equipo directivo y, claro, con otra gestión dentro de la municipalidad que pueda hacer cambios reales en la educación que hoy día en Independencia deja harto que desear no por los profes, sino por la gestión del alcalde que se transmite en los equipos directivos, sobre todo en el Quito, y con la llegada nuevamente del ex director del Quito el alcalde está sepultando la educación en la comuna.