Roberto Méndez, analista: “Veo muy poco probable que los chilenos vayan a elegir un Presidente de la derecha”

Experto en tomar la temperatura ambiente, Roberto Méndez admite que el país se izquierdizó y que la derecha “va sentada en el asiento de atrás”. Más aún, reconoce que hay sectores de ese mundo que creen que no vale la pena volver a ser gobierno en esta vuelta. Aquí explica por qué.

“No es el momento de la derecha”, dice este experto en opinión pública al analizar los resultados de las últimas elecciones y las proyecciones futuras.

Roberto Méndez -que se reconoce cercano a ese sector político- no es un novato en leer las tendencias en curso. Por décadas ha seguido de cerca la mutación del sentir ciudadano y el reordenamiento de las fuerzas políticas a través de los estudios de opinión.

Ex presidente de Adimark y actual profesor titular de la Escuela de Gobierno de la UC, Méndez es un agudo analista político y social. Desde ahí desmenuza el escenario actual, que define como de descontrol, sin líderes que puedan ordenar o encauzar el debate. Sí cree que así como están echadas las cartas hoy día, el liderazgo de Yasna Provoste podría aportar a institucionalizar el proceso político.  “Si vemos que ella se dispara en los próximos meses, será por  esta sed de institucionalidad. Es la sed que hizo que ganara Orrego y que perdiera Oliva”, afirma.

En las elecciones de mayo, la noticia era el avance de la izquierda. Un mes después, con la elección de gobernadores, se dice que ha regresado el centro moderado. ¿Cómo habría que leer este nuevo Chile?

-Han pasado cosas muy interesantes, pero no hay que sobre interpretar. La baja participación en la última elección -menos del 20%-, es un dato muy importante en las proyecciones. Lo otro es que efectivamente en la elección de gobernadores renació o reapareció la centro-izquierda, un grupo que parecía que estaba muerto, que había desaparecido. De repente, apareció el mundo de la ex Concertación…

derecha

-¿Se puede inferir eso del triunfo de Claudio Orrego?

-De cierta manera, Orrego es como un arquetipo de esa centro-izquierda moderada, de la relación de la Democracia Cristiana con la centro-izquierda. Su triunfo mostró que ese mundo estaba vivo. Ganaron en 11 de las 16 gobernaciones. Pero, además, se establecieron dos cosas bien importantes: lo primero, es que el país efectivamente se izquierdizó en el último año. Aunque ya desde el estallido, el clima de opinión pública se movió hacia la izquierda. Y lo segundo es que aquí hay dos izquierdas.

-¿Digamos que ya no se puede hablar de la unidad de la oposición?

-No.  Aquí vemos una disputa en la oposición sobre quién controla ese mundo: ¿será la centro-izquierda moderada que representa Orrego y su triunfo? ¿O es esta otra izquierda más radicalizada, que representa el Frente Amplio y el Partido Comunista? No está claro quién tiene el control, pero si es claro que esa será la gran disputa política del futuro.

-¿Da por muerto los polos izquierda y derecha?

-En este momento da la impresión de que el duopolio se derrumbó. La derecha versus la izquierda salió de escena. Por ahora, hay un proceso político en curso y es una disputa entre dos sectores políticos identificables: la centro-izquierda y una izquierda que representa el Frente Amplio y el PC. Eso es lo que vamos a vivir en el próximo tiempo. El tema es quién controla este nuevo mundo, este nuevo Chile que se movió hacia la izquierda, que busca cosas distintas, aunque aún no sabemos muy bien qué.

-¿Y la derecha?

-Yo creo que la derecha va en el asiento de atrás no más. 

¿Qué le pasó? ¿Está pagando el costo de un gobierno mal evaluado? ¿O es un tema de proyecto?

-La derecha ha tenido una mala racha que tiene que analizar. Parte con la posición del Rechazo para el plebiscito. Eso dividió a la derecha y al gobierno también. Lo sé porque soy cercano a ese sector político y vi la división que se provocó.

“La derecha versus la izquierda salió de escena. Por ahora, hay un proceso político en curso y es una disputa entre dos sectores políticos identificables: la centro-izquierda y una izquierda que representa el Frente Amplio y el PC. Eso es lo que vamos a vivir en el próximo tiempo”.

-¿Se partió en dos?

-Se partió profundamente. Yo veo que esa división subsiste. Esas heridas no se han sanado todavía. Es verdad que el gobierno ha tenido muchos problemas, pero también es cierto que la derecha ha ido perdiendo su discurso, su mensaje, su relato. Y se ha ido perdiendo en cuestiones muy perturbadoras para sus votantes, como el tema de los retiros del 10%. Realmente su mensaje ha sido muy confuso.

-¿Y cuál es el camino que tiene esa derecha en el escenario actual?

-Bueno, tienen que rearmarse. Pero yo veo muy improbable que lo pueden hacer ahora, después de esta racha del plebiscito, en el que no llegaron al tercio de los constituyentes, y en que ahora sacaron un solo gobernador…

-¿Qué es lo que le resulta improbable?

-Veo muy poco probable que los chilenos vayan a elegir un Presidente de la derecha. En el contexto actual: ¿qué tendría que pasar para que más del 50% de los chilenos vaya a votar por un Presidente de la derecha? Yo lo veo sencillamente improbable.  Eso no significa que no tengan candidatos.

“Es verdad que el gobierno ha tenido muchos problemas, pero también es cierto que la derecha ha ido perdiendo su discurso, su mensaje, su relato”.

-¿Pero eso es ir a competir a una carrera sin chance?

-La primaria de la derecha es muy importante para marcar sus ideas y la presencia en el largo plazo. Sin embargo, creo que en esta elección presidencial, la derecha tiene muy poca opción. 

-O sea, ¿la derecha podría no llegar a la segunda vuelta y que la elección se terminará dirimiendo entre Yasna Provoste y Daniel Jadue, por ejemplo? 

-Por supuesto, esa opción existe. No es un escenario imposible, para nada. Sería algo parecido a lo que se dio entre Orrego y Oliva. A eso me refiero cuando digo que la derecha está en el asiento de atrás.

“CHILE SE IZQUIERDIZÓ”

-¿Esa fragilidad de la derecha tiene que ver con que el país  se izquierdizó?

-Chile se izquierdizó no tanto desde el punto de vista de las coaliciones políticas, sino que desde la sociedad. La gente se enojó con las élites y se alejó. Pero, ojo, también se alejó de los partidos de izquierda, de las instituciones políticas tradicionales, del Congreso. No es solamente un sentimiento anti derecha. Es un sentimiento anti institucionalidad, anti élite. Eso es lo que va a marcar el debate futuro: ¿quién va a ser capaz de representar ese malestar? Hoy no está para nada claro.

¿La necesidad de dar gobernabilidad puede ser un factor ordenador?

-Si uno tuviera que definir la situación actual, es de descontrol. No hay un conductor, un guía, un líder. Ni siquiera los límites están bien puestos. Por ejemplo, vemos la discusión sobre cuáles son los límites de la Convención Constituyente, hasta dónde pueden llegar, qué es lo que no pueden hacer. Por eso digo que la gran disputa hoy día es por quién asume ese control.

“Chile se izquierdizó no tanto desde el punto de vista de las coaliciones políticas, sino que desde la sociedad. La gente se enojó con las élites y se alejó. Pero, ojo, también se alejó de los partidos de izquierda, de las instituciones políticas tradicionales, del Congreso”.

-¿Y eso pasa por una medición de fuerzas o por quién recoge mejor el malestar?

-Hay una rabia que está muy bien representada en lo que sucedió en el estallido de octubre de 2019. Hoy vemos una competencia por quién representa esa rabia políticamente. Daniel Jadue está en ese intento, pero la elección de gobernadores significó una gran derrota para él. 

-¿Por qué?

-Porque Jadue fue el gran aliado de Karina Oliva. Estuvo siempre a su lado y perdió en su apuesta, pero también perdió en su intento por revivir el enfrentamiento de los años 60. Todo esto de pedir estatutos de garantía a la DC y a las Fuerzas Armadas es una cosa absolutamente fuera de época. La derrota de Karina Oliva se debe, en gran medida, a Jadue. 

-¿A un discurso más bien polarizante?

-Sí,  y a que nos dimos cuenta de que él no es capaz de movilizar a los sectores populares que no fueron a votar.

-Pero las encuestas lo siguen mostrando como un candidato muy competitivo. ¿O habría que ser cauteloso de lo que están diciendo las encuestas?

-He sido un encuestador toda mi vida. Y hoy digo: ojo con las encuestas, porque están pasando por un momento muy difícil. No es porque estén mal hechas, sino porque hoy es muy complicado descifrar un universo en que un día vota el 19% de los electores. Hace un mes atrás, votó casi el 50%. Quizá cuántos van a votar en las próximas elecciones. No lo sabemos. Con esa liquidez en la participación, el trabajo de las encuestas se ha hecho extremadamente difícil. El momento es casi imposible de predecir. 

“Todo esto de pedir estatutos de garantía a la DC y a las Fuerzas Armadas es una cosa absolutamente fuera de época. La derrota de Karina Oliva se debe, en gran medida, a Jadue”. 

-Pero aún así las encuestas generan realidades políticas. Es el caso de Yasna Provoste que ha crecido mucho y le saca varios punto a Paula Narváez…

-En el caso de Yasna Provoste hay una irrupción en un plazo muy corto. Hace pocas semanas, la DC tenía todo arreglado y su candidata se llamaba Ximena Rincón. Todo se desarmó.

-¿Y cómo observas la evolución de Provoste?

-Sin lugar a dudas, Yasna Provoste tiene mucho talento político. Además, está en el lugar correcto. Es la presidenta del Senado, uno de los pocos lugares que nos va quedando de institucionalidad. Y ella está ahí. Entonces, es la persona correcta, en el momento correcto y en el lugar correcto. Y si bien, insisto, las encuestas tienen un bajo valor predictivo, ella pasó de la nada, casi de no existir, a estar en los primeros lugares de aprobación ciudadana.

-El punto es si eso la consolida como carta presidencial…

-Es una figura emergente muy importante. Y si le sumamos el resultado de su sector –tanto en la elección  de la Constituyente como de gobernadores- realmente ella tiene una perspectiva inmejorable. Súmale también a una derecha que está destruida, minimizada, golpeada. Sin duda, la centro-izquierda tiene una posibilidad privilegiada en este momento. Yo veo a Yasna Provoste como una tremenda opción. 

“Yasna Provoste tiene mucho talento político. Además, está en el lugar correcto. Es la presidenta del Senado, uno de los pocos lugares que nos va quedando de institucionalidad. Y ella está ahí. Entonces, es la persona correcta, en el momento correcto y en el lugar correcto”.

-Pareciera que su estrategia es levantarse como la gran líder de la oposición, la que puede aunar voluntades de ese mundo de izquierda en disputa. ¿Va en la línea correcta? 

-Absolutamente. Porque ante esta situación de descontrol, la gente está asustada. Hay un gran apetito por liderazgo. Yasna Provoste, desde su postura política, ha tenido un discurso apegado a la institucionalidad, de diálogo con el gobierno y logró cosas simbólicamente muy importantes. Si vemos que se dispara en los próximos meses, será por  esta sed de institucionalidad. Es la sed que hizo que ganara Orrego y que perdiera Oliva.

-¿Realmente habrá susto en la gente?

-Hay preocupación en todos los sectores y especialmente en el mundo empresarial, en sectores de derecha, por esta falta de liderazgo, de límites, de reglas, de un debilitamiento del Estado de Derecho. O sea, cuando se saltan la Constitución, cuando el mismo gobierno lanza proyectos que ponen en jaque la institucionalidad, obviamente se produce temor e incertidumbre. Pero también existe una visión esperanzadora de que al final, con todos los tropezones que nos hemos pegado, el país ha podido seguir caminando apegado a institucionalidad.

LA MADEJA LAVIN, SICHEL, BRIONES…

-Con pocas posibilidades, ¿hacia dónde debiera moverse la derecha: hacia el centro  o refugiarse en sus convicciones más profundas?

-Tiene que anclarse en sus convicciones, pero antes tiene que definir cuáles son esas convicciones, cuáles son esos relatos. Porque si el relato es el neoliberalismo puro y duro, no tiene ningún destino. La derecha es mucho más que promover una economía abierta, competitiva. También representa la defensa de las libertades individuales, la focalización para ayudar a los más pobres, a los marginados. Pero debe hacerlo con algo más que respuestas técnicas.

¿Y Joaquín Lavín podría darle ese anclaje? Tiene un discurso más flexible, más ligado a lo que quiere la gente…

-Es verdad que Lavín tiene un discurso más flexible, pero yo siento que los tiempos actuales son más de renovación. Aquí hay temas generacionales también, temas de época. Joaquín Lavín todavía es visto como una persona que estuvo en el Sí y el No, se asocia con Pinochet. Es como un mundo que ya fue, que ya pasó. Hoy la derecha debiera ser más innovadora también en sus elencos.

“La derecha es mucho más que promover una economía abierta, competitiva. También representa la defensa de las libertades individuales, la focalización para ayudar a los más pobres, a los marginados. Pero debe hacerlo con algo más que respuestas técnicas”.

-¿Sería mejor optar por figuras como Sebastián Sichel, Ignacio Briones?

-Claro, Briones o Sichel representan una nueva visión de la derecha y serían una buena opción pensando en el futuro. Porque, aunque la derecha no gane la próxima elección presidencial, es importante que sus valores estén presentes en la discusión política. Y, segundo, porque junto con la presidencial hay una elección de senadores y diputados. Si la derecha fuera arrasada de nuevo, entonces ya se quedaría sin la Convención Constituyente, sin gobernadores y sin Congreso. O sea, desaparecería.

-¿Tanto así?

-O sea, si en noviembre próximo se repite lo que ha pasado en las últimas elecciones y deja de ser una fuerza relevante en el Congreso, la derecha corre el serio riesgo de desaparecer políticamente. Por eso es muy importante quién sea el candidato presidencial. No tanto porque vaya a ganar -porque es difícil-, sino para que represente las ideas de una derecha moderna y apoye a los candidatos al Congreso.

Tal como están las cosas, ¿podría darse que sectores de la derecha más influyente prefieran que gane la centro-izquierda? Me refiero a que la crisis social va a seguir activa y hay que manejarla.

-Yo lo resumiría así: La experiencia de ser gobierno para ciertos sectores que apoyan a la derecha no ha sido una buena experiencia. Ha sido una mala experiencia. Entonces, no sé si quieren repetirla. 

“Si en noviembre próximo se repite lo que ha pasado en las últimas elecciones y deja de ser una fuerza relevante en el Congreso, la derecha corre el serio riesgo de desaparecer políticamente”.

-¿Algo de ese ánimo está dando vuelta en la derecha…?

-Sí, y lo digo con prudencia… Alguna personas en la derecha piensan que quizás no vale la pena ser gobierno ahora, una vez más.  No sé si es una posición mayoritaria, pero de que existe, existe. 

Con su experiencia, ¿también considera que sería mejor un gobierno de centro-izquierda que uno de derecha para el próximo período? 

-Creo que un nuevo gobierno de la derecha sería muy complicado.

-¿Por qué?

-En este país que pareciera estar tan lejos de ese sector político, en el que hay una visión casi destructiva de un cierto modelo, es difícil que un nuevo gobierno de centro-derecha pudiera controlar todo esto que está pasando. No es el momento de la derecha.

-¿Es el momento del retiro?

-Creo que hay momentos para cosechar y tiempos de sembrar. Probablemente, la derecha tiene que ir a una etapa de siembra. 

“En este país que pareciera estar tan lejos de ese sector político, en el que hay una visión casi destructiva de un cierto modelo, es difícil que un nuevo gobierno de centro-derecha pudiera controlar todo esto que está pasando. No es el momento de la derecha”.

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