Los JJ.OO. de Tokio se convierten en un espacio de reivindicación de los derechos de las mujeres

La vestimenta deportiva femenina, lo que las atletas se ven obligadas a llevar en competición y la salud mental de las deportistas se ha convertido en el centro de atención.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 han estado marcados por diversos sucesos que tienen a las mujeres como las principales protagonistas. Como ya ha ocurrido antes, este tipo de eventos suele ser una caja de resonancia de algunos problemas de la sociedad o de demandas políticas.

La desigualdad que se vive entre hombres y mujeres deportistas es un tema recurrente y los JJ.OO. de este año las visibilizaron. Esto, pese a que la participación femenina en el evento actual es prácticamente paritaria (49%), según el Comité Olímpico Internacional (COI), un hecho histórico desde la incorporación de las mujeres en las competiciones olímpicas en el año 1900 .

El pasado mes de julio la selección noruega femenina de handball quiso disputar sus partidos con una vestimenta que les brindara mayor comodidad, rehusándose al bikini. Sin embargo, fueron amenazadas con una eventual penalización monetaria al tratarse de ropa con medidas no autorizadas. Aquello no impidió que salieran a la cancha en pantalones cortos.

Bajo esta misma línea, el equipo de gimnasia femenino alemán vistió trajes de cuerpo completo en sus presentaciones. Dejando atrás las cortas y apretadas mallas que dejaban al descubierto parte del cuerpo de las deportistas, en protesta contra la cosificación que sufren las gimnastas por el uso de ciertas prendas que no influyen en su desempeño deportivo.

Un antecedente que marcó un hecho similar ocurrió a mediados de julio, cuando la doble campeona paraolímpica, Olivia Breen, acusó a una funcionaria de los Campeonatos de Inglés de haberla criticado porque sus shorts eran demasiado cortos. Ante esto, la deportista galesa planteó la pregunta ante el mundo: ¿Se criticaría de manera similar a un competidor masculino?

La encargada de la Dirección de Género, Diversidades e Inclusión del Instituto de la Comunicación e Imagen, Carolina Muñoz, asegura que “las movilizaciones feministas en distintos países han dejado en evidencia las formas de violencia que vivimos las mujeres debido al orden patriarcal”, y es enfática al referirse al uso obligatorio de ciertas prendas: “lo que se busca es cosificar el cuerpo de las mujeres. No existe ninguna razón para que las jugadoras de volley playa tengan que jugar en bikini, ni para que las mallas de gimnasia dejen al descubierto gran parte del cuerpo. O para que las tenistas tengan que usar unas “falditas” encima de los shorts”. 

Además, la académica plantea una serie de preguntas en torno a los costos del alto rendimiento deportivo: “¿tiene sentido la competencia por encima del bienestar de las personas? ¿Tiene sentido llegar al extremo de lo que pueden el cuerpo y la mente? La tiranía de los entrenamientos y de entrenadoras y entrenadores  en pos de resultados también es cuestionada”.

Denuncias y salud mental

Era martes 27 de julio y la decisión ya estaba tomada. La gimnasta estadounidense, Simone Biles, anunciaba al mundo que no disputaría el concurso general por equipos. La razón era simple: la estrella mundial quería privilegiar el bienestar de su salud mental.

El anuncio causó un impacto sorpresivo en el mundo del deporte, ya que todos los ojos estaban puestos en el desempeño de Biles. La presión mediática estaba instalada en la cantidad probable de medallas que lograría la gimnasta y en el cómo volvería a deslumbrar al medio con su habitual alto rendimiento. Nadie esperaba otra cosa. O al menos, casi nadie.

Desde el entorno cercano a la gimnasta son conscientes de lo complejo que es para Biles soportar la presión y las miradas de todo el mundo. Más aún si se tiene en cuenta el duro pasado que tuvo que afrontar en su infancia y la carga emocional que implica ser víctima de abusos sexuales.

El año pasado la deportista presentó una denuncia formal en contra del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos (USOPC, en inglés) por abuso sexual, cometido por el médico del equipo estadounidense, Larry Nassar. La demanda contemplaba a más de 100 víctimas que sufrieron agresiones por parte del Nassar. La mayoría de ellas eran mujeres.

La futbolista y cientista política, Iona Rothfeld, define el acto de Simone Biles como “una inspiración para el resto de los deportistas. Esa es la forma de utilizar nuestra plataforma para el bien y para relevar estos temas que muchas veces se han invisibilizado o naturalizado. Como lo son la presión o la salud mental”. Además, Rothfeld asegura que “muchas veces a los medios, las personas que critican o a las marcas se les olvida que detrás hay una persona. Un ser humano”.

Ante esto, Carolina Muñoz agrega que “desde hace muchos años, las mujeres deportistas han denunciado públicamente las distintas formas de violencia, desde el abuso de poder, el maltrato, el acoso e incluso abuso sexual y violaciones, que viven en sus entrenamientos y en las prácticas. Finalmente, estos hechos se han hecho públicos a través de los medios, dejando de manifiesto una realidad que estaba silenciada”.

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