La imagen muestra al constituyente Fernando Atria

Agencia Uno

Fernando Atria: “No creo que el resultado del domingo implique que ya no podemos pensar en una nueva Constitución que sea transformadora”

Aunque sigue teniendo confianza en el proceso constituyente, el abogado y convencional admite que tras las elecciones se ha producido un "proceso de reflexión" al interior de la Convención y espera que este lleve "al convencimiento de que es fundamental un comportamiento más consciente de la significación histórica e institucional de la Convención". Atria también advierte que que la nueva Constitución "no debiera ser escrita pensando en quién es el Presidente", aunque sabe que el día a día político puede tener consecuencias en la labor convencional.

Luego de que las elecciones del 21 de noviembre estuvieran marcadas por una fragmentación total en la Cámara, el Senado y con dos candidatos antagónicos en el espectro político pasando a segunda vuelta, varios expertos sostuvieron que la Convención Constituyente requería una “reingeniería”. Proponían, entre otras cosas, que esta fuera más moderada y que cuidara su legitimidad.

Fernando Atria reconoce que los resultados traen consecuencias, incluyendo una interrogante sobre el plebiscito de salida y la sensación, al interior de la Convención de que, en parte, su desempeño “contribuyó al resultado de las elecciones”

Pero el abogado, académico de Derecho Constitucional la Universidad de Chile y reconocido ideólogo del proceso constituyente llama a la cautela a la hora de interpretar los datos. “La elección del domingo no quiere decir que no hay una demanda de transformación importante”, dice a The Clinic.

-Para muchos, las elecciones del domingo fueron un golpe al octubrismo y a esa idea de que el casi 80% obtenido por el Apruebo significaría una suerte de chipe libre para hacer lo que fuera en la Convención. ¿Qué opina usted al respecto?

-Yo no uso esa categoría de octubrismo porque yo creo que aquí hay un desfase entre lo que está pasando en la sociedad y lo que se manifiesta en las elecciones que tiene antecedentes. Yo creo que el mejor antecedente es el triunfalismo con el cual fue interpretada la votación mayoritaria que obtuvo Sebastián Piñera cuando llegó al gobierno. Que fue interpretado políticamente, en el sentido de que eran una manifestación del pueblo y rechazaba el programa de Michelle Bachelet. Querían una ratificación del modelo neoliberal y profundización del mismo, y la agenda de Piñera fue eso: en materia tributaria, en materia laboral, en materia de salud, en materia de educación fue una ratificación. Y yo creo que a estas alturas sabemos que fue una interpretación completamente equivocada.

-¿Sería un error entonces analizar los resultados del domingo de esa misma manera?

– Sí. La elección del domingo no quiere decir que no hay una demanda de transformación importante. Lo que sí quiere decir, y esto es lo que yo creo que va a tener un efecto con independencia de lo que pase en la segunda vuelta, es que la transformación que Chile necesita es una transformación que tiene que ocurrir en un contexto político extraordinariamente poco propicio para ello. Que tiene que ver con la deslegitimación de las instituciones en general, el déficit radical de confianza, la dificultad de la acción política. Lo que el resultado del domingo muestra es que la derecha tiene un discurso que logra conectar con eso y volver eso contra el propio proceso constituyente.

-¿Qué consecuencias puede tener eso para la Convención?

-Yo no soy pesimista respecto al resultado, ni respecto a la segunda vuelta, ni respecto al proceso constituyente. Yo no creo que esa posibilidad se vaya a concretar, pero creo que es una posibilidad que tiene que ser considerada con realidad: la posibilidad de que el proceso constituyente no sea exitoso. Es decir, no se puede asumir, como yo creo que había muchos que lo asumían después del plebiscito de octubre y después de los resultados de mayo, que el proceso constituyente tiene su éxito garantizado.

La transformación que Chile necesita es una transformación que tiene que ocurrir en un contexto político extraordinariamente poco propicio para ello.

-¿Y cómo se debe actuar frente a eso?

-Hay que actuar de modo a enfrentar el riesgo de que lo que pasa en la Convención sea usado en contra de la propia Convención. Yo creo que la estrategia que ha seguido la derecha no es una estrategia de negar la necesidad de una nueva Constitución. Eso ya lo trataron para octubre y quedaron sepultados bajo el 80% de los votos. Esa ya no es su estrategia, su estrategia es mostrar que la Convención no puede ser tomada en serio. Y por eso recurren a estas ideas del circo constituyente e intentan ridiculizar lo que pasa en la Convención para transmitir le idea de que a ese cuerpo no se puede confiar el desafío de escribir una Constitución.

¿Es una estrategia exitosa?

-Yo creo que hay ciertas conductas que han ocurrido en la Convención, que le han facilitado esa estrategia. Conductas como la que tú decías, la idea de que la nueva Constitución puede contener cualquier contenido que queramos, porque está asegurado su éxito, y que no hay que mantener una cierta formalidad mínima en el comportamiento de la Convención. Y cada una de esas cosas ha sido explotada yo creo que bien exitosamente. Entonces yo no creo que el resultado del domingo implique que ya no podemos pensar en una nueva Constitución que sea transformadora. No creo eso porque el problema no es el contenido de la nueva Constitución y porque la estrategia no es oponerse al contenido de la nueva Constitución. La estrategia es ridiculizar. Yo creo que eso va a llevar a un comportamiento más contenido, más consciente de que todo lo que hacen puede ser interpretado como una demostración de falta de seriedad. No estoy diciendo con esto que la Convención se haya portado con falta de seriedad, pero se ha portado de modos que han sido fácilmente utilizables por esta campaña en contra de la Convención que anticipa la campaña que va a hacer, creo yo, la derecha contra la nueva Constitución.

-¿Y cómo ustedes pueden garantizar que una parte de la derecha, me imagino la más dialogante, apoye el texto que redacten en la Convención? Porque no podemos negar que con un plebiscito de salida en que el voto va a ser obligatorio, van a necesitar contar con el apoyo de todos los sectores, incluyendo la derecha.

-Bueno, yo creo que en la Convención se ha ido manifestando que la derecha tiene dos almas. Una de ellas es la derecha recalcitrante que fue a la Convención a obstaculizar y a impedir y a hacer todo lo que ellos pudieran hacer para asegurar el fracaso del proceso constituyente.

-La misma derecha que iba por el Rechazo y se presentó como candidata a la Convención…

-Exacto. A mí me parece una conducta totalmente irresponsable. Creo que es absurdo pensar que, si el proceso constituyente llega a fracasar, la consecuencia va a ser que todos vamos a volver en paz y tranquilidad a vivir como el 17 de octubre de 2019. Este es un proceso que no tiene vuelta atrás. La Constitución del 80 ya se fue desahuciada por el 80% de los votos en un plebiscito nacional. Entonces apostar al fracaso del proceso constituyente es mantener la situación de crisis política en la que estamos, pero cerrar la única posibilidad que tiene hoy de salida. Hay una derecha que apuesta a ese escenario, pero hay otra derecha, que yo creo que se da cuenta de que, aunque a ellos en teoría les gustaría mantener la Constitución del 80, eso ya no es posible y que Chile necesita un camino de salida de esta crisis y que ese camino de salida es la Nueva Constitución. Esa derecha no está dispuesta a decir que sí a cualquier cosa, por cierto que no, pero sí está dispuesta a entrar en conversación. Ahora claro, el problema de esa derecha es que se va a ver obligada a alinearse detrás de Kast, entonces ¿cómo va a quedar una derecha dialogante después de que se alía, se cuadra monolíticamente, detrás de la ultraderecha de Kast? Esa es una pregunta abierta, pero yo esperaría que esa derecha pueda sobrevivir en la Convención, pese a que va a tener que hacer campaña por la ultraderecha.

En la Convención se ha ido manifestando que la derecha tiene dos almas.

-Después de los resultados del domingo, ¿hubo algún espíritu al interior de la Convención de tratar de moderarse un poco?

-No, pero yo creo que hubo una sensación de que en parte el desempeño que ha tenido la Convención contribuyó al resultado.

– ¿Hubo un mea culpa?

-Sí, pero tampoco lo quiero poner demasiado duro. No quiero poner que la Convención fue culpable. No, porque tampoco creo que sea así. Pero sí había una conciencia de que la Convención contribuyó a eso y eso lleva, por supuesto, a una revisión. Ahora, es demasiado luego. Han pasado solo un par de días (la entrevista fue realizada el miércoles en la noche). Pero creo que hay un proceso de reflexión dentro de la Convención que yo esperaría que llevara al convencimiento de que es fundamental un comportamiento más consciente de la significación histórica e institucional de la Convención, y una mayor atención a esta derecha democrática.

-Pensando que la Convención tiene que lidiar con los otros poderes del Estado, algunos analistas han planteado que quizás con un Congreso tan dividido como el que salió elegido ahora sea difícil para ustedes, por ejemplo, extender un poco los plazos si es que no llegan a redactar su propuesta en el período que esperado. ¿Cree que el tire-afloja con el Congreso va a ser más intenso tras las elecciones del domingo?

-Yo diría que había antes del domingo una expectativa de que el Congreso que iba a asumir en marzo, iba a ser un Congreso que iba a mirar la Convención con más simpatía y que entonces iba a estar dispuesto a colaborar más con la Convención que el Congreso que existe hoy. Esa expectativa se frustró, ciertamente no va a ser así. En el mejor de los casos va a ser un Congreso que va a tener más o menos la misma disposición que actualmente, probablemente tenga un poco menos. Entonces yo creo que si la Convención no termina dentro del año (la redacción de la propuesta de nueva Carta Magna), va a haber poca disposición del Congreso a extender ese periodo. Por supuesto, habrá que verlo en su momento si la cuestión es realmente necesaria, pero todos deberíamos operar en el entendido de que eso no va a ser posible y eso nos obliga a terminarlo dentro del año.

Entonces apostar al fracaso del proceso constituyente es mantener la situación de crisis política en la que estamos, pero cerrar la única posibilidad que tiene hoy de salida

– Tienen que pisar el acelerador.

-Claro. Pero yo creo que la Convención ya estaba funcionando a un ritmo extraordinariamente acelerado, aunque había muchos convencionales en la idea de que, bueno, ‘si la cuestión se hace realmente necesaria va a ser posible un aplazamiento’. Bueno, deberíamos abandonar esa idea.

-Ernesto Águila dijo a The Clinic que “cualquier posibilidad de cambios en la Constituyente, más allá de lo que dice el acuerdo del 15 de noviembre del 2019, se vieo frustrada por los resultados electorales”. ¿Coincide?

-Claro, si lo entendemos como cualquier posibilidad de cambio de las reglas más allá de lo que está contenido en el acuerdo, yo estoy de acuerdo.

-Con relación al Congreso elegido: independiente de quien llegue a La Moneda, el gobierno va a estar limitado por la división de fuerzas en el parlamento. ¿Cree que eso traslada más responsabilidades a la Convención para mantener viva una idea transformadora de Chile?

-Yo creo que sí. Lo entendería de la siguiente manera: lo que va a salir de la Convención Constitucional no es ni más ni menos que un texto. Son palabras sobre el papel. Las palabras sobre el papel no cambian la vida, por supuesto uno espera que ese texto no sea sólo un texto, que ese texto se convierta en una Constitución y que esa Constitución sí reordene el sistema político y cambie la experiencia política de las personas. La pregunta entonces es: ¿qué es lo que sí puede hacer la Convención? La Convención tiene que asegurarse de que el texto que surja de la Convención sea un texto que esté lo más legitimado posible. En la medida en que eso lleve a que reciba un gran apoyo en el plebiscito, eso va a hacer que sea cual sea el gobierno que esté, se vea, en los hechos, obligado a empezar a realizarlo. Entonces la Convención debe ser especialmente consciente de que no debe solamente producir un texto: tiene que ser un texto que sea producido de un modo tal que suscite la mayor adhesión ciudadana posible.

Sí había una conciencia de que la Convención contribuyó a eso y eso lleva, por supuesto, a una revisión.

-Lo que plantea usted es que finalmente la conexión con la sociedad por parte de la Convención tiene que ser gigante para que el texto se apruebe. Pero ¿cómo puede ser posible eso en momentos en que hay mucha gente que asocia la Convención, como decías, a un “circo” y que muchos que votaron Apruebo se arrepintieron? ¿Cómo hacer para recuperar ese ímpetu que había después del 25 de octubre del 2019 y luego del 25 de octubre del año pasado?

-Yo creo que a medida que la Convención avance y vaya habiendo más experiencias de participación en la Convención en las audiencias públicas, en la redacción de iniciativas populares de norma constitucional, en cabildos, etc., la Convención va a crear esas posibilidades. Segundo, en la medida en que se vea que la Convención está construyendo una Nueva Constitución que va dando cuenta de las demandas que llevaron al proceso constituyente, creo que eso se va a ir reconstruyendo.

¿Por qué eso no ha sido posible hasta ahora?

-Porque la Convención hasta ahora, por lo menos los tres primeros meses, se vio en la necesidad de estar ligada a cuestiones reglamentarias. Eso era muy importante, pero la importancia de esas cuestiones no era inmediatamente evidente para las personas que observaban lo que pasaba en la Convención, entonces se produjo un desajuste. Porque las personas esperaban que la Convención estuviera discutiendo sobre salud, sobre educación, sobre pensiones, sobre agua, etc., y en realidad lo que veían es que estaban discutiendo sobre reglamento. Ese desajuste yo creo que ya se terminó. Y ahora claro, ahora estamos en la discusión de fondo y las comisiones temáticas están efectivamente discutiendo las cuestiones que son las que empujaron el proceso constituyente. Y en enero probablemente la Convención va a empezar a decidir sobre normas constitucionales y vamos a ir poniendo, por así decirlo, en un pizarrón el estado de nuestra Nueva Constitución. Eso creo yo que va a ceder en beneficio de la Convención ante la ciudadanía.

– ¿Cree que eso va a ayudar a reconstruir la legitimidad de la Convención, entendiendo que algunas polémicas -como el caso de Rodrigo Rojas Vade- la afectaron?

-Yo creo que más da la sensación de que lo fue perdiendo, que lo fuera perdiendo realmente. Mi impresión es que esta es una crítica o una idea que se manifiesta muy popularmente en redes sociales, pero en mi experiencia cuando en semanas anteriores he tenido que ir a recorrer los distritos, en las reuniones con ciudadanos y ciudadanas, es que se mantienen todavía esa expectativa y esperanza en la Convención. Yo me tomaría con cierta distancia esto de que la Convención perdió su legitimidad, pero evidentemente la Convención ha sido afectada, eso no se puede negar. Y creo precisamente que eso se va a ir reconstruyendo en la medida en que avance en la construcción de una Nueva Constitución. Y bueno, todavía hay que ponerle más atención y buscar una solución al caso del convencional Rojas Vade. De nuevo aquí también tenemos que asumir que no va a haber colaboración del Congreso para solucionarlo. La pregunta es si tiene una solución ese caso con las reglas que hoy día existen. Yo creo que ahí hay que buscar con más creatividad que la que se ha buscado hasta hoy día.

-¿Sigue siendo una piedra en el zapato esa situación?

– Sí, sí, yo creo que eso es un problema.

-Supongamos que llegue Kast a La Moneda. Él es un candidato que ha dicho que, si no está de acuerdo con el contenido de la propuesta de la Convención va a llamar a rechazar el trabajo de la misma. ¿Ustedes ven eso con preocupación, considerando lo que hablábamos antes, este conflicto social que todavía impera en Chile y esa fragmentación de la sociedad que se evidencia hoy en las urnas?

-Yo creo que una presidencia de José Antonio Kast, sería nefasta para el país, y por cierto también para el proceso constituyente, siendo Presidente o no. Yo creo que va a hacer todo lo posible para que el proceso constituyente fracase, ya lo ha dicho. Por supuesto que qué es lo que puede hacer es totalmente distinto si es Presidente o no es Presidente. Si es Presidente hay muchas más cosas que puede hacer, y por eso creo que una mala noticia para el proceso constituyente y también, por eso mismo, una mala noticia para Chile.

-En conversación con The Clinic, la politóloga Beatriz Roque dijo que si llega Kast a la presidencia va a ser aún más importante que la Constitución garantice algunos pisos mínimos que anteriormente no estaban garantizados, como temas relacionados al género y al medio ambiente. Por eso, según ella, instalarlos fuertemente como principio constitucional podría representar una defensa frente a líderes potencialmente autoritarios o en contra de minorías, como José Antonio Kast. ¿Qué opina?

-Yo pensaría que la Nueva Constitución no debiera ser escrita pensando en quién es el Presidente, porque la Nueva Constitución tiene un horizonte mucho más largo. Ahora, habiendo dicho eso, es poco probable que lo que pase en la elección presidencial no tenga ningún efecto en el contenido de la Nueva Constitución. Yo esperaría que no lo tuviera, que la discusión constituyente pudiera estar libre de la política del día a día y que pudiera mirar a una política de más largo plazo, pero no me extrañaría que eso que yo espero que no pase, pase.

Yo me tomaría con cierta distancia esto de que la Convención perdió su legitimidad, pero evidentemente la Convención ha sido afectada, eso no se puede negar.

-Pero también hay una presión social importante. No podemos desconocer a todas esas personas que salieron a votar ahora por una derecha dura, o las personas que se han manifestado fuertemente en contra de la violencia en las calles.

-Yo creo que la Convención tiene una composición determinada. Esa composición no fue decidida por los comentaristas, esa composición fue decidida por el pueblo en las elecciones, y de esa composición siguen los contenidos que, a mi juicio, está bastante claro que la Nueva Constitución va a asegurar, va a reconocer derechos sociales de un modo distinto al de la Constitución actual. Y yo creo que lo que la Convención tiene que hacer es cumplir ese mandato. Yo creo que la manera en que se legitima la Convención es llevando adelante el proyecto para el cual los convencionales fueron elegidos y eso incluye sus visiones constitucionales.

-¿Esto incluso cuando hubo un reordenamiento de las fuerzas y cuando quienes eran mayoría el año pasado, antepasado y en mayo de este año ya no lo son?

-Sí, porque el sentido político, o sea, el sentido de inmediato del reordenamiento de fuerzas es el número de diputados y senadores que cada uno tiene en el Congreso, y eso no es materia de opinión ni de interpretación. Pero el sentido político de la elección, o sea ¿qué es lo que significa políticamente? eso sí está abierto a ser interpretado como yo te decía al principio. En su momento la derecha interpretó de un determinado modo la elección en virtud de la cual Piñera llegó al poder por segunda vez y se equivocó fenomenalmente, y como se equivocó fenomenalmente, dirigió al país en una dirección contraria a la que el país requería y estalló.

La manera en que se legitima la Convención es llevando adelante el proyecto para el cual los convencionales fueron elegidos y eso incluye sus visiones constitucionales.

-¿Pero no acaba de pasar lo mismo con la Convención? ¿No diría que la Convención cometió el mismo error que quizás en su momento cometió Piñera, de no considerar esa minoría que votó en su contra?

-No. Yo no diría que cometió el mismo error, aunque uno podría decir que cometió un error parecido. El error que cometió Piñera fue darle a su elección un sentido político distinto del que esa elección tenía. Ellos creyeron que era un rechazo de un proyecto transformador de Bachelet y en realidad era, en mi opinión, esquivo con una institucionalidad política que había demostrado ser incapaz de producir esas transformaciones. Entonces ahí hubo un error en cuanto a cuál era el sentido político de la elección. Yo creo que el caso de la Convención no es el mismo. En el caso de la Convención no hay un error en cuanto a cuál es el sentido político de la Convención, yo creo que el sentido político de la elección de la Convención y del resultado del 18 de octubre es que Chile necesita una Nueva Constitución que asegure derechos sociales, que democratice la política, que reconozca los pueblos originarios, etc. Todo eso yo creo que sigue siendo relevante. En lo que le corresponde a la Convención, yo creo que lo que sí hubo fue la idea de que como el resultado del proceso constituyente estaba asegurado de entrada por esos resultados electorales, entonces que, la manera en que actuaba la Convención era indiferente. Entonces básicamente los convencionales o la Convención podían actuar del modo que les pareciera y aprovecharon eso para enviar todo tipo de señales políticas respecto de todas las identidades que estaban presentes en la Convención. Eso sí fue un gran error y eso es lo que yo espero que se corrija ahora como resultado de la elección del domingo.

-Por último: ¿sigue esperanzado con el proceso constituyente?

-Sí, yo sigo optimista. Yo creo que Chile necesita una Nueva Constitución, que Chile no va a salir de la crisis política en la cual está sin una Nueva Constitución. Por eso mismo yo espero que esa Nueva Constitución se logre a través de este proceso y creo que la necesidad de la Nueva Constitución va a terminar siendo evidente para todos, esa mi expectativa. Bueno, salvo para la ultraderecha, salvo por José Antonio Kast por cierto. Pero yo creo que es bastante evidente que sin una Nueva Constitución Chile no sale de la crisis política. Y si eso es algo compartido por todos, aun cuando no estemos de acuerdo en el contenido preciso de la Nueva Constitución, eso quiere decir que todos quienes compartamos ese diagnóstico vamos a hacer lo posible para que la Nueva Constitución sea exitosa. Eso, sumado a la conciencia que hemos estado hablando, de que el proceso constituyente no tiene su éxito asegurado, y por lo tanto, importa lo que ocurra en la Convención. Esas dos cosas yo creo que dan para todavía mantener la expectativa de que el proceso constituyente va a ser exitoso.

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