Cristián Díaz, el rescatador de memorias

Luego de más de una década como profesor particular de inglés, Cristián Díaz encontró su vocación escarbando en antiguas fotografías en blanco y negro capturadas por su padre, las que decidió colorear. Desde ese momento supo que su vocación se encontraba en la restauración de imágenes dañadas. Aquí, el hombre detrás del perfil Del pasado al presente, que se hizo conocido por una particular valoración estética del ex presidente Germán Riesco, cuenta su oficio y las historias detrás de los retratos que repara.

–¿Tú viste Coco?, –pregunta Cristián Díaz, a través de la pantalla de su computador, haciendo referencia a la trama de la popular película de Disney, en la que el alma y la esencia de los fallecidos, desaparecía del mundo de los muertos cuando ya nadie los recordaba en la tierra. 

–Con las fotos ocurre algo parecido, –agrega– con esa sonrisa que solo ponen los hombres y mujeres que hablan con pasión. – Cuando la gente se olvida de las fotos, como que las personas que estaban en ellas desaparecen. Entonces, me gusta pensar que con mi trabajo de recuperar las fotografías, se puede mantener ese legado. Y que las personas siempre se van a acordar de su abuelito, de su madre, de su hijo, de sus familiares que murieron.

Cristián es restaurador de fotografías en mal estado. Su oficio lo comenzó hace cinco años, luego de más de una década ejerciendo como profesor particular de inglés, un empleo que no le desagradaba, pero que tampoco le llenaba. 

Sus primeros trabajos de recuperación, recuerda, se dieron cuando encontró cajas y cajas con varios rollos y ampliaciones de fotografías que su padre tomó en la década de los 50. Como las imágenes eran en blanco y negro, Crstián las escaneó, las digitalizó y coloreó para tratar “de llenarlas de vida”. Allí se dio cuenta que en el proceso ocurrió algo maravilloso en su interior, una revelación: 

–Cuando uno ve una foto en blanco y negro, la ve muy lejana, pero al agregarle color, al hacerlas más nítidas, ves que tus familiares existieron. Que no son solamente una foto en sepia o una foto en blanco y negro, que fueron personas, que tuvieron vida, experiencias. 

Si bien, en un principio, los arreglos no tuvieron los resultados esperados, puesto que Cristián aprendió su oficio de manera autodidacta, el apoyo de su padre fue relevante para que él siguiera restaurando sus fotografías y creará la página de Facebook “Del pasado al presente”, donde comenzó a ofrecer sus servicios a terceros.

– Les ponía mucho contraste o las dejaba muy arrugadas, entonces los colores no me quedaban reales. Tampoco le preguntaba a mi papá cuáles eran los colores de las cosas que estaban alrededor de él. Entonces, sí, las primeras restauraciones son feas. Pero mi papá no se enojó, mi papá me dijo sigue adelante, dale no más, sigue.

Desde ese entonces, Cristián perfeccionó su técnica y los clientes comenzaron a llegar de a poco. Fue recién el año pasado cuando sus redes comenzaron a popularizarse y hoy su perfil de Instagram cuenta con 13.800 seguidores. 

El crecimiento en sus redes explotó el año pasado, cuando -como una estrategia de difusión-, comenzó a restaurar imágenes icónicas de personajes relevantes en la historia de Chile. Primero realizó la restauración de una fotografía de Gladys Marin en su juventud, también otra del ex presidente Germán Riesco, trabajo que se popularizó por el incuestionable parecido en su juventud del ex mandatario al actor Brad Pitt. 

Imagen original de Germán Riesco


Fotografía restaurada

–Fue ahí cuando una clienta me dijo: “oye, tu foto del presidente salió en la tele y te nombraron, ¿la viste? En el canal 4”. La imagen se compartió en muchas partes, me llegaron muchos comentarios de mujeres que lo encontraban guapo. Incluso la repostearon en una página gay de Estados Unidos, no me acuerdo cómo se llamaba, pero decían: “he’s very handsome chilean president, very good looking”. Me maté de la risa.

Gracias a Riesco, el trabajo de Cristián se expandió. Cuenta que a partir de esa restauración le han solicitado servicios de distintas partes del mundo. Asegura que ha trabajado con fotografías de clientes de varios países de Sudamérica además de otras naciones como Suiza, España, África y Alemania. También lo han contactado desde distintas congregaciones religiosas para retocar antiguas fotos de religiosos, Teresita de los Andes y el Padre Hurtado, los más reconocidos.

Del pasado al presente


Del pasado al presente

El éxito de su trabajo, analiza Cristián, se debe a que las fotografías las trabaja mano a mano con sus clientes. “Me dicen: “mi abuelito tenía los ojos verdes, era clarito de piel, tenía unos visos medios rubios o le faltaban unos dientes”. Entonces me dejan esa información escrita y de esa información lo replico, lo hago en Photoshop. Si me equivoco en algún detalle el cliente me dice al tiro, por ejemplo, el otro día coloreé una foto de un carabinero en los años 40. Entonces el cliente me dijo “mi abuelito tenía los ojos verdes”, entonces después le mandé la foto y me dijo “uy, sabes que me equivoqué, porque mi mamá me dijo que los tenía verde pardo. Entonces tuve que cambiar el ojo y ponerle verde pardo, porque usualmente los clientes, cuando se trata de los ojos son súper detallistas. 

Crisitan también ha restaurado imágenes muy deterioradas, en las que las facciones de las personas en los retratos son irreconocibles, un trabajo intuitivo y acucioso donde lograr recuperar fotografías que parecen perdidas.  

“Si lo que está estropeado es, por ejemplo la nariz, yo solamente agarro la parte que se ve y la empiezo a armar o a formar hasta que quede una nariz. Después se la mando al cliente y siempre me corrigen, me dicen “te quedó bien, pero las fosas nasales tienen que estar un poquito más anchas”, ya y después se la mando de nuevo y me dicen “no, pero la punta te quedó muy abajo, ¿podis subirla un poquito?”

Por cada trabajo Cristián cobra $20mil, independiente del estado de la fotografía y el tiempo que le destina a cada una. Asegura que no quiere subir sus tarifas. “No puedo cobrar más. Mira en la época en que estamos. Yo quiero que todas las personas puedan pagar la restauración”, asegura. 

La satisfacción para él, en un momento de su vida en el que puede vivir exclusivamente de su oficio, se centra en las historias detrás de cada una de las imágenes a las que les da vida. 

–Cuando yo restauro fotos, que son de los abuelitos, sus nietos me dicen: “esta era la única foto que yo tenía y no lo pude conocer porque mi abuelito murió de cáncer en el año 50”. Siempre me agradecen mucho, me dicen “me hiciste llorar hasta las lágrimas” o también me transmiten su felicidad porque muchas de las fotos que restauro son las únicas que tenían de esa persona.


Por su trabajo, Cristián también ha tenido responsabilidades complejas. En tres oportunidades ha restaurado y editado fotografías de niños que fallecieron durante el trabajo de parto. 

Las mamás me piden si por favor, puedo limpiar la foto. Que su hijo salga en una cunita(…) ellos estaban muy agradecidos, me decían que con eso podían continuar y ser una familia feliz. Ellos se acercaron con miedo a preguntar si yo hacía este trabajo, pero hay que tener respeto por las familias. Yo les decía que lo hice con mucho corazón y también como padre.

Sobre las fotografías más antiguas Cristián comenta que hay algunas que incluso son del siglo XIX. “Las fotos más antiguas casi siempre me las piden cuando están haciendo árboles genealógicos, entonces me dicen “necesito restaurar esta foto de mi abuelito”, pero no son solo abuelos, he restaurado fotos incluso de tatarabuelos”.


Independientemente de lo que ocurra detrás de las historias de cada una de las fotografías que restaura, Cristián es consciente de la importancia de la memoria en las personas. Sabe que como él al encontrar esas viejas fotografías de su padre, cada persona tiene un tesoro, un recuerdo de sus seres querido que le gustaría traer del pasado al presente:

“Todos tenemos un vínculo con el pasado. Entonces mi trabajo, de alguna manera, es honrar a esas personas que fallecieron”, reflexiona.

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