Columna de Paulina Astroza: Angela Merkel, el otro OPNI

Merkel, sin ninguna duda, será extrañada. Por detractores y admiradores. ¿Cuántos líderes, con su nivel de aprobación interior, respeto internacional y deseo de sus socios europeos para que siga siendo el farol que guíe a Europa son capaces de hacerlo? Yo conozco una sola y es, verdaderamente, un objeto político no identificado.

Hace algunos años el ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors calificó a la Unión Europea (UE) como un “OPNI”. Delors sostuvo que “no podemos descartar que, en treinta años, cuarenta años, Europa forme un OPNI -una especie de objeto político no identificado- pero un todo que, una vez más, sea capaz de aportar a nuestros países el efecto de dimensión que le permita prosperar por dentro y mantener su rango por fuera” (Luxemburgo, 9 de septiembre de 1985). Con esto quería expresar la particular naturaleza jurídico-política que esta institución tiene que la aleja de las tradicionales clasificaciones de super Estado, Asociación de Estados, Organización Internacional o Estado Federal. Simplemente, la UE es única en su tipo.

La misma calificación podríamos utilizar para referirnos al fenómeno de Angela Merkel. Es más, Marion Van Renterghem, corresponsal para el diario francés Le Monde y que cubrió por años los pasos de Angela Merkel, escribió un libro titulado “Angela Merkel. El ovni político”. Es una lideresa única y muy probablemente irrepetible. En su libro “Una tierra prometida”, el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoce que “cuanto más conocía a Angela Merkel, más me gustaba; la encontraba sólida, honesta, intelectualmente rigurosa y amable por instinto. Pero también tenía un temperamento conservador por no mencionar que era una política con muchas tablas que conocía a sus electores”.

Angela Kasner, aquella hija de pastor protestante y madre profesora de inglés y latín, que nació en Hamburgo (República Federal Alemana) pero que por el trabajo de su padre creció en Templin (República Democrática Alemana), ya es parte de la historia de Alemania, Europa y el mundo. Su historia parte a contrapelo de lo que muchos alemanes buscaban en aquellos años: pasar al lado occidental de aquella “frontera” en la que se transformó Alemania en tiempos de la Guerra Fría. Si uno analiza su estilo de liderazgo, también es muy diferente de sus pares: bajo perfil, evita las entrevistas con medios, en especial extranjeros; trajes de dos piezas simples y monocromáticos, manos juntas en el centro en señal de equilibrio; racional en la toma de decisión, marca de su formación como Doctora en Física Cuántica. No ha cambiado de lugar donde vive, compra en las tiendas cercanas a su casa y la hemos visto en el supermercado con su carro comprando un par de botellas de vino para disfrutar de manera sencilla y lejos de la vida pomposa de otros líderes, con su segundo esposo, Joachim Sauer.

Sus críticos le reprochan el esperar mucho tiempo para adoptar decisiones, incluso permitiendo llegar hasta el abismo o desesperar a sus pares europeos. Es así como para la crisis del euro, tanto Nicolas Sarkozy como el mismo Barack Obama o David Cameron, la presionaron para actuar más rápido y salvar la zona euro. Aquella crisis dejó muchos heridos y secuelas que hasta hoy se le recuerdan a Merkel. Planes de austeridad, rigor fiscal, la troika y meses para adoptar decisiones. Sin embargo, en la actual crisis de la pandemia su rol ha sido muy activo, rompiendo tabúes como el rechazo alemán a la mutualización de la deuda europea o a hablar fuerte y claro a su población que los efectos de la Covid19 se enfrentarían junto a los miembros del bloque y no de manera aislada. También es recordada por su posición en las crisis de refugiados de 2015-2016 donde, enfrentándose a otros Estados europeos como los que forman parte del grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, a la que se sumaría Austria, posteriormente), adoptó una política de recepción de los inmigrantes y refugiados que atravesaban el Mediterráneo, en especial arrancando de la guerra en Siria. Esto tuvo costos internos, tanto dentro de su partido (la CDU), como con sus socios bávaros de la CSU. Ante la llegada de un millón de personas a suelo alemán y el aumento de la xenofobia y del partido de ultraderecha AFD, Merkel acepta negociar un polémico acuerdo con Erdogan y así lograr que Turquía nuevamente controlara la salida de refugiados de su territorio rumbo a Europa. Ese año Angela Merkel fue destacada como el personaje del año por la revista Time.

El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoce que “cuanto más conocía a Angela Merkel, más me gustaba

Merkel ha sido alabada por mantener la unidad de Europa. Por actuar en los momentos claves de la Unión Europea y por saber leer las necesidades de los propios alemanes. Es un fenómeno tan extraño que, al cumplir casi 20 años como Canciller del país, las encuestas nacionales le otorgan un altísimo índice de popularidad. Recientemente, a raíz de las históricas inundaciones que se produjeron en el verano germano en la zona noroeste del país, rápidamente se le vio junto a la presidenta de Renania-Palatinado Malu Dreyer, del partido Socialdemócrata alemán, dando señal de duelo y apoyo por encima de los intereses políticos. Recordemos que en estos momentos están en plena campaña electoral para los comicios generales de septiembre próximo donde se elegirá a su sucesor/a.

Pero también Merkel ha sido criticada. Ejemplo de ello es la construcción del gaseoducto NordStream 2 que permite llevar gas natural directamente de Rusia a Alemania. Esto lo ha hecho pese a voces que se han levantando incluso en su propio partido por su tibieza para enfrentar a Rusia. Estados Unidos ve con muy malos ojos este proyecto pero también aquellos que quieren sancionar más duramente a Putin por las violaciones al Derecho Internacional que ha cometido como lo es la anexión de Crimea o el envenenamiento del opositor Alexei Navalny.

Merkel, sin ninguna duda, será extrañada. Por detractores y admiradores. Fue una mujer que llevó a su partido al centro del espectro político alemán (siendo acusada de “socialdemocratizar” al partido conservador de la Democracia Alemana). Ella representó equilibro, temple y rigor. Su vida, a contrapelo del mundo político machista alemán, en septiembre dejará la jefatura de gobierno tras 20 años llenos de éxitos y también fracasos. Se va no porque la echen sino porque ha determinado que es hora de dejar el poder. ¿Cuántos líderes, con su nivel de aprobación interior, respeto internacional y deseo de sus socios europeos para que siga siendo el farol que guíe a Europa son capaces de hacerlo? Yo conozco una sola y es, verdaderamente, un objeto político no identificado. Auf Wiedersehen, Mutti Angela.

*La doctora Paulina Astroza Suárez es directora del Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción

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