Los que no alcanzaron a ser mechones

La generación que ingresó a la universidad el 2020, fue una que en todo su año como “mechones”, “novatos” o “cachorros” no alcanzó a poner los pies en los recintos estudiantiles. Con el relajamiento de las medidas sanitarias, un año y medio después del inicio de sus vidas universitarias, ocho estudiantes cuentan a The Clinic sus experiencias.

Primero, una PSU que sufrió una serie de alteraciones tras el estallido social. Después, la pandemia del nuevo coronavirus que impidió que miles de estudiantes de todo Chile pudieran comenzar su vida universitaria como “novatos”, “cachorros”, “mechones”(…).  

Sin embargo, con la mayoría de las comunas de Chile en fase 4 y las cifras de contagio más positivas, los establecimientos de Educación Superior ya están abriendo sus puertas para que voluntaria u obligatoriamente, los estudiantes comiencen a ir a clases presenciales en este segundo semestre. Un año y medio después de que partieran su vida universitaria, Teresa, Maira, Nayhara, Josefina, Mario, Javiera, Alejandra y Gian cuentan a The Clinic cómo ha sido llegar a su cuarto semestre, abriéndonos a las distintas vivencias que enfrentan quienes no alcanzaron a ser mechones.

“Lo que no había aprendido en todo el semestre lo aprendí en una sola clase”

Cuando Teresa Chait se matriculó en Artes Visuales en la Finis Terrae estaba emocionada: “entré diciendo ‘este es mi lugar’”. La realidad fue angustiante. Con el virus ya en Chile, de inmediato su universidad comunicó que por un tiempo ilimitado las clases serían todas en formato online, modificando todos los ramos a esta modalidad. Al ser una carrera tan práctica, estos cambios no se reflejaron de manera positiva. “Era muy básico, no aprendía nada”.

Mientras ella esperaba estar aprendiendo sobre arte y desarrollando su sello personal, la realidad la posicionaba encerrada en su abarrotada pieza, frente a un computador, pintando con témpera. “Soy cero tecnológica y me costó mucho agarrarle el ritmo”, comenta. “No conocía a nadie, y no me atrevía a preguntar en clases. Ver a mis otras amigas del colegio que ya tenían sus grupos de amigos armados fue muy latero”.

“Estaba muy frustrada, incluso pensé en cambiarme de carrera. No estaba aprendiendo nada y entre el primer y segundo semestre me eché cuatro ramos”, describe. “Preferí hacerlos de nuevo que pasar sin entender”.

Para el primer semestre de 2021 hubo un cambio grande en la universidad. “Se notó que hicieron algún tipo de capacitación o algo”, comenta. Los profesores ahora tenían acceso a la forma pagada de la plataforma Zoom, que les permitía tener clases más largas y que no se les cortara cada 45 minutos. Además, estaban explicando mejor, los mismos ayudantes y docentes creaban videos tutoriales para que los estudiantes pudieran entender mejor. “Finalmente me sentía estudiando. Repetí uno de los ramos que me había echado y realmente aprendí”.

Para el desarrollo de este semestre la universidad les comunicó que estarían utilizando la modalidad 3×1, que les permite a los estudiantes que quieran, poder ir a la universidad presencialmente cada tres semanas. “La semana pasada tuve dos clases presenciales: pintura y grabado. Estaba muy motivada, sonriendo como si fuera mi primer día de colegio”, comenta Teresa con una gran sonrisa en su cara. “Fue muy entretenido. Lo que no había aprendido en todo el primer semestre lo aprendí en un solo día de clases. Pudimos hacer una presentación de trabajos, cada uno con su martillo colgando sus cuadros, pudimos trabajar juntos y que el profe te enseñara y metiera mano en los trabajos. Estábamos todos tan motivados que cada clase se alargó como dos horas extra. Quiero puro volver.”

 “Espero que ir volviendo a clases me ayude a darme cuenta si la enfermería es lo mío o no”

Maira Redin entró a bachillerato de Ciencias y Humanidades en la Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez en 2020. Después de un año muy competitivo, pasó a enfermería, aún en modo online. Vive sola en un departamento en La Florida.

Dice que la pandemia ha cambiado a largo plazo su forma tanto de relacionarse con las personas, como su estado anímico. Antes solía ser muy proactiva en lo académico, pero su ánimo ha flanqueado y hoy se ve desmotivada.

“No he logrado vincularme con la carrera sin lo presencial”, comenta. Sin lo visual, los profesores se demoran en explicar las cosas y lograr que los estudiantes entiendan. También hay algunos de mayor edad que no entienden cómo funcionan las plataformas, y no logran subir las notas o las presentaciones. Hay docentes que no tienen las herramientas tecnológicas para hacer las clases en vivo, por lo que solo graban cápsulas. “Es como ver un video de YouTube”.

Ahora la universidad está permitiendo que los estudiantes puedan inscribirse para ir a clases presenciales. “Pude ir a simulaciones de pacientes, pero no me sentí cómoda. Hay compañeros que ya hicieron sus amigos, entonces se inscriben juntos y yo voy y estoy sola. La pandemia detonó que haya perdido lo social que tenía antes, no siento la necesidad de conocer gente”.

Explica que hay otros factores además de lo social que hacen que le cueste volver a la “normalidad. “No puedo volver de lleno a lo presencial, fueron dos años en los que me estuve adaptando a un sistema, y ahora tengo que empezar el proceso de nuevo. Por esto estoy yendo de a poco, un par de horas no más para ajustarme”.

El no poder conocer presencialmente la carrera, estar con pacientes o entrar en el ambiente de enfermería ha hecho que ella no logre conocer cómo es la carrera, lo que le ha desatado una crisis vocacional que a causa de la gratuidad que posee, necesita solucionar este año. Maira espera que ir volviendo a clases la ayude a darse cuenta si la enfermería es lo suyo o no.

 “Algunos van todos los días a las 8 de la mañana, incluso si no tienen clases”

Tras pasar un año estudiando Comunicaciones en la Universidad Católica, Josefina Tirado decidió volver a dar la PSU y entrar el 2020 a Ingeniería Comercial en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile (FEN).  “Al principio cuando dijeron que iba a ser online no fue un problema para mí. Ya había podido probar la experiencia universitaria e iba a poder disfrutar más tiempo con mi familia antes de irme a Santiago”, comenta la viñamarina.

“Recién este año me empezó a dar un bajón. Los mismos ayudantes nos decían que nos estábamos perdiendo lo mejor de la universidad. No le veía el sentido a la U”. Para este segundo semestre la facultad comenzó a tener clases híbridas, o sea, una modalidad que mantiene el online pero da la opción a los alumnos para ir presencialmente.

“Llegué a mi primera clase presencial: un ramo en que en clases online escribía el título y tres frases”, comenta. Llegó nerviosa porque no entendía demasiado de la materia, pero durante la clase levantaba la mano todo el tiempo y terminó aprendiendo mucho y escribiendo planas y planas de apuntes. “Salí de clases diciendo ‘quiero volver siempre’”.

Cuando salió al patio vio que estaban jugando “el que se la sabe, cante”, comiendo pizzas y tomando cervezas. “La facultad está llena de rincones, mucha gente, diversidad. Lo mejor de la FEN es la vida social”.

Josefina comenta que tiene la suerte de que ella alcanzó a vivir un poco de lo que es la experiencia universitaria por ese año que pasó en comunicaciones, pero siente la ansiedad que tienen los otros estudiantes de su generación por volver. “Veo la necesidad de mis compañeros de conocerse. Algunos van todos los días a las ocho de la mañana, incluso si no tienen clases. Están muy motivados”.

También comenta que tratando de ajustarse a la modalidad online se obligó a ser sociable y buscar la forma de hacerse amigos. Logró hacerse un buen grupo y después de haber estado dos años sin conocerse en persona, se vieron en la universidad. “La necesidad de vernos era muy grande. Nos vimos y fue un ‘al fin nos conocemos’”.

 “Volver a presencial y tener el musical fue una experiencia maravillosa”

Después de haber pasado poco más de un mes en college de la Universidad Católica, Mario Romero decidió que eso no era lo suyo, por lo que esperó hasta el año siguiente y así entró a Psicología de la Universidad de los Andes el 2020.

“Pude probar esa experiencia universitaria, entonces cuando llegué dije ‘este año lo voy a aprovechar full’”, pero eso no fue así. Sin siquiera probar su nueva carrera, cayó en un encierro indefinido. La cuarentena fue compleja emocionalmente. “La pandemia es una bomba nuclear para las reacciones emocionales. Se protege un tipo de salud, pero se deja en jaque otra”.

Comenta que algo que le ayudó a sobrepasar la cuarentena fue haberse inscrito en el musical de la universidad, aunque no era lo mismo que las experiencias que tenía de proyectos parecidos en persona, por ejemplo, no pudieron conocer al director hasta fin de año. Sin embargo, “el espacio creativo era una distracción muy potente en esos tiempos. Te sacaba de la rutina, una rutina que nos estaba excluyendo de las relaciones”. Dice que desde el primer momento hubo una gran conexión entre el equipo, agrega que cuando algunos estuvieron pasándolo mal durante la pandemia, se pudieron apoyar entre ellos.

Ahora, Mario cuenta que ha podido y seguirá teniendo sesiones de musical de forma presencial, con tres ensayos semanales. “Volver a presencial y tener musical fue una experiencia maravillosa. Fue una sensación de que se te llena el pecho de emociones”.

“El relajamiento de las medidas va generando una especie de descarga emocional”, comenta. “Establecer relaciones reales con gente que solo conocías online permite algo muy valioso. El contacto con los compañeros quita algo de esa ansiedad que se vive en cuarentena”.

 “Los mismos profes nos decían ‘si estuviéramos presencial estaríamos haciendo tal cosa’

Desde la PSU el camino de Javiera Santibáñez comenzó complejo. “Estaban tirando petardos, yo estaba sentada al lado de la puerta en la sala pensando ‘no llores, no llores’”. Tuvo que dar por segunda vez la PSU de lenguaje, lugar donde también se presentaron complicaciones. Finalmente entró a enfermería en la Universidad del Desarrollo (UDD).

Vive en Huechuraba, por lo que estaba emocionada por conocer gente nueva, “porque Huechuraba es una burbuja”. También estaba nerviosa, por no poder encajar, pero sería parte de la experiencia. 

“No tenía un método de estudio en el colegio, por lo que me daba miedo cómo iba a ser en la universidad. Nunca había estudiado tanto, no sabía cómo funcionaban las cosas y online tampoco tenía a nadie a quién preguntarle”, comenta. “Es complejo concentrarse, se me cae el internet, pierdo una parte de la clase y ya perdí el hilo”.

Afirma que la experiencia universitaria debería ser un todo, no solo aprender. “Tenía que estudiar tanto que concentraba mis energías en eso. Igual trataba de unirme a un Zoom con mis amigas de Huechuraba todos los fines de semana”.

“El segundo y tercer semestre me vino el bajón, me empezó a pegar. Era siempre la misma rutina, lo mismo todos los días. Estaba desmotivada, no quería hacer nada, no me quería levantar. Ya no quería tener nada que ver con la u”. Explica que una de las razones por las que había elegido la UDD era que se comenzaba la práctica el primer semestre, también se tiene una ceremonia de investidura donde te dan tu delantal, nada de eso se pudo hacer. “Se supone que uno aprende a conocer al paciente, sobre lo que le pasa, a hacer entrevistas… tuvimos que hacer todo eso con actores por Zoom”.

“Los mismos profes nos decían ‘si estuviéramos presencial estaríamos haciendo tal cosa’, me contaban todas las experiencias que no tuve”.

La universidad de Javiera se está preparando para recibirlos presencialmente. “Ahora tengo muchas ganas de ir presencial y ponerme en ‘modo universidad’. Me da nervio igual no saber estudiar para lo presencial y tener que retroceder de nuevo, pero estoy emocionada de volver a las pruebas en papel”.

 “Antes yo sentía que estaba estudiando cualquier cosa menos periodismo”

En marzo Alejandra Machuca estaba lista para ir a la Universidad de los Andes cuando le dijeron que no iba a haber clases por la pandemia. Sin embargo, desde el centro mantenían la esperanza de poder volver lo antes posible, por lo que les comunicaban permanentemente que se estaban preparando para volver en un par de semanas, cosa que no pasó hasta este año.

“Todos me decían que la vida universitaria era súper bacán, que en periodismo iba a salir a reportear a la calle, iba a tener un contacto estrecho con los profes… no fue así”, comenta. Fueron meses estresantes. Estaba muy mal en temas de salud mental, sobre todo porque sentía que la universidad les estaba poniendo demasiada carga. “Los profes nos mandaban mucho material porque según ellos como estábamos en la casa, todo era mucho más fácil”. Explica que, a diferencia de otras universidades, a ellos nunca les dieron una semana de receso.

Ya en agosto de este año les avisaron que iba a ser obligatoriamente presencial, lo que fue una experiencia agridulce. Por un lado, Alejandra estaba emocionada de finalmente poder experimentar la universidad, pero por otro, el centro avisó tan solo con unos días de anticipación, y ella veía las complicaciones de los alumnos que vivían fuera de Santiago para volver a tiempo. “Ese lunes llegué a mi sala y había 40 personas. Fue choqueante”.

“Ahora estoy yendo a casi puras clases presenciales, de ocho de la mañana a seis de la tarde, y estoy aprendiendo el triple. Presencial se aprende y disfruta mucho más. Antes yo sentía que estaba estudiando cualquier cosa menos periodismo. Ahora estoy haciendo taller radio y puedo ir a reportear a la calle, pedir cámaras y micrófonos, entrevistar a la gente, y después volver a redactar junto a mis compañeros. Nunca lo habíamos vivido así”.

 “Antes de criticar a los profesores deberíamos pensar que también pudimos ser mejores alumnos”

Sets de cine y fotografía, el estudio de televisión más preparado de Chile, buenos profesores, infraestructura, implementos audiovisuales: todo esto buscaba obtener Gian Pavez cuando se inscribió para ingresar el año 2020 a comunicación audiovisual en el Duoc UC. Sin embargo, tras pasar una semana yendo a la universidad, y que le mostraran todo lo que iban a poder usar y donde iban a poder trabajar, recibió un “balde de agua fría, con hielo y todo”.

“Empezó pésimo. Muy caótico. No teníamos ni los materiales”. Durante todo el año se sintió perdiendo el tiempo. “Fue una etapa difícil. Mi desempeño era malo, tenía lagunas en trabajos y aprendizajes, esperaba tantas cosas de la carrera que no podía tener”. Al igual que muchos, Gian comenzó a ir a terapia en plena pandemia. “Ya no sentía que me la pudiera solo”, comenta. “La casa no es un ambiente de aprendizaje, no existe esta división entre los momentos de estudio y los momentos de descanso”. 

Ya al principio de este año las cosas empezaron a mejorar. Gian cuenta que les hicieron cursos a los profesores, lo que les permitió utilizar de manera óptima las herramientas y aprovechar de mejor manera las clases online. “Viéndole el lado positivo, el modo online les dio a los profes nuevas cosas: abrieron sus márgenes al conocer las redes sociales, salieron de solamente los medios tradicionales”, afirma. Ese primer semestre los alumnos de comunicación audiovisual tuvieron que adaptarse con mucha creatividad, sobre todo para los trabajos grupales en los cuales se crea un proyecto audiovisual en conjunto sin estar ni conocerse en persona. “Yo creo que esta va a ser la generación más creativa”, comenta Gian con una sonrisa.

Con las medidas siendo menos estrictas y Las Condes en fase 4, Gian lleva una semana pudiendo asistir presencialmente a la sede en San Carlos de Apoquindo. “El ‘aprender haciendo’ es un aprendizaje muy enriquecedor”. Con esta modalidad, académicamente la facultad ha aumentado la exigencia, pero para Gian vale totalmente la pena, ya que la enseñanza también aumentó.

Comenta que volver presencial fue una experiencia muy llenadora, sobre todo por el hecho de encontrarse con los compañeros, y ver lo felices que estaban los profesores. “Fue muy bonito. Lo primero que hicimos fue sentarnos en una plaza y abrazarnos. Fue una bomba de emociones”. También habla sobre la importancia de que presentar los proyectos sea frente a decenas de personas, incluyendo al profesor, y no detrás de una pantalla. “Desarrollar un carácter para presentar tus trabajos es útil, enriquecedor y necesario. A los profes les preocupa que estemos preparados para el futuro”.

Gian reflexiona sobre el aprendizaje obtenido de toda su experiencia: “Yo creo que nos podríamos haber esforzado mucho más. Antes de criticar a los profesores deberíamos pensar que también pudimos ser mejores alumnos. Ellos también se sintieron muy solos. Creo que eso es importante que quede para el futuro”.

“Hasta el día de hoy sigo sin poder ser joven”

A Nayhara Roungue no solo se ha mantenido encerrada y con clases online desde el 2020 como todos los estudiantes, sino que también ha tenido que seguir en cuarentena incluso con la apertura de las medidas. Esto ya que sufre de una enfermedad crónica llamada lupus que hace que le sea demasiado riesgoso exponerse al virus.

El año 2015 entró a college de la Universidad Católica, pero congeló. La cantidad de visitas a doctores y hospitalizaciones le impidieron vivir la experiencia universitaria. Ingresó el 2020 a derecho en la misma universidad con la idea en mente de darse una oportunidad de vivir lo que se había perdido.

“Adaptarse al encierro ha sido muy frustrante”, comenta. Cuenta que afecta negativamente a su salud mental que un mismo espacio sea un lugar de descanso y su lugar de productividad. “Miro la mesa donde estudio, y no quiero más”.

No ha podido vacunarse porque tuvo una mala reacción debido a su enfermedad, lo que la hace permanecer en peligro. “Lo más difícil es ver a mis compañeros yendo presencial, esta era mi chance de recuperar esa vida universitaria. El 2020 no fue tan terrible porque estábamos todos en las mismas, pero el 2021 me ha costado remarla, es mucho más difícil estar encerrada porque no quiero estar donde estoy”.

“Quiero vivir toda la experiencia de un alumno de Derecho UC promedio, incluso las cosas malas. Quiero tener pruebas orales, estudiar en conjunto, celebrar en un bar después de las solemnes… hasta el día de hoy sigo sin poder ser joven”. Hoy Nayhara está esperando poder vacunarse para así acompañar a sus compañeros quienes ya están empezando a conocer la anhelada vida universitaria.

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