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24 de Febrero de 2022

Cristian Celedón y el retorno a clases: “La presencialidad es gravitante para asegurar los resultados dentro del proceso de enseñanza”

El miércoles 2 de marzo comienza el año escolar, con la novedad del retorno 100% presencial a clases de carácter obligatorio, luego de dos años de educación remota y modalidades híbridas. ¿Qué tan importante es la presencialidad de las clases para la educación de los niños? Aquí, Cristián Celedón, experto en educación y políticas públicas, reflexiona sobre esta y otras preguntas.

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Es un hecho. El comienzo del año escolar en Chile, fechado oficialmente para el miércoles 2 de febrero, marcará el retorno a las clases 100% presenciales.

Así lo dispuso el Ministerio de Educación en un protocolo, donde el Gobierno saliente estableció que “la asistencia presencial de los estudiantes es obligatoria”, que “los establecimientos de educación escolar deben realizar actividades y clases presenciales en todas las fases del Plan Paso a Paso”, y que se “retoma la jornada escolar completa”.

Más abajo en el documento, y citando el avance de la vacunación de niños y adolescentes en el país -al 21 de febrero, cerca de un 80% de la población entre 3 y 17 años tenía su esquema de inmunización completo-, la autoridad decidió eliminar “la restricción de aforos en todos los espacios dentro de los establecimientos educacionales, propiciando el distanciamiento en las actividades cotidianas en la medida de lo posible”.

Este último punto no estuvo exento de polémica, y causó una serie de declaraciones cruzadas entre el ministro de Educación, Raúl Figueroa, y el Colegio de Profesores. El presidente del gremio, Carlos Díaz, reafirmó a CNN que “lo que más queremos es volver a la presencialidad”, pero señaló que “la eliminación de los aforos nos parece gravísima” debido al contexto pandémico y el avance de la variante Ómicron.

“Lo más sensato y responsable sería ir evaluando semana a semana los procesos, ojalá pudiéramos volver a la jornada escolar completa, que es lo que nosotros también queremos, pero se insiste en volver a la jornada completa desde el primer día”, concluyó Díaz.

La respuesta del ministro Figueroa fue tajante: “Lo que hay que hacer es seguir la recomendación de los organismos internacionales, que dicen que el foco debe estar no en restringir la asistencia de los alumnos, sino que en promover con fuerza el proceso de vacunación”. Asimismo, apuntó a que “no hay que perder de vista el objetivo, que es que los niños no se vean tan afectados como consecuencia de la pandemia, no solo en los aprendizajes, sino que también en su salud emocional, física y mental”.

Lo cierto es que han sido dos años complejos para la comunidad escolar. La pandemia obligó a repensar la educación, con las clases telemáticas en el centro del debate. Las brechas tecnológicas en cuanto al acceso a una conexión estable, pero también a la falta de experiencia digital de una generación de docentes, fueron sólo algunos de los factores que dificultaron el aprendizaje. Y eso sin contar las pérdidas en términos formativos, al no poder los niños compartir cara a cara con sus pares, impactando en la creación y refuerzo de vínculos socioafectivos.

Pero ¿Realmente qué tan importante es la presencialidad en la educación escolar? Esta es una de las tantas preguntas que, ad portas del retorno a clases, The Clinic planteó a Cristian Celedón, máster en Educación y Políticas Públicas de la Universidad de Glasgow, y asesor especialista en Educación en la Universidad de Chile y en otros establecimientos educacionales.

-¿Qué tan importante es la presencialidad de las clases para la educación de los niños?

-En el contexto escolar, la presencialidad es gravitante para asegurar los resultados dentro del proceso de enseñanza. Según el Banco Mundial y el MINEDUC, cada 10 meses sin clases presenciales, un estudiante puede llegar a perder hasta el 88% de los aprendizajes esperados. Y esta brecha aumenta en contextos de vulnerabilidad social, donde puede superar el 90%. Es por esto que organismos como UNESCO y Unicef han insistido en la importancia del retorno a clases presenciales, con el fin de evitar lo que han denominado como una posible “catástrofe generacional”. Especialistas de estas instituciones señalan que, de prolongarse el cierre de las escuelas, las brechas en los aprendizajes pueden llegar a ser irrecuperables en el tiempo.

“Considerando que, según UNESCO, más de 135 países han abierto sus escuelas y que la evidencia a la fecha exhibe que los colegios no se encuentran entre los focos primarios de contagios, mantener cierres totales extendidos ya a esta altura no posee mayor justificación técnica. Sobre todo, si se considera que entre el 83% al 96% de los estudiantes entre 6 a 17 años ya se encuentran vacunados.  Pero lo anterior no resta, como ha señalado el Colegio de Profesores, que se establezcan apropiados protocolos de salud y seguridad, pero estos deben estar más bien enfocados a la excepcionalidad, y no la generalidad, y ser adaptables a las diversas realidades de las comunidades educativas. La prioridad para este 2022 deber ser que las escuelas abran sus puertas”.

-¿Qué se pierde a través de la modalidad telemática?

-La educación remota, mediante el uso de tecnologías, posee variados beneficios y nos abre muchas oportunidades en el futuro dentro del contexto educativo. No obstante, cuando hablamos de formación de estudiantes preescolares y escolares, el aprendizaje no sólo está orientado a la adquisición de contenidos curriculares, sino también al dominio de competencias y habilidades claves, no sólo para el futuro entorno laboral de los mismos, sino que para la vida en general.

“Aspectos tales como el desarrollo de habilidades comunicativas y competencias socioemocionales se ven claramente en detrimento ante contextos de enseñanza remotos. Además, la capacidad docente para establecer vínculos con sus estudiantes, favorecer retroalimentación efectiva, monitorear progresos, incentivar la participación estudiantil y, de esta forma, asegurar la adquisición de aprendizajes, claramente se dificulta cuando no se cuentan con escenarios presenciales. Estas complejidades aumentan considerablemente cuando hablamos de estudiantes preescolares o de educación básica, donde la presencialidad se torna irremplazable”.

“Diferentes establecimientos enfrentaron la pandemia en desigualdad de herramientas”

-Según una encuesta publicada en noviembre de 2020 por la ONG Educación 2020, un 44 % de los escolares chilenos siente que ha aprendido poco o nada durante la pandemia. ¿Qué factores cree que incidieron en este fenómeno? ¿Es algo sólo relacionado a que las clases hayan sido telemáticas?

-Tuve la oportunidad de revisar este estudio, y las razones detrás de ese resultado son claramente multicausales. Debemos partir desde la premisa que el proceso de migración a enseñanza remota fue realizado en un tiempo excesivamente corto. Muchos docentes debieron implementar estrategias de enseñanza online que les tocaba aprender por primera vez en su vida. Esto trajo múltiples complejidades iniciales. Según un estudio que realizamos con especialistas de la Universidad Católica del Norte, un porcentaje importante de docentes declaró que, durante el 2020, la mayor parte de las herramientas que desarrollaron para adaptar sus clases las obtuvieron desde aprendizajes autogestionados, y no en base a cursos provistos formalmente. Recordemos que recién a mediados de ese año el MINEDUC entregó la priorización curricular, herramienta que fue clave para el ordenamiento en las escuelas. Creo que la respuesta fue tardía, y los docentes estuvieron mucho tiempo sin un apoyo formal.

“Otro factor relevante fue la fuerte desigualdad en el acceso a la tecnología e internet. La pandemia evidenció la preocupante brecha que aún tenemos en Chile en este sentido. Y eso explica en cierta medida las diferencias de progresión que vemos en los establecimientos, dependiendo si son públicos, subvencionados o particulares. Diferentes establecimientos enfrentaron la pandemia en desigualdad de herramientas, generando brechas en desmedro de los sectores más vulnerables”.

-Diferentes expertos han planteado que el problema no es el formato telemático en sí, sino cómo este en muchos casos busca reproducir las clases presenciales en virtualidad. ¿Cree que, tras la pandemia, los organismos de educación podrán idear nuevas formas de enseñar? Pienso, por ejemplo, en algunas escuelas que han nacido durante este período, y que serán 100% online…

-Estoy totalmente de acuerdo con ese planteamiento. Una clase por Zoom o Meet no es educación online. Lo que hemos visto durante la pandemia es educación remota de emergencia, que ha mezclado ‘artesanalmente’ aspectos presenciales en contextos virtuales. Por esta razón su efectividad en muchos casos no ha sido la esperada. Creo que las nuevas autoridades que asumirán el MINEDUC tienen una oportunidad única para desarrollar nuevas estrategias y espacios de aprendizaje, bajo lógicas multimodales y ubicuas de enseñanza. La pandemia nos demostró que nuestros estudiantes pueden aprender en todo espacio y tiempo, gracias a la virtualidad y la mediación de la tecnología, por lo que volver a lo mismo que teníamos en 2019 sería un desperdicio tremendo. Si a esto le sumas que ya miles de docentes en Chile, como nunca antes, poseen habilidades digitales incipientes desarrolladas gracias a estos 2 años de educación a distancia, esta oportunidad de innovación se ve aún más factible. 

“En este sentido, creo que se deberá trabajar en 2 bandas: una ligada claramente a cerrar brechas y establecer acciones de nivelación que permitan, de alguna manera, remediar los aprendizajes perdidos durante la pandemia, y otra banda paralela, que busque innovar desde lo que se ha aprendido, estableciendo un sistema de enseñanza que rescate estrategias BLearning, aumentando la conectividad y acceso a la tecnología. Creo que eso sería un paso clave para que nuestro sistema educativo esté mucho más preparado y digitalmente alfabetizado para enfrentar los escenarios cada vez más complejos que nos depara el futuro”.

“Será claramente un proceso de ajuste complejo”

-Aunque existan clases presenciales, ¿cómo puede estar afectando el ir al colegio bajo la sombra del Covid-19 a la experiencia educativa de los niños? Porque entiendo que, por ejemplo, tendrán que seguir usando mascarillas…

-Será claramente un proceso de ajuste complejo. En la Universidad de Chile, me tocó asesorar directamente una experiencia de retorno de más de 800 estudiantes y un número importante de docentes, bajo estrictos protocolos de salud y seguridad. Y aunque al inicio el escenario fue complejo, los resultados que se exhibieron respecto a los niveles de participación, interacción estudiante/docente, la calidad de la retroalimentación y la percepción de efectividad de aprendizaje fueron altamente positivos, esto a pesar de las restricciones de aforo, uso de mascarillas, controles de acceso, entre otras normativas. Reitero que, aun cuando existan todas estas restricciones y aún estemos bajo la sombra de la pandemia, debemos insistir en la presencialidad como meta. 

“Por lo mismo, es relevante también que existan escenarios de flexibilidad, que se mantengan ciertas estrategias de priorización curricular, que los tiempos de clases se ajusten a esta modalidad de transición, que docentes puedan recibir constante apoyo y formación para el retorno y que se vayan monitoreando cuidadosamente los avances exhibidos por la comunidad educativa. No debemos olvidar que, para muchos de nuestros estudiantes más pequeños, esta será su primera experiencia presencial en la escuela en toda su vida, por lo que se debe ser un proceso flexible, donde prime el dialogo y la lógica de colaboración, por sobre la imposición, la obligatoriedad y las multas”.

-La escuela es, muchas veces, el espacio donde los menores no solo estudian, sino que forjan amistades, se desahogan, etc. ¿Cree que el período lejos de clases presenciales representará un desafío a nivel psicológico para los profesores? Con respecto a cómo volver a acercarse a los estudiantes y sus procesos personales…

-Los docentes han realizado una labor increíble durante estos 2 años y gran parte de la continuidad que se logró ha sido gracias a ellos. Durante la pandemia he tenido la oportunidad de formar a miles de docentes en todo Chile, desde preescolar a educación superior, en estrategias de adaptación de sus clases para el contexto remoto, y obviamente he podido observar que existe una fuerte fatiga pandémica.

“Por lo mismo el bienestar psicológico de las comunidades educativas es una prioridad y creo que este es uno de los principales desafíos para los equipos directivos en las escuelas. Estos deben instaurar estrategias de apoyo permanente para sus docentes, que incluyan espacios de formación, diálogo, colaboración y monitoreo de su bienestar emocional, brindando certidumbre y estabilidad. Se debe abrir la puerta a la innovación y permitir que los docentes apliquen en el contexto presencial lo aprendido durante la experiencia remota, con tal de favorecer una percepción de utilidad sobre este abanico de nuevos conocimientos y herramientas adquiridas durante la pandemia. Los docentes estuvieron fuertemente aislados, por lo que, en el retorno, se deben brindar espacios que favorezcan la comunicación y la revinculación con el espacio presencial, debiendo los y las directivas ser flexibles y, sobre todo, empáticos en este proceso de adaptación”.

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