Lo que sigue al uso de un ventilador mecánico: Fonoaudiólogos exigen más presencia en las Unidades de Pacientes Críticos

Los ventiladores mecánicos les permiten respirar a los pacientes con Covid-19, pero traen dificultades que van desde la manera de alimentarse hasta cómo se comunican cuando dejan de estar intubados. Ahí entra el trabajo de los fonoaudiólogos, quienes hoy también están presionados por un sistema colapsado y que necesita liberar camas lo antes posible.

“De repente, me dan ganas de ir al baño, busco el timbre hasta encontrarlo, lo intento tocar y me vuelvo a dar cuenta que tengo las manos amarradas y que no puedo hacerlo. No importa, tengo la voz, intento hablar, pero no puedo modular, tengo la boca muy seca, me duele la garganta y mi lengua parece no sentir el paladar”. Valentina Bustamante es terapeuta ocupacional del Hospital Metropolitano y escribió estas palabras en el relato “Crónica de Camilla” para el Colegio de Terapeutas Ocupacionales. Allí, consigna el testimonio de un contagiado con coronavirus cuando despertó días después de estar conectado a un ventilador mecánico. 

“Empiezo a toser y de mi boca sale sangre… ahora sí creo que se viene la muerte… lloro por tercera vez desde que estoy conversando con ella, creo que hace tiempo no me sentía tan angustiado”, continúa el texto. 

Esta historia no es inusual para las personas afectadas por Covid-19 y que han debido usar ventilación mecánica para respirar. Un procedimiento que afecta directamente la vía respiratoria. El tubo que va desde la boca hasta la tráquea pasa entre medio de la laringe, lo cual provoca atrofias en estructuras fundamentales para generar la voz y que sincronizan la respiración con la deglución. Aumenta entonces el riesgo de que, al tragar, partículas entren a los pulmones y se convierta en una neumonía severa. 

La rehabilitación de estas secuelas puede tardar varios días. Depende del tiempo que el paciente estuvo intubado, su edad y la condición de salud previa. En ese proceso de recuperación posterior a la ventilación mecánica intensiva (VMI), los fonoaudiólogos tienen un rol esencial. Mucho más cuando en el sistema de salud existe presión por liberar camas y así atender más pacientes. Esa es una preocupación constante en este gremio; también su ausencia en las Unidades de Paciente Crítico (UPC).

Fonoaudióloga alimenta a paciente en un hospital de la región Metropolitana

“Ya estoy mejor, empecé a comer helado y papillas gracias a los fonoaudiólogos, y ya pronto me dijeron que me sacarán la sonda para comenzar a comer de todo. Cada día es un nuevo paso, un día de vida y estoy muy agradecido por eso” cierra el relato en “Crónica de Camilla”.

Imprescindibles

En el informe reportado durante el día de ayer, el Ministro de Salud Jaime Mañalich señaló que hay 1.325 ventiladores mecánicos ocupados. Sin embargo, un informe de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi), actualizado hasta el 8 de junio, indica que son 1.535 los pacientes con Covid-19 en Ventilación Mecánica Invasiva, un 82% del total de quienes actualmente necesitan de este procedimiento. 

El Colegio de Fonoaudiólogos mira estas cifras con atención, “teniendo en cuenta el rol que cumplimos en los procesos de ventilación, de extubación y mantención de la deglución no nutritiva, además de los cuidados de la higiene oral de los pacientes cuando se encuentran intubados”, según se lee en un comunicado. La entidad considera “imprescindible” la incorporación de sus especialistas a las Unidades de Paciente Crítico de hospitales que atiendan casos de Covid-19. 

Rodrigo Tobar, presidente de la División de Fonoaudiología de la Sochimi, explica que existe evidencia de que sólo con 24 horas de contacto del tubo del ventilador mecánico con la boca, la laringe y la tráquea del paciente, estas estructuras se ven atrofiadas de distintas formas: aparecen granulomas y heridas provocan engrosamiento de tejidos y músculos. “Por lo tanto, cuando por fin puedes sacar el tubo, las cuerdas vocales o se mueven muy mal, o se mueven muy poco o están dañadas en las zonas de contacto” dice Tobar. 

A su juicio, esta dificultad significa una gran carga emocional para los afectados, ya que no pueden comunicarse de manera íntegra. Además están con visitas restringidas. “Hacemos lo que podemos en un trabajo de contención, pero no es lo mismo que estar con familiares” indica el fonoaudiólogo. Para facilitar esa tarea, construyen sistemas de comunicación con el personal de salud, tales como tableros o cuadernos con alfabetos, íconos o símbolos. 

Tablero elaborado por Sochimi para facilitar la comunicación de pacientes intubados. Gentileza de Rodrigo Tobar.

Estrés constante

Daniela Manríquez trabaja hace ocho años en el Hospital Sótero del Río, que según ella es uno de los recintos “pioneros en integrar fonoaudiólogos a su UPC”. Cuenta que, debido a la contingencia, la totalidad de pacientes de ese centro asistencial son contagiados de Covid-19, por lo que “es alta la demanda” para los fonoaudiólogos. Menciona una cifra: un 71% de los pacientes graves conectados a ventilación mecánica sufre algún tipo de trastorno deglutorio. 

– ¿Qué significa esto?

– En palabras simples, un trastorno deglutorio es cualquier alteración del organismo que no permita integrar alimento, medicamentos o saliva por la boca de una manera segura y eficaz. Algo que claramente altera la funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes. 

Este problema puede ser igual “o quizás más importante” que el de la comunicación, explica la fonoaudióloga del Hospital de Puerto Montt, Alejandra Jara. “Los pacientes Covid y no Covid que son extubados y quedan con problemas para comer por la boca, no se pueden ir de alta”. Por lo tanto, mientras estos no sean rehabilitados, seguirán ocupando una cama. Tema crítico en estos momentos de pandemia.

Alejandra trabaja como “interconsultora en la UCI”. Su trabajo no es fijo -como sí el de los kinesiólogos en ese recinto-, sino que ella atiende pacientes críticos sólo por llamados especiales. De las 20 camas que hay, ella sólo atiende a pacientes post extubación y traqueotomizados, “cuando lo ideal sería que pudiera ver al paciente incluso cuando sigue intubado”, para acelerar los procesos de rehabilitación. “Una no lo hace porque el tiempo no alcanza, pero eso sería lo ideal”. 

“Es un estrés constante. Pero como trabajamos en servicio público, esto es a diario, no solo por la contingencia” dice Daniela Manríquez, respecto de la presión que sienten los funcionarios de la salud por liberar camas. En la misma línea, Alejandra Jara señala que “si se practicara más la rehabilitación precoz de los trastornos de deglución, los días-cama serían menos. Además, podríamos reducir gastos del hospital y ayudar en este contexto que necesitamos camas”. 

Los olvidados

“Estimados colegas, en esta ocasión nos dirigimos a ustedes con el fin de movilizarnos en conjunto. Esto debido al problema ya conocido respecto a la baja presencia de nuestra profesión en los sistemas de salud, además de la falta de actualización en el Código Sanitario, el que no nos considera a nosotros como profesionales y a otros muchos profesionales de la salud, lo cual perjudica directamente a nuestros usuarios” reza la publicación en redes sociales con que el Colegio de Fonoaudiólogos (COLFONO) lanzó hace una semana su campaña #FonoaudiologíaAlzalaVoz. Decenas de profesionales han difundido sus testimonios, en pos de visibilizar su actividad. 

Desde la entidad gremial contaron a The Clinic que en Chile existen más de 13 mil fonoaudiólogos, de los cuales aproximadamente sólo el 10% trabajaría en el sistema de salud. Marcia Toloza, presidenta del COLFONO explica que “la única cifra que tenemos confirmada por el Ministerio de Salud es que en noviembre de 2019 había 331 profesionales atendiendo en Servicios de Atención Primaria (CESFAM, consultorios, servicios de urgencia), un número por debajo de lo esperado, respecto del número de establecimientos”. A pesar de no tener la confirmación de la estadística exacta, COLFONO calcula que serían unos 1100 funcionarios divididos entre servicios de salud secundarios y terciarios, que corresponden a recintos más grandes y hospitales de alta complejidad. “Si tuviera que darte un número, diría que en promedio los hospitales tienen entre 2 ó 3 colegas contratados a honorarios. Esto sería en el mejor de los casos y repartiendo sus funciones en las distintas unidades del hospital”, agrega Toloza. 

Crédito: Instagram de COLFONO (@colfono_chile)

Axel Pávez, fonoaudiólogo de la ex Posta Central y estudiante de Magíster en epidemiología clínica, cuenta: “Hace un mes (27 de abril), yo era el único fonoaudiólogo contratado. Trabajaba solo de lunes a viernes en horario de ocho a cinco. Por protocolos del hospital, todo paciente que sale de ventilación mecánica debe tener una consulta con fonoaudiólogo, para evaluar sus posibles secuelas. Entonces, cuando a alguien le sacaban el tubo un fin de semana, ocupaba esa cama dos días más, a la espera de la atención”. 

El profesional explica que por la contingencia llegaron tres colegas más para enfrentar el aumento de pacientes en ventilación. Elaboraron un sistema de turnos y ahora están logrando dar atención todos los días de la semana. “Las atenciones de fonoaudiología se han incrementado. En mayo por ejemplo tuvimos un incremento de un 73% en la demanda de estas atenciones para pacientes con Covid-19”.

En el Hospital de Puerto Montt también se registró un alza. “A pesar de que nos dijeron varias veces que no, mostramos la estadística para mostrar que estábamos sobrepasadas y logramos que contrataran otras tres fonoaudiólogas a honorarios”, cuenta Alejandra Jara. Este aumento de la demanda no fue necesariamente por un aumento de casos Covid-19 en esa ciudad, sino porque profesores de la Universidad San Sebastián que apoyaban su labor, “dejaron de trabajar tan activamente, pues no son directamente contratados por el hospital”. 

Hoy dedicado sólo a pacientes con Covid-19, en el Hospital Sótero del Río también aumentaron su dotación de fonoaudiólogos. Daniela Manríquez comenta que ahora cuentan con dos profesionales más que ayudan a cubrir los turnos. 

Si bien para la contingencia se han agregado refuerzos en esta especialidad, el COLFONO aspira a que sean más considerados. “Si hablamos desde las políticas públicas, no ha existido una voluntad de incluir al fonoaudiólogo en los equipos. Yo creo que la mirada es muy cortoplacista y claro, está bien dedicarse a salvar vidas, pero también hay que preocuparse de las diversas secuelas que puede dejar el virus”, dice Reinaldo Salazar, vicepresidente del directorio nacional de la agrupación. 

“Normalmente, el trabajo fonoaudiológico se asocia mucho a trabajar el lenguaje, a sacarles la letra R a los niños”, dice Rodrigo Tobar. “Existe poca visibilización de esta segunda línea, o tercera en el caso de esta pandemia”. A su juicio, esto causa dos falencias importantes: una baja dotación de fonoaudiólogos en los hospitales y una omisión de la relevancia de los mecanismos protectores de la vía aérea.  

Alejandra Jara, desde Puerto Montt, coincide con sus colegas: “Siempre somos los olvidados. Quizás porque somos un gremio más chico, quizás no tan fuerte, con poca presencia en la UCI. Entonces cuando pasan estas cosas tenemos que aprovechar de hacer más pública nuestra labor; si no la mostramos, nadie se va a preocupar de preguntarnos”. 

Riesgos

En Chile, hasta el cierre de este rerpotaje, ya han muertos tres médicos por Covid-19. Miles de funcionarios del sistema de salud se han contagiado y han debido entrar en cuarentena, dejando sus funciones. 

Fonoaudióloga controla a paciente en un hospital de la región Metropolitana

Desde el COLFONO reconocen preocupación. Los días 29 y 30 de marzo realizaron una encuesta abierta (para colegiados y no colegiados) sobre condiciones laborales y protecciones en la contingencia. Los resultados mostraron que para esa fecha un 42% de los consultados decía que no se les había entregado ningún tipo de EPP (Elementos de Protección Personal). Además, del porcentaje que sí decía haber recibido insumos, un 44% consideraba que eran insuficientes para la cantidad de pacientes diarios atendidos. 

Axel Pávez, de la ex Posta Central, dice que “sí o sí” los fonoaudiólogos necesitan ocupar mascarillas N95 para realizar la mayoría de sus procedimientos, porque estos los exponen a contagiarse fácilmente. De hecho, Rodrigo Tobar dice reconoce que este tema al principio “provocó un pánico general y nadie quería acercarse a las UPC”. 

Están expuestos, claro, pero también están conscientes de su labor en la rehabilitación de pacientes Covid-19. Dice Pávez: “Yo vivo con mis papás; ambos son adultos mayores y, por ende, población de riesgo. Es por esto que desde que llegó la pandemia elaboré protocolos de higiene y seguridad para no contagiarlos. Todos los funcionarios asumimos que somos factores contagiantes. Y si bien lo asumimos y nos tiene angustiados, eso no es razón suficiente para que dejemos de hacer nuestro trabajo”.

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