Columna de Stephanie Alenda: Primarias presidenciales de Chile Vamos, el tropismo hacia el centro

Lo que sobresalió en el debate es una línea divisoria entre los moderados y quienes quieren polarizar al país; entre los que no quieren que Chile se convierta en un lugar hostil y los que están dispuestos a extremar posiciones.

A primera vista, el estallido social dio un paso más en el proceso de superación del eje izquierda-derecha que solía ordenar las preferencias electorales de los chilenos, variable que, según los especialistas, habría perdido relevancia incluso antes del 18-O para entender cómo los votantes toman sus decisiones. Surgió un nuevo clivaje: el de pueblo-élites que reflejó una dilución de las diferencias ideológicas, tal como se puede apreciar en el perfil mezclado de las adhesiones a Pamela Jiles; mientras los partidos de izquierda afines a las demandas de la calle se vieron desplazados por nuevos referentes como la Lista del Pueblo. Vientos de populismo soplaron en el país, expresando el anhelo por una participación alejada de las reglas de las élites políticas y negando la mediación propia de las democracias representativas. Incluso la derecha “social” de Mario Desbordes compartió esta lectura de la realidad cuando reivindicó la categoría de pueblo para contraponerla a la opresión neoliberal.

Ahora bien, ¿qué transmitió el debate entre los candidatos de Chile Vamos a la Primaria Presidencial sobre una eventual desaparición del eje izquierda-derecha? Por un lado, se confirmó la tendencia a la superación de ese eje, lo que no es una novedad desde la elección de 1999-2000 en la que Joaquín Lavín estuvo a punto de llegar a la presidencia con un discurso renovado sobre el rol del Estado en la economía. Pero sobre todo, el debate mostró un cambio en el énfasis de esa moderación, lo que puede ser interpretado como una reacción a diferentes factores del entorno, entre los cuales la izquierdización del país y su tendencia a la polarización. Lavín retrucó a Desbordes: “No quiero que el próximo gobierno sea de derecha. Obviamente que el sello social es lo más importante de todo. Por eso hablo de un Estado fuerte con derechos garantizados”. Mientras Briones señaló: “Tenemos que encontrarnos los demócratas en el centro (…) Basta de tironeos de izquierda y derecha”. Por su parte, Sichel no se definió como un hombre de derecha sino como integrante de una coalición que aún tiene que crecer hacia los independientes.

Lo que sobresalió entonces en el debate es una línea divisoria entre los moderados y quienes quieren polarizar al país; entre los que no quieren que Chile se convierta en un lugar hostil (“un país del que la gente se va”, en palabras de Lavín) y los que están dispuestos a extremar posiciones. Los candidatos hicieron también hincapié en el inicio de un nuevo ciclo que venían anunciando los intelectuales del sector desde los años 2010, el cual obliga a “ampliar la cancha para poder dar gobernabilidad” (Briones), abriendo la posibilidad de un gobierno de unidad nacional.

Asimismo, las diferentes intervenciones dieron un paso más en la moderación programática iniciada en los 2000. Recordaron un mecanismo comparable al que se recurrió en otros momentos bisagra de la historia para quitar relevancia a la dicotomía “izquierda-derecha”. Tras la Liberación de París, De Gaulle invitó a los franceses de derecha y de izquierda a sumarse a un proyecto de restauración de Francia. Sumó a su gobierno hombres con un pasado controvertido como François Mitterrand (inicialmente cercano a la extrema derecha) y el comunista Maurice Thorez. En 1965, el mismo De Gaulle buscó también salir del clivaje izquierda-derecha, temiendo que su imagen de derecha federe en su contra al conjunto de las fuerzas de izquierda. Emmanuel Macron utilizó el mismo mecanismo cuando llegó al poder defendiendo el leitmotiv de no ser ni de izquierda, ni de derecha, en un país no obstante estructurado desde la Revolución francesa por ambas posiciones. Ocupó ese espacio sin presentarse como centrista.

Las diferentes intervenciones dieron un paso más en la moderación programática iniciada en los 2000. Recordaron un mecanismo comparable al que se recurrió en otros momentos bisagra de la historia para quitar relevancia a la dicotomía “izquierda-derecha”.

Durante el debate, Lavín planteó que el próximo gobierno tendría que “echar a andar esta nueva manera de ver Chile y sentir Chile que es la nueva Constitución”, llegando a la conclusión de que ya no se podía “tener los gobiernos de izquierda y de derecha que hemos tenido hasta ahora”. Apeló así a todos quienes quieran sumarse a un proyecto moderado, con vocación de mayoría.

Cabe, sin embargo, preguntarse si este tropismo hacia el centro significa efectivamente la desaparición del clivaje izquierda-derecha. La respuesta es más bien negativa, pues el foco de los cuatro candidatos siguió siendo los incentivos al crecimiento y la defensa y expansión de la libertad. Sigue además existiendo una derecha abiertamente conservadora en materias como la legalización de la marihuana y el matrimonio igualitario, no obstante respetuosa de la deliberación democrática sobre estos asuntos morales. ¿Esta moderación podría ser interpretada en el sentido de la política de los consensos de los 90, asociada con la defensa del statu quo, y un irremediable inmovilismo respecto a los cambios que requiere el país? Al respecto, el sector ha reconocido en diferentes tonos que la universalidad debe reemplazar la focalización.

Sigue abierta una última pregunta que trasciende estas primarias: ¿por qué los chilenos optarían por la copia y no el original en las próximas presidenciales, si llegara a surgir un o una candidata competitiva de centro-izquierda? La respuesta, entregada durante el debate, remite a este mismo tropismo hacia el centro: la clave radicará en convencer que se garantizará la gobernabilidad y estabilidad del país sin las cuales resulta imposible acortar las brechas entre el mundo de abajo y el de arriba.

“Cabe, sin embargo, preguntarse si este tropismo hacia el centro significa efectivamente la desaparición del clivaje izquierda-derecha. La respuesta es más bien negativa, pues el foco de los cuatro candidatos siguió siendo los incentivos al crecimiento y la defensa y expansión de la libertad. Sigue además existiendo una derecha abiertamente conservadora en materias como la legalización de la marihuana y el matrimonio igualitario, no obstante respetuosa de la deliberación democrática sobre estos asuntos morales”.

*Stephanie Alenda es doctora en sociología política de la Universidad de Lille; profesora asociada y directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello. Editora del libro Anatomía de la derecha chilena: Estado, mercado y valores en tiempos de cambio (FCE, 2020). Integrante de la Red de Politólogas.

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