Seis historias para entender a Izkia Siches

Seis historias para entender a Izkia Siches

Fue uno de los personajes de esta tercera semana de marzo. La presidenta del Colegio Médico fue a La Moneda a hablar con Sebastián Piñera, sentó en una misma mesa a los timoneles de los distintos partidos políticos, se reunió con dirigentes de los profesores, habló con parlamentarios. Todo en su cruzada para optimizar la batalla contra la crisis desatada por el coronavirus. En este reportaje se cuentan seis capítulos de su vida personal, profesional y política.

El nombre Izkia ha determinado de varias maneras la vida de la presidenta del Colegio Médico de Chile. La mujer que hoy, en medio de la crisis sanitaria producida por el coronavirus, emerge como una figura joven, muy técnica, que se ha dedicado a apretar el botón de pánico ante distintas instancias para empujar al gobierno a extremar medidas frente a la pandemia. Esta semana, con mano firme, sentó en una misma mesa a los presidentes de distintos partidos políticos; después de conversar en La Moneda con el Presidente Piñera. Luego se reunió con mundos tan diferentes como el de los parlamentarios y el Colegio de Profesores. 

https://twitter.com/izkia/status/1241128866023903232?s=20

A Izkia y a su hermana mayor, Vinsja, las inscribieron en el Registro Civil de Arica con esos nombres extraños para el Chile de los 80. Nacieron con cinco años de diferencia; Vinsja en 1981, la menor en el 86. Su madre, Miriam Pastén, no sólo quería que el apellido de su marido, Guido Siches -de origen vasco, pero sin apego a esas tradiciones-, sonara fonéticamente acorde con los nombres de sus hijas. Con eso también buscaba que ellas resaltaran a través de sus vidas: pensó que, con estos nombres, facilitaría esa tarea. Así, inspirada en una candidata a Miss Chile de la época, a su primogénita la llamó Vinsja, palabra que de alguna forma está presente también en su otra hija. Izkia se llama Izkia Jasvin; cuyo segundo nombre resulta de un reordenamiento de sílabas del de su hermana mayor. 

Hoy ambas mujeres, de 34 y 39 años, son doctoras que concentran sus esfuerzos en la salud pública desde el Hospital San Juan de Dios, en el centro de Santiago. Las dos se denominan orgullosas “sanjuaninas”. 

Sobrepasando las expectativas de la madre, en 2017 Izkia llegó a ser la primera mujer en ocupar la presidencia del Colegio Médico, además de la persona más joven en ejercer ese cargo. Un gremio que, en las propias palabras de su máxima autoridad, se caracteriza por su alto grado de “masculinización”. 

Desde su lugar en el Colegio Médico adquirió esta semana un rol protagónico. Tanto que su nombre ya hasta parece como el de una ministra de Salud de facto, la ministra del pueblo comentan algunos, que recibe apoyo desde la galería de las redes sociales y que en la televisión se ve sin mascarilla hablando con cifras, datos y fórmulas acerca de que el Covid-19 nos podría llevar a la muerte si no se actúa rápido. La gente se asusta, pero la aplaude, porque ve que una “mujer joven, morena, de ojos chinos y rasgos aimara” -como ella misma se describe-, puntillosa, matea y que posee un nombre raro pero pegajoso, está ahí para enfrentarlo.  

Aquí, seis historias de Izkia Siches para entender su estilo, su personalidad y su compotamiento. 

La Presidenta del Colegio Médico Izkia Siches y el ministro Jaime Mañalich en la comisión de la acusación constitucional al ex ministro de interior Andres Chadwick. Foto: Agencia Uno

1.Enfocada

En reuniones familiares, Izkia Siches todavía reprocha a sus padres que no la hayan puesto en un liceo emblemático, o en un colegio pagado como al que fue -el Instituto Bernardo O´Higgins de Maipú- pero con excelencia académica. “Con mucho esfuerzo pude entrar a la Universidad de Chile”, ha dicho en reiteradas ocasiones. Pero no lo menciona porque su familia debió afrontar un gasto inalcanzable, ya que sus padres le pagaron sagradamente su carrera. Lo dice porque su familia, acostumbrada a vivir en las distancias caminables de Arica -se vivieron a Santiago en 1990, cuando Izkia tenía 3 años-, eligieron ese colegio porque estaba a sólo cuadras de su casa. Izkia creció con el temor de que ese establecimiento no reunía las condiciones académicas que la ayudaría a alcanzar el puntaje de ingreso a Medicina, la carrera de sus sueños. Y veía lejana la posibilidad de entrar a la Universidad de Chile, el único lugar donde se imaginaba estudiando.

Por eso, no sólo se pasó estudiando de sol a sol en enseñanza media para llegar con un promedio de notas sobre 6,7 y enfrentar la primera PSU en 2003. Además, los últimos dos años de enseñanza media pasaba las tardes en el Preuniversitario Pedro de Valdivia, que la recibió gratis por sus altas calificaciones. Los profesores la apoyaron en su desafío; y el esfuerzo tuvo éxito. Aunque hubo nervios: la joven no quiso leer ella misma los resultados aparecidos en el diario esa mañana de diciembre porque estaba muy ansiosa; y cuando su familia los vio, tuvo que ir a buscarla ya que ella se había escondido. Ponderó más de 800 puntos en la prueba. No había sido puntaje nacional -recuerdan en su familia- porque ella misma había admitido haberse equivocado en una pregunta en el test de matemáticas.  

La presidenta del Colegio Medico, Izkia Siches, durante la sesión de la Comision de Salud de la Camara de Diputados, en donde se inicia el estudio del proyecto de ley que prohíbe el uso excesivo de la fuerza. Foto: Agencia Uno.

Según su madre, Izkia fue obsesiva con ser médico toda su vida. “Recuerdo patente -dice Miriam Pastén-, no habrá tenido más de cuatro años cuando íbamos camino a mi trabajo. Yo era tecnóloga medica en una clínica que también quedaba cerca de la casa, y ella iba haciendo la rueda, porque se lo pasaba en eso. Entonces me dice: ‘Yo voy a ser doctora’. Nunca, pero nunca la escuché cambiar de opinión”.

2. Latina de alma 

El 13 de junio de 2016, un twittero posteó una foto donde aparecían 16 personas alineadas como equipo de fútbol, posando sobre el clásico escenario de la Maestra Vida, el club de salsoteca ubicado en la esquina de Pío Nono con Santa Filomena, en Bellavista. Ahí estaba Izkia Siches, desconocida para sus compañeros de reunión, con quienes vivió una jornada de Encuentro Local Autoconvocado (ELA) que organizó el centro de baile. “Hasta los rumberos de la Maestra Vida realizaron un ELA”, decía el posteo, porque eso es: la doctora Siches es una rumbera consagrada, que ha recibido clases formales de salsa y que es habitué del local que también frecuenta el alcalde PC, Daniel Jadue.

Integrantes de ese encuentro recuerdan que nadie la conocía, que ni supieron que era médico, aunque al rato comentaban el dominio de los temas con el que esta mujer hablaba. “Ella se sumó a una convocatoria abierta que nosotros hicimos. No la conocíamos. Después de eso nos dimos cuenta que iba frecuentemente al local”, comenta Felix Kof, socio del club. “Tiene un círculo de amigos de la Maestra, con los que participa y va a bailar. Desde que fue electa presidenta del Colegio Médico, va cuando puede. Es una clienta de bajo perfil”, agrega.      

Quienes conocen desde cerca a Siches, explican que es admiradora de lo latino más que de lo europeo o norteamericano. Recuerdan que, en unas de sus vacaciones universitarias, como no tenía pololo y ninguna de sus amigas disponibles para acompañarla, partió sola a Perú, a recorrer Machu Pichu. La odisea no estuvo exenta de problemas y los recursos tampoco sobraban, pero igual regresó airosa luego de sortear hostales que no se veían como en el folleto, trenes, buses atestados de gente y un vuelo perdido que la dejó varada en medio del viaje.

3. De izquierda, pero transversal 

La imagen del Manuel “Choño” Sanhueza dio vuelta al mundo. El exdirigente de la Juventudes Comunistas había sido encontrado enterrado en Pisagua, con una venda en los ojos y sus manos atadas. Su pelo, aún negro y fuerte, había sido conservado por las frías noches y los salados suelos del desierto nortino. Era junio de 1990, y la familia Siches Pasten, como de costumbre, aprovechaba sus vacaciones de invierno en Arica cuando la ciudad se horrorizaba con el hallazgo. El Choño había sido amigo de la familia. Y Vinsja e Izkia quedaron marcadas con ese drama: “Izkia lloraba y la más grande escribió un doloroso poema”, recuerda su madre. 

De familia de izquierda, Izkia nació un poco antes del término de la dictadura de Augusto Pinochet. Cercanos recuerdan que mientras Patricio Aylwin corría como candidato a presidente, Izkia -de cuatro años- hacía un chiste para llamar la atención de sus padres: les decía que ella iba a votar por Hernán Büchi. Recibía “un castigo” por eso: una sesión de cosquillas en el cuello.      

Al llegar a estudiar a la Universidad de Chile en 2004, Izkia se enroló en las Juventudes Comunistas, desde donde comenzó su pasión por la política y la dirigencia gremial. Como sabía manejar desde los 13 años, era útil a la hora de organizar bingos, desayunos, ollas comunes y cualquier evento para levantar adherentes. Al año siguiente, 2005, desembarcó en el cargo de consejera de la Fech. Luego, en 2008, se convirtió en presidenta del Centro de Estudiantes de Medicina Occidente y encargada del Campus Clínico de ASEMECH (Asociación de Estudiantes de Medicina). Y junto a un equipo con el que ella ha dicho que trabaja hasta hoy, crearon la revista de medicina “Hipocampo, donde se guarda la memoria surgen los sueños”: si bien no tuvo una amplia difusión, logró afiatar a sus creadores para que entre todos impulsaran la candidatura Siches como Senadora Universitaria en 2010, cargo en el que fue electa. Ese año ella comenzó sus estudios de especialización en medicina interna en la misma universidad. 

Precoz -como gran parte de lo que ha sucedido en su vida-, ella olió rápidamente que teñirse de una militancia política jugaría en contra de su anhelo por representar a un gremio no conocido por alojarse en las filas izquierdistas. Así fue como dejó de ser comunista y tomó la bandera de la transversalidad que hoy le reconocen políticos tan distintos como Guido Girardi (PPD) o Jacqueline van Rysselberghe (UDI).

“Ella representa un liderazgo simbólico y propio del siglo XXI”, dice Girardi. “Primero el de mujer potente, joven, pero además tiene lo que yo llamo una dimensión política de espiritualidad libre que, pese a ser muy politizada, no canaliza su visión política en un partido, sino a través de un espacio de autonomía donde finalmente logra articularse y relacionarse con todos los actores, incluso de derecha. Ella, sin embargo, es sin duda de izquierda”. 

Van Rysselberghe, quien llamó a Siches esta semana para pedir una opinión del Colegio Médico respecto a fechas para posponer el plebiscito, habla de empatía mutua: “Ambas somos médicos y, por lo tanto, hay una empatía natural. En temas de salud, más allá de los colores políticos, los médicos solemos estar de acuerdo”. Y agrega: “Como es una mujer inteligente, que comunica bien, hoy aparece con una postura que tiene mucho que ver con el sentido común y que sintoniza con el miedo de la gente. Yo no sé cómo Jaime Mañalich la sacó de entre los expertos”.      

La Presidenta del Colegio Médico Izkia Siches asistió con antiparras a la comisión de la acusación constitucional al ex ministro de interior Andres Chadwick. Foto: Agencia Uno.

Para la senadora PPD Adriana Muñoz, “ella está con una movilización personal y con su gremio para que se transparente la forma cómo el gobierno está llevando a cabo su diseño y estrategia ante la intervención en la crisis. Ellos sienten que no son escuchados y que el gobierno no tiene datos confiables”. A su juicio, y en base a lo que le ha transmitido el Colegio Médico, el país todavía posee una ventana para contener la crisis, tiempo que se está perdiendo por los procedimientos poco claros que ha implementado el gobierno. “Y es ella, Izkia, quien representa con fuerza esa impotencia de no poder cambiar esa situación”. 

4. Líder

En tercero medio, una de las compañeras de Izkia Siches quedó embarazada. La noticia impactó en el colegio. Izkia sintió que debía hacer algo, y rápidamente -recuerdan en su familia- movilizó a educadores y cercanos para que se realizara una charla sobre sexualidad en el establecimiento. Aprovechando que su mamá trabajaba en un centro médico, organizó un evento donde las niñas no sólo recibieron conocimientos científicos sobre salud sexual, sino además tuvieron información y acceso a métodos anticonceptivos.

Para Siches, la maternidad ha sido siempre un tema. Cuando era Senadora Universitaria (2010-2012) impulsó el proyecto que tenía en la cabeza desde que entró a Medicina y que años después fue bautizado en la Universidad de Chile como “Nietos de Bello”. Según un asesor de Siches, esta iniciativa es de las cosas que más enorgullece a la actual presidenta del Colegio Médico. El programa, que empezó finalmente a funcionar en 2018, apunta a que aquellas estudiantes que enfrentan un embarazo en mitad de sus estudios, tengan la posibilidad de no postergar sus carreras por la crianza de sus hijos. Para eso se construyeron jardines infantiles y salas cuna al interior de distintas facultades, y hoy el programa forma parte de los beneficios estudiantiles. “Ella fue muy activa en eso y fue un logro de esa época”, dice Graciela Rojas, académica de esa universidad y directoral del Hospital Clínico José Joaquín Aguirre. Ella junto a Siches dieron en 2016 además una dura pelea para que la universidad no se desligara de su hospital, pese a sus deudas y complicados resultados económicos. Tuvieron éxito.

5. La hermana Vinsja

Juntas llegaron a tener ocho gatos simultáneamente en la casa. A contrapelo de sus padres, Vinsja e Izkia recibían y cobijaban a estos animales que deambulaban huérfanos por la calle. Los cuidaban incluso hasta después de sus muertes. Según recuerdan en la familia, una vez que un gato fallecía, las niñas realizaban su funeral, lo enterraban en el patio y rezaban con las manos apretadas. Lo curioso era que no los sepultaban completos, porque tenían la costumbre de dejarles sus cabezas afuera de la tierra. ¿Por qué? “Es que les daba pena que se asfixiaran”, explica la madre.  

Las hermanas Siches son amigas, pero también compiten. O competían, más bien. “Cuando la Vinsja hacía algo, ahí iba la Izkia a hacer lo mismo, pero ojalá mejor”, dice un cercano. Nadie podría afirmar, en todo caso, que no son unidas: ambas son internistas y trabajan en el Hospital San Juan de Dios; Izkia en el equipo de Infectología, Vinsja haciendo turnos en Medicina Interna.

Profesionales de ese centro hospitalario dicen que la menor de las doctoras Siches es matea y trabajadora; y que siempre los impresiona por sus conocimientos médicos. “Es buena onda, habla con uno igual como en la tele, de manera concentrada y pausada. Para los del San Juan, ella es como nuestra heroína”, cuenta una colega. 

1La presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, se refirió en la sede del recinto a las nuevas medidas contra el COVID-19 y su reunión con la asociación de alcaldes. Foto: Agencia Uno.

Como hermana mayor, Vinsja ayudó a desarrollar las precoces habilidades de su hermana. “Bien chica le enseñó a leer y escribir”, dice su madre. Izkia ya manejaba ambas habilidades antes de entrar al colegio.

A Vinsja hubo que convencerla para que estudiara Medicina, mientras que su hermana chica nació pensándolo. Izkia es tía gracias a Vinsja. Se podría decir que, en el plano de la maternidad, la hermana mayor lleva la delantera. La presidenta del Colegio Médico ha dicho que tiene postergada esa faceta de la vida. 

6. La familia y los detalles

A Izkia le gustan las mariposas. Tiene una tatuada en la espalda que se dibujó cuando tenía 17 años. Tiene otro tatuaje con forma de sol, ubicado debajo de uno de sus hombros. Con su familia celebran el 7 de junio, día en que se conmemora la toma del morro de Arica, tierra natal de sus padres. En esas ocasiones, junto a su madre, ella cocina empanadas y una torta con un bandera chilena enterrada, simulando el hito nortino. 

“Carita de limón” le dicen a veces sus parientes con cariño, porque su rostro es redondo y suele llevarlo sin pintura. Le gustan los aros grandes y pese a que se autodenomina “trapera”, su closet no podría denominarse como sofisticado. 

De aperitivo, el pisco sour sería su elección. Es admiradora de las líneas de Nasca, esas enigmáticas placas que nadie sabe cómo antiguas civilizaciones dejaron dibujadas en Perú. Izkia sobrevoló parte de esa zona como copiloto de avión. En las fotos que posteó en su blog de ese viaje, se ve a una juvenil Izkia, muy feliz, cumpliendo otro de sus sueños. Perú está presente también en sus gustos musicales: se declara admiradora de Eva Ayllón y sus ritmos afroperuanos. Aunque deja espacio para otros gustos latinos, como los chilenos Moral Distraída o la música cargada a la ternura de Nano Stern o Kevin Jonhansen.

Comentarios
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