La historia de Guafo y su farero, la isla que salió a la venta por US$20 millones

Gentileza Armada de Chile

La historia de Guafo y su farero, la isla que salió a la venta por US$20 millones

La situación de este enclave en el Golfo Corcovado llegó hasta medios internacionales, luego de que la familia de uno de sus fareros no sólo revelara sus peripecias en este rincón del Pacífico, sino que las maravillas de la que es conocida como la Galápagos chilena.

“Ahora todos sabemos lo que es estar confinado, pero mi papá sí estuvo confinado de verdad, en otras circunstancias y en otra época: sin teléfono, sin internet, sin calefacción central, con un niño y alejado de los hospitales. Mil veces más sacrificado” rememora la abogada Paz Zárate.

De quien habla es de Víctor Manuel Zárate Cuevas -ya fallecido- quien, hace casi 100 años, fue farero de Isla Guafo, un pequeño enclave deshabitado -salvo por el personal de la Armada que vigila el faro- de 213 kilómetros cuadrados, en la entrada del Golfo Corcovado y cuya historia llegó hasta las páginas de The Guardian y a programas radiales españoles, luego de revelarse que ese mini paraíso ecológico y cultural salió a a la venta por US$20 millones. 

Víctor Manuel Zárate Cuevas nació en 1905 en Cauquenes. Se fue a Valparaíso a estudiar en la Escuela de Faros y Señalización de la Armada, de la cual egresó en 1927. Se casó con Blanca Paredes, hija del director de la institución, desde donde se recibió como meteorólogo naval. Tuvo seis hijos con ella y otros dos con Rebeca Barahona, cuando ya era una persona mayor. “Él murió cuando yo tenía 13 y Víctor, mi hermano menor, 12” cuenta Paz.

Fotografía tomada por Víctor Zárate al personal del faro Guafo. Gentileza: Paz Zárate

Como una actividad de pandemia, Paz y Víctor Helio (a quién el marino escogió el nombre por lo significativo del Sol en sus estudios) decidieron investigar la vida de su padre, con quién no tuvieron la oportunidad de compartir mucho. Marino, comerciante, agricultor, regidor, alcalde subrogante de la primera Junta Municipal de Talcahuano, divulgador científico… fueron algunas de sus actividades conocidas.

Sin embargo, lo que más lo marcó fue su estadía en en los faros, en las cuales Blanca fue una leal compañera. Se sabe que vivieron en al menos tres: el de Quiriquina, el de Isla Mocha y el de Isla Guafo. Este último fue el que más lo marcó y el lugar del cuál más les contaba a sus hijos. 

Fue por eso que cuándo los hermanos Zárate Barahona se dieron cuenta que esta isla “prístina” de la que su padre hablaba tanto estaba en venta, decidieron dar cuenta de su historia, a través de un hilo en Twitter, que terminó dando la vuelta al mundo.

Lo que más lo marcó fue su estadía en en los faros, en las cuales Blanca fue una leal compañera. Se sabe que vivieron en al menos tres: el de Quiriquina, el de Isla Mocha y el de Isla Guafo. Este último fue el que más lo marcó y el lugar del cuál más les contaba a sus hijos.

Del faro a la ciencia

Si bien los hermanos Zárate no tienen registro de las fechas exactas de su padre en Guafo, calculan, a partir de la edad de su hermano mayor Víctor Manuel, único descendiente que acompañó a sus padres,  que fue entre 1929 y 1930.

Bosque tupido en Isla Guafo. Créditos: Héctor Pavés

Guafo es la segunda isla más grande del Archipiélago de Chiloé. Ubicada al suroeste de la Isla Grande, uno demora unas 12 horas de navegación desde Quellón hasta alcanzarla. Su nombre, originario del mapudungun wafun,  significa “colmillos”.

Desde que en 1907 se inauguró el faro en Punta Weather -península de la isla que da hacia el Pacífico- éste ha sido el único lugar habitado del peñón. Está sobre un acantilado, que alcanza los 144 metros de altura, y da cobijo a una casa que inicialmente era de dos plantas, hasta que en 1982 un fuerte temporal derrumbó el piso superior y la dejó de sólo uno. “Era de muy difícil acceso. Subían por una escalera de palitos con cordeles y amarras. Las maletas también las ataban con cuerdas y había que tirarlas”, recuerda Vilma Zárate Paredes (85), su segunda hija.

Una de las características que destacan los hijos de Zárate, era su afán por el conocimiento científico. Cuentan que aún guardan sus libros y decenas de revistas importadas. A pesar de no tener un sueldo muy elevado, se suscribía y encargaba que se las llevaran a los faros, junto con las provisiones que recibía cada tres meses.

Bandada de fardelas negras en el mar de Isla Guafo. Créditos: Evelyn Pfeiffer / WWF Chile

“Mi padre tenía una mentalidad muy curiosa e hizo carrera como científico sin tener carrera universitaria” cuenta Víctor Helio. “Nos contaba, por ejemplo, lo que ocurrió una vez con los animales. Las vacas, ovejas, gansos y gallinas llegaron a pegarse a la casa, echados junto a las paredes. Al principio, no entendían qué pasaba, hasta que llegó una tormenta gigante de rayos y truenos. Mi papá y mi mamá terminaron haciendo lo mismo, pegarse a la tierra junto a los animales” cuenta Vilma.

Aún existen grabaciones que el meteorólogo hacía de sonidos del bosque, del entorno. “Después de su carrera como marino, postuló a ser parte de la Sociedad Científica y tuvo un programa de difusión llamado ‘Rayo de Luz’, en alusión al faro. Era un tipo muy especial”, recuerda Paz.

Enclave en riesgo

Y es que esa conexión con la naturaleza en Guafo no es de extrañar. “Puedes observar chungungos, golondrinas de mar, pilpilén, cormoranes, carancas, es el mayor sitio de reproducción de aves marinas en el mundo, especialmente con más de 4 millones de fardelas negras al año. Especies importantes para la extracción artesanal como erizos y luga roja. Y como ahí está la entrada del Golfo Corcovado, sus aguas son importantísimas para la alimentación y crianza de ballenas azules, además de la presencia de las jorobadas y franca austral. Le llamamos la pequeña ‘Galápagos’ de Chile”” explica Yacqueline Montecinos, encargada de biodiversidad marina en WWF.

“Nos contaba, por ejemplo, lo que ocurrió una vez con los animales. Las vacas, ovejas, gansos y gallinas llegaron a pegarse a la casa, echados junto a las paredes. Al principio, no entendían qué pasaba, hasta que llegó una tormenta gigante de rayos y truenos. Mi papá y mi mamá terminaron haciendo lo mismo, pegarse a la tierra junto a los animales”

Víctor Zárate con su primera esposa Blanca Paredes. Gentileza: Paz Zárate

Esa institución es la que, en 2019,  apoyó, en aspectos técnicos, un requerimiento a Subpesca por parte de diez comunidades indígenas, que buscan la declaración de un Espacio Costero Marino de Pueblo Originarios y que ya fue declarado admisible en febrero de este año. Faltan varios pasos para que sea una real conservación, pero aún así es un primer paso, ya que como dice Montecinos, Guafo “es un área donde no existe ninguna medida de protección”.

“La flora del lugar es vital. La única fuente de agua dulce proviene del agua lluvia que, gracias a la absorción de árboles y su asociación con plantas como líquenes y musgos, permite la humedad que desarrolla la vida de anfibios, mamíferos y aves. Sin esa cobertura vegetal, la isla queda desierta”, advierte el biólogo marino, Héctor Pavés. 

Diez comunidades indígenas buscan la declaración de un Espacio Costero Marino de Pueblo Originarios y que ya fue declarado admisible en febrero de este año. Faltan varios pasos para que sea una real conservación, pero aún así es un primer paso, ya que como dice Montecinos, Guafo “es un área donde no existe ninguna medida de protección”.

Sin embargo, a juicio de Iñaki Moulian, académico de la Universidad Austral y candidato a doctor en Antropología con una tesis sobre aspectos culturales de la isla, “hay un tema de patrimonio cultural que no ha sido suficientemente relevado y no ha entrado en discusión” y recuerda la mitología de la isla, de vital importancia para pescadores. 

Una de las caletas de Isla Guafo. Créditos: Evelyn Pfeiffer / WWF Chile

Diversos medios de comunicación y sitios web que mapean conflictos ambientales y que se enteraron de la venta de Guafo, apuntaron a los empresarios Rodrigo Danús y Paul Fontaine, como los dueños de la isla desde 2007, y responsables de que ahora ésta estuviera disponible en el mercado. The Clinic contactó a Fontaine, quien aclaró que efectivamente tuvieron derechos mineros, pero que después “si no los pagas, expiran, y así fue”. Admite que, a pesar de haber tenido intenciones de explotar el carbón del lugar, nunca supo quién era el dueño efectivo.

Si bien, por décadas, el tema de la propiedad ha sido confuso, al cierre de esta edición, el Diario Financiero revelaba que, en 2013, la isla habría sido comprada por el empresario Rafael Valdivieso Ovalle  y sería él quién habría estado realmente detrás del anuncio de su venta. Un anuncio que ya fue retirado. Esta historia continuará…

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