Daniela Ramírez, actriz: “Isabel Allende dijo que quería que un día la recordaran como Daniela Ramírez”

Protagonizó la serie Isabel y recibió elogios de todas partes. Aquí habla de lo que fue este trabajo que acaba de ser emitido en televisión. Habla de la escritora, de cómo se metió en su piel, detalla el encuentro que tuvieron en persona, y vislumbra su futuro.

Daniela Ramírez es una actriz que se cortó el pelo, fuma tabaco liado en papel, tiene un hijo joven de 17 años, dos premios, está soltera, se ríe fuerte, llora fuerte, se ducha en tres minutos y, sinceramente, no se cree Isabel Allende. “No”, enfatiza, “yo soy yo, es decir, soy Daniela Ramírez, no soy Isabel, no soy ese monstruo literario”. “Pero cómo”, insistimos alucinados, aún descompuestos y bajo los efectos del último capítulo, aún con resabios de Isabel, la serie, en el sistema nervioso, “¿de manera que en ningún momento se ha sentido Isabel Allende?”. “¡Noo!”, exclama con pavor la actriz, “no, nunca tanto, yo soy una actriz”. Una actriz apta para el drama con aristas, para el guion con raspado político: son dieciocho películas, dieciséis series y teleseries.

Y, bueno, el reportero, sacudido por un tic en el ojo derecho, una pifia del párpado, se estira en su silla, tal vez a una comuna de distancia del computador de Daniela, y le confiesa con sinceridad, estremecido por la ficción:

-Usted es Isabel Allende- y doble tic en el ojo.

Ella ríe, francamente nerviosa.

-No. Sólo Isabel Allende es Isabel Allende.

-Su actuación convincente lleva a pensar que la escritora se apoderó de usted…

-Noo…

Y Daniela profundiza, riendo:

-Yo quiero tenerla a mi lado, o al frente, no adentro mío.

“Sólo Isabel Allende es Isabel Allende”.

No, claro, sólo Isabel Allende es Isabel Allende. Sólo hay una leyenda, la inventora del allendismo mágico, la pluma alzada de la revista Paula, la escritora que publica records de venta. La chilena más famosa del mundo. 

-Es que es un fenómeno impresionante- murmura la actriz, una mujer que tiene casi la mitad de vida que el hito. La actriz, 34 años; el hito contabiliza 78 años llevados con elegancia y una modesta capa de maquillaje.

Y ella, Daniela, es sólo Isabel, la Allende con pelucas y edición. La Isabel de tres capítulos y un montón de elogios. Aún así, estamos de algún modo con la Isabel Allende del momento.

-¿Le costó entrar en el papel?

-Era un desafío. Pero se hace con profesionalismo.

-¿Le costó salir del papel?

-No especialmente. O sea, no me quedo siendo Isabel Allende por la vida.

-Qué lástima.

-¡Pero qué…nono…!

-Sería magnífico tener dos Isabel Allende- proyecta, afiebrado, el reportero.

-La encuentro una mujer increíble, admirable, talentosa. Pero yo soy simplemente una actriz.

Yo quiero tenerla a mi lado, o al frente, no adentro mío”.

La serie terminó anoche: esta es, entonces, una nota post mortem. Isabel, esa ficción armada por Amazon, dejó de existir hace unas horas y tuvo una existencia intensa: dictadura, exilios; una hija, Paula, que pierde la vida; libros, envidias, coquetería, collares y gloria. La pantalla, en términos metafóricos, aún está caliente. Y Daniela Ramírez ya hizo el ciclo de difusión. Habló con la prensa. Las portadas la ilustraron con una mueca allendista. Dijo a un medio: “Ella me encanta”. Dijo a otro medio: “Me siento como su amiga”. Y a otro señaló: “Tenemos ene cosas en común”. El ciclo ya declina y esta es, tal vez, su última entrevista como Isabel Allende. El momento se recarga de simbolismo. Es la despedida mediática de Isabel.

-Claro, puede ser- admite-…para mí ha sido realmente un honor actuar de ella.

-¿Cuántas veces al día piensa en Isabel Allende?

-Pienso en Isabel Allende unas ocho veces al día- responde con rapidez.

-¿De qué modo se le aparece?

-Es que la gente me lo recuerda. Me lo dicen cuando me ven. “Eee, la Isabel Allende”. Y ahí irremediablemente pienso en ella.

-¿En las escenas crudas, fuertes,-como por ejemplo la muerte de Paula- forzó la memoria emotiva, se imaginó viviendo algo similar como madre? ¿Sacrificó su bienestar sicológico en aras de una actuación convincente? ¿O plasmó allí el oficio y se figuró que era otro ser humano?- pregunta, elevadísimo, el reportero.

-¿Cómo?- alega ella.

-¿Cómo hizo las escenas difíciles?

-Sin memoria emotiva.

-¿Se puede actuar la tristeza desde la imaginación?

-¡Es que a mí ya no me queda memoria emotiva! ¡La usé demasiado, se me agotó! (Se le agotó, suponemos, en actuaciones tales como: Los Archivos del Cardenal, la teleserie Esperanza, o Amanda.)

Daniela agrega:

-Y sí, la muerte de una hija es una escena muy delicada. Y una nunca podrá dimensionar ese dolor. De hecho…ella misma ha dicho: “Soy otra mujer desde que murió mi hija”.

“A mí ya no me queda memoria emotiva! ¡La usé demasiado, se me agotó!”

-¿Y tienen cosas parecidas, ella y usted?

-Mm…puede ser. El coraje. El dejarse llevar por lo que una siente- apunta, tentativa.

-¿Usted se deja llevar?

-Soy impulsiva. Soy adicta a las emociones.

Ella fuma, suelta el humo.

-¿Qué es ser adicta a las emociones?

-Si lloro, lloro. Si río, río. Mi risa se escucha.

Y justo ahora ríe. Y se escucha.

Y Daniela opina que Isabel es simpática, amena, construye diálogo. Es audaz, feminista, femenina, completa. Un ejemplo. Otro talento.

-¿Y por qué la critican?

-Yo creo que en Chile se le ve con distancia porque su carrera la construyó afuera.

-¿Usted cree que sea machismo?

-Algo de eso también hay. No estoy tan al tanto de lo que ocurre en el ambiente literario, pero me parece que no es el mismo trato que podría recibir un escritor hombre.

-¡A Antonio Skármeta no lo han tratado así!- lanza el reportero, sin argumentos.

-Claro que no.

-Dígame… ¿Cómo es ella en persona?

-Humilde.

-¿Qué más?

-Divertida.

-¿Qué más?

-Habla harto, pero de forma entretenida.

Y Daniela suspira. Y admite que conoció al mito: Isabel, el personaje, conoció a Isabel Allende, la persona.

Le brilla la cara y empieza a recordar.

El personaje y la persona

Un día del año 2020 la actriz se juntó con Isabel Allende en un departamento de Providencia. La actriz, recuerda, se hallaba impaciente y, tal vez a causa de tales nervios o quizás de una memoria con fisuras, Daniela es incapaz de precisar la fecha:

-Fue como en junio…o en noviembre…

-La escena, entonces, habría ocurrido entre junio y noviembre, ¿no?

-Por ahí…

-¿Qué hizo al verla?

-Nos abrazamos.

-¿Notó una conexión afectiva al instante?

-Sí.

Daniela Ramírez le dijo:

-Bueno, Isabel, yo voy a hacerme cargo de ti.

La mirada de Isabel Allende reparó sin demora en la fisonomía de Daniela Ramírez. Isabel Allende exclamó:

-Eres mucho más linda que yo…

(“¿Notó envidia, un tono cortante?”, preguntamos. Daniela es tajante: “Nada. Dulzura. Buena onda”, responde.)

Tras el halago, Daniela Ramírez le dijo:

-Tú eres estupenda.

(“¿Usted estaba hablando con honestidad o se vio forzada a lanzar una cortesía?”, preguntamos, inquietos. “La verdad. Ella para su edad está impecable”, responde Daniela sin demora.)

Luego Isabel Allende exclamó:

-¡Cómo lo harán! ¡Yo soy mucha más caderona que esta niña!

Todos rieron, corteses.

(“Perdone, ¿las caderas de Isabel Allende son llamativas?”, preguntamos, atónitos. “Son más grandes que las mías. Es que yo casi no tengo caderas, jaja”, responde Daniela, develando con carácter un aspecto de su anatomía.)

Se volvieron a mirar, señala Daniela. La leyenda la aprobó con los ojos, articuló una venia imperceptible, la integró a los chistes. Y luego la leyenda amenizó la conversación mientras sorbían un té. Contó anécdotas. Habló de Chile. Cruzó las piernas, habló de ropa, de cuerpos. Rieron de nuevo.

Una frase de Isabel Allende quedó impregnada para siempre en Daniela:

“Debe existir magia en todo”.

Otras miradas, más aprobación, y las dos Isabel, la de mentira y la de verdad, tras cuarenta minutos mitológicos, se despidieron para siempre.

Ellas se aman

En estos momentos, apenas retorna desde su recuerdo, Daniela Ramírez dice que Isabel Allende vive pendiente de Chile. Y opina del país como si hubiese pasado toda su vida anclada en la comuna de Providencia. Y ella, Daniela, también está pendiente de su país y, por ejemplo, bufando, se refiere al toque de queda:

-¡Me tiene podrida!

-¿Usted, en el abanico político, dónde está?

-A la izquierda.

-¿Comulga con la izquierda enfurecida?

-O sea, creo que sí… no estoy en ninguna parte, pero quizás simpatizo más con el Partido Comunista.

Los socialistas, dice, se pusieron cómodos. Al Frente Amplio los tiene que escuchar. Y la Democracia Cristiana, dice, le ha hecho muy mal al país.

-¿Isabel Allende será de centro?- retoma la prensa, ajustándose al motivo de la nota.

-Cada generación enfrenta un mundo distinto. Y hay que entenderlo desde esa perspectiva.

Enciende otro cigarro. Cruza una pierna. Le grita a un perro. Atiende el timbre. Vuelve otra vez.

-¿Son amigas, usted y ella?

-Tanto como amigas…

-¿Usted tiene a Isabel Allende en Whatsapp?

-Tengo el mail.

-¿Se escriben?

-Hemos compartido mails grupales.

“No estoy en ninguna parte, pero quizás simpatizo más con el Partido Comunista”.

-¿Ella es más feminista que usted?

-Son épocas distintas. En su momento ella lo fue con intensidad.

-¿Ella es más femenina que usted?

-Sin duda. Yo soy ronca. Yo no me arreglo mucho. Yo tengo cercanía con la energía masculina. Ella tiene una voz suave. Valora mucho la estética.

Y aquí, el reportero, la somete a un test: “¿Cuál es el mejor momento que usted vivió en la serie?”, preguntamos. “Cuando me puse una peluca espectacular y me veía increíble. Fue un acierto ese look”, responde. “¿Cuál fue la escena que más sufrió?”, disparamos. “Cuando me tuve que poner un traje caluroso y, uf, transpiré, tuve que usar secador”, responde. Y el reportero comprende que ella, la diva, felizmente se ha humanizado. “El mejor libro de Isabel…”, acomete la prensa. “Paula”, confiesa la actriz. “El peor libro de Isabel”, insistimos. “Retrato en sepia”, aventura la estrella. “¿Cuál ha sido la mejor crítica que ha recibido por la serie?”, indaga la prensa. Y ella aquí hace una pausa sensacional y dice:

-Lo que dijo la misma Isabel Allende…

-¿Qué dijo?

-“Quiero que un día me recuerden como Daniela Ramírez”…- la voz se le parte.

-¿Qué?

-Isabel Allende dijo que quería que un día la recordaran como Daniela Ramírez…

-El elogio más grande del mundo…

-Imagínate…

Daniela Ramírez sonríe y hay luz en el planeta.

La prensa analiza a toda velocidad su biografía: teleseries, series, amoríos con galanes, besos, erotismo mesurado, política peligrosa. Y entonces concluye:

-Con ese halago, con su actuación, bueno, usted ha alcanzado su cúspide…

Ella ríe. Y responde con la pulcritud de Kenita.

-Estoy contenta.

-¿Usted está en la gloria?- el reportero la mira imperturbable.

-¿En la gloria?…jajaja. O sea, estoy bien y quiero seguir haciendo cosas.

-¿Sus tarifas serán más altas a partir de la serie Isabel?

-Subirán un 30%- y la estrella ríe.

-¿Siente que es el momento para internacionalizar su carrera?

-Mmm…hay que atreverse a vivir- señala enigmáticamente.

-¿Qué mujer chilena ahora le gustaría interpretar?

-Me encantaría hacer a la Gladys Marín.

-Cómo no.

-Tremendo personaje- recalca.

-¿Y ha vuelto a hablar por estos días con Isabel Allende?

-Vio la serie y mandó un mail.

-¿Qué dijo?

-“Me devolvieron una parte de mi vida”, escribió. Y eso a mí me emociona.

“Me encantaría hacer a la Gladys Marín”.

-¿Se da cuenta que esta puede ser su última entrevista en torno a Isabel?

-Chuta, puede ser…

-Y la verdad es que usted es Isabel, pero, por fortuna, sigue siendo Daniela Ramírez…

-Y eso será para siempre- y con una de esas sonrisas luminosas, con el cigarro entre los dedos, ella corta el computador. Y su parecido con Isabel Allende con toda naturalidad se empieza a desvanecer.

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