Las tensiones entre la tecnología y cultura según Néstor García Canclini

Crédito: Titi Nicola

Antropólogo invitado a Puerto de Ideas

Las tensiones entre la tecnología y cultura según Néstor García Canclini

Por estos días el antropólogo cultural argentino radicado en México hace un diagnóstico sobre el estado de la cultura tras la pandemia y los desafíos ante un inminente desconfinamiento en Latinoamérica.

A comienzos de la dictadura cívico-militar argentina, el platense Néstor García Canclini se exilió en México. Desde ese hito en su historia personal reside en Ciudad de México y vive en carne algo que ha estudiado por años: la hibridación de la cultura. Es académico de la Universidad Autónoma Metropolitana de ese país, lugar donde dirigió hasta 2007 el Programa de Estudios sobre Cultura Urbana. Es Doctor en Filosofía por la U. Nacional de La Plata (Argentina) y la U. de París X-Nanterre (Francia), entre otras credenciales. Su trabajo clave es el libro Culturas híbridas, con el que introdujo el concepto de “hibridación cultural”. 

En 2019 publicó Ciudadanos reemplazados por algoritmos, un libro de libre acceso donde, entre otros temas, hace una revisión del impacto de las nuevas tecnologías en la experiencia cultural y que pasaron de ser la promesa de “horizontalidad” a un instrumento de vigilancia. En el libro lo plantea así: “Las palabras se transforman en signos de búsqueda y se articulan algorítmicamente en un panóptico electrónico para el mercado, porque la información que damos a los buscadores sobre nuestros comportamientos, deseos y opiniones, nos convierte en insumos mercantilizados”.

Sobre el impacto de la pandemia en la cultura y cómo se ha visto mediada por estas tecnologías, también tiene su postura. Sobre estos temas García Canclini conversará junto al crítico y programador de artes escénicas Javier Ibacache, en una nueva edición de “Puerto de Ideas En Vivo”, evento que se podrá seguir este martes 4 de agosto desde las 18:30 horas a través de The Clinic. Aquí un adelanto de esas reflexiones. 

Shanghái, China, 2009. Crédito: Registro personal.

¿Este escenario pandémico alteró la relación de los ciudadanos con la cultura?, ¿cuál es tu diagnóstico?

-Hemos pasado por varias etapas desde marzo. Durante abril todavía se destacaba en las noticias el vacío de la ciudad, que aparecían animales en ciudades tan aglomeradas como Ciudad de México, Sao Paulo, Beijing. Al tiempo nos fuimos dando cuenta que se trataba de un proceso largo y cambió la actitud. También le pasó a la cultura: no sólo a los eventos culturales, artísticos, museos, teatros, cine, sino la actitud de la gente común a partir de la representación que nos hacíamos del futuro. Recuerdo artículos muy contundentes que hablaban de cómo nos habían cancelado el futuro. Y empezó a pensarse como un acontecimiento apocalíptico de impredecible duración y final incalculado. En todo caso, me parece que ahora estamos en una crisis seria de las relaciones de los creadores, los intermediadores y los públicos. Los sistemas culturales nos venían organizando de alguna manera el acceso, el disfrute, la información. 

¿Cómo piensas el futuro de la cultura? Ahora el mediador es la pantalla, hay toda una nueva orgánica en cómo nos relacionamos frente a la experiencia artística.

Sin duda, ya ha cambiado radicalmente. Muchas experiencias se han reformulado para situar sus contenidos y los ponen en línea, pero no todos tienen la capacidad de realizar esta transformación. Muchas instituciones como museos, cines o teatros, que tienen una capacidad limitada de visitas, en general permanecen cerrados pero deben seguir autosustentándose. En el mundo, han logrado abrir muy pocos y bajo protocolos estrictos. Desde luego esta “cancelación” de la experiencia presencial frente a obras de arte, representaciones teatrales o películas ha potenciado a los llamados “servidores”. Es impresionante la caída de ingresos de las instituciones como el Louvre o el Tate Museum  y, al mismo tiempo, el crecimiento de Netflix, Amazon y casi todos los servidores o aplicaciones.

En tu libro ves la tecnología con sospecha. En un contexto donde enfrentarnos al arte en cualquiera de sus expresiones se ve limitado y el consumo actual está principalmente mediado por plataformas, streaming, etc. ¿Se vuelve la tecnología una aliada?

-Es una aliada, una amiga y es muchísimas cosas más. Nos roba información todos los días, somos impotentes para desempeñarnos como ciudadanos y muy pocos gobiernos están enfrentando esa sustracción de datos, buscando proteger la privacidad de las personas. Diría que desde hace años, por lo menos desde que se masificaron las redes sociales en 2005,  hay un predominio de las aplicaciones sobre las instituciones. Las instituciones culturales y políticas ya venían en declive. Este predominio de las aplicaciones sobre las instituciones se ha incentivado con la pandemia y agudizó su reformulación. Pero me parece que necesitamos a ambas: instituciones y aplicaciones.

En términos políticos, la cultura no ha sido prioridad para ningún país latinoamericano en crisis y, sin embargo, para las audiencias, públicos y/o ciudadanos se ha convertido en una de las únicas “salidas” al encierro. Para muchos, el arte ha sido lo que les ha permitido sostener esta experiencia.

Países europeos y Estados Unidos han desarrollado insuficientes políticas para dar subsidios y créditos a empresas e instituciones culturales que ya estaban en situación crítica. En América Latina en general eso no ha existido. De todas maneras son contribuciones débiles frente al desempleo masivo que hay en la industria cultural. Como decía, hay nuevos tipos de experiencia en relación a la cultura que a todos nos cuesta entender y creo que un poco más a los políticos, más aún cuando se reproducen esquematismos que creíamos ya superados como la posición de clases sociales, cultos, en fin. Esto también se ve en la educación: la formación cultural de los artistas y los públicos  no es una experiencia homogénea en todo el mundo. 

“Las instituciones culturales y políticas ya venían en declive. Este predominio de las aplicaciones sobre las instituciones se ha incentivado con la pandemia y agudizó su reformulación. Pero me parece que necesitamos a ambas: instituciones y aplicaciones”.

¿Dónde se sitúa el arte entonces en este nuevo escenario?

-Hay tipos de arte que nos sitúan en un nivel imaginario simbólico de lo real para tomar conciencia de aquello que en el pragmatismo económico productivista se descuida. Hay un aspecto que a mí me gustaría subrayar de la constitución esperable de las prácticas culturales, y es la pérdida de sentido histórico y sentido vivencial de las personas que trae esta pandemia. Hay países en donde hay muchos suicidios, y no hay que ilusionarse en el sentido de que el arte va a traer la solución a la ausencia de sentido, pero sí permite imaginar, trabajar la relación entre lo sensible, lo conceptual y formas de elaboración de las pérdidas; algunas familiares, otros perdieron sus casas, trabajos… Entonces hay toda una experiencia histórica de cómo el arte ha trabajado estas carencias, las pérdidas después de la guerra, después de la dictadura o durante la dictadura. En ese sentido, tenemos tremendo caudal de transformaciones, de elaboraciones, prácticas y teóricas acerca de lo que las artes pueden contribuir para que reencontremos el sentido o por lo menos cómo reelaborar simbólicamente lo que nos falta, lo que quisiéramos, lo que deseamos.

¿Qué emocionalidad nos depara la salida al mundo? Nos confinaron durante meses y ahora nos preparan para salir a una normalidad que ya no es tal, porque está llena de restricciones. 

Sí, hay una emocionalidad que hemos tenido que elaborar, decir y aprender a comunicar de otra manera. Creo que hay una diferencia entre lo que experimentamos en marzo y como fuimos entendiendo las limitaciones de nuestra experiencia vital. Y está también la presión de las empresas que quieren apresurar irresponsablemente en muchos casos el regreso a una normalidad que ya no va a poder ser como la de antes. 

“Entonces hay toda una experiencia histórica de cómo el arte ha trabajado estas carencias, las pérdidas después de la guerra, después de la dictadura o durante la dictadura. En ese sentido, tenemos tremendo caudal de transformaciones, de elaboraciones, prácticas y teóricas acerca de lo que las artes pueden contribuir para que reencontremos el sentido o por lo menos cómo reelaborar simbólicamente lo que nos falta, lo que quisiéramos, lo que deseamos”.

¿A qué se refiere?

-Creo que hay una disputa nueva y ustedes saben muy bien el por qué: desde el 18 de octubre al 8 de marzo tuvieron un periodo de irrupción del movimiento social y  feminista en las calles chilenas. Eso ha pasado de maneras diferentes en muchos países. Entonces creo que no hay que ver un corte tajante de un pasado que ya no podrá ser. Sin duda que hay un futuro que se ve difícil de reorganizar. Las instituciones ya estaban muchas de ellas podridas, con muy poca gobernabilidad. Eso pasó en países europeos, Estados Unidos, América Latina y también en otras regiones, todo esto agudizó el descontento pero también muestra una situación mucho más compleja y es observar cómo grupos jóvenes han debido reorganizarse gracias al uso de redes sociales. Hay una parte de la ocupación física en el espacio urbano, de las protestas y las calles que es insustituible, pero también me parece que es un fenómeno cultural muy atractivo para estimular nuevas formas de combinar lo presencial y lo virtual.

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*Néstor García Canclini conversará junto al crítico y programador de artes escénicas, Javier Ibacache, en una nueva edición de “Puerto de Ideas En Vivo”. En evento podrás seguirlo este martes 4 de agosto desde las 18:30 horas a través de The Clinic.

Comentarios
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