Columna de Matías Fuenzalida: Y ahora, a lo nuestro

Mientras las ligas más importantes del mundo siguen su curso y los jugadores internacionales se proyectan para un 2022 cargado de desafíos, en Chile el campeonato aún no termina. En realidad se sigue jugando… pero en los escritorios y en medio de un nuevo escándalo dirigencial. Nuestro país intenta avanzar de la mano de una nueva generación aburrida de arreglines y malas prácticas, pero el fútbol parece estar ajeno a estas transformaciones, manteniendo vivos los fantasmas del pasado.

Cada vez que terminaba una Copa del Mundo, una Copa América o algún evento planetario, el grandísimo Julio Martínez Prádanos, comenzaba sus bloques deportivos en radio y televisión pronunciando esa frase: “Y ahora, a lo nuestro”. Concluida la fiesta fuera de nuestras fronteras, había que enfocarse en lo nuestro, en nuestro querido torneo. Aunque, en algunas ocasiones, daba la impresión de que Jota Eme lo hacía con cierto desdén, suspirando, quizá resignándose a la sencillez y precariedad de la competencia local.

A pesar del avance de la variante Ómicron y la suspensión de algunos partidos, las ligas en el hemisferio norte no se detienen. Transferencias, copas europeas y equipos que se ya perfilan como campeones, mantienen a todos los hinchas atentos a los movimientos de la pelota. En Estados Unidos, el sistema de franquicias llevará el “soccer” a nuevas ciudades este año, en un negocio que cada vez genera más interés e ingresos. Más cerca, en Brasil, se refaccionan complejos deportivos, los clubes crecen en infraestructura y contrataciones, siendo siempre protagonistas de los campeonatos continentales.

Todo parece ir viento en popa, avanzando, mejorando. Algunos países más que otros, con métodos más o menos cuestionables, pero intentando dar pasos adelante en competitividad, reglamento y estructura de los torneos. Al menos, mirando desde acá, el pasto se ve más verde en el jardín de los vecinos. Y mucho más en estos días.

En Chile, el Campeonato Nacional del 2021 aún no termina. No se sabe qué equipos participarán definitivamente en la primera y segunda división. Los partidos se siguen jugando, pero muy lejos de la cancha. En los escritorios de los dirigentes, vía mensajes de whatsapp, en los pasillos de la ANFP y también en sus tribunales. Los jugadores de Deportes Melipilla, Curicó Unido y Deportes Copiapó no saben si seguir entrenando para los compromisos pendientes o buscar otros rumbos. El conjunto de Atacama, que luchó durante meses para llegar a la categoría de honor, no pudo pasar las fiestas con sus familias a la espera de una resolución, mientras se veían obligados a entregar sus casas por la finalización de los contratos de arriendo. Su entrenador, desconcertado, acaba de renunciar.

Todo parece ir viento en popa, avanzando, mejorando. Algunos países más que otros, con métodos más o menos cuestionables, pero intentando dar pasos adelante en competitividad, reglamento y estructura de los torneos. Al menos, mirando desde acá, el pasto se ve más verde en el jardín de los vecinos. Y mucho más en estos días.

Los melipillanos, apuntados como culpables de este bochorno por irregularidades en el pago de sueldos, ahora están al borde de la desafiliación. Probablemente tendrán que empezar desde cero, como cualquier club de barrio que sueña con llegar al profesionalismo. Todo esto, aguardando por las decisiones de un puñado de dirigentes autoregulados que, en medio de acusaciones oportunistas, velan por sus propias instituciones dejando el torneo en segundo plano. Eso es algo que importa, pero no tanto.

Por estas latitudes, casi nunca se sabe qué es lo que pasará en la siguiente temporada. Si jugarán 16, 17 ó 18 equipos, si el campeonato concluirá según el calendario o si conviene invertir en buenos abogados antes que en algún goleador o técnico de renombre. Por si fuera poco, la compañía Turner, que posee los derechos de televisación de los partidos y principal proveedor de recursos a los clubes, está en pleno gallito judicial con la Asociación Nacional de Fútbol. Ambos se acusan de incumplimiento de compromisos y se exigen mutuamente el pago de miles de millones de pesos. Algunos ya hablan de una posible quiebra del fútbol chileno.

Nuestro país está en pleno movimiento, iniciando un ciclo histórico de la mano de una nueva generación aburrida de las malas prácticas, de las influencias, las colusiones y los financiamientos ilegales. Esas triquiñuelas políticas y empresariales que terminaron con una multitud protestando en las calles. Pero el fútbol parece estar ajeno a todo eso y poco interesado en sumarse a esta ola de cambios profundos. Da la impresión de que mientras Chile intenta dejar atrás los fantasmas del pasado, los mandamases de Quilín 5635 sólo miran desde sus tribunas lo que pasa afuera, olvidando también que hace pocas décadas fuimos protagonistas de escándalos deportivos que dieron la vuelta al mundo.

Don Julio Martínez ya partió. Pero seguro alguna vez, mientras estaba en esta Tierra, soñó con que su frase “y ahora a lo nuestro” fuese sinónimo de entusiasmo y no un simple suspiro de resignación.

*Matías Fuenzalida es periodista, columnista, conductor de radio y TV. Su trabajo relaciona el deporte con las ciudades, los países y la historia. Actualmente trabaja para ESPN.


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