Alberto Larraín, psiquiatra: “Que no haya un aumento hoy en el presupuesto de salud mental en Chile es un desastre”

En conversación con The Clinic, el psiquiatra advierte que el próximo Presidente no podrá hacer nada para mejorar la salud mental en Chile si no se corrige el presupuesto que hoy inició su tramitación en el Senado.

Es un hecho: los trastornos mentales empeoran la calidad de vida, aumentan el riesgo de enfermedades físicas y significan un costo económico y social tanto para las personas como para el país.

Aun así, y pese a que la salud mental ha sido un tema de preocupación creciente durante la pandemia, el proyecto de ley de Presupuestos 2022 no ha incrementado el financiamiento en esa materia.

Por eso, el psiquiatra Alberto Larraín ha sido enfático: pese a que la salud mental ha sido priorizada por los candidatos presidenciales, quien llegue a La Moneda el año que viene no podrá hacer nada para mejorarla si no se corrige el presupuesto que hoy inició su tramitación en el Senado.

En conversación con The Clinic, el también director ejecutivo de la Fundación ProCultura insiste en que “el presupuesto que se está discutiendo hoy deja amarrado al nuevo gobierno a un financiamiento débil, que no responde a las necesidades del país”.

-¿Diría que hay una mayor preocupación por la salud mental en Chile por parte de la sociedad y de los candidatos presidenciales?

-Sí. Las enfermedades mentales no son solamente la primera causa de licencias médicas, sino también la primera causa de enfermedades en Chile. Eso contrasta con que es uno de los presupuestos más bajos de salud, lo que hace con que tengamos más o menos una cobertura de un 18%. Es decir: cuatro de cada cinco personas que tienen enfermedades mentales no reciben tratamiento.

-Entonces el presupuesto actual es insuficiente para alcanzar los objetivos de promoción, prevención y tratamiento de los trastornos mentales en Chile…

-Absolutamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que el presupuesto mínimo para que un país funcione es el 6% del total de presupuesto de salud, y Chile tiene 2,2%. Hoy, es una materia de preocupación para todos los candidatos e, incluso, Gabriel Boric propone llegar a la cifra de 6%.

-¿Cuáles serían los costos económicos y sociales de no contar con un mejor presupuesto de salud mental hoy en Chile?

-No abordar la salud mental como un asunto prioritario tiene relación con dos cosas: uno, es el costo indirecto de las personas que están enfermas y que van a tener licencias médicas y lo que está evaluado es que por cada dólar que uno invierte en salud mental, es un ahorro de entre cuatro y cinco dólares para el sistema de salud. Es mucho más caro tratar a alguien hospitalizado que en los primeros momentos de la enfermedad. Lo segundo dice relación con el fenómeno social de las enfermedades mentales, que están asociadas de manera intrínseca a ciertas condiciones que van viviendo las personas en sus biografías.

Cuatro de cada cinco personas que tienen enfermedades mentales no reciben tratamiento.

-¿Por ejemplo?

-Un abuso sexual: el no prevenir y trabajar la detección precoz del abuso sexual tiene una consecuencia enorme en la biografía de la persona. Lo mismo pasa con la violencia intrafamiliar o el consumo de drogas. No hay posibilidad que el consumo de drogas en Chile disminuya si no hay tratamiento de salud mental.

-¿Por qué?

-Porque nosotros aproximadamente 800.000 personas al año que tienen problemas de alcohol y drogas, pero tenemos solo 60.000 cupos de tratamiento. Eso quiere decir que no tenemos ni siquiera el 10% de la población cubierta. Entonces las personas que quieren salir de los cuadros adictivos no lo logran y eso hace con que el narcotráfico siga aprovechándose de ello. Cualquier persona que entre al consumo jamás podrá salir porque no hay posibilidad de tratamiento y esto lo saben narcotraficantes.

-Por lo general, hay un estigma muy grande sobre los trastornos mentales. ¿Incrementar el presupuesto en salud mental puede ayudar a derribarlos?

-La salud mental ha ido aumentando en la preocupación de los chilenos. Nosotros siempre hemos tenido preocupación con los temas de drogadicción, pero ahora ha ido aumentando también la salud mental en general. Especialmente porque la autopercepción de la población es que su salud mental se ha deteriorado de manera importante durante la pandemia. Ahí uno esperaría que, si es una preocupación de los chilenos y evidentemente tiene sus consecuencias para el sistema sanitario, tuviésemos un incremento en el presupuesto. Pero nuevamente el presupuesto de salud no tiene ningún incremento en salud mental.

Hoy, la salud mental es una materia de preocupación para todos los candidatos e, incluso, Gabriel Boric propone llegar a la cifra de 6%.

-¿Qué significa eso para el próximo presidente de Chile, independientemente de quien sea elegido?

En términos concretos: el próximo presidente de Chile no podrá hacer nada para mejorar la salud mental en el país hasta fines de 2022. Que no haya un aumento en presupuesto de salud mental hoy en Chile es un desastre. Uno lo que esperaría es que el 2022 tuviera un incremento al menos en cobertura, porque lo que se ha dicho es que la epidemia de salud mental viene retrasada por el Covid-19: todas las personas que vivieron una pérdida durante la pandemia, abuso sexual, violencia intrafamiliar o consumo de drogas, entre otras…

Nosotros siempre hemos tenido preocupación con los temas de drogadicción, pero ahora ha ido aumentando también la salud mental en general.

-¿Hay cifras al respecto?

-La OMS ha estimado que esto va a ser un 30% por sobre lo que los países tenían… Eso a Chile lo deja en una situación bastante compleja: antes de la pandemia teníamos en torno a 3 millones 800 mil personas con enfermedades mentales, y el incremento significa que podríamos llegar a tener hasta 5 millones de personas sintomáticas. Por eso, uno esperaría poder contar con mayor atención, porque esa nueva epidemia de salud mental puede ser más persistente en el tiempo y causar una serie de estragos económicos y sociales. Mientras tanto, el presupuesto que se está discutiendo hoy deja amarrado al nuevo gobierno a un financiamiento débil, que no responde a las necesidades del país.

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