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Columna de Raúl Perry: Una comunidad participativa

Estas fiestas no solo nos recuerdan la alegría de compartir nuestra raíz común, también es una oportunidad para repensarnos en torno a cómo construir nuestra patria. El futuro está en su gente, nuestros actuales niños, niñas y adolescentes.

Septiembre es el mes de la patria, el mes del patriotismo, pero ¿qué es esto que entendemos como patria? El origen viene de la expresión latina “terra patria”, que significa “la tierra del padre”. Es curioso entonces que este término, que asociamos al lugar donde están nuestras raíces, esté inequívocamente vinculado al espacio que compartimos con otros y otras, como hermanos y hermanas, como una familia común. 

Estas fiestas no solo nos recuerdan la alegría de compartir nuestra raíz común, también es una oportunidad para repensarnos en torno a cómo construir nuestra patria. El futuro está en su gente, nuestros actuales niños, niñas y adolescentes (NNA). Entonces, ¿cómo aseguramos el desarrollo positivo de nuestros NNA, lejos de las drogas, el delito o la violencia?

A la pregunta del “qué”, la modernidad le ha agregado la exigencia del “cómo”. Ya no da lo mismo de qué manera hacemos las cosas. Nuestros jóvenes demandan espacios participativos de decisión, no ser solo receptores de políticas públicas que intervengan en su desarrollo. Y, por otro lado, aparece un interlocutor clave para nuestro quehacer: la ciencia.

¿Qué nos dice la ciencia en cuanto a prevenir el consumo problemático de drogas o la delincuencia? Pues nos dice que el trabajo sobre la comunidad que rodea al NNA (su familia, su escuela, sus pares, su barrio, en resumen, su patria) modela su desarrollo, de tal manera que podemos asegurar un trayecto hacia su máximo potencial si disminuimos los factores de riesgo y apoyamos los protectores a los que se exponen los NNA. Las ciencias de la prevención (muy desarrolladas en los países anglosajones y nórdicos) nos muestran el camino, pero nosotros, un tanto lejos de esta disciplina, nos sentimos desconcertados, ¿por dónde partimos?

¿Cómo aseguramos el desarrollo positivo de nuestros NNA, lejos de las drogas, el delito o la violencia?

El año 2014 la Fundación San Carlos de Maipo, creada por la Sociedad del Canal de Maipo, inició el proceso de adaptación del “Comunidades que se Cuidan”, creado por la Universidad de Washington. Este sistema de intervención organiza a todos los interesados de un territorio (gobierno local, vecinos, privados, escuelas, jóvenes y otros) para, con ayuda de la ciencia, decidir qué hacer y dónde hacerlo para asegurar el desarrollo positivo de NNA. Este sistema muestra que todos podemos ser parte de la prevención, que ésta no debe ser, ni un plan de trabajo solo de la autoridad, ni un voluntarismo aislado, y que la juventud tiene algo especial que decir de acuerdo a lo que los afectará directamente. El trabajo realizado desde entonces ha mostrado que vecinos y autoridades pueden sentarse a discutir por un objetivo común que ponga en el centro aquello que más nos preocupa: el futuro y felicidad de nuestros hijos e hijas.

A la pregunta del “qué”, la modernidad le ha agregado la exigencia del “cómo”. Ya no da lo mismo de qué manera hacemos las cosas. Nuestros jóvenes demandan espacios participativos de decisión, no ser solo receptores de políticas públicas que intervengan en su desarrollo. Y, por otro lado, aparece un interlocutor clave para nuestro quehacer: la ciencia.

Una de las actividades fundamentales del Comunidades que se Cuidan es la redacción de su misión. Una misión que se construye entre todos, ni autoridades ni vecinos por separado. Chilenos y chilenas, todos y todas, jóvenes y adultos, se unen en pos de una misión común iluminada por la ciencia en beneficio de niños y niñas más felices. ¿No sería algo como para gritar “Viva Chile”?

*Raúl Perry es Gerente de Programas de la Fundación San Carlos de Maipo, que trabaja por el desarrollo positivo de la infancia.

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