Crédito: Puerto de Ideas

Jon Lee Anderson, periodista: “Trump es una culebra que ve los huecos entre las piedras”

Aunque dice que la revuelta del 6 de enero fue uno de los peores cálculos políticos en la carrera de Donald Trump, no descarta que pueda “joder” al nuevo Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante cada día de su próximo mandato. Este premiado periodista asegura que Trump no se quedará quieto y que sus huestes debieran ser marginadas.

A la distancia, el periodista Jon Lee Anderson era uno de los millones que miraba atónito el ataque que sufría uno de los símbolos de poder más importantes de los Estados Unidos. Para él,  uno de los periodistas más prestigiosos del mundo, lo que sucedió ese miércoles 6 de enero en el Capitolio, no se puede volver a repetir. Se debe trazar una raya en la arena, marcar un precedente rotundo para que nunca más un Presidente se atreva a incitar a la violencia y la barbarie. 

Entre el asombro y la rabia, asegura que Trump salió debilitado de esa reyerta, pero advierte que no hay que bajar la guardia. Premiado reportero de la revista The New Yorker y escritor de libros como “Che Guevara: una vida revolucionaria”, Jon Lee teme que los sectores trumpistas, que parecieran ir en retirada, quieran volver a medir fuerzas con el Estado. Ese es el bicho que entró en la sangre del proceso político en curso.

Leyenda viva del periodismo, Jon Lee publicó recientemente el libro “Los años de la espiral”, en que pone el foco en América Latina y los procesos en curso. Tras la revuelta en Washington DC, habló con The Clinic desde su casa en Bridport, Inglaterra. 

-La horda trumpista en el Capitolio puso muchas cosas en jaque: la calidad de la democracia norteamericana, la comparación de Estados Unidos como un país bananero. Lo que parecía improbable fue real. ¿Cómo lo viste?

-Como muchos, lo miré asombrado, pero no sorprendido. Ese día, sentado frente al televisor, pensaba que estábamos observando algo increíble, surrealista. Era la celebración del lumpenismo en Estados Unidos. Pero, por otro lado, decía: bueno, hemos aguantado cinco años desde que Trump anunció su candidatura en junio del 2015. Hemos visto sus cadenas de insultos, de discursos vulgares, una bajada de tono sin precedentes. Entonces, no era tan sorprendente. Y estoy hablando nada más que de las formas.

-Bueno, eso es Trump: la alteración de las maneras, ¿no?

-Claro, y eso que vimos el 6 de enero era la ruptura máxima de las formas en los Estados Unidos. Todavía todos estamos haciendo lecturas de lo que pasó ese día, pero pudimos ver, una vez más, a un Donald Trump con doble discurso. Como es típico en él, horas después habló como un farsante. Fue notoriamente obligado a leer un discurso que, claramente, fue escrito por otros para decir que ayudaría en la transición de cambio de gobierno. ¿Se le puede creer? Ya sabemos que él es capaz de hablar frente a un micrófono y mentir de comienzo a fin y después contradecirlo todo con su patanería y sus silbatos de perros.

Ese día, sentado frente al televisor, pensaba que estábamos observando algo increíble, surrealista. Era la celebración del lumpenismo en Estados Unidos. Pero, por otro lado, decía: bueno, hemos aguantado cinco años desde que Trump anunció su candidatura en junio del 2015. Hemos visto sus cadenas de insultos, de discursos vulgares, una bajada de tono sin precedentes. Entonces, no era tan sorprendente“.

-Claramente, Trump se equivocó al encender los ánimos de su gente. ¿Pero crees él habrá entendido el error? 

-La ruptura de las formas que vimos ese día 6 de enero es quizá el peor cálculo de Trump en su vida pública. Él dio un paso más allá. Como no es un buen lector, sino que un patán, no entendía el valor sagrado que tiene el recinto del Capitolio para el grueso de los norteamericanos. Incluso, te diría que para muchos de sus propios seguidores. 

-¿Pero el costo lo pagará más por sus malas formas o por incitar un ataque a un edificio simbólico?

-Yo reparé mucho en las palabras utilizadas por Joe Biden ese mismo día. Él habló de “recinto sagrado”. Ese lenguaje religioso me hizo recordar que los norteamericanos, sus congresistas con sus discursos grandilocuentes, consideran que EE.UU es el mejor país del mundo, con la mejor democracia. Todos lo creen así. Lo he escuchado desde chico. Es una creencia muy profundamente arraigada en el ADN de la mayoría de los norteamericanos. Y eso fue lo que Trump no midió. 

-Y Joe Biden logró conectar con un sentir mayoritario…

-Absolutamente. Y Biden no es un gran orador. No es un tipo de una gran profundidad intelectual, pero es un buen hombre. Es un hombre decente, un servidor público de toda la vida. Biden es todo lo opuesto a lo que hemos tenido que soportar estos cuatro años. Por eso, volviendo a lo anterior, violar ese recinto sagrado, fue una ofensa al grueso de los norteamericanos y ha causado, incluso, una ruptura dentro del trumpismo como no lo hizo ningún acto anterior.

-Varios analistas dijeron que Trump quiso hacer un autogolpe. ¿Lo ves así? 

-Puede ser. Trump es muy hábil para entender dónde están las debilidades. Es como una culebra que ve los huecos entre las piedras. Él es una víbora. Se mueve así. En lo táctico, es casi como un genio tóxico. Malvado. Pero no es un estratega. Si lo fuera, ese día habría cuidado más su verbo. Su estrategia era obligar al vicepresidente Mike Pence a rebelarse en contra de las instituciones. En su delirio no pensó que le diría que no. Entonces, no creo que lo tuviera todo cuadrado en su mente. Tiene una mente confusa y dispersa. Él peca de tener una mente como de un coquero. Quizá percibió la posibilidad de ir por algo así, pero como es cobarde, no lo dijo de frente. Sólo hizo un guiño a la muchedumbre. 

-¿Pensar que ahora se irá frustrado a morder su rabia, en solitario, es una ilusión?

-Es que la pregunta presupone que él va a salir ileso de esto. Yo creo que sale acorralado y disminuido en sus bases. Además,  estoy seguro que se abrirán juicios contra él, sus hijos, sus amigos. Todos van a estar enjuiciados hasta más allá de sus cabezas. No es un súper hombre. Pero no descarto que Trump pueda seguir creando nuevos peligros para el país. Sabemos que Trump es un tipo que no se queda quieto. Siempre esta conjurando y estoy seguro que lo que él querrá es joder a Biden todos los días de sus cuatro años de gobierno.

Archivo personal

Un Ejército de cretinos”

-Trump se saltó siempre todos los símbolos. ¿En qué pie queda hoy? 

-Debilitado, sin duda. El ejército de cretinos que es su base, sigue ahí. Él los manipuló, les ha dado una especie de credo, un mesianismo inculto. Ellos se autocalifican como patriotas y creen en teorías de conspiración. Ven a Trump como un héroe. Pero ya hay muchos desencantados. O sea, eran capaces de soportarle muchas cosas, incluyendo sus malos modales. Pero ahora cruzó la línea. Ya empezaremos a ver esfuerzos serios por rescatar al Partido Republicano. 

-¿Y qué podrán hacer con él?

-Trump está mucho más susceptible a que le hagan alguna acusación judicial. El Donald Trump de hoy no es el mismo de hace unas semanas. Quedó más débil. Seguramente, por ahora, algunos de sus seguidores han vuelto a sus antros oscuros, con sus armas y su cerveza, y todavía creen que van a hacer una sublevación.

“Trump es muy hábil para entender dónde están las debilidades. Es como una culebra que ve los huecos entre las piedras. Él es una víbora. Se mueve así. En lo táctico, es casi como un genio tóxico. Malvado. Pero no es un estratega. Si lo fuera, ese día habría cuidado más su verbo”.

-¿Y lo descartarías?

-No. No lo descarto. Puede haber actos de violencia. Piensa que ese miércoles encontraron varias bombas que no reventaron. Había dos bombas en el Capitolio, una en la sede del Partido Demócrata y otra en la del Partido Republicano. Es decir, había gente pensando en cometer atentados. Pero yo creo que el sistema, el Estado profundo, finalmente va a actuar. 

-Y actuó. La institucionalidad se impuso ese miércoles.

-Sí, pero hay problemas. Trump ha sabido manipular a sectores de la policía. Tiene que haber una purga de las policías en Estados Unidos. Porque más allá de Trump, ya hemos visto asesinatos por agentes uniformados, sobre todo con gente de color. Hay un problema de contaminación de ideas racistas, xenófobas, dentro de la policía y de otros departamentos de seguridad nacional. 

-Bueno, estaban amparados por un discurso…

-Exacto. Y Trump ha sabido recoger eso. Es posible que algo parecido se pueda encontrar en el Pentágono, pero no creo que mucho. Lo importante ahí es establecer autoridad y un verbo moralizador, decente y patriota. Trump minó todo eso.  Y la gente que trabaja en los sectores de la seguridad, que está cercana a las armas, tienden a ser conservadores. Si yo fuera Biden, le pondría mucha atención a eso. Estamos hablando de un país que ha estado en guerra constante  desde hace 19 años. O sea, tiene cerca de 20 millones de norteamericanos con experiencia de combate en un país con acceso fácil a las armas. 

-¿Temes que puedan surgir grupos que exacerben violencia y sublevación?

-Sí. Yo creo que veremos problemas por parte de grupos potenciados por Trump. Estados Unidos tiene que imponerse sobre estos grupos que, desde el 6 de enero, se jactan de medir su violencia con el Estado. Eso no puede ser.

-Aún debilitado, Trump posee fuerza de movilización. 75 millones de personas votaron por él. ¿Es posible desactivar el trumpismo?

-Estoy seguro que muchos de esos 75 millones que votaron por Trump ya le quitaron su apoyo. Puede que hoy sean 40 o 50 millones los que lo siguen apoyando. 

-Igual es bastante. 

-Sí, muchísimos. Pero Biden es un tipo reconciliador. Es como un padre de la Patria. Al menos así se está presentando y lo hace bien. No es un tipo que inspire una gran emoción –como sí lo hace Kamala- pero es inclusivo. Sus discursos le hablan a todos y eso puede desactivar muchas cosas. Además, ha hecho un gran trabajo para escoger a su gente. No estamos hablando de una administración de retórica con imágenes de Instagram. Biden está pensando a fondo. Sabe que tiene que reconstruir y caminar por una cuerda incierta. Sabe que debe restablecer la hegemonía del Estado, el respeto de las instituciones, restaurar la democracia sea como sea, para lograr meter este bicho que ha salido del closet otra vez ahí. En mi vida nunca he visto nada parecido.

-¿De qué bicho hablas?

-Durante Vietnam había una brecha clara entre los pro y los anti Vietnam. Hay muchas tensiones así en la historia de los Estados Unidos y, de alguna manera, es el mismo bicho que sigue resucitando desde la guerra civil. Por eso, como norteamericano, sé que somos capaces de otra guerra civil. 

“Biden está pensando a fondo. Sabe que tiene que reconstruir y caminar por una cuerda incierta. Sabe que debe restablecer la hegemonía del Estado, el respeto de las instituciones, restaurar la democracia sea como sea, para lograr meter este bicho que ha salido del closet otra vez ahí. En mi vida nunca he visto nada parecido”.

-¿Así de dramático lo ves?

-Antes de la elección, yo le decía en privado a mis amigos que tenía mucho temor y recelo de que pudiera ganar Trump. Estaba seguro que íbamos hacia una especie de guerra civil, a un quiebre total. Sabía que si él no ganaba iba a causar problemas. Pero su base, su lumpen, su ejército de escuálidos como diría Chávez, no es suficientemente articulado como para hacer una revuelta de verdad. Sin embargo, ya vimos de lo que son capaces. 

-¿El riesgo sería que Trump, en la frustración de haber perdido, no ceda y elabore un plan?

-En ese discurso que alguien le redactó, él mismo dijo: “Estamos sólo al comienzo de esta aventura increíble”. O sea, si hubo un silbato de perro a su base fue esa frase. Bastante pasteurizada, eso sí. Pero ahí insinuó que esto va a seguir. Por eso mismo yo estimo que Trump debería ser enjuiciado. Tiene que haber un castigo ejemplar contra él. Hay que trazar una raya en la arena y que sea explícita ante el país. Decir hasta aquí no más se puede. Este hombre excedió todos los límites. Ningún Presidente puede volver a comportarse así. 

Créditos: Alejandro Olivares

-El Partido Republicano lo dejó crecer. ¿Qué señal deberían dar los republicanos en una etapa tan incierta?

-Ellos tienen que hacer una purga propia. Deben  reconocer públicamente el camino errado que tomaron con Trump y repudiarlo explícitamente. Ellos tienen que recuperar la decencia. Incluso pueden alegar que fueron secuestrados, narcotizados, por un tipo así. Soy capaz de perdonarlos por eso, pero muchos republicanos van a tener que pagar por sus pecados. En esto tendrán que ser estalinistas. A los cretinos, los locos, tienen que dejarlos al margen, aislarlos. Pueden ser una minoría armada y peligrosa. El FBI tiene que potenciar un departamento para enfrentar mejor el terrorismo doméstico. Pero, insisto, desde lo institucional no veo a nadie mejor que a Joe Biden para poder sortear este momento. Su manera de hablar, de apelar a la ciudadanía en su conjunto, abre una buena oportunidad. 

-En el ordenamiento geopolítico, ¿cómo queda Estados Unidos frente a las grandes potencias? Eso importa…

-Importa mucho. Sin duda, Estados Unidos está vulnerable en este momento, pero ninguno de los países adversarios son suficientemente fuertes en términos bélicos como para intentar algo. China no tiene la potencia militar norteamericana por ahora. Rusia es un país rastrero. Tiene muchas cabezas nucleares, pero no es percibido como una amenaza. Rusia es como el ex marido de tu mujer que vive en la esquina y viene a orinar en la puerta de tu casa. Es capaz de atacar a tu hijo o patear a tu perro, pero no se atreve a venir de frente a ti. Claro, han sido bastante impunes en su ciberespionaje debido a que tenían a Trump. Pero, más allá de eso, Biden ya ha mandado señales. Francia, China, Irán saben que aunque la situación está peligrosamente minada, nadie va a mover fichas en este momento. 

“Trump debería ser enjuiciado. Tiene que haber un castigo ejemplar contra él. Hay que trazar una raya en la arena y que sea explícita ante el país. Decir hasta aquí no más se puede. Este hombre excedió todos los límites”.

-Me refiero a que cuando EE.UU llegaba a la mesa de las grandes potencias, se sentaba en la cabecera. ¿Hoy llega con su autoestima afectada? Tiene una fractura. 

-De momento, no hay que sobrerreaccionar. Sin duda, se ha lavado mucho trapo sucio en público. Pero no hay que menospreciar su poderío y posición bélica. Estados Unidos es un país guerrero, imperial. Eso no ha cambiado. Hoy puede estar debilitado en imagen pública, y no le quito importancia. La percepción pública se convierte casi en una realidad. Por lo tanto, los EE.UU van a tener que hacer un gran trabajo para recapturar el respeto mundial. Pero, insisto, ahí en donde cuenta, sigue siendo el mismo país. Emmanuel Macron, Ángela Merkel, toda esa gente está esperando que sean las 4 de la tarde del 20 de enero para volver a entablar relaciones serias y de confianza con su gran aliado. Estados Unidos va a recuperar su sitial, aunque sin duda habrá perdido algo. China y Rusia se habrán aprovechado de eso. El mundo va a ser mucho más complicado.

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